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Dador sobre los aguijones

lunes 11 de febrero de 2019
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Dador sobre los aguijones, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales
Textos y dibujo: Wilfredo Carrizales

1

Daños donde los aguijones producen ampollas o quistes. Dolor que alcanza a los dedos meñiques y a cualquier otra expresión de la mano en minusvalía. La desolladura no es sólo asunto de brujas o de embrujos. A veces avanza el sufrimiento entre arreos y pinceladas. Se llegan a encender las treguas con los chasquidos de la pestilencia. El sacrificio concede, pero en ocasiones se vuelve contra sí mismo y queda pendiente de la hostilidad.

 

2

Se aguijan las alteraciones de la reputación durante los pésames aplicables a lo oculto. Las escorias malefician, agusanan y aun condenan a estallidos sin solución de continuidad. Un palo (en derechura), un tirón (a tientas), una chupada (a la ligera): ramificaciones impresas bajo los apresuramientos de las causales del llanto. Se desprende la baba y la sal se planta para crear hijuelos de la descoyunta. ¿Cómo se corta el agua volátil con la puñalada sin crédito?

 

3

Hace sangre, mas no hace sentimiento. El ramalazo despide aromas de negrura y achaques de amplias rugosidades con ritmos de pedruscos. Hace malignidades y al unísono hace ofensas. Las intrigas, esas señales de las torceduras, sueltan sus tósigos al desgaire, sin tomar en cuenta el vaivén de los calendarios. Hace averías, aunque se juzguen unidas a los entuertos. Se esconden las laceraciones, en vano, pues se atizan los barridos que aportan roñas.

 

4

La insensatez vulnera las cabezas recostadas contra bastones sin plazo. Al intuir las muletas, están ahí, al alcance de las excusas. Algo se baraja y se desbasta y jamás conquista una valencia. Toca al dador aguijonear para que se inutilice el pensamiento y negocie su leche negra, su savia de pegotes. Se dan los efectos de todos los vicios, destinados a las cuadrillas del maleficio y el horror.

 

5

Se cuentan absorciones desde las plantas (de los pies) hasta los cueros (cabelludos). Fuente de roturas en curso de la repetición de vueltas y vueltas del malestar. Paseos que también atraen sueros hacia las dependencias de las acechanzas. ¿Y cuándo se precisa halar los celos para que ardan con el siniestro encajado entre los desplantes y las variaciones? Acaso se den pruebas de asignaciones de cansancios y de manjares arrimados a lo deletéreo.

 

6

Por conductos de inexplicable largura se descargan los berridos de las señales de la gangrena. Hasta habrá gases, cortejos de pupas, degollinas para reponer bondades de los putrefactos que admiran flores de pólvora. Caracteres sombríos y chorreaduras sobre las verticalidades que temblequean. ¿Ceden los sitios de las apoyaduras mugrientas? ¿Se viene abajo el andamio de torceduras y excrementos? ¿Es válido tener confianza en el juego de la cerilla y el tiento?

 

7

Son dádivas las que se retuercen encima de las plegaduras en tránsito. Quebrantamientos de peñascos ficticios hasta el participio del soborno. Unos pedacitos de columnas de escaras anuncian lo menos cúbico en la introducción de las cargas. Vienen las conjunciones y es dado elegir, por cierta cara, por pensada entidad de cambio. ¿Por qué negar la zozobra si la adhesión al dislate interesa los zumos? Quiere lo parduzco contrastar con los escaques del viento raspado.

 

8

Las ideas regresan con los verdes, con los resoplidos de sus relieves. En abundancia, virtudes de los retrasos bajo el subsidio de las rapacidades. Se dieran dardos para fechar las mudanzas o las aberturas delante del temor no enfático. Ahora entre las meriendas de gasas se sortean los tirones que pellizcan y regalan sobrados gustos. Con amplitud se anuncian heredades de legañas por el punto cardinal de tres a dos y que se sepa lo que subyace por debajo.

 

9

Fidelidad a lo soldado por la lluvia, mientras se quiebra el desconcierto de las agudezas. ¡Que lo que tiene tristuras exhale por sus costillas de ínfima cuantía! Se tornan los desgonces en visajes de lumbres, de acuerdo a lo que se notaría venidero. Un ceñimiento escampa para albergar su tintura y es cosa revuelta y más allá de toda duda. La misma ruindad moviéndose a través de los intersticios ajenos. A nuestra apuesta, las mercedes con garabatos fortuitos y ya vencidos.

 

10

Operan los perjuicios con sus cartas al compás. Llámanse espantos del tedio, reproducidos a montones encima de las maderas de la particularidad. No obstante, tratan de lucirse, pero a la ocasión la corroe el insecto que porta veneno y arco. Cayó daturina y el exilio se hizo vocación, realismo para los vástagos destetados. Fuere como fuere, dolió, se silenció, se dedujo del monte.

 

11

Ansia de los desquites y se entabla una pregunta que reposa sin madrugadas. Así, el accidente resuena y envía al garete su bolsillo de virutas. Nunca el momento filtra el resumen de la tinaja que se deshoja. Era en la complexión del día y su azahar se movía, a guisa de espíritu. La desobediencia suele jorobar y desatar fiebres que ultrajan los sentidos del espionaje.

 

12

Fluir con el traje huido de cáscaras y estigmas de lagartijas. Decir alas a puñadas; decir cómo y dónde se han visto; decir para no guiar. Empero lo que se tira, ya no clava más. Y ruñe la escritura sumergida entre señales y no cuadran las agujas del serrín. Con todo, las pasiones merecen aquellas larvas, esa quintaesencia del pus. Nada que competa a la ilusión de una voz violenta por lo gris. Aun se declara la omisión de los misterios no desgajados y a nadie le gobierna ese amargor.

 

13

Los tallos se fritaban tras lo bermejo, casi contrariando al horizonte. Como si los riesgos hubiesen sido cortes en las veredas sin asunto. Luego se pensaría en marismas para ablandarse con ellas y propiciar una caución allende los cangrejos. ¿Qué infundios para el sueño sin testigos? ¿Para la remezón del oprobio? Un rugido se sostiene sobre la llaga mostrenca y se elonga hasta el pie de la horca.

 

14

Del rumor de la escarcha se desgajan magulladuras que anuncian crujidos en coro. Trenzas se ciñen a sus retoños para evitar ser desposeídas y amenguadas. Andan los chirridos a la ratona, en medio de hervideros que se atizan a menudo. Alrededor de las semejanzas carnosas se abultan los llamados de los desvíos. Todo acarrea decrepitud y una edad ilegal como iniciativa para que las ninfas aleteen sin sexualidad. Quizás, miremos y la destrucción nos anieble la calma y condone nuestros abonos.

 

15

Me obligo a recordar los estropicios de fin de la inducia. Doy gozo al susto que se suelta por sus venas, por sus cuerdas y por sus herraduras. ¡Tanto sentido al principio de los rodeos! Diéramos en las retenciones, en aquellas espigas jamás despellejadas por las rozaduras de los corpúsculos o las esporas. Junto con las mutaciones concurren las albricias por los desaguaderos sin oficios. En mí comienza un cofre que se repite y se repite y castiga en lo ulterior de la escuadra. Enseguida me atraigo y me marco con el linaje de las muescas. Los fingimientos partieron temprano. Sólo un fruto estrangulado se tornó en enemigo de su devenir y acusó el claustro o su verruga.

Wilfredo Carrizales
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