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El poeta Luwei

miércoles 23 de agosto de 2017
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Textos y dibujo: Wilfredo Carrizales
El poeta Luwei, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

El poeta Luwei anda desnudo por las calzadas y su novia no tarda en juntársele, al natural. A cada paso extienden los poemas y se aplican al suceso diario, a pesar de las advertencias de la policía y de los burócratas del Ministerio de Justicia.

El poeta Luwei, humorísticamente, se embriaga al ocaso y lee en alta voz sus composiciones acompañado por todos los perros vagabundos del vecindario y algunos gatos con caras de vehementes demonios.

El poeta Luwei se encierra en su comicidad y cuando sale al exterior despide gestas de bufones, desplantes de payasos, desparpajos de borracho, zaherimientos, mordacidades y burlas de filósofo con amplias distancias recorridas.

El poeta Luwei no teme a la censura ni a las herramientas destinadas a la castración. Se deforma los labios y los párpados y propala el fin de las dictaduras.

El poeta Luwei se siente un gran rapsoda, pero no lo da a entender y avanza por la vida con cantares personales y persiste en frecuentar la audacia y en desordenar la paz de los opulentos, de los cómodos y los cobardes.

El poeta Luwei escribe su propia saga al amparo de tejados ahítos de goteras y después experimenta una humedad caliente que es un trasiego para muchas épocas y distintas estaciones.

El poeta Luwei posee un arte poética de difícil definición, donde entran mudanzas y una prosodia que a veces se aleja de la gramática y otras veces se acerca tanto que la intima hasta finalmente penetrarla y dejarla exhausta.

El poeta Luwei resuella un erotismo de marcada exuberancia que lo conduce a transitar estadios donde se abrasa entre agua y viento con formas de mujeres de grandes y emotivas carnes en ebullición.

El poeta Luwei entra en catalepsia cada fin de mes y al volver a la normalidad su imaginería se ha desarrollado hasta límites inauditos, lo cual le permite indagar en laberintos de cadencias, improvisaciones y cesuras que persisten innovadores y a toda prueba.

El poeta Luwei trata de tú a tú al viejo del cielo y le hala a placer las greñas y le tira de las luengas barbas hasta hacerlo lanzar rayos y centellas que luego el aeda recoge para encabalgarlos después.

El poeta Luwei economiza su edad para llegar seguro a la longevidad, pero arde con la vida y la aprovecha y disfruta en toda su magnitud y la respeta en su profunda y abundante diversidad.

El poeta Luwei viaja sin moverse y se mueve sin viajar y transita la totalidad de los ángulos de la rosa de los vientos y se relaciona con juglares, trovadores y bardos de innumerables países.

El poeta Luwei es marcadamente lírico, pero puede ser también goliardesco y satírico y, de pie, encima de su diván, lee con voz de trueno sus composiciones frente a los espíritus de la noche.

El poeta Luwei colecciona y elabora llaves que abran multitud de puertas donde están encadenadas las estancias que nunca vieron la luz por contener temas prohibidos.

El poeta Luwei inventa sus particulares reglas de poetizar y las viola a discreción y se concentra con frecuencia en los polos opuestos y no le acobarda entrar en contradicción, porque él mismo es su propia oposición, su propio desacuerdo.

El poeta Luwei despliega una vigilancia para capturar aves de paso que conozcan los raseros del mundo y de sus plumas elabora instrumentos para la escritura de textos en las alboradas.

El poeta Luwei escande versos al igual que escande licores y sabiéndose falible no se unta de brillo de ocasión, sino que refleja siluetas sobre las paredes que le comentan de su tránsito fugaz.

El poeta Luwei odia la rima y los ripios y dondequiera hace constar esta condición y aquesta porfía y se torna en dialogante y danzarín prístino para que la fiebre sea su heroína.

El poeta Luwei tiene un carácter atrabiliario, pero es sumamente bondadoso y es capaz de conmoverse al observar los arcoíris y las gotas de lluvia estallando al chocar contra el suelo.

El poeta Luwei gusta de ingresar a los bosques umbríos para seguirle la pista a los escarabajos en celo bajo la hojarasca y para descubrir arañas y ciempiés ensartados en desiguales combates.

El poeta Luwei conversa sin parar con los poetas antiguos de su nación y con los persas, los árabes, los indios y los japoneses e intercambia con ellos motivos y pareceres y eruditas impresiones acerca del lenguaje y sus portentos expresivos.

El poeta Luwei trepa a las montañas y allí vive largas temporadas sólo alimentándose de semillas, hongos y bayas y al descender se dirige directamente hacia un lago o hacia el mar, donde agita las manos hasta que logra producir ondas de intenso aroma de almizcle

El poeta Luwei es aficionado a las viandas elaboradas con yerbas silvestres y sazonadas con abundante pimienta. De esta manera, dice él, fortalece su cerebro y su capacidad imaginativa.

El poeta Luwei salta, trota, emprende violentas carreras y hace boxeo de sombras y nunca parece cansarse. Al poco rato, nada en algún río o canal, en todos los estilos posibles y, al fin, se queda flotando, boca arriba, mirando las nubes que lo atisban desde sus recovecos.

El poeta Luwei edita sus propios libros después de trabajar arduamente en cualquier labor y ahorrar el suficiente dinero para comprar los más bellos papeles artesanales. Luego abandona sus libros en los vagones del metro o en los autobuses y se da por satisfecho al tener lectores anónimos.

El poeta Luwei avanza y se comporta con desenfado y hace bromas con la cara muy seria. Se burla de todo y de todos y se zahiere con denuedo para demostrarse que está inmune a los sarcasmos.

El poeta Luwei alquila sombreros para ir a las bodas que nunca se realizan de sus amigos y después le da un color diferente a sus vestidos en señal de ignorancia o confusión.

El poeta Luwei inventa escenas que ocurren al pie de escalinatas de edificios públicos. Invariablemente en esas decoraciones están presentes los perdedores natos, pero también los rebeldes y los proscritos y los reprobados.

El poeta Luwei mora en diversos lugares a la vez y no pertenece a ninguno y se complace en ser un tonto de remate y aspira a perder las huellas y a perder el juicio.

El poeta Luwei se expresa a través de su aspecto mucho mejor que por intermedio de sus escritos. Golpea cualquier objeto y de inmediato emerge una música que no se disipa en el vacío.

El poeta Luwei no se guía por el hilo de las minucias. Aprehende con firmeza los cordeles de la pasión y la emoción y arma en el espacio un rompecabezas de palabras y vocablos que desconocen las rupturas o los hendimientos.

El poeta Luwei rechaza pertenecer a ninguna escuela literaria, a ningún grupo, asociación o cofradía. Errante, habla con los muebles con los que se topa en las veredas y calles y se marcha, al cabo, contento, a un improvisado refugio, donde desaparecen los trenes de medianoche.

Wilfredo Carrizales
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