XXXVII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE 2024 Saltar al contenido

Yo me sé el lugar

lunes 12 de marzo de 2018
¡Comparte esto en tus redes sociales!
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

1

Yo me sé el lugar, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Me fui al sitio adonde me acordé. Lo había dejado en el lugar de siempre. Para que lo sepan mis enemigos. El recodo permanecía roto, todavía, inmerso en la ambigüedad. Aquel suceso, el mejor, nunca le llegó. Se encontraba muy solo y yo lo sabía. ¿Hasta cuándo esta condición? Decirlo quiero y el espejo apenas se nota. Eran muy pocos los reflejos, pero suficientes a mi vista.

Acudo al fornicio de la luz y las sombras. Se embarga un aislado sentido y algo se tergiversa. Se predice una gallardía sobre un agua derramada. Mientras tanto me corresponde un ave desde su elevada residencia. Mis manos se adverbializan. Mi cabellera se inclina. Empero, no río. Sudo, adueñado de mi pesimismo. Algún adversario estará tras la puerta, escuchando, atisbando.

Hice destellos, a punta de imaginación. El espíritu que venga me acompaña. Se han rasgado las voces ausentes. Las formas se evaporan en ráfagas. Mi mandíbula atiende al miedo un tanto precoz. Invoco al bramido de la duda, mas en vano. Y no dancé, aunque el prodigio rondaba por allí. Un fulgor se asoma y me enternece su secreto. Me retiro con un hueco en la ingle.

 

2

Yo me sé el lugar, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Inexistencia de lumbrarada en la locación. Se infiere una perspectiva de cuchillos con pliegues. Un peligro se va y otro más tenue lo reemplaza. Una flor sesgada se insinúa para mal. Me yergo por encima de las palabras y avizoro un refugio tras los muros. ¿Y si me escupe un vultúrido? Sabré soñar con ese peso, con esa ignominia pasajera. Luego depondré mis hilos en beneficio de la araña viuda.

Ya me agrego de viejo y dialogo conmigo mismo. Dimano la marca de mi espectáculo doméstico. ¿Acaso el universo no anda rodando sobre el tejado? Aunque no caiga, de todos modos habrá estruendo. ¿Cómo estará el insecto que me evita? ¿Cucaracha o bachaco racionista? Trabajará —¡qué duda cabe!— para confundir mis sonidos hasta lograr una señera farfulla. Visualizo enseguida tal impertinencia.

Marginado, tomo mi alimento. Lo demás, lo tomo a broma. Sapientísimo, permanezco en el reposo y coacervo grumos en el punto que roe. Un acontecimiento se combina con mi estadía y me ayuda a celebrarme, a orientar mi vocación de goteo. Temprano me responde el saltador de brocales y así mismo, me pregunta: ¿te diriges? ¡Claro que me dirijo, me enderezo y busco!

 

3

Yo me sé el lugar, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

En este lado tampoco se juntan las categorías de la dispersión. Algunas se agolpan y se separan de prisa. Comoquiera que puedan. Sin vacilar, cierro mi olfato y fluyo en la pauta que me da título. Mi propia música apasiona el contorno de los reflejos. Algo deberá salir del evento del charco. ¿Dormirán las larvas sobre sus incendios menores, húmedos y sin originalidad?

¿Qué pedazo de realidad me iba forjando? ¿Cuál proceso de arbitrio? Invento un legajo de imágenes y las hago deslizar por la cercana alcantarilla. Se perderán luego entre los cilios del barro, allende las zanjas de bajo apoyo. El recodo apenas regurgita. Un anuncio aprende a orientarse en medio de las rayas del piso. Una fase y la siguiente se objetivan.

Y es de origen el retiro que se vuelca, levemente, hacia lo lúgubre. Y no es inferior al indicio de su exenta motricidad. Se generan síntomas; se completan escondites y parajes. Un orden de frío se me apropia y me conlleva al extremo de la ligereza. Contrapuesto a lo accesorio, me excluyo, por instantes. Más tarde riego la fortuna y su inherencia y de ese ámbito extraigo una lumbre con acoso de piedra.

 

4

Yo me sé el lugar, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Se había encendido el donde y la restringida distancia. Quizá me dejé signar por la inquietud. A ratos supe de hojas marchitas al respecto. En alerta, tropecé con mi otro, con el que no se quejaba. No había arena para devorar y ya era mucha suerte. Me llené de la astucia de los corpúsculos y de sus actos absorbí bastante. Ahora destaco el cuarzo que los apremiaba.

No acepté humillarme ante la esfera sin eje. Nada justificaba tal acto. En mis manos tomé la figura que sería luego hielo y noté los términos de su minúsculo viaje. Defendí a ultranza mi morada entre las corrientes plausibles. Alguien, desde una remota antigüedad, desfloró un organismo que vivía al margen de la argamasa. Toda la tarde relumbró la madrugada, al fondo, por dentro.

Escondrijo con itinerario efímero, herido en su joroba de ranuras y semichispas. Me volqué de continuo, aunque sin perder pie. Una tristeza quiso investigarme y, a fe, que lo impedí. Los discernimientos operaron por su cuenta. En mi memoria se instalaron un renacuajo y un pincel y ambos habían flotado antes sobre el lienzo undoso de un fluido que apaciguaba su fórmula.

Wilfredo Carrizales
Últimas entradas de Wilfredo Carrizales (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio