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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Los fecundantes

• Lunes 27 de agosto de 2018
Textos y collages: Wilfredo Carrizales

1

Los fecundantes, por Wilfredo CarrizalesCollage: Wilfredo Carrizales

La campana se astilla en mis manos y finjo que cojeo. La fecundidad se mueve en la enhorabuena del felino. Hago una pelota con un tornillo bajo la anteportada del claustro. Y miento y digo la verdad y miento. Mas me estrecho de seda y vagancia. A favor de la butaca me federo. Frente al error intento una finta y aparece una hoz o un halcón y me fatigo en la fatalidad. ¿Cuál color me pertenece por escala, por culpa? Los felicitadores no se fecundan. Sólo suplen. Sólo revuelven.

 

2

Grito y cielo tras el graznido. Una crispadura se ensancha en el acá de los cirios. No hay espadas que crucen las cuerdas del violín. De ganchos, las presencias, hasta hacerse polvo. Quito los puentes y caen los torbellinos. Todo me incumbe y lo ignoro. Alguna proeza como golpe de mar, en lo seco, en lo perforado y una casa que me palpa con dedos de espectador. Exhorto a mi niño de la conmoción. Abrevo al lado del caos y principia la semilla. Es para decir: mudez.

 

3

En el secreto me incauto. Además, funciones. Además, formas de recuerdo. Una enfermedad se va despidiendo; otra viene arribando. Ambas se detestan. El tiempo se asoma y ata los cabos de las calles. Mejor la vigilancia de los contrastes, sin tropiezos. El barniz, considerado todavía y que no atesten los muebles ni los endosos. Allá los avezados para revocar y revolcarse. Doy sueño y distraigo al paciente de la pólvora. En su empeño, ahúma mi cerebro y pare la aurora.

 

4

Otras épocas de embeleso. Quienquiera se desmorona. ¿Qué perdura si el incendio ya no quema? La indulgencia se orienta hacia la ductilidad. Sin saberlo tú, yo, nosotros… Y los instrumentos de un palmo aquietándose con el lenguaje de los peces. Una lámpara aún se riega en su arranque y luego se abandona e, incluso, se sume dentro de las mantillas del estilo. Y las bromas se dibujan con soltura y los personajes se legitiman apegados a sus escaparates y a sus máscaras que truenan.

 

5

Los atados sobre los cálices celebran el alborozo de las zetas que advierten. A buen recaudo, las manos del privilegio. Una cartilla en alguna parte; un inquilino, en la sobriedad. Prosigo enhorquetado sobre la pulsión de las libélulas y así río durante la crecida. Nadie que habla expresa frases sin que lo envuelva el proscenio del relámpago. Entre lejanía y escape, una galería de pestillos y abejas y unos líquenes para codiciar. La longitud pincha y la mirada traspone su verdor.

 

6

Se encorvan los recursos de las horas. Se premian los lugares repetidos con clavos. La imagen de un jornal desciende en su recurrencia. Cierro las puertas si me refrenan y los detalles me guían a un refugio. Las ideas se reportan, se acercan, se estudian y la música no retoña y me obliga a un reflejo, de nuevo. A flote, el estímulo del barco en la memoria y el relleno de la sirena. ¿Dónde se enfrentan los haces de la renuncia? ¿Adónde capitulan el asco y la arcada? Anoto: ajuar sin falla.

 

7

Por el mundo se echa el resto y los abuelos prueban sus aluminios. Los espíritus hacen alardes para sus adentros. En absoluto, el pundonor. Saca la raíz el perdón de la llaga. Se contagia la evasión de residuos y costras y en la tempranía la precocidad busca trasegar sus fases. De oídas, la conjuración de las licencias. Una desviación para desnudarse y adivinar; una recámara como consecuencia del cierre del luto. ¿Qué vida de adelante se divisa? ¿En qué acaba la bandera?

 

8

Irse con el agua al asombro. O enhebrar minerales en las narices. Unas llamas resbalan de los andamios durante los instantes del pasmo. Se derraman los rabos, las audiencias, las prendas de perfil. A partir del objeto sin símbolo se empapa la malla que propicia tumultos. Empero los duelos se hinchan; logran sus fragmentos. A la ira, un rodeo de encajes u otras seducciones en puja. Se bifurcan los pañuelos con las prisas y las hogazas. Los golosos no compran frenos. Late la estacada.

 

9

Inminencia de la antigüedad. Los travesaños avanzan por la ventana, en pos de una luz con insinuaciones de piedra. Amarilleo al tocarme las fichas de mi exclusión. ¡Cómo deslumbro en los juegos sin cabida! Alguien traga ranas en el espacio más del viernes. Los difuntos hacen resonar sus codos entrechocándolos con irritación y fingimiento. Los iguales se abren a sus antojos y hasta ahí se acoplan al ahora. Ya el principio se yuxtapone al final y ganan un tajamar.

