“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Acervo a tientas

lunes 20 de febrero de 2017

Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

1

Acervo a tientas, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Me amparo en cierta casa, a la sombra de las buganvillas. Una sensación se ayunta al cerco del dominio. Alguien sucumbe en el borde de los ácidos adquiridos. ¿Podrán las ramas podarse en irritación?

 

2

Monto sobre una silla y en eso estriba mi condición. Después preparo un beso ritual entre un émbolo y un acordeón. Por aclamación, compruebo el aislamiento de mis zapatos. La armonía concluye su canto.

 

3

El acertijo en el óxido del vinagre. Un árbol y su vasija: acervo que acierta. ¿Cuáles cualidades se clavan en los alfileres? En mi madera se disuelve un esmalte de asa de muro.

 

4

La cuantía de la realidad, su entusiasmo que emplea agua. El apéndice se calma ahora, por separado, en el acto y lo secundario se acuña y se aovilla.

 

5

Acervo a tientas, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Cansancio en cualquier plano del mineral. Los solares se expresan con sus instrumentos de salida o de entrada. Algo con cristales se desliza bajo las raíces. La gimnasia de los colores se parasita.

 

6

Lo vuestro, una pedrada. El niño se adecenta en la calle. Después los objetos se modifican y se sostienen cual adagios de judíos.

 

7

Contigua a la maleta, un género para la cópula. A veces, el amarillo progresa; a veces, el rosado se aviene a sus pastos. Al final, la ortografía se suprime por miedo a encabezar los garabatos.

 

8

Llegó la tarde y, además, cansada. Se espiga una ceremonia que no cuenta con industria. La humedad dice “¡adiós!” y, de súbito, un diamante verifica su calor.

 

9

Cárcel para un espejo. Asombro sin hazaña. Un oficio de corruptela, una hebilla admirada de elegancia, un sacramento aprobado de espaldas. El lenguaje presta su turno y consigue una adjunción.

 

10

Acervo a tientas, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Paciencia del pájaro en la doctrina de su nido dentro del farol. Desempeño para alejarse de la sequía. Veintiún días y el ansia se abomba y deviene en pensión. (El conjunto convence).

 

11

A modo de adárgama. Que advera. Sucede y trae nada. Un animal en su climaterio se aplica a un paisaje de oportunidad.

 

12

La alambrada donde la práctica del ocaso se hace jurisdicción. La yedra se detuvo y sitió al tiempo. Sólo un verbo de solemnidad corría por el borde de la pared. (La semejanza de una mosca paladeaba, cerca, un golpe de amoniaco).

 

13

Sonido dentro del panecillo. Algarabía para sordos. Una aspereza retaba a los cenadores y los impelía a pulverizarse. La soberbia acabó por romper el mantel.

 

14

Alma caediza en el carbón que contagia y masculla. La blandura del mediodía se marcha hacia la hojarasca que no la merece. Un eco se selecciona desde el fondo de la homogeneidad.

 

15

Acervo a tientas, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Sobre la citara, ladrillos hilados, en secuencia de torceduras. Se reconoce la atención y el buen efecto. La particularidad del olvido recolecta su polvo debajo de los rastrojos del aire.

 

16

Fuero de las agallas para encogerse tras las gárgaras. El agente es el órgano de la displicencia. Han de realizarse las mociones que conducen al atasco.

 

17

De la agilidad al agobio y un reguero de pedagogía y abandono. Se agolpa el fardo de las pizarras, su exceso de intromisión. La complacencia encuentra su blusa para la jabonada.

 

18

Algunas frutas sueltan sus huesos y no objetan los desplantes posteriores. Afinadamente se percibe un detalle que embellece, pero la atrofia realiza su tarea con rectitud.

 

19

Llevan al agua al gato. Satisfacción de amor o cura con toda razón. Al felino le cuesta trabajo edificarse un oro para llegar a sentirse contrario.

 

20

Acervo a tientas, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Tronco que se alarga y después madura en el tejado. Una merced para el color del tiesto. La aleación de los huecos embiste. Si amanece un portal se le dispara desde la distancia.

 

21

Ahora se ahonda el fervor. Seriamente. Exactamente. Estamos en el tiempo que jamás vivimos. Nos arrepentimos de no emprender la carrera. Una atmósfera anega al ajedrez escondido en el interior de los capullos.

 

22

Jabardos en los achaques de la corteza. La familia se adorna a solas. El problema se torna aguamiel y se recoge para enterrarse en el vacío.

 

23

La oquedad y el clavo pasa sin deslucir. Un humor da hacia el postillón y allí se crían sustancias para los gusanos. La pureza de la práctica se refleja sin huida.

 

24

Se admite albergue. Según la voluntad del emisor. Frecuentemente lo peyorativo pernocta cual vasallo. Además el lienzo posee un arbitrio de plumaje y recogimiento.

 

25

Acervo a tientas, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Al albur, el alborozo de las palomitas. Embrión de la brisa colgado de los postes, al margen de lo coleccionable. Se agita una ilusión de vuelo y en lo migratorio se acomoda un zureo para el debido destello.

 

26

Consiste en la alcancía, en los dineros de cortos alcances. Donde estaba la caja existe ya una balanza. Un alcohol suele ser carnívoro y sana la tacañería.

 

27

Algo e indicios de bullicio. Frialdad de la fortuna en los momentos de ataque. Ninguna alhaja se reviste de azulejos cuando la tremola la hormiga.

 

28

Ya la veo y la soga se defiende. Me sereno, entendiblemente. Quien va a nivel, se aplica y asevera. La sensatez adquiere entidad y concede su sierra.

 

29

Brujulea el timbre en el seno del organismo. Vive el pulso y se descubre en la acidez. Están, incidentalmente, los calcetines en año de caramelos. Punto y cruz de perro en la temperatura que se fusiona sin equidad.

 

30

Acervo a tientas, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

La araña barruntaba acerca de la indispensable basílica de hilos. Su ungüento era su jubileo. Al ponerse el sol sobre esa familiar estructura, supuró un brillo que se multiplicó en aristas y tremores cruzados.

Wilfredo Carrizales
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