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En donde se rumian contingencias

lunes 23 de julio de 2018
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Textos y fotografía: Wilfredo Carrizales
En donde se rumian contingencias, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

1

A juego, las promesas y el pan saldrá del horno, dormido, pero muy encima en su delantera. Se empapan las ideas con las aguas de las paredes y alguien cuelga un castigo de una cuerda sin ningún defecto. Se descabalan los naipes que estaban sobre una mesa y los disparates encuentran su lugar inmediato para robustecerse y habitar. Con toda tranquilidad, los disgustos sobrevienen y se amoldan a sus futuros. Si aparece quien disecó, se le obstina y se le punza. La disonancia huirá a la disparada y en su lugar encontraremos un resto de mobiliario. Algo brota de la grama, algo correspondiente a su significado, pero no se logra entender el quid de la cuestión. Repunta la crisis con su efecto de enlaces que se tuercen a la menor oportunidad. Hay gracia en los lamentos de las muertes que no han acaecido y los contrastes se arriman a sus lados para exagerar la mezquindad. Una luz emanará de una luciérnaga votiva, al final de los ejercicios de meditación. Cautivan las tristezas que en las atestadas de los sitios se engendraban sin pausas ni tropiezos. (Cierta enfermedad de un ave perentoria embrocó los zapatos olorosos a jardín). La brea y las sogas fueron causa de riñas, debido a insipiencias en la determinación de los usos, manejos y funciones. Siempre se mezclan las pajas encubiertas y la proximidad de la noche hace bullir los adornos que más pronto empalidecen. Es malo guardar el dinero dentro de cajas, sin haber antes entrecruzado dibujos como amuletos. Resultan inadecuados los escudos o los cuernos en sufrimiento. La magia debe ser cosa cotidiana y no encajonado recurso sólo para los días de fiesta o propagación de deseos altivos. ¿Apuntaríamos con una pistola para aplacar el mal olor?

 

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Del magín emerge la secuela de los remedios hasta que llega el tiempo de la poda y la inclusión de moldes. Cualquier consejo se aplica a los cordones, a las mangas, a las palabrotas, a los presagios… La maleta que no se mueve intranquiliza. Con malicia, se disipan los humores en procura de un comodín que nunca se manifiesta. Por las lenguas, las suspicacias resbalan hasta concluir en mal parto. Nos limpiamos y estamos de nuevo en la liza, sin las orejas gachas y con mucho empuje y estacada. Por ejemplo, en las aberturas de las puertas no se descargan prebendas si el ambiente ha devenido en paladeos para descalzos. Las manchas en los vestidos orientan el ensayo que con certeza se practicará. (En lo alto de un alma subsidiaria una lechuza hará llover de una manera taxativa). Se escucharán palancas, el accionar de pestillos, el anquilosamiento de fierros, pero nadie, nadie en absoluto, se dará por enterado y así se constituirán goznes para las fundas de los sueños y sus contornos. Cuando vayamos por nuestras manos, las conseguiremos aserradas, ya adobadas para el guiso de los mutantes necesarios. Además el conjunto de los hechos, de modo invariable, gira alrededor de las antiguas grasas de los milagros. No caeremos de espanto, ni obstinadas creencias. Sin embargo, nuestro derrumbe será consecuencia del barbullido de las diferencias. La imaginación intervendrá de a poco y con remilgos. Nos mereceremos esos mecanismos que nos cerrarán y devendremos en marginados sin ponderación. El comienzo lo marcan las agujas de un reloj que permanece escondido para evitar la oxidación o el robo o el ultraje sin maraña. Se nos irá la vista; nos dará vueltas la cabeza, por unanimidad; nos aturdirá el flujo de dictados autoritarios y perversos. Mas, en el vergel, continuará el martilleo.

