“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Árbol multiforme

lunes 27 de marzo de 2017

Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

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Árbol multiforme, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Árbol que arbitra la distancia hasta el suelo y luego lo araña y establece un alborozo para todas las alboradas y se extiende en albricias por todos los contornos.

Árbol específicamente del tamaño de una barra con piezas que son ellas mismas otros árboles y que se desarrolla alrededor de un eje similar a una escalera de caracol con puntas.

Árbol que se abre al cielo y canta un ciclo de amor y luego huele a canela o exuda cera para quemarse y alumbrar en las noches sin luna y sin estrellas.

Árbol de expansión al modo de las espigas y los mástiles y que gira en redondo para encontrar su verticalidad y llegar a ser un huso que imprima cortezas y rajaduras.

Árbol con sus órganos ejecutantes al cuidado de los registros musicales de sus maderas íntimas y de la altura que alcanzan los pentagramas mecidos por ondas de viento verosímil.

Árbol ubicado más allá del mal y del bien y que reparte frutos que no se ven, pero se palpan y así se devoran sin llevarlos a la boca.

Árbol que se mirla y se viste de clavero para exagerar el símbolo de la pasión y la nobleza y luego se genera de costado para cristalizar rameado y con nudos de recambio.

Árbol que se levanta con el toque de diana y llama a las rosas para que lo ejerciten en la conversión de la pulpa en papel que sirva para escribir sus memorias.

Árbol comestible con sabor a peral, a melocotonero o a granado y que pierde la totalidad de las hojas cuando alcanza el clímax de la consumición.

Árbol con travesaños de fuego para guiar a los cometas y lograr que no se extravíen en medio de las arboladuras del cosmos.

Árbol envuelto en pólvora como prodigio de pirotecnia y que se enciende durante el conticinio para ahuyentar a los murciélagos que acosan a los niños.

Árbol que se estira de oeste a este y más tarde asciende en procura de una gualdrapa para el equino que suele dormir recostado a su tronco.

Árbol cardiaco que se da hacia el mejor de los confines y que se acebra con gran belleza y rezuma un incienso de júbilo que chapotea a diestra y siniestra, sin restricción.

Árbol del apogeo y de la leva y que se alisa el aparejo para recoger lluvias, chubascos y neblinas que le sirvan para tejer tapices en bosques presentidos.

Árbol que amaría los martes si supiera cómo localizarlos y que así mismo amaría las calamidades del bambuco, aunque ignora su paradero en el mapa.

Árbol compuesto de carbón de alameda, almendrilla y briqueta y que disuelve los silencios no más que con agitar su copa y posteriormente los succiona y los muta en huertos.

 

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Árbol multiforme, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Árbol de mayorazgo, destinado a navegar en estructura de barco —fragata o bergantín— y que fluirá con las mareas a través de las rías y las ensenadas.

Árbol que se instala desde temprano en una casa hospitalaria para brindarle copos de contento y una oración propia que le brote del centro de la médula.

Árbol de pie corto, pero de largas aspiraciones y cuyo mayor deseo es repoblar los continentes con sus alforjas repletas de semillas variopintas y vehementes.

Árbol que cuece pan a cualquier hora y lo presenta demorado si el caso lo amerita, con tal de quedar tostado y crujiente y con sabor a savia colgante de centinela.

Árbol que se cría en el interior de su paraíso y que permite sólo visitas a quienes se despiden de las ciudades y se cobijan bajo su sombra de comarca y cepa.

Árbol que se satura de ruedas y altera el ritmo de los relojes y que proclama aversión a la tala y quema y que se arquea para evitar los hachazos a traición.

Árbol que resuena cual lata de cobre y que posee su alambique entre las raíces más proclives al licor y que se bambolea brevemente para continuar por siempre erguido y afamado.

Árbol que seda con su vaho a los caminantes que pierden el rumbo y después los atrae hacia asombros de adorno, con la intención de volverlos rodrigones a perpetuidad.

Árbol evacuado y adalid de su especie y ramificado en la blancura para fortalecerse en la oscuridad y en la refriega y para espinarse en un otoño de su invención y para ser fiel a las chicharras.

Árbol que se arrima con su cobija de plumas y se declara protector de los pichones huérfanos y les presta su espesura para excluirlos de los peligros.

Árbol de suerte y horcadura y despreciativo de la leña y que enarbola sus ganchos para colgar a los arboricidas y demás propugnadores de desmanes.

Árbol de las botellas y los beodos colindantes y de los filósofos por mampuesto y de los libertinos en peregrinaje y de los ceremoniantes de la tierra feraz y de los amantes de los solsticios.

Árbol de los ronquidos durante el desplazamiento de las orugas y que marca lo parduzco con impresiones de grietas y que arrastra la candela hasta el sitio de extinción.

Árbol de un arte de gas que se festonea y brinda frescura y de flechas para señalar las constelaciones más favorables y de alianzas con fuentes y peces y de nutrimentos axilares.

Árbol sucedáneo de la leche y que se aleja de las impurezas y que pare perlas de cotiledones y que santifica a las aves lloronas porque ellas pertenecen a su cielo de esmeralda.

Árbol jacarandoso, rosáceo, púber por antonomasia, dador de cantos báquicos, dispensador de motivos capsulares, jupiterino, industrioso e intertropical.

Árbol que aúpa la prohibición del tabaco y propugna la expansión de la humedad y llama a combatir a los parásitos y a los tahúres y que florece mientras viaja de incógnito por las montañas.

Wilfredo Carrizales
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