Saltar al contenido
Hablemos, de Octavio Santana Suarez

Una montaña amarillea entre sueños

• Lunes 11 de diciembre de 2017
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

1

Una montaña amarillea entre sueños, por Wilfredo CarrizalesFotografía: Wilfredo Carrizales

Los sueños se despliegan. Las cosas se reciben en confusión. La mente extrae su pluma y comienza a registrar por escrito: amarillea en el este y las nubes también se tiñen. La montaña empieza a retomar sus formas. Las ramas de los pinos se balancean bajo el impulso de un sol que nace sin quejidos. Los pájaros demuestran que viven y que pueden entrar en un poema de otoño, al margen del viento portador de frío.

Un sueño avanza y busca otro sueño y se enlaza con él. Las manos tratan de abarcarlos y algo se lo impide. Surgen preguntas: ¿hay estaciones y puertas en la montaña? ¿Se mueren las piedras transitoriamente dentro de la oscuridad? ¿Quién busca la verdad debajo de las raíces de los árboles cuasi eternos? ¿Qué rocío hace castañetear los dientes?

La montaña se levanta con el gualda de sus cortinas. Las cumbres aproximan a sus hijas y se les notan las texturas vegetales que las amoldan con alturas de varas y unidades de corolas tanteando la eventualidad de un mañana con certezas.

No concluyen los sueños apostados encima de la montaña. Son sólo el prolegómeno de un itinerario más vasto y vital, donde el onirismo fija sus hollines para que destaque la resonancia de las luciérnagas.

 

2

Una montaña amarillea entre sueños, por Wilfredo CarrizalesFotografía: Wilfredo Carrizales

Testimonio de las estructuras rocosas a su paso por las estancias oníricas. Continúan en la capital de los cirros y del azul medianero. Fluyen con sombras de edificios pétreos o en el vacío de sus campanas. Adquieren contornos de terrazas donde se depositan las gotas de lluvia que lavan sus cuerpos. Toman las miradas que las contemplan y las vetean y las marcan con cruces y muescas. El agua penetra en sus intersticios y les ve y les palpa las coloraturas ocultas del lustre y los escondrijos. Los pies de los pinos les transfunden sus resinas y sus aceites y sobre la viscosidad de esas sustancias imprimen sus siluetas, de frente. (Una inusual historia podría empaquetarse y echarse a rodar, cuesta abajo, hasta que retumbe y funde un eco en los barrancos).

Cenizas se dispersan revueltas en matices, entre cándidos y verdosos o entre grises y bruscos. Unas onomatopeyas glosan sus jaculatorias y de sus fatigas surgen retorcimientos, agujas, emociones en piña. Ni con insólitos aludes eclosionan manantiales, ni límpidos, ni suaves, ni tibios. Las rocas devoran su cronología bien pensada y continúan hasta la eternidad exenta de cuarentena.

Unas bandas de negrura previenen a los pinos de las rocas del rayo que desciende sin fragor. Nunca convalecen las piedras, aunque las peinen grietas. Avanzan sobre sus promontorios y van legando sus motivos de jardines a los ermitaños en clausura.

Persiste la enormidad de la litología en sostener a los cielos de su elección. Así, concesivamente, emula los mitos que edificaron al mundo. (Una hoja vuela en ausencia de brisas y presagia la legitimidad de lo soñado bajo los auspicios de lo autónomo).

 

3

Una montaña amarillea entre sueños, por Wilfredo CarrizalesFotografía: Wilfredo Carrizales

Una cigarra que siente lo extraño del bullicio de la época. ¿Y dónde está la precocidad del silencio? ¿Se marchó con el hastío del soñar despierto? Y el insecto chirriador prosigue enumerando sus posesiones: una corteza en onda de sendero, una persistencia, un destello tras los troncos, una fibra nerviosa…

La chicharra prueba el licor del anochecer y gana un arte para la evasión. La alborada la sorprende adherida a la vejez de los pinos. Muda, reflexiona acerca de la gasa que, tenue, envuelve los acontecimientos. Sólo una vez chirría, imperceptiblemente, y luego muta en una cáscara de sequedad.

Siete días más tarde resucita. Ya es un insecto mayor, con significado y precaución. Entonces decide buscar a sus antepasados en los ocasos. Y triste, no los encuentra. Y decepcionada, gime, aunque no sea su original sonido.

Después, con frecuencia, trepó por hendeduras y cayó; se arrastró por precipicios y se derrumbó; mascujó lloviznas y orinó en abundancia. ¿Acaso los años irían a desgastarla de súbito? ¿Quizá la muerte la estaba llamando desde las oquedades sin nombre? ¿Por casualidad ya su apodo estaría en la lista de los próximos a ser extrañados?

Al final, la cigarra se reconstruye con arenilla, musgo y lodo y vuela, a retazos, por encima de las cumbres que se le apartan hasta que se precipita en su agujero y nos encuentra soñándola.

 

4

Una montaña amarillea entre sueños, por Wilfredo CarrizalesFotografía: Wilfredo Carrizales

Pájaro blanco que no se ve, camuflado con la albura del cosmos. Revolotea y su figura deja huellas incrustadas en un cielo de similitudes. Pájaro de nieve infundada que ya casi no es pájaro. Quien piensa en él no lo hace ceñido a ninguna esperanza. A medida que pasa el calendario lunar se le va alejando la belleza innata. Pájaro de nido guindado en el ramaje de una estrella diurna.

Sólo conoce tres trinos y eso porque los escucha de continuo en otras aves. Ha practicado danzas, pero sus patas son torpes y los pasos no se le dan. Quiere entrar en las leyendas, mas queda en blanco. Entonces escarba en su frustración y no halla el meollo del problema.

En resumen: el albo pájaro teme y no logra atemperar; no es dulce y amarga su presencia; se desespera y se desestabiliza; se abandona y no se abanica. Duplicó su pino y ahora duda si fue correcta su decisión.

Blancuras sueña ese pájaro y, por lo tanto, blandamente nos desenvaina para que la herrumbre haga presa en nosotros, cuando durmamos a la intemperie, y nos provoque pesadillas.

 

5

Una montaña amarillea entre sueños, por Wilfredo CarrizalesFotografía: Wilfredo Carrizales

Desde el concilio del sueño la catamos con respeto. La mole rocosa fue irguiéndose paulatinamente hasta que alcanzó la erección total y sus oquedades resultaron descubiertas. Sobre su cima empezó a levantarse un breve otoño y el aire dio vueltas y se tornó en ráfaga de viento. Gotas de un fluido se deslizaron por unas ranuras que no se saturaban. Senderos seniles se prolongaban, en varias direcciones, al pie del monolito de piedra. Un aroma de mezclados colores subía hasta el punto de la absorción completa.

El otoño llamaba a sus pinos enanos y los ordenaba. Aquel, un poco sesgado; este, algo inclinado hacia el poniente; el de más allá, oblicuo y tranquilo; el de más acá, equidistante de todos y flotante… El otoño se agazapaba en su lugar estricto para apreciar su estada. Su origen se curtía con nuevas noticias del zodiaco. Abría sus murmurios a las vecindades abocetadas. Informaba a la legión de insectos acerca del curso de los trazos de su escritura.

¿Sueños de otoño? Sí y nudos en los troncos de los pinos para abultar la memoria. ¿Ensoñaciones otoñales? Ciertamente y escarabajos al escape a través de nuestros descuidos. Se trasladaban los pedazos de almanaque y se rehacían en la cumbre. De este modo, ascendían nuestras edades y visualizaban el panorama que el otoño, desde adentro, exteriorizaba y plasmaba en nuestros espíritus yacentes.

 

6

Una montaña amarillea entre sueños, por Wilfredo CarrizalesFotografía: Wilfredo Carrizales

Un monje estuvo en la cima. Dijo: “Las nubes se dilatan apegadas a la amplitud y componen un mar que ondea a discreción. ¿Por qué no aguardar a la manifestación y contemplarla?” Detrás de los pinos, un kiosco para el descanso y para palpar el vasto paisaje de cumbres y tientos de albugo. De improviso, se estrechan las lejanías y caballos de viento galopan y crean caravanas. Luego, frente a la vista, se disgregan y desaparecen sin dejar rastros.

Venerables pinos rezan sobre las rocas. El crecimiento verdeante alcanza sus plegarias. La vida entera experimentada en un encandilamiento. Mientras tanto, Moliqing, el guardián del este, aísla el azul y lo transmuta en luz compasiva.

Difíciles combates diarios los de los pinos. Resistencia permanente contra los asaltos de las ventiscas, las heladas y las tempestades. Su fuerza vital conlleva los buenos augurios, los benéficos presagios de la longevidad. Los inmortales taoístas aún se nutren con sus semillas y sus agujas.