 

3

Meses visibles en el cielo: portentos que articulan menesteres de la audacia. Cartas de otros mamíferos; propuestas de golondrinas; mensajes de gallos en vigilia. La costumbre de resistencia se encaja al brasero y chispas son sus hábitos y quemas sus elocuencias. Se colorean los metales con las venas acostadas y de las espinas emergen breves reinos de la aleación. El azar comete indiscreciones, pero lo fundamental no se altera. Incursionamos en las veredas de lo subterráneo y, acaso, encontremos nociones del precio de las raíces y su vinculación con las cimas, ahora, veladas por la bruma. El miedo fabrica sospechas y caras de palidez y una región de sobresaltos. Mientras, migrañas y migraciones. ¡Cuerpos antiguos que procuran un fucilazo en lo umbrío de la intemperie! La urdimbre se va extendiendo y debemos esperar para llenar los estómagos, mala y cansinamente. Estamos a merced del escarnio, del horror y la iniquidad. ¡No seremos los deshabitados, los enganchados al vacío! Y el instrumental nos consagra con su banda de cetrería y sus racimos que cuelgan y sus agendas de extremos bulbosos. Son más innegociables las dignidades y nos negamos a bailar las danzas macabras. Bien cuando los escondrijos sean nuestros nidos y la borrasca no sea parte de nuestra convulsión. Las penalidades rodean los pasos, mas el vuelo ha de ser de níquel y nobleza. ¡Ñublados no nos quedaremos y en el obrar habrá cortinas de cuero!

 

4

Cada uno interpretando su pecho, sus hojas de oficio y comunión. De oído, los sufragios para el envite. La expresión de tristeza del otro me encandila. Ensortijo las lágrimas para mejor percibir su textura, su aroma. Olisqueo la peste en las proclamas gubernativas. Los onfalópagos se cimbrean a mis espaldas y su cháchara aburre de sobra. Vinientes rodados, dados al robo, y esas son sus cuestiones para delinquir y prevaricar. Continuidad en el acomodo, sin temor a la repulsa. ¿Y las oraciones de ciegos, atributivas como muelas de bastardía? Del orden de los vientres nos enteramos a menudo, a la distancia de las gangrenas. Fuera de las órbitas, peroran, adoran, invalidan… Orejudos, emulan a los vampiros y tratan de someternos a sus continuas sangrías. (De fondo, un ritmo de origen cubano). Y hemos de encontrarnos en la casa originaria, lejos de lo pútrido y el cieno que horroriza. Los rapaces emplumados se muestran con ostentosidad y defecan sobre sus perchas de oro y diamantes y se otorgan certificados de limpieza, en los trajes y en la sangre. ¡Ovulación que contiene ácidos! ¡Supositorios marginales! ¡Capsulas de potasa en las asentaderas! La paciencia mora entre las barajas y la guerra cotidiana se fríe en aceite reciclado, cuyos ingredientes se prensan en los cuarteles. De sus padres y de sus madres hacen una iglesia de pactismo y sus hijos aman la patria con ilustres dólares en los bolsillos. (Muchos se las ingenian para seguir siendo de azúcar y disfrutar del paisajismo en el interior de calderos y rasgar las doctrinas de la decencia y engastar moscas en sus corbatas y transportar paletas de abono tierno y enzarzarse en palabreríos a cualquier hora y palpar nalgas de ávidas meretrices y negar el pan y la sal a los hambrientos y quebrantar la verdad con ganchos y retorcimientos y cascarse las pelotas en agua hirviendo y fijar clavos y tornillos para sus propios ataúdes y vomitar sobre sus epitafios prematuros y degenerar y desmedrarse a lo burdo y arrebatarse con su ignorancia y encorvarse ante sus amos y andar a la rebatiña y rebuznar en la palestra pública y captar guadañas y profanar hogares, centros de estudio y hospitales y lustrar sus títulos espurios y roer las leyes y reglamentos y regurgitar sus viejos argumentos y gastadas opiniones y hacer reír con su fachenda).

Wilfredo Carrizales
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