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Reivindicación de la paronomasia

lunes 7 de agosto de 2017
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Textos y dibujos: Wilfredo Carrizales

1

Reivindicación de la paronomasia, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

Hembra con hambre. Ella de hombro levantado y hombre caído. Henchida de hendeduras busca la separación de sus hemistiquios. ¿Su hemofilia superó su hemisferio? Alguien comentó acerca de su hematofagia a partir de la aparición de sus múltiples hematomas, hemencia digna de su marido.

Helvética, se aplicaba a la hematites y enrojecía en su hemiciclo. Hería con alma de hereje y su heredad fue a parar a manos de los hermafroditas. Herida de luz y sonido, su hernia proclamó la hermosura y ella, de heroína, aportó el hermetismo. Al final, erró con herraduras que, por ejemplo, se apartaron del sabor y de lo sabroso de la herrumbre.

 

2

Maduro, escapa de madrugada. Su madurez quedó en entredicho. Ni un madrigal se escuchó en su madriguera. ¿Quién ocupó el madrinazgo a último momento? Madrero, sufrió cuando se acordaron de su madre. Nunca fue a Madrid y estropeó la madreperla que tardíamente cayó en sus manos malamente amaestradas.

 

3

“No, nada”, dijo, normalmente. ¿Nonadas de nonato? Nosotros, en nuestra nosofobia, ubicábamos la nortada con nostalgia. La novatada llegó a ser nuestra novedad y en el novenario de nuestro noviazgo novelamos el verano y las malas nubes.

Lo notorio fue obra de un tal notario de noticias de a tres y novecientos. Lo nocivo era cosa del nomadismo y de una nobleza que habitaba el nogueral. Los nietos sobre la nieve o entre la niebla. La nigromancia aferrada a su nido. Nervosamente, los negros arrancaban nenúfares.

Hubo negligentes negociantes que rehusaron las negativas y nefariamente aceptaron la necedad de los necrófagos. ¿Para qué navegar con navajas en plena Navidad? Un neblí en medio de la neblina es un anuncio para nebulizar los enebros.

 

4

Frente al moho y audazmente mohíno. Mojigato señalando el mojón para no pagar el tributo de sus mofletes. La mofa se modula mientras se moja la mojiganga. Moderadamente la modelo se modifica por un módico precio al borde del precipicio. Tras el postigo, la posterioridad. Ante la postura, la postal del balance.

Malvada malvasía, aun de noche, mas no de día. Malparada y malparida. Mallo en mayo y la magna magnolia sobre el balón del mago. Luenga luctuosidad para ocupar el último lugar del lucimiento de la luciérnaga. ¿Adónde un loco coactivo friccionándose la loción locativa?

 

5

¡Dios dado y válgate maldición! ¡Dios te dé dióxido de arsénico! Diplomáticamente carrera patológica. Diptongo de diputado y dipsomanía a razón de dirigible digerible.

Disconformidad del díscolo. Discernimiento sin disciplina. Discurso casi discreto. Diseño a disgusto y disenso que no se disimula. Dislate y dislexia. Disparidad del disparo dispendioso. Divinidad ahíta de divisas. Divorcio divulgado en la divisoria de las aguas menores.

 

6

El embustero se embute y se emburuja. Emigran las eminencias sin emitir emociones. Se empañan los cristales y se empuñan los cristos embargados. La tía comía empanadas contra la empalizada y empalidecía y se empantanaba. ¡Oh de los empalmes sin empapelar!

Escisión tremenda la del escita: esclarecido esciente de la esciomancia. Se escoñan las escolleras y allí las quiero de escombros. Escupe la escopeta y es negra a escondidas. Escozor cuando aparece el escorpión y el escorbuto se escoria.

Escrúpulo del crepúsculo y escroto escudriñado. Una escudilla y un escudo: se escucha su escualidez. Ese esdrújulo; esa escurridiza. Escupitajo a escuras. Escultura para ser esculcada. Esencia de los esenios eseyentes. Esgrima para esgrafiar el esguince del eslabón del eslavo.

