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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Un verano se descolgó y dejó atisbos de permanencia

• Lunes 12 de febrero de 2018
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

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Un verano se descolgó y dejó atisbos de permanencia, por Wilfredo CarrizalesFotografía: Wilfredo Carrizales

La rama se dobla y forma una ventana. (Las oropéndolas hacen silencio y se adhieren al follaje). El sol pregona su resplandor con ferocidad. Acumulo sombras para contrarrestar su efecto. Desde el tejado, un tintineo recuerda el vacío de los sonidos. El calor de la brisa marchita la verdura que anhela continuar trepando. Un chispazo restalla en mis pupilas: el zénit se me impone.

La baranda aún no cae. Intuyo que la fabulosa y enorme tortuga de piedra permanece dormida dentro de su ámbito de longevidad. Palpo con el olfato el inerme aleteo del carácter del murciélago en su rincón. Aspiro un vaho de sofoco e intimidad. Sudo, a conciencia, con la mirada puesta sobre los corpúsculos de luz que me pertenecen. Una letanía budista rebota entre los intersticios de mi cerebro. Me alejo mientras una llovizna de cigarras desciende encima de mi gorra.

 

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Un verano se descolgó y dejó atisbos de permanencia, por Wilfredo CarrizalesFotografía: Wilfredo Carrizales

Dentro del estanque, se lavan los árboles y la balaustrada, sin salpicar ni gota de agua. En la orilla, un dragón sonríe y asiente. Más tarde todo será una remembranza en un cuaderno de notas o una imagen impresa sobre un papel de circunstancias. (Los reflejos dicen más que las cosas que los sustentan. Unos susurros se oyen como apagados y resulta extraño el lenguaje que modulan).

El astro rey ha derivado un tanto su brújula hacia el oriente. Ahora los cuervos anuncian su hora y sus graznidos se tornan agradables. El círculo labrado de mármol blanco gira y gira en el infinito y la albura le acrecienta el paso de los siglos y el sello de la no decadencia.

 

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Un verano se descolgó y dejó atisbos de permanencia, por Wilfredo CarrizalesFotografía: Wilfredo Carrizales

Un conducto, un vaso comunicante entre la vejez del muro y el tronco que aspira a la grandiosidad. Los últimos visitantes han atravesado el portal y sus huellas apenas resuenan. Desde sus escondrijos atisban los insectos del desengaño. Ayer fue una conmemoración de mentira.

Prosigue la luminosidad su búsqueda en medio de un calculado silencio. Sobran los ladrillos para erigir una fama y, no muy lejos, estallan los fulgores que proponen los glaucos de las tejas vidriadas. Palpo la fragancia del césped que se arrastra ahíto de humedad antigua y torno mi pensamiento hacia el bosque que no pudo ser.

 

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Un verano se descolgó y dejó atisbos de permanencia, por Wilfredo CarrizalesFotografía: Wilfredo Carrizales

Confluencia de vértices, de texturas, de manchas, de opacidades. No es un rincón cualquiera. Allí concurren sombras y siluetas de una tarde que se adormila, pero que se estremece con el borboteo de la luminiscencia. Dono mis insectos y asciendo con ellos por las ranuras no visibles.

Ese recoveco se anuncia siempre con contornos que enceguecen y predisponen a visiones. Se proyectan reuniones de fantasmas en la diurnidad. Sucesos atraídos por extintas fragancias del almizcle envarillado. Basta cerrar los ojos y extender una mano hacia el ángulo para transitar de inmediato por escenas de antaño, tiznado por ecos e ingravidez.

 

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Un verano se descolgó y dejó atisbos de permanencia, por Wilfredo CarrizalesFotografía: Wilfredo Carrizales

Aquel monje prefería esa balaustrada. En especial, si  llovía o si la canícula ladraba con fuerza y mordía las sienes y el paladar. Allí meditaba o salmodiaba y las arañas eran su séquito y los grillos y las hormigas de andar resplandeciente. Él observaba los círculos de luz y se sabía comprendido.

