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Plegarias para un huevo de piedra

lunes 9 de abril de 2018
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Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

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Plegarias para un huevo de piedra, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Huevo de piedra, bendice a los hambrientos de rayos y ónices, ¡tú que redondo eres!, y que te engalanas con brillo de amolar y un nido te envuelve para que des luz. Extiende los ámbitos de tu Poder y haz del rocío tu morada de todos los días. ¡Cuántas obras ruedan en ti, giran por ti y nos llenan de pasmos líticos! Los contornos se colman de tus momentos y se satisfacen de sabiduría para devenir en formas de la fugacidad y la trascendencia. Ahí estás donde no estás y no te ensanchas y te dilatas, no obstante, en tu tiempo de imperfecciones. Sabemos que bulles dentro de los insectos de tu preferencia —hormigas y arañas— y que les otorgas grandes gozos de resplandor. ¡Oh, huevo de piedra, quédate con nosotros y ayúdanos a edificar el sitio de los reposos sin yemas, sin lavas! ¡Oh, cigoto, amuleto de serpentinas, muela de la luna, despójanos de pelos y cúrtenos hasta que creamos en la dureza expresa de tu ciclo expósito y engarzado, hálito del infinito!

 

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Plegarias para un huevo de piedra, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Te ensalzamos, figura oval, pétrea moldura, origen no cierto de lo miliar, y bendecimos tu nombre antes de que seas Dominio, ahora que no existen testigos de falsedad. Día tras día te conferimos loores hasta el límite de la litolatría y jamás pronunciaremos tu cognomento en vano. Ente semejante a la estructura de la almendra, dispuesto a arrullarnos desde el ombligo y conducir nuestras acciones hasta el borde que nos provoca. Pronuncian nuestras bocas tu alabanza para que las raíces se tornen en garrotes y procedan a hacer caer a quienes se mofan de ti y nos agreden de paso. ¡Oh, magnánimo acogedor de organismos saxífragos, realiza en tu seno lo que anhelas de nosotros frente a la llama del candil! ¡Oh, pupila de gato de recurrencia saxátil, solitaria sin diáspora, paramento breve de las contrahojas, oscila dentro de nuestros sueños y labra la arcilla por donde se deslizarán las lápidas más pías de nuestras existencias signadas por lo tardano!

 

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Plegarias para un huevo de piedra, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Portento diminuto y cilíndrico, oramos en tu quietud y disfrutamos de tus esquinas inexistentes, las mismas que se exilian y vacacionan. Haz que crucemos las mallas que entorpecen nuestras migraciones; logra el libre tránsito a través de las redes de escalones, chispas y cálculos y permite sumirnos en la calma de tus dones que no gravitan. ¡Oh, tú que envías tu aliento de facetas y minerales despiertos, acaricia nuestras visiones, mientras las repueblas de frescor y ansias de rajuelas! ¡Que te arrope nuestro ruego y que sea la alegría de donde siempre resurja la fogarada que erige tu sustancia en monolito, dispuesto a dormir y reposar harto! ¡Oh, restañador de sangre de hierbas, venturoso mudo debajo de sombreadas gotas, purga nuestras simplezas, lentece nuestros pálpitos, articula sobre nosotros los almácigos de polvo y cristales, haznos saborear la glíptica de todos nuestros antecesores para aclimatar junto a Ti el alimento del alba!

 

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Plegarias para un huevo de piedra, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Guija de albura, crecido embrión, no queremos renquear más. ¡Ayúdanos, asístenos!, en cada penumbra, en cualesquiera situación de minusvalía. Aparta a nuestros enemigos a lugares remotos y humíllalos con el molinete de tu presión. Vivifica nuestras regiones de afinidad y condesciende a que seamos más resistentes a los provocadores de grietas. Guárdanos de las algazaras y procúranos silencios donde tus destellos se hallen de continuo. Sitúanos en andamios de pedrizos, de los cuales cuelguen mudanzas de hilos y cardeñas en pos de comunión. ¡Oh, resumen de laudes, epíteto de los signos de las eras que se aquilatan, gabarro de maravillas, ooteca donde la seda alude a sus irisaciones, apórtanos tantos sillares, tantas ganancias de albúminas, tantos trinos de fárfaras! ¡Oh, serenidad de las sortijas, risueño redondel de las estancias sin dolor, sacramenta nuestras cofradías de ámbar y límpialas de cascajos y encumbra la rareza que nos abrasa sin término!

 

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Plegarias para un huevo de piedra, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Canto rodado, arrastrado por la clara de todo el amanecer, orbicular incendio reducido, tonifica nuestros sucesos, nuestros subterfugios y estalla en nuestras entrañas con la sublimación de tus instintos. Reduce las hipérboles del destino e intensifica lo macizo que hay en nuestros corazones. Motiva los remojos encima de nuestras estrecheces y motea de puntos no visibles las pieles a las que estamos acostumbrados. Censura las monedas que se nos escapan y ataca las nubes que se nos oponen. ¡Oh, redola de una certeza por mampuesto, postula los vértices de corpulencia sobre nuestras casas y anéxalos a nuestras cosas! ¡Oh, cabujón de convexidad tan extraña como una muga al pie de un muro confirmado por los viejos! ¡Oh, temblor de zafiro blanco, ínfima lechada sin cascarón, sin cuesco, resuella hasta reverberar alrededor de nuestras cotanas! ¡Oh, galladura de nuestro breviario, de nuestro libro de horas y cánones, sincroniza nuestras huellas para que fructifiquen parejas!

 

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Plegarias para un huevo de piedra, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Regocijo de una roldana por inventar, cresa que aumenta sin parecerlo, vencedora de la almádena y del tizón, de la esquirla y del reproche, catapulta nuestros revulsivos y tórnalos aptos para toda disputa. Diviértenos con las exactitudes de tus esferas de ocultos callaos. Enmudece a los labios que sobren, que repliquen con sigilo. Barniza nuestras cabelleras para que compitan con los coruscos de la fortuna. Haznos optar en cada ocasión por las imágenes más voluntarias. Rodéanos de destrezas, sin preámbulos, con collares empedrados. Simplifica nuestros deseos y súrtelos de átomos contra el asedio. ¡Oh, piedrecilla en crecimiento desde su savia del sur! ¡Oh, fastial por venir! ¡Oh, fascinación, hipnosis, fasto, aparécete bajo nuestros lechos, de improviso, y enardece los vinos de nuestros fervores! Da curso a tus períodos de vigilia que nos encojan para acrecer nuestra vehemencia. Confisca los atascos; líbranos de la podre, ¡oh, célula cuajada del receptáculo donde concurren los lapidarios de la concisión!

Wilfredo Carrizales
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