 

10

Los fecundantes, por Wilfredo CarrizalesCollage: Wilfredo Carrizales

Los gansos también se religan en sus vuelos hacia el laconismo. ¿Quiénes sonríen sin ser legos? ¿Alguien gesticula para adormecer las sombras? El destino templa sus fuelles. No de cuando en cuando: ¡siempre y sigilo! Las astillas se forjan desde las briznas y la fragilidad esculpe sus escoltas. Un lenguaje suda su tinta que proviene de un lance de punzadas. Ayer el rostro se me fue de lado y sopló sobre su lámpara. Se humedecieron las lágrimas tras el eco de láudano.

 

11

Ciempiés, corazoncillo en lucha contra los itinerarios, contra los círculos de mediados de año. De un momento a otro flojea, pero prosigue con su reloj de complementos. Me engasto en el bocado del cardenal: el pájaro que inventa tinturas y no desciende de acometividad. La palidez se suicida entre la hojarasca con claves. Algo morigera el músculo de la brisa. Suyas se premian las claridades que se solazan. Hubo pasos; hubo silencios; hubo muescas. Así, al fondo, emerge una pizarra.

 

12

Que me ricen los musgos. Que me maceren los pedales. La facundia no me faja y me dedico a la embestida del eneldo. Después parto al muro en su recinto de morros. Eso que no me resta unidades de dominio. ¿Nadar sobre alas de mariposa, a cuatro metros sobre el nivel del mar? El mito y su mudanza. No nace quien cobra antes. El molusco navega en su bondad, sin candidez, incluso disecado. Entre dos puntos provocan las navajas a las figuras al natural.

 

13

Nervaduras y negaciones y descuidos de necrología. ¿Qué hay de viejo? Canta mejor el desplumado, a cappella. No con un sí y agalla de caoba. Los nudos se señalan con ideas por escrito. ¿Y su nombre? Ave llana que no es nocturnidad. Mañana fuimos los novatos de las olas y los granos abrigados bajo cubiertas de historias y brújulas. Las polvaredas por ahogos; los números por ninfeas y fuerzas de anegación. Una ninfómana desea tallar mi tálamo sin amenaza y cedo.

 

14

¿Tienden o atienden? Cosas de las pupilas prontas al desmayo. Las voces cogen los dedos; las falanges, las varas. Del mismo modo, las vendas se enciman a los orificios. Muchas caridades para el consumo y, en conjunto, tapaderas de tinieblas. Debajo de los cimientos, flores de los mirlos y migraciones. Un sitio, un hábito, una argamasa de refranes. Las ristras de los oficios se bambolean contra el ensamblaje en ejecución. Podría comer un pan de cebolla y blasfemar entre copos.

 

15

Ondas de los chaparrones y antenas que extraen los ovillos. Umbras por sí mismas en el verano que no ambula. Mencionaría la plata, si la tuviera, pero opto por diferenciar los lodos de su parsimonia. Los zumos revientan de orzuelos y priman los basaltos sobre las células. Acontece la altivez de los dónde y sean del blanco por sitio del negro y subsistan. ¿En los cuáles hemos venido, hemos suprimido los alientos, los huesos de reptil? No sobran artículos, ni confusión.

 

16

Se abren los sucesos y los tréboles se desquician y sudan. Declaramos bajo los puentes las costuras que enternecen las ganas. El apetito aguza sus orillas. Hay un estado de ultraje y que se corre y que se obliga. Un domingo, además, pregunta por su cuba. En tromba, saltan los monos y luego se estacionan y abaratan los límites. Los semejantes peinan los troncos al compás de los rezos. De azúcar se llenan los cestos de los pacificadores. En nombre de la ley se curarán los papiros.

 

17

En ninguna parte la niña con ventaja. La palabra se le acalambra, le da volteretas. Desanda lo andado sin mirar al horizonte. En la vereda, maniobras de reparto. De boca en boca, las rojeces se discan y compelen chispas. ¡Qué garfio mostrando paternidad! En un arroyo razonan los pellejos y saltan los paisanos con colgaduras de estambre y morriña. Apenas cuelgan sogas de las chimeneas que se mientan. Sin hacer, los paisajes existen por desvanecimiento.

 

18

Patas de plagiarios y cobijas sobre el moho. Albur de la practicidad. Unos tantos se asignan a la turbulencia de las llaves. No habrá puños en la sorpresa, tampoco en la portezuela. Descubro mis pasteles dentro de vasijas que se postulan. Trago la esencia de su confianza y no me anulo. Los vidrios —en la imaginación— demandan una prisa para los vencimientos. Sin embargo, el perímetro apela. ¿Por qué se roe entonces el estaño, mientras se aquieta en sus gestiones de burbujas?

