“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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De rondón, la lluvia

lunes 30 de enero de 2017

Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

1

De rondón, la lluvia, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

De rondón, la lluvia. Pluvial momento que se desgaja de una clepsidra que vuela. Plañen las palomas torcaces al otro lado del agua.

Se paran las figuras de nubes para llover. No escampará aunque truene. Los azotes de la lluvia tienen mala costumbre.

Sobran llovedizos en los alrededores. Llevan ánimos de ráfagas y permean sus estancados pronósticos de tiempo y veleta.

Exclusivamente desciende la turbonada. Los chispazos repiten el alfabeto del compluvio y hacen rebosar el aljibe y prosperar el proyecto de peces etéreos.

 

2

De rondón, la lluvia, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Mientras los gatos mean comienza a llover. Ellos se guarecen entre gimoteos. A intervalos levantan las orejas y calculan la intensidad del chaparrón. Acaso recuerden antiguos diluvios.

(Me dejo llevar por la lluvia y me cubro con sábana de agua. Descargo el nublado, mas la pesadumbre no se aligera).

Lloran quienes no saben de la lluvia. Sus llantos son chubascos en el fenómeno complejo del lacrimal de la tarde. Lloverá también sobre los bordes de los jarros y luego, dentro, se escuchará una tempestad y, clandestinamente, se moverá un arco iris a través de un canalón.

 

3

De rondón, la lluvia, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Llueve y no hay cántaros. Las cuerdas se mojan para no verse. Alguien oye llover, pero no mira la lluvia. La mitad del cielo se ha tumbado y la otra mitad fluye desde entonces. No a todos les disgusta la lluvia.

Un varón indica la lluvia y se gratifica de agua. No sobran piedras que se humedezcan. Una acidez destila del tejado con el artificio de la lluvia. Algunos golpes de bastón alcanzan para cambiar la naturaleza del líquido.

Cae una nube de las aguas y la noticia se ultima. Se cuelan gotas y tintinean las láminas de zinc, cubiertas que se calan al instante y brillan al son de un extraño repiqueteo.

 

4

De rondón, la lluvia, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

No tan fácilmente se revela el secreto de la lluvia. Ventea y se ciñe un aroma de relente. Precipitación de gotas que cruzan el talle del relámpago.

Los insectos trajinan con sus paraguas llovidos. Se asubian y recíprocamente se serenan. Las gárgolas no aparecen por las inmediaciones. Metidos en el interior del agua despeñada, los cristales se desplazan sobre sus quejumbres.

(Me llueve en conjunto desde los oídos, pero continúo seco y enchumbado simultáneamente. Así azuzo al meteoro de mi preferencia).

Rezumo el resumen: casi flotaba el aire que chorreaba de acuosidad y lo compacto se tornó aguachento y muy pronto el musgo pudo sublevarse.

Wilfredo Carrizales
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