“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Caballo

lunes 13 de marzo de 2017

Textos y dibujo: Wilfredo Carrizales

Caballo, por Wilfredo Carrizales

1

Caballo en la fragua de la pared, en busca de la manada que nunca se extravió o en pos de la yegua que emite un humor de fornicio. Solípedo solitario en la ciudad que cocea. Cuadrúpedo con alma de hombre, pujante y dispuesto siempre al combate contra las sombras belicosas. Caballo que se inserta dentro de las máculas de los muros. Caballo que rumia en inglés y se parece a un lord sin carruaje. Caballo graffitero, émulo de los niños díscolos.

Caballo sin agua, pero de abundantes copas de licor de cebada. Caballo diablo, indemne después de la gripe, semejante a un refrán de hipódromo en lance. Caballo veloz con parsimonia, a la izquierda de su cabeceo. Caballo situado en su renacimiento, autor de sus propias controversias.

Caballo que es todos los caballos y que piafa sobre las hebras de la vida y la muerte. Caballo que no se engancha a ningún tiro, mas se adhiere pronto al viento de las calles y las calzadas. Caballo que se aleja de la figura y de la montura. Caballo precoz con púas gratamente fértiles.

Caballo destructor de la cabaña, sin otro objeto que el de verla arruinada. Caballo pagano, de inmensos itinerarios por la Historia y por disímiles comarcas. Caballo de éxito, carente de boato, de fulguración no fugaz.

Caballo en el aspa de la baraja, reidor, caudillo del espectáculo. Caballo en posición de fundar estancias, riegos, palos de letras y aullidos. Caballo cortando el filón de los tesauros y subiéndolos encima de su destino de prenda y vocación. Caballo berrendo a porfía, de falo de orfebre, así nombrado y automentado.

Caballo equivalente a un águila de escudo, sin miedo, sin tapias, con escasa hambre. Caballo con anhelos de cónsul, en la vanguardia de los rompecabezas y el ajedrez. Caballo amante de los laberintos y de sus tallos como carruajes. Caballo caudaloso, con cola de brea y maneras elegantes. Caballo que no acepta regalos, ni cierra los ojos cuando se levanta la polvareda, ni se escupe las uñas. Caballo de superioridad, principal, jamás advenedizo, ni fatuo.

 

2

Caballo mozo que no atropella. Caballo para un mar de parque con tiovivo y música de cabalgata. Caballo que a veces se embarca en una nave de papel que atraviesa los cruces. Caballo dueño de la inmensidad de los materiales de mampostería y seducción. Caballo que aplasta a los ladrones de su estirpe. Caballo forrado de contradicciones y lúcido y feraz en todos los estancos.

Caballo mascando madera y escupiendo por entre los colmillos. Caballo despegado de la cerámica, aunque exento de arbitraje o puja. Caballo guarnecido de manubrio con veleta. Caballo con cajas de libros escondidas. Caballo lejos de los hocicos parlantes. Caballo sin embustes. Caballo tormenta.

Caballo de muchos caballetes. Caballo cabalmente anticaballeresco. Caballo subido encima de los poemas que no tropiezan. Caballo para señoras con perspectiva. Caballo devorador de grillos y saltamontes. Caballo que eructa con estruendo y atrevimiento, al margen de las ordenanzas. Caballo nihilista, exacto en la odisea y la parábola. Caballo que ha cerrado sus portales de cascos y corcoveos, mirando hacia las texturas demostrables. Caballo por los cabellos no traído.

Caballo que frisa el centenario y está pendiente de su cumpleaños. Caballo explicado con barbas de maíz. Caballo asido a la ocasión del gozo, sin paliativos de ángel. Caballo que se bebe los mitos de los pegasos. Caballo de perfil para enamorar a la luna y a su doncella de cristal. Caballo nunca menor, de fuerza que le incumbe desde antaño. Caballo de buen verbo y mejor yantar. Caballo que juega entre la alfalfa de los cuentos de barrio. Caballo que regala sellos y sillas. Caballo que siente inquina contra las estatuas ecuestres. Caballo portando espejo que se hace invisible sobre su lomo de aceite.