 

19

Los precursores aman las torceduras después del café. No en balde lo divulgan. También cogen fragancias de preludios cuando se detienen ante cornisas. Se escuchan los estrujamientos de los olivos en las tangentes del otoño que se profana. Por lo del suelo, no hay portento que valga. A propósito, se incorporan barbas de raso. Jamás se arrumban las prudencias. Acaso redunden las referencias a los cangrejos que no reculan. Un júbilo echa de nuevo su retoño  en regla.

 

20

Los fecundantes, por Wilfredo CarrizalesCollage: Wilfredo Carrizales

Febrilidad por la magia de las letras y un sonreír de azulejos y un meditar sin cesura. La fécula no aparenta: es y será siendo y estando. Polinización de los recortes del infortunio; plácemes para las galladuras de las cartas y los viajes. Mugan las ilusiones en las estancias más breves y aseguran la gama que repercute en los meandros del onirismo. Cópula en lo fecundable, entretanto la dicha acciona su crucero y la llovizna se embaraza y se ciernen los fastos para las hechuras de la piel.

Wilfredo Carrizales

Wilfredo Carrizales

Escritor, sinólogo, traductor, fotógrafo y artista visual venezolano (Cagua, Aragua, 1951). Estudió chino moderno y clásico, así como historia de la cultura china, en la Universidad de Peking (1977-1982). De septiembre de 2001 a septiembre de 2008 fue agregado cultural de la Embajada de Venezuela en China. Textos suyos han aparecido en diversos medios de comunicación de Venezuela y China, entre otros países. También ha publicado los poemarios Ideogramas (Maracay, Venezuela, 1992) y Mudanzas, el hábito (Pekín, China, 2003), el libro de cuentos Calma final (Maracay, 1995), los libros de prosa poética Textos de las estaciones (Editorial Letralia, 2003; edición bilingüe español-chino con fotografías, Editorial La Lagartija Erudita; Peking, 2006), Postales (Corporación Cultural Beijing Xingsuo, Pekín, 2004), La casa que me habita (edición ilustrada; Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2004; versión en chino de Chang Shiru, Editorial de las Nacionalidades, 2006; Editorial Letralia, 2006), Vestigios en la arena (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2007) y Claves lanzadas al espacio o a las aguas (con fotografías del autor; Editorial Letralia, 2015); el libro de brevedades Desde el Cinabrio (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2005), la antología digital de poesía y fotografía Intromisiones, radiogramas y telegramas (Editorial Cinosargo, 2008) y diez traducciones del chino al castellano, entre las que se cuentan Libro del amor, de Feng Menglong (bid & co. editor, 2008) y Lo que no dijo el maestro (selección), de Yuan Mei (bid & co. editor, 2015), además de la selección de cuentos largos Ocho escritoras chinas; vida cotidiana en la China de hoy, antología de varios traductores (Icaria, Barcelona, España, 1990). La edición digital de su libro La casa que me habita recibió el IV Premio Nacional del Libro 2006 para la Región Centro Occidental de Venezuela en la mención “Libros con nuevos soportes” de la categoría C, “Libros, revistas, catálogos, afiches y sitios electrónicos”.

Sus textos publicados antes de 2015
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Ciudad Letralia: Muesca
Editorial Letralia: Textos de las estaciones
Editorial Letralia: La casa que me habita
Editorial Letralia: Merced de umbral
Editorial Letralia: Fabulario minimalista
Editorial Letralia: Libertad de expresión, poder y censura (coautor)
Editorial Letralia: Poética del reflejo. 15 años de Letralia (coautor)
Editorial Letralia: Letras adolescentes. 16 años de Letralia (coautor)
Editorial Letralia: El extraño caso de los escritos criminales. 17 años de Letralia (coautor)
Editorial Letralia: Doble en las rocas. 18 años de Letralia (coautor)
Editorial Letralia: Claves lanzadas al espacio o a las aguas
TransLetralia: Pu Sungling
TransLetralia: Leonardo da Vinci
TransLetralia: Entre las flores (sucinta muestra)
TransLetralia: Cuatro expediciones e igual número de miradas
TransLetralia: Sylvia Plath
TransLetralia: Feng Meng-long y otros: El bosque de la risa
TransLetralia: Arnold Bennett
TransLetralia: René Char
TransLetralia: “La noche”, de Dino Campana
TransLetralia: Hai Zi
TransLetralia: Carlos Drummond de Andrade
TransLetralia: El mar, el océano, en la poesía francesa
TransLetralia: Gu Cheng: poemas y dibujos escogidos
TransLetralia: Mario Quintana: “Mis poemas son yo mismo” (poemas selectos)
TransLetralia: Tsangyang Gyatso (sexto Dalai Lama): Poemas de amor (selección)
TransLetralia: Víctor Segalen: Estelas (selección)
TransLetralia: Breves y antiguas fábulas chinas (selección)
TransLetralia: Cinco cortos cuentos chinos contemporáneos
TransLetralia: Poemas de Li-young Lee
Wilfredo Carrizales

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