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Cercano a las evanescencias

martes 4 de julio de 2017
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Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

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Cercano a las evanescencias, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Consignatario, por corredores sin espinas, voy descubriendo evanescencias. Dejo tras de mí cenizas, fantasías, tristezas. Antes de extraer posibilidades, saco la muerte que se queda ciega. Alojo mis pupilas en el hueco tapado por las hernias de las correspondencias. Pierdo y me desvalijo.

Con el ello de los aromas que se desvirtúan juego a caerme al suelo. Sus más y sus menos se rebajan en intercambios de delirios. El hastío amanece con el aspecto de una doctrina a la mitad de su altura. ¿Cuál clase de cristal brillará entre las burbujas de los ecos campeones?

La lujuria se torna en mi partidaria. A trechos agacho la cabeza y me sustancio. Un agasajo de metal se inscribe en los bordes de un testamento. Dentro de mi habitáculo me aparco y la visión de mi vehículo arrastra los viáticos que después no serán disfrutados.

Asisto a las intermitencias, a sus cierres de luz y pocos colores. Callando no me abrumo; señalando me atraigo en tercera persona. Me ocupo de las fantasmagorías y charlo con las figurillas de la buena suerte. Los exorcismos se inflaman, pero nada logra resucitar las esquinas y sus envites.

No digamos que la futilidad avilanta los deseos. Un percance causa destrozos de epidemia. El vapor entre las grietas se apoya sobre un fundamento que desliza su cola. ¿La mirada mata al reptil que se dedica al jubileo de su familia? La cal y la arena alternan con la abeja.

 

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Cercano a las evanescencias, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Se esparcen las vanidades. Los orgullos desvalijan las ramas del asombro. Quienes se vendan se colocan contra la solemnidad. Un injerto empuja a otro injerto y luego ambos se desmoronan, mientras el impacto de los sitios se rememora junto a la apoteosis de un pájaro en su balancín.

Las vasijas se alzan, ulteriormente inclinadas. Una como pleura se emperra y ladra su inhalación. Se pegan ventanas y muletas y se enfrentan a los golpes de las brisas que prosperan con avidez. Por encima de todo, se añaden gangas y retículos que se estampan en los carteles de la umbra.

Ambiciones con la misma prisión para el relleno. En un ayer vendrá un cambio. Hojas de inquietud que me llevan varios años. Con dureza, las cerraduras perseveran por los bordes de la resolana. Doce veces, un furor; doce veces se curte. Un domingo explota con donaire y la maravilla es papelillo.

Desvaída cercanía. Necedad y obstinación. Un ejemplo para deshollinarse, hiperbólicamente. Una época se insolenta y va demasiado deprisa, adjudicada a lo que linda con lo feo. Se traslucen gotas de tinta en un reflejo que liquida a la expectación de la llovizna. ¿Abandono o polen inexacto?

Venganza que se difumina. Compensación en las pestilencias que se acarrean. Ideas en el desmenuzamiento de los pergaminos en desorden. Allende se distingue un túnel que conduce hacia un permiso, un visado hacia el tiempo de las pieles agujereadas. ¿Y si nos precisan un árbol que sale de paseo y reniega de su trato? Nos vamos a enterar del tormento, por los demás.

 

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Cercano a las evanescencias, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Desapariciones de las sospechas en los estancos del olvido. Suicidios que se cansan de romperse en las tinieblas. Un respingo y las letanías ejecutan sus galeradas. He pagado con creces las señales del perdón. Sobre mi lomo sucumbe la brevedad de los vicios. Unos espectros lanzan sarcasmos.

Rogativas al margen de la escalera. La soledad se enrumba a tajos, con la coherencia de su itinerario. Trabas o yerros, nunca tributos. Y en el vientre, una contraportada comestible, pardusca, desacertada, abusiva. Sirve una palabreja y el sentimiento se apaña.

Designios de la mundanidad. Poseo intersticios que me acometen y me ponen bajo custodia. Me deslindo y obvio la ingenuidad del umbral. También marco el límite del frontispicio del calendario. Por el nombre del limpio marco me escurro, accesorio. Una cosa que me expresa: insistencia.

Un desvirtuarse de artilugios: cauce para la obsesión. Una inmundicia segrega su leche y los insectos mostrencos se embriagan en su menester. Así se desarrolla el ejercicio de la impudicia. Se achican los corpúsculos y mi ombligo se asusta y unos puntos más abajo un valiente se asoma.

La decadencia no desmaya. Trabas para unas cadenas que desconocen la persuasión. Una protuberancia se sujeta a su moquillo, por mor de la equidad. Paredes y suelos se adornan de plegarias y perversiones. Por un cauce de éter, el influjo de un ser alado me fortalece con su ocio.

 

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Cercano a las evanescencias, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Difuminos a voces, sin la complicidad de la injuria. Encaramado sobre la fascinación atisbo mundos en miniatura y entablo travesías a todo trapo, con majestad y cumplimento. Un cuerpo en la claridad del azul grisáceo se trasfunde en su melancolía y ahuyenta mi reclusión.

Aventar las angustias y un guiño al cielo al por menor. La debilidad se desvía, pero no se disipa. Me atrapa el sonambulismo diurno y me adapto muy pronto a su rito. El conjunto de mis invocaciones repercute encima de la precariedad de los hechos fugaces.

Los fermentos se hacen imprecisos, empero un estrépito fluctúa en la dirección de la sordidez. Se intuyen flamas y flemas, escollos y escolios. (La existencia de un asilo, sin que se sepa, dispara una angustia por venir). Cierto enfado se refugia en secreto y antes de que un arma se dispare aloja una languidez.

Volátiles en la bruma destapada. Aventuras a trozos, mientras se hienden las vestiduras finales. Por los nervios se raspan las flaquezas del ocaso. Luego el oficio de metales o telas entrega su gancho a la locura que dimana de los reflejos que se enferman de angustia y debilidad.

Confidencias en ramilletes de siluetas y una reja que circula sin cabrestante ni dolor. Un grito en las entrañas del pensamiento y un lugar que se desdibuja para lo dramático. Me opaco entre los rudimentos de una tarde desdeñosa. De improviso, añoro la clandestinidad de mi pasatiempo.

Desvanecimientos sin lograr la meta. Susceptibilidades para designar a los hongos o a las causas del alboroto no prolongado. De un saludo emerge un asombro y las manchas ganan su contraste en su afán por medrar bajo el alero. El sustituto de los celajes se hará más sutil debajo de la telaraña. Mucho después el ritmo de una lumbre entrará en subasta y se perderá.

Wilfredo Carrizales
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