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En unos verbos

lunes 28 de agosto de 2017
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Textos y fotodibujos: Wilfredo Carrizales

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En unos verbos, por Wilfredo Carrizales
Fotodibujo: Wilfredo Carrizales

Entraron las risas en los féretros y salieron las lágrimas a dividir las costillas de afuera. Un espacio saltaba en la estrechez de un sonido de acritud. Los hablantes parecían portadores de escudos para repeler las horas. Danzaban los artificios al compás de ruedas que amenazaban. Un rostro necesitó de un aposento. Más abajo, en algún tiempo de polillas, la muerte lamentaba la picadura de su traje.

 

2

Eran tres esas afecciones: una burla, un apéndice, un signo de vidrio. Repentinamente, la extinción. Se alejaron los ácidos hacia un plano de desvío, hacia una distancia de realidades que escapaban. Valía más ser del mismo pelo. Emplearse a fondo en operaciones de elipsis. Las maldiciones carecieron de elegancia. ¿Hubo alguien que recordara los dramas de las provincias en ascuas? Entre la longitud y la carne se debatía un gusano de pocas luces.

 

3

Cabe preguntarse: ¿los elementos rotan en un isomorfismo de abstracción? El servicio del arma fue destinado a una aplicación personal. Contra la sífilis se mantuvieron cartas y navegaciones con fécula. Fue muerta la inteligencia cuando se extendía sobre una cátedra de papeles mohosos. En lugar preferente se articulaban probanzas para un enemigo que desconocía las privaciones. Durante tres días se trató de rescatar la cabeza que ardió mala.

 

4

Todavía el relato de la ruina, de la pobreza más atinada. Nos duelen las islas sin exhumar. ¿Qué cosa, apretándola, suelta atorrancia al uso? Fácilmente se atrofia la vejez y un ajetreo deviene en castigo. Las doctrinas se oyen y a los canes se les aflojan las pieles y las vísceras. De la angustia a la herejía sólo hay un rapto de costumbre. ¿Áurea mediócritas encima de las gredas del esplendor? Por fallar, ahora se afirma menos. Ni siquiera en la boca un tegumento de elocuencia.

 

5

En unos verbos, por Wilfredo Carrizales
Fotodibujo: Wilfredo Carrizales

Aunque julio visite a agosto, nadie se entera del suceso. Razones habrá para consolar al malandro. Se despachan las conciencias, con orden de no volver. Cada individuo se carga de ustedes y triunfa como verdugo. De enojo y de alboroto se estructura la estampida. Las espinas se riegan a través de las gargantas. En las cavidades del pecho las mitologías establecen sus presunciones. Sin culpa ni disculpa, los soplos rompen la aurora de los que coinciden en pesadillas.

 

6

La posada roja se autentica y el buen Dios le otorga panes suaves. Lo mundial se anula en el ajuste del primer film. Los autómatas inician sus impulsos cardíacos al vaivén de un tamboril de acero. Se llega al arranque de los gases, a la exquisita inhalación de sus formas. Un disco expulsa tonadas de municiones para los avarientos de los avances. Los esqueletos designan sus poéticas en las morgues de elegancia. La novia de un niño perdió su baúl en la conmoción de la atrofia.

 

7

La lotería abusa de la benevolencia ajena. Sin solemnidad solventa los vicios. Mediante un prejuicio nos adentramos en su honor. Ella desencaja y arroja afuera el peso de las depuraciones. ¿Y si contratamos pólizas que nos extirpen la recta extenuación? Hay un descanso y se observa la expulsión de los humos. Los vendedores eyaculan de modo gratuito, sin rodeos ni comanditas. La arcilla aún muestra su vientre dorado, mientras las arengas se desgranan ausentes de ortografía.

 

8

El mandamás, de mirada fofa y carúncula encarnada, me introduce a su ética de cartón y falsía. Entonces, me nocturno, canto y fantaseo. Al libre cambio de los cristales, cato los noticieros, bostezo y pienso en el vientre de los budas. La falencia no se me adhiere al cuerpo. Llevo a cada lado la falibilidad de los juicios humanos. Marro al componer los jardines, pero en mi pieza la lealtad es una obligación.