Caballo que no mira a los perdedores. Caballo con miles de millas soldadas a sus ancas. Caballo experto en galanterías, en descargas y en desfiles. Caballo errante, sin reproche, ahíto de lluvia y laxitud. Caballo con olor de chimeneas y que se adoctrina en el espíritu de la cábala. Caballo exiliado de lo hogareño, huraño, horro. Caballo en medio de las medidas urbanas. Caballo sin conquistador, sin circo, sin herraduras enanas. Caballo que mete a los niños dentro de sus tripas y les hace dar volteretas por el firmamento de su ámbito de chocolate.

 

3

Caballo ancho de estrechez y de crin córvida. Caballo que cabe en un santiamén, pero por eso mismo, peligroso y vengador. Caballo en el facsímil de su enciclopedia. Caballo huido del campo tras las candilejas de la metrópoli. Caballo reprobado en la ociosidad del calendario. Caballo templado en la heráldica de los truenos y la pólvora con fortuna. Caballo azulenco, équido sin equívocos, poseedor de talismán con edad. Caballo con sangre propiamente dicha, verazmente longitudinal. Caballo morganático, de linaje harto profundo, aunque humilde.

Caballo que traga sables y desmiente a los estribos. Caballo alzado en contra de las burradas. Caballo manchado de tizne hasta las vísperas. Caballo convexo, incógnito alazán de página mezclada. Caballo que brama, empero no oscila, aunque brillen las luciérnagas. Caballo de estricto pelaje y que se conduce con manos musculosas, en pleno tránsito de querencias. Caballo en la carrera por anular las anomalías del tiempo y de las épocas. Caballo sin límite, perfilado en el reflejo de las antípodas. Caballo sabatino, ausente de desgaste y colmado de axilas con estrellas.

Caballo nordestino, orientado hacia los lagos del cielo. Caballo menos que barrigudo, soñador, con los defectos alejados de sus cornetes. Caballo relinchando en las regiones de su cuerpo, a plenitud, plantado en su tegumento. Caballo de silencio, de ojos perforantes, de pensamiento en agraz. Caballo con dignidad para el dibujo y acentuado en el fuste de sus cabriolas. Caballo extraído del cáñamo de las noches y depurado con alcoholes incesantes. Caballo que sirve para nivelar a las aves de paso, a los mendigos, a los trotamundos y a los peregrinos.

Caballo embriagado de cera y pabilo de extravagancia. Caballo ingenuo para los detalles, mas oficioso para el retruque de los ecos. Caballo solvente, no absorbido, jamás desierto. Caballo compaginado con los huecos de los memoriales. Caballo saliendo detrás de los riesgos, al galope, en el interior de la rareza de su color. Caballo de aplomo, férreo, engañosamente rústico. Caballo que predomina sobre la talla de los domingos y patea las campanas y tórnase badajo con amplitud. Caballo, animal anterior, bestia del pacífico horizonte de la pradera enajenada. Caballo notable por su centro, por su elocuencia de avena, por sus hazañas de galán.

Caballo de los ángulos enhiestos y esqueleto de reposo itinerante. Caballo de cálculo y dedos únicos que se metamorfosean a capricho. Caballo que aborrece a las falanges y a los falangistas. Caballo cuyo radio de acción sobrepasa a su propia gloria. Caballo cañón, escopeta, bombarda de asfalto. Caballo escuchador de secretos en las buhardillas y en los sótanos. Caballo que no es espía y no piensa en expiar ninguna culpa. Caballo metaliterario, perseguidor de ficciones, manipulador de embelecos. Caballo que come en plato con adelanto de sabor. Caballo con jarabe para desjarretar a las pulgas. Caballo rotulado para una existencia de aventuras con brío. Caballo craneal, inteligente a fuer de materia volcánica. Caballo trapecio, abundante de costas y con genio que deslumbra hasta el patrono de los bufidos. Caballo de morfología de mes de cosecha o semana de vendimia. Caballo con aroma de toneles de mosto y aceitunas y pasto con leches. Caballo en el saber de los números y en la prestancia de las viñetas. Caballo particular y tenaz, acostumbrado a las tibias gualdrapas de la aurora. Caballo de rochelas y viandas servidas por gordezuelas con rostros de frambuesas. Caballo proclive a erotizarse y a rehenchirse como un garañón que no tolera regulaciones.

Wilfredo Carrizales
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