XXXVII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE 2024 Saltar al contenido

Disociaciones y quebrantos

lunes 7 de noviembre de 2016
¡Comparte esto en tus redes sociales!
Textos y blotting-drippings: Wilfredo Carrizales

1

Disociaciones y quebrantos, por Wilfredo Carrizales
Blotting-dripping: Wilfredo Carrizales

Un perro rubicundo me caza con la vista. Soy un iluso, un distraído. Me anuncio en gaceta: soy el hazmerreír de mi calle. Carezco de maniobras.

Solo, descompongo las rúbricas que la gentuza acumula contra mi puerta. Me desato y blasfemo. Segrego múrice. Con mi enfado, escandalizo y las comadres enseñan sus tétricos rostros.

El profanador de cadáveres merodea desde temprano por la urbanización. Abetunado, mete sus narices en jardines, estacionamientos y entradas. Ignora que los huesos que busca están encendidos en otra parte.

Vuelvo a hallarme sin el desquite. Horribles brasas crepitan como fantasmas. No logro posesionarme del pájaro alirrojo que cojea bajo mi ventana. Si quedo libre me descuelgo por el negrizal. ¿Saltará una yema hacia mí?

Tanto como que la panza pronto se afloja: igual que la brisa que favorece la rubeola. Me daba asco lo sanguíneo, pero ahora lo tolero y no lo profano.

A veces me descarrío entre los gases endrinos. Especialmente cuando los lutos son evidentes y las asfixias han agarrado a los presumidos por los cojones.

Castigo a la barrera si se torna grana. Entonces emito sonidos entrecortados y pervierto las siestas de los viejos chulos en sus apestosas mecedoras.

Fluctuante, se desvanece, poco a poco, la rojura. Los que engañan no pueden huir de la noche.

El escarnio apunta hacia la obtención de la distancia focal exacta. Los huevos de las moscas almagran todos los ámbitos, pero su ruina se escucha mucho más allá de los aleros y terrazas.

 

2

Disociaciones y quebrantos, por Wilfredo Carrizales
Blotting-dripping: Wilfredo Carrizales

Me separo para eliminar la ardorada. Descuello en mi papel de figurante. Imperioso, bostezo y recuerdo la enfermedad de las gallinas causada por el gusano rojo. Mi gastritis me produce una boqueada.

Macero el gluten de las nalgas de mi cocinera. Sus ojos se vuelven ópalos de fuego y opto por diluirme en el carboncillo que me esboza malamente.

Aumenta el calor y mi sonrojo. Pienso en obscurecerme, pero no desarrollo la acción. Servilmente acepto los regaños que me lanzan desde la cocina.

Hay morcillas en la alacena y súbitamente las arrastro hasta el caldero. Allí, aunque ariscas, terminan por acceder a mi empuje y a mi hambre.

Una especie de secreto se instala en mi corazón, al alcance del oído. La vida de alguna cosa arrebolada pugna por otorgarme sus dones, empero me resisto a aceptarlos: lo que perdería sería demasiado.

El almagre colectivo conspira contra mí. Aprovecho la oportunidad y no me desaliento y enrumbo mis bríos hacia nuevas contiendas. Una viñeta se transe de angustia, mas pronto la calmo y muestra su punta de dardo.

La tinta se ha vuelto más simpática —si cabe. Pareciera que se hubiese casado con el mayor de los azabaches. Por insinuación de ella, habito en su interior cual taracea y al palpar mis pies los encuentro atrípedos.

Ignoro lo que no se puede saldar. ¿El insomnio, la insolencia, la curiosidad, la doblez? Echo a los grillos afuera porque me duelen sus heces y ya no podría permitirme sus oficios de humedad, irrevocables, según.

 

3

Disociaciones y quebrantos, por Wilfredo Carrizales
Blotting-dripping: Wilfredo Carrizales

Al tiempo que, cabalmente, veo venir la erubescencia hacia mí, despotrico. Recién llegado a este límite me embermejo con total justificabilidad.

De nuevo, me mantengo a distancia y trato de tenerme en pie. Eso sí: conservo mi ropa y mi dignidad. (Las sutilezas prosiguen en los alrededores).

Los cigarrillos del de al lado cesaron de crecer. El humo emergía albarazado, del tamaño de una escrófula. Cómplice no fui de tal exabrupto.

Las quijadas de una farola, fuscas hasta más no poder, traqueteaban al compás de una melodía que embestía desde el cagadero de la política. Sin exagerar: los sabios, los doctos, los literatos, se allegaron a grandes pasos y emitieron su veredicto, pero no lo escuché.

Con una taza de retinto café en las manos, puse al día mi escasa inteligencia para no perderme en medio de los sepulcros, las burlas y las trabas. Permisible, me alumbré con una candela próxima al rubial y tenté la fibra donde suponía que se agazapaba la existencia.

Me tomé el pecho, sabiéndome en peligro, y lo encontré zaino, con el émbolo opacado por la división. Conforme lo fui corrigiendo, un conflicto se acomodó en mi sesera y me perturba desde entonces.

Algo vigorizado después de un trago de ron, premedité cómo poseer gemelos de puño ágil y certero para que me sirvieran de guardaespaldas. Con prontitud desistí de la idea al enterarme de los altos honorarios que ellos percibirían.

Ahora abogo por el descanso, el mío en primer lugar. La superstición ha quedado relegada y cojo por sorpresa a quien desea emitir una súplica y le tapo la boca con algodón.

 

4

Disociaciones y quebrantos, por Wilfredo Carrizales
Blotting-dripping: Wilfredo Carrizales

Sobresalientes, intentan alborotarse temprano los taciturnos. Contrasentido de los días que corren y parece que no se dan tregua ni trecho de encaje.

Las anemias han derivado, impertinentes, hacia el escarlata. A cualquiera lo asalta esta maravilla que excede toda tangible imaginación. Relativo al contagio no hay sintonía confiable.

Se toman y quitan hablillas. Se colocan y despejan ascuas, cerezas y arreboles. Los premios y las glorias van de consuno con los erubescentes de palacio. El tándem se tuesta bajo el agradable sol de la capital de la república petrolera.

Los arrebatados teléfonos rasguñan la oscuridad y la violencia sin intermitencias les estropean la función. Los pellejos se transforman en conchas espesas, duras, insensibles. El que hace cosquillas, el de las risotadas, se pone su camisola encarnizada y sale a ejecutar su oficio de bufón en el balcón de calle.

El gustillo a victoria se colora por encanto del rubí y produce un hormigueo chapucero en la sangre y en los otros fluidos aledaños. Las campanillas de los latoneros resuenan en las pantallas de los televisores anunciando la solución en conserva.

Los bermejos se calzan, berrendos, sus botas de combate y, en tropel, salen a tinturar el mundo y los planetas. Dan lanzadas de tigre y tras largas horas de penosa lucha proclaman el triunfo de las ordalías y luego rumian ante sus viandas aguardando la palanca que los impulse hacia El Edén.

Wilfredo Carrizales
Últimas entradas de Wilfredo Carrizales (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio