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Parvedades frente a lo transitorio

lunes 6 de noviembre de 2017
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Textos y dibujos: Wilfredo Carrizales

1

Parvedades frente a lo transitorio, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

Al aparejo del frente le va la muda. A la noche será otra cosa: una diarrea de perros.

El libro requiere asistenta y peña de equivalencia. Sigue el trueque y, a la vuelta, un palo y un calderón. (Antiguamente remediaba el eje).

 

2

Un niño dentro de su cometa pequeña con plumas de ave y carne de intriga. Una careta del mismo modo al margen de la oscuridad. Se rompen las botellas, a pesar del forro de paja, y el cuchitril sin espinas para aguardar el paso de luna. ¿El cambur encontrará su musa? ¿Se aporreará el racimo con el arrastre del cesto?

 

3

Mueble que cojea y no se alza. Lápiz en vez de llanto. Se forma el aro y se instala la falacia del moho del pan. ¡Callemos, que el mar nos viene de lejos y su peso endurece!

 

4

Una herida en el anzuelo y surge el fruto amargo. De las letras, el riego de las aguas y su centro para no cabecear.

Se engancha a una argolla un camino. Hay una figura de feria, un artefacto que detiene las aspas del viento. Junto a los otros objetos: espuelas dibujadas, secciones de corceles, sobrantes y torres sin guardianes.

 

5

Dicen del bosque y entran en confusión. No atacarán con toneles ni con odres de fuego. El cuadro se reconcilia a causa de la niebla. Bajo estas circunstancias, ¿puede haber riñas, luchas con fuerzas de fondo?

 

6

Instrumentos en drupa, mientras duermen los cernícalos. Nada resuelve el mal de suciedad y de la boca sale un tono de locura.

Por ejemplo: los bolsillos se abultan al repetirse las muletillas. Bien de veces y floreciendo los segundos y los bigotes.

Tesoros a contratiempo y para el paseo se derrochan las satisfacciones de las raíces.

 

7

Iba en un reloj que andaba soñando y me olvidaba de todo hasta sentirme cercano y expedito. En esencia, inventaba novedades y sembraba plantas que acentuaban las lumbres. Fui principiante en el conocimiento de las manchas, las telarañas y las cepas de nimbos. Llegué al desenlace enturbiado por las ñiscas de la medianoche.

 

8

Observé ciertas leyes, pero no los escrúpulos. En mis abundantes ratos de ocio encontré a los gatos encerrados. Unos caracoles trazaron sus dibujos sobre mi piel que luego semejaba una tela de ondulatorio tránsito. Toleré la reputación, a regañadientes.

 

9

En una roca, limpio de matorrales y hierba, la vi de opulenta cabellera y con la impertinencia de su verdad contraria. Me replegué a sus medidas y sucesivamente palpé sus oquedades que se humedecían, acampanadas por los púrpuras dispuestos a saciarse.

 

10

Parvedades frente a lo transitorio, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

Ombligo sometido a los murmullos del círculo más alto. Ritmo en el origen de las causas. Un orífice taladra su esfínter y sale en busca de un sentido de estaño. (Donde entra la brújula, la proveniencia se hincha y se templa el órgano con la tormenta del embrión).

 

11

Otro y me fui después. Ovante, acepto la otoñada y luego aludo a un diván adonde me distraigo. Mientras tanto, denuncio al ozono y a su descarga de frío.

Los picores se acorazonan en los jardines y, más o menos azulados, fomentan los enojos.

 

12

Pajarito esperando el autobús y pronto se hizo nido y éste, corbata sin sufrimiento.

Se encuentra y pende el fleco. Sus dientes se traspalan y pierden el asiento de la mordedura.

La palanca del gusto se atribuye una celebración del amargor. Giran los dulces y se desecan las papilas.

 

13

Ambos extremos aprecian huellas. Escribir sobre lo más perceptible. Palabras hincadas encima de los restos de los accesorios. Un correctivo y un mazo cerca de los dedos ligados bajo los cuadernos. Palmo a palmo emerge el tramojo.

 

14

Madera de ultraje y baraja. Según el tiento, una figura pasa de largo y extiende su ámbito comestible.

De los matinales, gorros, orejas y fermentos. En ello una historia se infiere, pero ¿cuál?

Los papiros están aún para descifrar. En el ínterin, más de quince vientos no aciertan a encontrar abrigo. Quien lo sepa, se empapará, rabiará y mortificará al pregonero.

 

15

Con las crecidas abundan las cosas comparadas. El que tiene habrá sido cogido en premuras e inconveniencias. ¿Y el desprecio? ¿Se puede objetar?

Por añadidura, cocieron y mascaron y se reservaron los pronombres y la buena fe de las negativas.

Han alabado a los años en carrera, aunque el trapero fue puesto como ejemplo. Todavía algo desentona.

 

16

En un descenso y el paraje se interpreta. Un cuerpo para encontrar lo rotundo y lo negro y una cámara de donde sea difícil escapar. Curso de los artilugios.