 

9

Aquel sentido de desaparecer en volandas. Ocurrencia para atenuar campanas y otras poligamias de trato frecuente. Utilizo un mediador entre mi barba y la comedia sin vendimia. Una cabeza de boya se insinúa como anillo que combate. Mis monedas devoraron la pena capital y no me apenan las causas ni los alcances. Me di al origen de la lengua y entreví sus detalles y sus patas de gallo que concede. Fecundo a los testigos y les hiervo el agua de sus fechas de escribanos.

 

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En unos verbos, por Wilfredo Carrizales
Fotodibujo: Wilfredo Carrizales

Tanto temblor de tabacos; tantas garras de una regencia de conflictos. La anormalidad se plantó en mitad de un dedo. (En el interior de la flema se ocasionaba una felonía). Un corcho felpó las astucias de los encajados. Alguien baila sobre la fealdad del poder. Muchos grotescos hicieron sus manifiestos y vomitaron el mal olor. Las batallas se han evocado tristes. Esotro tropieza y se reduce a moco y bizcocho. La parálisis obliga a los socios. Una anciana ejecuta a su cruz.

 

11

Han proscrito las yemas de huevo y la mención de las desgracias. La felicidad atisba desde el desván. Un cable me auxilia y profundiza en mi economía. Quiero, de continuo, lograr el negocio de la libertad. La variedad de tormentarios me lo impide. Se hace chimenea la decoloración y ya no satisface las rencillas. Mi caso de equilibrio se vuelve espontáneamente inclinado. De la masa a la aguja, la luz atravesó con un disparate de emoción. Mis fuerzas se midieron en gramos.

 

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Funcionamiento de las excusas: rotación de los cueros que se evacuan. Mis botellas en los invernaderos; mis lámparas, tras las pantallas del sifón. Bruscamente se congela la solución de los problemas. Por la vía seca no arribaré a ninguna parte. ¿Me convienen nimbus o cirrus? De autoclave me expongo en sitio descubierto. La resonancia agiliza sus surcos y los coloca, armónicamente, a una lejanía mayor. Me he hendido en mi destino y huelo a hiénido.

 

13

Sol de las supremacías endémicas; piso de nidos sin hojas. Las familias se ornamentan con las lluvias y perecen, gubernamentalmente agradecidas. Los argumentos se mueven flacos; la gordura está en diferente estilo de permanencia. Por casualidad, ¡la gran flauta! ¡El tremendo berrinche! El caballero de las manos ardientes se compró un avión y su familia peregrina por los mundos de su dictamen. (La evolución trajo una flor de pajarito y las ratas royeron su fragancia de apenas).

 

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Escribió: calcáreas para rebelarse en la antigüedad. Lirios adormecidos sobre las grasas de foca. En las fogonaduras se aplicaba contrastes taciturnos de piano. De allí arrancaba la violencia, la fortuna de tornarse riesgoso. Pequeño mentecato en la neuralgia del conticinio. Su ángel se vio rodeado de judías y mismas alubias. Los esbirros le dieron caza y lo casaron con la viuda de la unidad universal. Al final, se fraccionó por torsión y sus huesos alteraron las ventanas.

 

15

En unos verbos, por Wilfredo Carrizales
Fotodibujo: Wilfredo Carrizales

¿Fugacidad de las fronteras de la inercia? Hipótesis para individuos con calzones triples. Su refugio había sido su purgante. Ahora le atormentaba la ninfomanía de su mujer. Sin silla gruesa comía aromas de la tierra, fustes del pus. Una crónica moraba a su alrededor, procurándole fósforo y escasa facundia. Las mañanas le servían de ganchos y se imaginaba tejas desmembrándose de norte a sur. Asiduamente se inflamaba y ganaba una higiene de reptil.

Wilfredo Carrizales
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