Del tejado caía un serrín: labor incesante de las termitas. El tiempo también es un comején que trabaja sobre la madera del hombre y la perfora y la ahueca hasta volverla nada. La prédica continúa resonando, gracias al encierro, y libre se pierde por el entramado que quiere perdurar.

 

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Un verano se descolgó y dejó atisbos de permanencia, por Wilfredo CarrizalesFotografía: Wilfredo Carrizales

Atisbo a través de la ventana sin celosía. Se asoma un vetusto árbol remedando la forma monstruosa de un recuerdo infantil. Parece querer asustarme y lo logra. ¿Para qué negarlo si el susto fue evidente? Asisto luego a la celebración de la risa y la burla. El clima lo permite.

También atisbo hileras de tejas con sus signos para ahuyentar lo fatídico. Techos que se curvan en busca de los seres inmortales del cielo y de las nubes. (Entreveo a gatos —huéspedes infaltables— rodando cuesta abajo en sus feroces y maullantes cópulas hasta estrellarse contra el piso, a la hora de la rata).

 

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Un verano se descolgó y dejó atisbos de permanencia, por Wilfredo CarrizalesFotografía: Wilfredo Carrizales

La pared muestra su dentadura, poderosa, amenazante. Mientras tanto, su único ojo nos vigila y no pierde detalle de nuestros movimientos. Con mirada de adobe, nos paraliza, nos escruta, nos disecciona. Pared de sabio devenir. Parapeto para contener ojeadas curiosas. Burladero de los siglos que comienzan a desmoronarse.

Se esconde tras dos lápidas que señalan su frontera, en cierto espacio e interminable tiempo. Las escrituras la obligan a velar día y noche, haga frío o calor, y a resguardar la memoria de las causas de tanta grandeza y tanta exaltación.

 

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Un verano se descolgó y dejó atisbos de permanencia, por Wilfredo CarrizalesFotografía: Wilfredo Carrizales

Herida abierta por la época de pugnacidad o desalojo. Golpe frontal para sacarlo de la historia. Sin embargo, resiste y no abjura de su condición. La puerta se desvaneció por la incuria y el ultraje. Mas él, incólume, continúa defendiendo su sitio, a pesar de la gangrena.

Nadie le asiste y la llaga le aúlla en recóndita quietud.  Ningún rocío es capaz de restañarle la herida. Así, continuará descascarándose, sobrevendrán más lluvias y tempestades y el temple del madero se impondrá sobre la lastimadura y él se abrirá hacia edificios más remotos.

 

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Un verano se descolgó y dejó atisbos de permanencia, por Wilfredo CarrizalesFotografía: Wilfredo Carrizales

Dimos de frente contra la puerta. Inconmovible en su cerrazón. Además se agigantaba ante nuestros ojos de timidez. Adentro se escuchaban rezos y unos como lamentos o imprecaciones. Fue mejor relegar el misterio y proseguir, a unos pasos de distancia, la contemplación del prodigio purpurado.

A duras penas, contuvimos las ansias de hacer sonar los picaportes, escudriñar por las rendijas, entrometer nuestras pupilas en un ritual que se nos negaba. La puerta gruñó por sus múltiples bocas y nos desalojó del ámbito que convocaba la curiosidad.

 

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Un verano se descolgó y dejó atisbos de permanencia, por Wilfredo CarrizalesFotografía: Wilfredo Carrizales

Visión cuasi irreal. Espejismo bajo la resolana que se excedía en sus parámetros. El majestuoso salón percibido a través de un cristal de aire resurrecto. Gravitaba, flotaba y lograba vaivenes con soltura y suavidad. Una barca de inmenso peso navegando en el espacio reducido de nuestras expectativas.

La tarde fenecía. Se moría de angostamiento y mensual cabalidad. Ya olíamos su muerte en el rescoldo del verano e, incluso, bajo los estertores de los chillidos de las aves pecadoras. (Sabíamos que el viejo filósofo rondaba en nuestro entorno y entonces recitamos en voz alta sus máximas).

