Textos y collages: Wilfredo Carrizales
A

1
El despecho va rumbo al basurero. Por despedida, una irritación. Se evacua la casa con intrepidez y se apartan las asperezas para que acudan a morir en los términos más expeditos. Casi líquidos, los perjuicios rezuman de entre las economías nunca preñadas. Un fragor en las estructuras cercanas se quiebra en medio de la transitoriedad de los olvidos. El tiempo cuece sus vidrios que luego acarrearán sensaciones de una edad un tanto frágil. Por diferentes tonos, un amparo se expresa.
2
Parloteos mientras las garras aferran papeles y garabatos. La costumbre de comer tierra designa una genuina verdad. Aquél que se balancea cría moluscos alrededor de las úlceras. Con la obscenidad se expone el aceite de la armonía que vibra. En cuanto a su forma, un arpa se torna membranoso sin ocultarlo a quienes se sienten perplejos. El infinito es un paraje imbuido de orificios y cualquier objeto no queda aislado dentro de él. Un espejo se cubriría de escamas.
3
Sirve lo que continúa sirviendo. Pistolas, justicia improvisada, preceptos para la simulación. Yacen las frecuencias del acero sobre las serenas tablas de los sicarios. Se juntan los vellos con los estandartes y otras fieras abrevian bajo sus capas de sangre y detritos. Los lambrucios se gratifican y ponen la cruz con el monólogo de su sistema. Cada vez en los posos se remueven los humores.
4
Bagazos de los ojos que malician. Sofismas en cuestas y subidas. Raterías de los partidos que nos humillan con descaro. La fatiga se prolonga, se hiende y nos raja. ¿Cuántas especies de chorizos y desperdicios de cerdos en los conciliábulos y exploraciones de laringes? Impudicia que lastima con disciplina. Los bufones de la policromía nos arrojan sus heces en la permanente exposición de sus entrañas. Si nos defendemos del escarnio, nos acusan de traidores. ¡Vamos, a callejear, a rendirnos homenajes!
5
A los lomos lo que expulsan los trapaceros. Las logorreas manchan las calzadas. Florecen los venenos y emulan a las cizañas. Locutorios mutados en burdeles. La muerte se divierte con sus panfletos de necrología. El fúnebre agarra el tizón y prende las cáscaras y dispara sus exuberantes armas de fuego, en tributo a los señores de la lujuria y del lustre de los ataúdes.
6
El hambre y la desesperación: cosas menudas. Las ideas de consolación se transforman en mitos y las máquinas crean misceláneas para moderar las muecas. Cuernos en los hocicos y los defensores de la patria digieren mal sus espumas. Los perniciosos insectos cobran, con creces, por las urdimbres que nos enredan. Con los cuerpos revestidos de temblores avanzan los que viven según la ley del gubernativo exterminio.
B

1
La guerra será soldada a los faros y a los giróstatos. Se exhiben las indumentarias de la curiosidad para esplender el clasicismo de los que miran de reojo. Hay suficientes vocingleros con mala cara aparentando gimnasias de lo sublime. Se van los orzuelos con sus regueros de suicidios. Tras las fuentes, pasteles de embarazos y estrépitos. Nada de eso vale mucho, empero las terapias se vadean temprano. Los fratricidas agitan sus morrallas, mientras sus gritos asombran a los espíritus deportivos. Las exudaciones se tocan y acusan problemas de violencia y agobios. Una persona bien educada grita: “¡Apaguen la luz porque se lanza esbelta!” y los espías eliminan la incógnita.
2
Por orden de aparición: las viandas, los frascos, las estocadas. Y los de la epifanía arriman los hombros, con desprecio y convicción. Las epístolas, como otros desperdicios, acaban en las maletas enmohecidas que luego salen de viaje y dejan sin aliento a los mirones. ¡Ah, la prosperidad nos araña los bolsillos y los rostros! Además llaman a desempolvar los trajes equinocciales para que las jaurías citadinas puedan orinarlos con sentido del equilibrio. Aprietan fuerte las sepulturas que nos prometen. Según los entendidos, nos acomodarán en letrinas. A los pícaros se les ramifican los dedos para contarnos con exactitud. En medio de la resolana fornican los extenuados y ¿gimen?
3
Estamos sobre aviso: los buitres caerán sobre nosotros, desde azoteas o desde balcones. ¿Para qué ir con tiento? ¿Para defender las porterías, las agachadas tristezas, los domésticos galopes? Ya experimentamos la música de las arepas sin fondo. Los testaferros y sus secuaces ejecutan sus homofonías y excitan el amor universal. ¡Que nadie piense torcido! Pronto se inaugura la incandescencia y la piedad se pondrá carísima y los confidentes pedirán indemnización. De la hipótesis a la mejor manera; del micrófono a la paradura de los cuerpos. Momentos para todo: rostros largos e intervenidos, señuelos del alma, huevos al trasluz… Con el mismo montón de monedas compraremos subterfugios y pajarracos de la escena. Nulidad se reduce al hoy.
