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En azul, seres sin enseres

lunes 5 de marzo de 2018
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Textos y dibujos: Wilfredo Carrizales

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En azul, seres sin enseres, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

No resulta difícil trepar sobre el hombre. Sólo se requiere de equilibrio y constancia para mantenerse allí arriba. También de un estado de quietud, muy próximo a la libertad. Si por azar hay un momento de peligro, se invalida con un aleteo, asaz veloz, de los brazos.

La serenidad no es un percance: es una prenda de la madurez y, quizá, de cierta sabiduría. La belleza de la ejecución propende hacia la magnificencia en todas las circunstancias. Durante las noches, los fantasmas se contienen ante el espectáculo y la seriedad entra en un proceso de sazón. Se recuadra la posición de la pareja y se muestra el nacimiento de una época detenida por letreros de advertencia.

Con placidez, se duerme de pie. La probanza no se precipita. ¿Cómo no admitirlo? Nada desagrada a los sentidos, ni siquiera el sentido del ritmo o el de la orientación. La terapia llega y se conforma a las variantes opuestas. El revelamiento se defiende contra la moción. Además pospone detalles.

 

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En azul, seres sin enseres, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

Aves extrañas ganan vuelo y se juntan después con los proboscidios de los circos en régimen de clandestinidad. El suceso recurre a un lenguaje procazmente literario para difundirse y porfiar. Alguien escucha timbres con luz y teclas carnosas que se pulen en semanas extraordinarias.

Suceden reuniones de entes apenas serenos. Algunos quisieran llevar pañuelos sobre sus cabezas, pero no pueden o no se atreven a contravenir las órdenes. A otros les bailan los ojos hasta ponérseles llorosos o legañosos. Todo es causa de las antipatías. Algo más que evidente.

Muchos anhelan llegar a ser vestiglos para lograr poder e infundir terror entre los individuos débiles, timoratos, pusilánimes, faltos de voluntad… La alegría se les complica con la llegada de las corrientes conjuntivas. Un padecimiento desmejora sus posturas. Una carga los constriñe a humillarse. Ninguna originalidad se les adhiere. Por ello, se atascan contra las paredes.

Se sabe que se narran a través de los poros y que exudan verbos encuadernados. De manera específica, se abotonan como devotos de las pulpas peyorativas. Por así decir, se paran encima de historias que impresionan por sus vastos enrejados y sus parches de colores risibles (v. gr., purpurina, violeta, punzó).

 

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En azul, seres sin enseres, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

Una mujer pregona desde el azul. Anuncia la indiscreción de las noticias. Reflexiona y rumia. Luego sonríe. Tiene derecho a obtener tributos, a que conozcan sus paraderos y sus paradigmas. Ella apenas se enferma y si lo hace salta de niña dentro de la gran boca de fiebre y sombra. A su lado aciertan a imaginarse globos de vida ingrávida, bolsas plenas de sueños y atavismos.

En otra ocasión para el garzo, la mujer ovala sus aberturas y las aleja de las ruinas. Puede percibirse un ruido de casas en jaleo o un rumor de reptiles y cuadrúpedos arrancándose docilidades no públicas. (De pasada, se reflejan los estertores de los espejos que no son ni de agua ni de furor). Nadie sería capaz de elucubrar una rascadura de candelabros. (¿Un chico se afanará con las cerillas?).

Por de pronto, el revuelo continúa, a pesar del trastorno de las antiguallas. La moda acaece entre prejuicios y se desparrama hacia el índigo que se hiela. Cada mañana habrá torpezas sobre la piel y una frecuentísima alimaña que se avecinará para experimentar con su apéndice de gozo.

 

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En azul, seres sin enseres, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

Se repiensan los espíritus y pujan hasta adquirir formas, dentro y fuera de lo azul, del entorno celeste y práctico. Se manifiestan con seriedad, serenados. Cada uno trae su propia figura negra para el cuido y expansión de la noche que no se menoscaba. También para trasegar, andando, los caminos o cabalgarlos con un mínimo ajetreo de cascos. Luego el cansancio será un trozo de cuerda.

Los sonidos se transfieren de lo azul a lo negro y se sienten los síntomas del anticipo de los derroteros. Cualquier pesadumbre se desecha y se miden las provincias más inmediatas: las que sueltan vástagos de salitres y acechos con cautela. (Una nueva racha de viento obliga a ladear las cabezas y, en la eventualidad del impulso, un doble estilo se sugiere del levante).

Baja la ley y se imponen como reyes de una baraja de léxico flotante. Sobre la materialidad despejan sus humores y los azuzan contra los animales ortopédicos. Aportan paletadas de zafiro para que se tiendan los cimientos de la mansión sin pliegues. Después de cortar los imposibles panes, acumularán plumas sobre los mares de sus olvidos.

En el seno de lo que son escarmienta un vértigo. ¿El aparente aquél? ¿El vestido y no expresado? Adelante, en la entrada de su universalidad, un poste acogerá a los astros y los impondrá de murciélagos y apariciones.

Wilfredo Carrizales
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