 

7

Inexpugnable hasta la obstinación; inextricable a carta de embargo y lumbago. Henos en el punto ideal: idólatras de nosotros mismos con cabalidad y sin alcabala. Ignoramos la ignominia, pero la ignición llega a ser ignoble. Impropiedad de la impronta: ¿adoración de un improperio de improviso o ímprobo? Imputescible impulsividad hacia lo impuro. In artículo mortis niños incardinados por incapaces. Incendiarios en la incidencia del incienso.

Jades jadeantes a medio jaez. Jaleas y jaleos. Jarana en el jardín de las jarcias y el jején sobre la jeta del jefe. Jodido jocundo y los jojotos remojándose dentro de la jofaina con jolgorio.

Joya joven, jovial, jorobada. Jugador que en la juerga se torna jueves. Juicio y jugo del juglar. Juntamente los juncos sin jungla y un juramento fuera de jurisdicción. Lacera la lágrima lacrada. Ladinamente, la ladilla se ladea al compás del ladrido del lanudo lacustre.

 

8

Larvada lascivia, lastre de lasitud. Látigo de los latinistas; latidos y letanías. Lavanda y la banda para evitar lavaduras. Un lebrel se alebresta y su fidelidad es puesta en duda. Duelas sin dueño. Duelo y duelista. Dulce duermevela en medio del dueto de dulzainas.

Empequeñecer a la emperatriz. Empeñar sus emperifollos. Cebar a los perros con el sebo del sebucán. ¡Salve, salvia, y a salvo el salvajismo! Sándalo en las sandalias y sandez de la sandía. Zopenco descubriendo la sapidez del sapenco. Flores flotando sobre florines. Sedicente sedicioso en la sedentaria sedería. Sutilmente, la sutura susurra con sutileza. Tablar y hablar tras la taciturnidad.

 

9

Hace tiempo y madura el temporal. Atosiga la tos y con tiento todo se vuelve tierno. Timonero que tima por no ser timorato. Tonel sin túnel. Tópico del trópico y difunto difusor. Gobierno que agobia de fraude y fratricidio. Torneo para tornear el tormento y al torpe toronjil. Trasto trastornado por la trasposición y la trastada. Válvula de la vulva valuada y vanilocuente. Va célica la vaselina y la vasija vaticina una vela que vejará.

Verano bajo la veranda: veracidad verbal. Vértigo vertido y vestigio de vestidura. Anciano en cama y en coma: veterano veteado. Unto de la uña y urdimbre en la urgencia del urinario. Ubérrima ubicuidad de la úlcera en la última ubre.

Tuyo y tutelado. Turbia turbina en la turgencia de turno. Tullido tulipán en el entorno de la tuerca del tuerto. Trigos y tragos entre amigos trillados. Tendencia del tendero tenebroso. Suplicio del suprimido. Res y sueño. Risueño. Roble robado en su robustez. Reputación que se repuja. Quinqué quinquenal en la quinta quintuplicada de quioscos y quirópteros.

 

10

Reivindicación de la paronomasia, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

Que brama. Quebrada quebradiza. Que abrasa. Quebrantapiedras. Que aguanta. Quebrantable. Queja del quehacer. ¿Qué hacer? Queimada quedita. Querencia y quemazón. Querella del querubín. Quesito en la quermés con queroseno asaz querido. Queja que quema. Quevedos con quetzal. Quietismo, quinismo. Quizá, un quitasol. Quiste quisquilloso ¿Quórum en Quito?

¿Orla de oro? Orina como ornamento. Oreja de orfebre y orgullo de organillero. Orégano oreado en orfandad. Orante orangután de las horas horadadas. Onda en la hondonada. Ojos y ajos; cominos y caminos; cuerdas y cuerdos. Ojalá del hojalatero. Odiado odre de la odalisca. Nutricia nutria. Normalmente, el normando nortea. Naciente nácar de la nación sufija.

Inclemencia que se inclina. En clave y clavo. Indigencia y enclave. Ingenua ingeniería de lo ingrávido. Injuria e injerencia del injerto. Invencible invalidez de lo inverosímil. Ira del iris e ironía del irlandés. Izotes y azotes. El lamer del lamentador. La una en punto y launa laureada. Leche de la lechuza en el lecho del río. Además, ademán atrás de la adenda. Adusto adulterio del adventista.

Wilfredo Carrizales
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