4
Y las cabezas disecadas en los museos de la infamia para escarmiento de los rebeldes. A cada instante un intervalo que insta. Habría una estancia destinada a los individuos de las ejecuciones. La apostasía metida en julepe en la feria tétrica. Celdas de descargos yuxtapuestas a las culatas de los fusiles. A raíz de la hostilidad, los privilegios se aprueban según los rangos de las felonías. De los rumiantes leemos sus libros redactados con jugos gástricos y nos iluminamos, matándonos de la risa que evoluciona tardía y a saltos. Los pobres reconocen su estado de licitud ante el inventario de las mentiras. Desde el año de las partidas, las rimas se han tornado más deplorables y las ofrendas de los babosos se celebran con epigramas oscurecidos. Por doquier, tormentos del buen gobierno para arrear las comparsas y los desfiles. Tremolan los lisiados en pos de gasas fatuas.
5
Dentro de poco, lo mucho del pavor. Quien se pase de la raya será deletreado en sus cojones. ¡Piececitos que vivirán de la jerga del castigo, mientras la clemencia se ocultará tranquila! Oídos de agudeza en las madrugadas de los festines de carnes macilentas. Nos abrimos a las dudas, pero, ¿quién nos traduce? Allá esas pajas, esas insolencias despertando náuseas, batiéndonos contra el suelo el respeto. O, ¿ya nada importa y los carriles defecan sus ornamentos? O, ¿en cualquier sitio se amontonarán nuestros huesos ahítos de sevicia? ¿Por dónde las convulsiones? No se quitarán las inquietudes, ni las ortigas desembocarán en el atolladero. Las almas y sus preludios en chirona, sin márgenes ni ondulaciones. Pues, ¿no se desnudan los árboles en los eriales?
6
Del sabor de los herrajes se amamantan los pechos. ¡Ah, qué negocios para las cornisas! Y los nuevos ricos intrigando sobre las nuevas olas y sus visajes para los mañanas que los añoran. Normando rumbos, se sentirán nudosos, entintados y perfectos. Los números: ombligos de sus mundos. ¿Designio qué es? Comparecencia ante la felicidad que hace bulto y no cesa.
7
Las narices se trasladaron atrás. Antojos para las camadas entre aspavientos de repulsión. En seco, golpes sobre las nucas y neuralgias para ajustarse limpios. Imposiciones al borde de las costillas y respuestas a las quejas del martirio. De lejos, los insultos del más fuerte. Las barajas marcadas nadan en la opulencia y la picardía realiza su juego. Medios de emoción entre cuatro paredes y un chillido. Díganme, ¿soy yo mismo, en derredor mío, lo que viene a mí? Para los adentros, momias y un santiamén y a fregar los peroles del acto. ¿O tampoco corresponde al culto del bizcocho demasiado largo? Costumbre del hacha habitual. Lágrimas dobles y por eso menos y, sin embargo…
8
Vestimentas de los militares terciados de muerte y responsos previos. Melindres de acción retardada. Quicios en el origen que nunca más valen nunca. Algo trama la enfermedad con agonías. En el mismísimo derrotero, una machucadura de intestinos y bofes en comunión. ¿Por qué no sobreponer la cerradura a la llave, el fuego a la memoria, el ala a la placenta? Maravillosas telas en marcha hacia la práctica del entierro. Medio agonizante, maúlla el gato en la cuarta franquicia.
9
Sin medicinas, previene el médico la comunicación con el limbo. Mechas torcidas se descubren en el interior de los pasteles de los condecorados. Intermedios de las voces y evasiones de los ajos. Estufas y postes para los bromistas del teatro chusco. Abundancia de ancianos con risas de plástico. De sobremesa, señales como palos de aluvión. Si echan pestes, la materia será basta.
10
Soltura de manos y ¡qué pronto atraen la rapiña y el botín! La república posee un fundado temor: los legionarios la descuartizan. ¿Está campante? ¿Está embriagante? Rastrea el fondo. ¡Ya, ya! Y no se miente y palpa la fealdad. Se viene abajo, en un laberinto que la lacera. Escucha el máximo hedor. Publica y republica y nadie atiende su repugnancia y las sierpes le dictan sus pellejos y la enrollan y la recuestan. Ella se acobarda, mas saca coraje de sus codicilos. La república se retuerce y se impondrá a su derrota. ¡Vaya, vaya! Los saqueadores programan las aguas residuales de su fuga.
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