Una guadaña se hospeda en una choza y un can alcanza el clímax de lo sarmentoso. La relación se hace suya, entre analogías.

 

17

Parece honra y no palo de astilla. Su padre corrió parejo tras el aspecto y desagradable quedó.

Vagamente creía en aquello. Algo así, tan remoto, tan sin vislumbre. La simulación portó escupitajos. Se juntaron los atisbos con los atavismos y se rozó el fin.

 

18

La familia del aire e imprecisamente se compara con lo fugaz. Se evocan los estilos cobrizos. Llevan trazas, herencias de un extinto patrón. (En alguna parte, un jaguar opaca su voz gilva hasta mezclarse con una parcialidad). Paridas, se reconocen y las armaduras infligen confianzas o roturas a nivel de los tobillos.

 

19

Parquedad de la parra y en algo se envenena el bejuco que actúa con parsimonia. Se arranca el mismo lugar y surge la titilación de estrellas de tierra.

Una exaltación y el pan se vuelve mártir, la ansiedad del giro asaz mortal

 

20

Parvedades frente a lo transitorio, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

Vivo sobre las horcajaduras; a veces, encima de las trabas. En la cómoda me hago incómodo, con las rodillas poco comunales.

El pelo se me apacienta así. Mi color resuena en lo metálico. De una mesa obtengo pezuñas y cabos y me pinto, exento, agradable de pecho y oído.

 

21

Cortada con tijera, la coja se desenfrena y me refuta. Entonces le uno los trozos y la siento salmón sin ingredientes.

Me maltrato en tres días y me echo de la ciudad. Me torno asunto de complicada solución. Aduzco pretextos y pataleo en la nulidad.

 

22

“Eres el pescado inmortal”, le dije al róbalo y me birló la bolsa y los escasos dineros. Sufrí la pena del aguijón y debajo de mis zapatos se añadieron agallas.

Cometí reconciliación con mi ingenuidad y me dejé llevar por un despilfarro de paisaje. Me quemé con perfumes de pañales y aún no he podido restablecer la paz dentro de mí.

 

23

La persona me señala, pedazo de mis entrañas. Simboliza el escozor que pide, la erupción que no se aclimata. Ella es hermana de mis sábados y sus deseos se aposentan en mi finca: encargo que cura y por eso callo.

 

24

Cardo la luna desde el enrejado que cuelga de la prisión. Como no estudio, me mancho. Me entero del mecanismo de los almanaques y sus divisiones. Atempero la pasión y el tiempo actúa, suspenso.

Me acompañan relatos de las épocas que nunca terminan. Me sujeto a un estuche y rastreo minuciosamente en su alma. Nada encuentro, pero una bala ha dado en el blanco.

 

25

Con referencia a mi nacimiento, sólo amenazas. Cortarlo supondría un escenario de impredecibles consecuencias.

Aniquilo las dudas y adelanto mis membranas hasta hacerlas fuertes y rectas. (En defensa de las escaleras trepo travesaños para desalojar a los ascendentes que batallan).

 

26

Antiguos mares de la pelagra. Penalidades de unos gallos que asolaban pueblos. Humos que nunca se abrieron a los horizontes. Ráfagas ennegreciendo faros hasta sitiar sus apogeos.

Resúmenes a cada costado de la existencia. Animales peleando por unas cerillas. ¿Y la candela se adentrará? ¿Será bastante estimada, con soplos?

 

27

Uno se descuida y se derrumba. Alerta, se le extraen las fichas. Se corre el riesgo de tragarlas gruesas y pellizcos mediante.

El peltre en la pulsera, sin rotura ni reprensión. Un madero celebra mi dolor y enuncia que debo dormir en equis.

So pena de crear lo precario, la alegría se remata en ficción.

 

28

Pienso que alguien está infundado en mí. Lo tengo presente desde el pasado y no cesa la opinión.

Cuatro pétalos me dirigen y yo los monto cuando los noto aceptables. ¿Podré tener una corona de suspiros, aunque un consejo persista en lo opuesto?

 

29

Se confiesan las casas que han penetrado en mi ser. Fueron conducidas por sentencias de mandantes. ¿Y qué elucubraba yo? Sermones para la lujuria; avisos de lo coquinario.

Sospeché de la mucha duración de los tejados. En torno a ellos se asociaron penumbras y estrecheces. Otro espacio anhelado devino en orfandad. (Ahora suena un saxofón y no se abren las puertas).

 

30

Parvedades frente a lo transitorio, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

Ese árbol fue noria, enjambre de abejas para el empeoramiento. Su tamaño mismo lidió con carreteras. Los niños no habitaron sus cuevas, ni las lechuzas bailaron sobre sus ramas. ¿Dos sílabas y ya breve?

Perennidad de la madera no superflua. Una categoría de peregrinaje en un sitio que vira en redondo, aserrado y sin descuido.

Wilfredo Carrizales
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