El verdadero viaje comienza cuando la imaginación estalla en un calidoscopio de sutilezas. Un parasol de ramajes otorga su sombra a un anciano doblado por el peso de su joroba de piedra. Los estratos se desunen y se congregan en medio del beneplácito de la quietud.

Ante mí, transcurren, en pausada sucesión, las imágenes que documentó el monte sagrado desde el revestimiento amarillo. Alargo mi mano y llevo el elixir de la inmortalidad a mis labios. La noche prosigue forjándose e interminables sueños encuentran a mi lado su acomodo.

Wilfredo Carrizales

Wilfredo Carrizales

Escritor, sinólogo, traductor, fotógrafo y artista visual venezolano (Cagua, Aragua, 1951). Estudió chino moderno y clásico, así como historia de la cultura china, en la Universidad de Peking (1977-1982). De septiembre de 2001 a septiembre de 2008 fue agregado cultural de la Embajada de Venezuela en China. Textos suyos han aparecido en diversos medios de comunicación de Venezuela y China, entre otros países. También ha publicado los poemarios Ideogramas (Maracay, Venezuela, 1992) y Mudanzas, el hábito (Pekín, China, 2003), el libro de cuentos Calma final (Maracay, 1995), los libros de prosa poética Textos de las estaciones (Editorial Letralia, 2003; edición bilingüe español-chino con fotografías, Editorial La Lagartija Erudita; Peking, 2006), Postales (Corporación Cultural Beijing Xingsuo, Pekín, 2004), La casa que me habita (edición ilustrada; Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2004; versión en chino de Chang Shiru, Editorial de las Nacionalidades, 2006; Editorial Letralia, 2006), Vestigios en la arena (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2007) y Claves lanzadas al espacio o a las aguas (con fotografías del autor; Editorial Letralia, 2015); el libro de brevedades Desde el Cinabrio (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2005), la antología digital de poesía y fotografía Intromisiones, radiogramas y telegramas (Editorial Cinosargo, 2008) y diez traducciones del chino al castellano, entre las que se cuentan Libro del amor, de Feng Menglong (bid & co. editor, 2008) y Lo que no dijo el maestro (selección), de Yuan Mei (bid & co. editor, 2015), además de la selección de cuentos largos Ocho escritoras chinas; vida cotidiana en la China de hoy, antología de varios traductores (Icaria, Barcelona, España, 1990). La edición digital de su libro La casa que me habita recibió el IV Premio Nacional del Libro 2006 para la Región Centro Occidental de Venezuela en la mención “Libros con nuevos soportes” de la categoría C, “Libros, revistas, catálogos, afiches y sitios electrónicos”.

Sus textos publicados antes de 2015
418244759192228232259
Ciudad Letralia: Muesca
Editorial Letralia: Textos de las estaciones
Editorial Letralia: La casa que me habita
Editorial Letralia: Merced de umbral
Editorial Letralia: Fabulario minimalista
Editorial Letralia: Libertad de expresión, poder y censura (coautor)
Editorial Letralia: Poética del reflejo. 15 años de Letralia (coautor)
Editorial Letralia: Letras adolescentes. 16 años de Letralia (coautor)
Editorial Letralia: El extraño caso de los escritos criminales. 17 años de Letralia (coautor)
Editorial Letralia: Doble en las rocas. 18 años de Letralia (coautor)
Editorial Letralia: Claves lanzadas al espacio o a las aguas
TransLetralia: Pu Sungling
TransLetralia: Leonardo da Vinci
TransLetralia: Entre las flores (sucinta muestra)
TransLetralia: Cuatro expediciones e igual número de miradas
TransLetralia: Sylvia Plath
TransLetralia: Feng Meng-long y otros: El bosque de la risa
TransLetralia: Arnold Bennett
TransLetralia: René Char
TransLetralia: “La noche”, de Dino Campana
TransLetralia: Hai Zi
TransLetralia: Carlos Drummond de Andrade
TransLetralia: El mar, el océano, en la poesía francesa
TransLetralia: Gu Cheng: poemas y dibujos escogidos
TransLetralia: Mario Quintana: “Mis poemas son yo mismo” (poemas selectos)
TransLetralia: Tsangyang Gyatso (sexto Dalai Lama): Poemas de amor (selección)
TransLetralia: Víctor Segalen: Estelas (selección)
TransLetralia: Breves y antiguas fábulas chinas (selección)
TransLetralia: Cinco cortos cuentos chinos contemporáneos
TransLetralia: Poemas de Li-young Lee
Wilfredo Carrizales

Textos recientes de Wilfredo Carrizales (ver todo)