Wilfredo Carrizales

Wilfredo Carrizales

Escritor, sinólogo, traductor, fotógrafo y artista visual venezolano (Cagua, Aragua, 1951). Estudió chino moderno y clásico, así como historia de la cultura china, en la Universidad de Peking (1977-1982). De septiembre de 2001 a septiembre de 2008 fue agregado cultural de la Embajada de Venezuela en China. Textos suyos han aparecido en diversos medios de comunicación de Venezuela y China, entre otros países. También ha publicado los poemarios Ideogramas (Maracay, Venezuela, 1992) y Mudanzas, el hábito (Pekín, China, 2003), el libro de cuentos Calma final (Maracay, 1995), los libros de prosa poética Textos de las estaciones (Editorial Letralia, 2003; edición bilingüe español-chino con fotografías, Editorial La Lagartija Erudita; Peking, 2006), Postales (Corporación Cultural Beijing Xingsuo, Pekín, 2004), La casa que me habita (edición ilustrada; Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2004; versión en chino de Chang Shiru, Editorial de las Nacionalidades, 2006; Editorial Letralia, 2006), Vestigios en la arena (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2007) y Claves lanzadas al espacio o a las aguas (con fotografías del autor; Editorial Letralia, 2015); el libro de brevedades Desde el Cinabrio (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2005), la antología digital de poesía y fotografía Intromisiones, radiogramas y telegramas (Editorial Cinosargo, 2008) y diez traducciones del chino al castellano, entre las que se cuentan Libro del amor, de Feng Menglong (bid & co. editor, 2008) y Lo que no dijo el maestro (selección), de Yuan Mei (bid & co. editor, 2015), además de la selección de cuentos largos Ocho escritoras chinas; vida cotidiana en la China de hoy, antología de varios traductores (Icaria, Barcelona, España, 1990). La edición digital de su libro La casa que me habita recibió el IV Premio Nacional del Libro 2006 para la Región Centro Occidental de Venezuela en la mención “Libros con nuevos soportes” de la categoría C, “Libros, revistas, catálogos, afiches y sitios electrónicos”.

Sus textos publicados antes de 2015
418244759192228232259
Ciudad Letralia: Muesca
Editorial Letralia: Textos de las estaciones
Editorial Letralia: La casa que me habita
Editorial Letralia: Merced de umbral
Editorial Letralia: Fabulario minimalista
Editorial Letralia: Libertad de expresión, poder y censura (coautor)
Editorial Letralia: Poética del reflejo. 15 años de Letralia (coautor)
Editorial Letralia: Letras adolescentes. 16 años de Letralia (coautor)
Editorial Letralia: El extraño caso de los escritos criminales. 17 años de Letralia (coautor)
Editorial Letralia: Doble en las rocas. 18 años de Letralia (coautor)
Editorial Letralia: Claves lanzadas al espacio o a las aguas
TransLetralia: Pu Sungling
TransLetralia: Leonardo da Vinci
TransLetralia: Entre las flores (sucinta muestra)
TransLetralia: Cuatro expediciones e igual número de miradas
TransLetralia: Sylvia Plath
TransLetralia: Feng Meng-long y otros: El bosque de la risa
TransLetralia: Arnold Bennett
TransLetralia: René Char
TransLetralia: “La noche”, de Dino Campana
TransLetralia: Hai Zi
TransLetralia: Carlos Drummond de Andrade
TransLetralia: El mar, el océano, en la poesía francesa
TransLetralia: Gu Cheng: poemas y dibujos escogidos
TransLetralia: Mario Quintana: “Mis poemas son yo mismo” (poemas selectos)
TransLetralia: Tsangyang Gyatso (sexto Dalai Lama): Poemas de amor (selección)
TransLetralia: Víctor Segalen: Estelas (selección)
TransLetralia: Breves y antiguas fábulas chinas (selección)
TransLetralia: Cinco cortos cuentos chinos contemporáneos
TransLetralia: Poemas de Li-young Lee
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