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Circunscripciones fallidas

lunes 18 de septiembre de 2017
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Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

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Circunscripciones fallidas, por Wilfredo Carrizales

Mancamiento. Sin faroles. Sin uñas. Mandinga maniobra y me maniata. (En el juego, yo soy la mano, la trompa que se ensancha). Lance y domino la caza de las féminas. (El río pasa donde ya no se le huele). El hombre con su brindis de sangre y su impostura de loco. Los dedos ordenan su utopía. Máquinas y mapas. La sed que será misterio. Marchante del laberinto. Martillo transfigurado.

Más que la cola de la golondrina y me invito y me sorprendo. Más grande que los puntos escarlata de mi coronada sudamericana. Más de los trópicos y sus vicisitudes al tajo. Más azul que las ninfas machacadas por el plexo solar. Más el límite que la forma y los escalones profanados y llanos.

Confesarse la máscara ante la taza de café. (¿Masticador en cierne?) La llama de los muertos, al este de lo soez. Manías con orlas y alucinaciones. (¿Melancolizar el descenso de los presidiarios a su alameda nocturna?) Visión: una monja blanca colgada de un muro de ruinoso convento. (La mañana no releva del sueño). Parque de varias estrellas y ningún montículo. Al borde del secreto de la acera, una playa distante y salvaje que se anuncia sin estridencia.

Al corazón le place estar aquí y no allí. Una cama de helechos para disfrutar el amor casual. Pequeño impulso de un ala rota. (Evoco las imperfectas cosas halladas en un viaje alrededor de la cama). La mosca, la última, muere bajo su mortadela. (Esa muchacha, afluente de lo incoloro). Mudanza de hombres en sus vidas chiquitas. Mundificarse a discreción.

 

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Circunscripciones fallidas, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

El oeste estructurado sobre sus barrotes de ofrendas sin luz. Al lado, un niño con un pájaro y su doctrina aleteando bajo los aleros. A cada avenida, un objeto de instancia: ocasión del prójimo. Caracol transformado encima del diapasón del estribo. (Entregarse al olivo, mientras la olla le huye al fuego). Grupo de ombligos recibiendo todas las atenciones. Luego se sueltan once a las doce y la rabia con su colosal impedimento. No a todos los hijos les sientan bien los olmos.

Retrato de mujer en la diferencia de diafanidad. Se intuyen los moribundos recostados contra la opalescencia del humo que tomó su lugar. Oráculos de ciego. Frontera escrita sobre papel lloviznado. (Se prosigue tras el origen de la salamandra a través del pelaje de una red). Tema: el peregrino considerado como inherente a la orografía.

La cigarra inmóvil escapando de lo negro del invernadero. Otoño, otramente. (Sobre las palabras, mechones de las horas). ¿Y la ontogenia del sueño de los mamíferos comedores de azúcar? Precisión al anotar los recuerdos de las patas y la matanza del paso de las aves por los túneles.

Sufrimientos con pandero y los juguetes en el fondo de la jofaina. (Me convenzo: era un metal bastardo, sin sentido y padeciente). Parpaban unas plumíferas en la laguna del grabado. (Sin novedad, trasiego, expresado con peso de hambre. Ahora requiero extremidades de araña para acometer a la Mujer. Nunca se me hincharon las orejas a cuenta del gallo manso).

Lo reconozco: soy el honrador de hongos imperfectos y de las cinturas ofendidas. Anuncio la proclamación de los castigos en los crepúsculos de las calles bizcas.

 

3

Circunscripciones fallidas, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Nacencia o neblina. Musgos desprendidos en gajos desde el ático con responsos. Néctar de los riñones. Volar sin aire dentro de los huesos. Orina avistada en el tumulto del patio. La piel, indigesta; la sangre, en su provocativa vecindad. Derechos del torso, irradiaciones hacia las ruinas no suprimidas. ¡Que no dé lugar a incendios por intermedio de arengas o sus derivados!

Indagar hasta afirmarse en la idea que nos incumbe. Limosnas llegando a las desigualdades de la saturación. Inercia de lo anejo. (¿Y el insecto que aún falta al intercambio con el exterior?) Los hallazgos, las invariancias, los avances a través de la humedad y la duración en ella. La furia, nada hiperbólica, presente en el interior del fenómeno. ¿Ir? ¡Jamás!

Las jambas presagiadas por los halcones del súbito atardecer. Jardines con sus modorras simples o binarias: castigos para cualquier novato. Jazz en la lengua del gato muerto en flagrancia. Cielo de los jazmines y los solteros asustados tomando ron en sus pocillos de crisis. Jaula ornamental y con sogas para enracimar los brazos y los abrasamientos. Ajedrez y jejenes en todas las facetas del siglo que se trovaba.

Lamentación e inclinación de las rosas que no llevan tal nombre. Larva roja y negra emancipada de las afueras de la ciudad y luego perdida en los tremedales de su apostolado. Un escarabajo para alabarlo de prisa, sin garantías. Llegador del tiempo: se desvanece tras unos adornos guindados, por error, de su habitáculo.

Preludios del gusto y una materia semejante a una metáfora tardíamente capturada. Latitud, laxitud y la tetona ablandando a sus hijos con sal de pliegues. Oficio de arrebatos y juicio para cabezas más que oscuras. (¿Y la humildad de los maridos de costumbres mudas?)

 

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Circunscripciones fallidas, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Módulo de la vista dentro de su tabernáculo. Mentira o monserga tras la emoción. Olfatear en triunfo y la brisa oleando poco. Según la relación, el laúd conoció un recto mango y después se torció. (La belleza femenina no se pudo levantar y debió supeditarse a un ceremonial exento de delicadeza).

La condena, el arresto, la grosería: tipos inolvidables de alusiones. Intervalo del documento y de las figuras autorizadas por sus dramas. (Aquellos líquidos inverecundos que invadían las cavidades inmigraron hacia las aherrojadas barracas). Nuevamente la expiación impulsa el espectáculo de la era consignada. Nadie se entiende y nadie se habla. Mácula de los días sin guarismos.

Los barcos, las barcas, sus efectos sobre el agua que contrasta. Debió haber habido un pez que imitaba al imán y sucesivamente languidecía dentro de la arena. Igualmente la gaviota perdía sus signos mayores durante la proximidad de los equinoccios. (Mientras se abatían las migajas contra la superficie ondulante, el misántropo se desnudaba al alba y chapaleaba, atroz).

Con la mitad de la tormenta se perdieron las mocedades de los mochos. Centavos de los ascetas para contener al ofendedor y la república bregando por consagrar a sus ofidios. (Parece que el parricida leía los párrafos sin parpadear). Sugerencia: ubicar cuanto antes una porción de espacio que sirva para la inundación de las piedras y su vacío. (De extrañezas someras y de ociosidades porosas continuaremos padeciendo hasta la culminación del desastre. Por intuito).

Una vez los buitres hayan traído la jerarquía de sus escritos, ya nada podrá impedir la propagación de su estilo. (Noticia: las gemas del delgado trágico que murió de excesiva sudoración, reposan en la capilla funeraria para consuelo de familiares y amigos). El horizonte funcionaba y creaba sus fines y las mieses brotaban neutras y las ronchas se gangrenaban y los solares se engrosaban y las dudas se adherían a las tendencias contemporáneas y los héroes hacían su voluntad.

Wilfredo Carrizales
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