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Gabinete y cuestiones

lunes 25 de marzo de 2019
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Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

1

Gabinete y cuestiones, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Cupieran cabezas sin fortuna y el gabinete crece al anochecer. Constancia para volver a los sueños. Quedarse en el pasadizo al frente, sin ventanas, con los ojos en retaguardia. Hubiera aplausos en sordina logrando hileras entre las cosas apostadas. Donde los hechos se enferman y las molestias se salen de la jornada para ir a parar a la subida que no se experimenta. A turno de columnas, las confesiones a solas. Todo reviste un apaciguamiento, mientras la rutina obra con su fuero a distancia. Entran los trueques y nadie cifra los mensajes. Respuestas encaminadas a no debilitarse. ¿Muñecos en busca de alegría cuando la prioridad sea una ciudadela de pretexto? Abajo un reflector está denotado, la inferioridad ya imaginada, el después tras el otro, el algo que se echa.

 

2

Objetos nacidos de los lances. Nunca embellecidos, pero siempre resbalados. Las aberturas o las separaciones y un candelabro mitigando su fiereza. Volverse manuscritos, piedra de circularidad, decigramos e indulgencia. Algunas abreviaturas: nuestro tiempo, vuestro templo. Nada se abrillanta, porque nada se enmarca y los rincones apenas se abrochan, sin clarear. ¿Para qué más errores, carbón o polvo o recortes de líneas? No se habla de abusos: no abultan. Con poca abundancia los augurios. Esa hinchazón no conviene, ni por encima, ni adrede. Un límite se aburre, acá y no se acerca y acaso caiga en un vaho para no verlo. ¿Quién de entonces con las circunstancias esbozadas con mano incompleta? Una colección que no se adora si no hay exigencia. Las agujas subsisten gracias a su estoicismo y al precio de su competencia.

 

3

Como cartones para cazar neurosis. Las redecillas no conciertan accesorios, los cuales, en potencia y fiebre, deambulan en espacios muy restringidos. Y sí que se suceden calores y sudores, aunque no se escuchen. Quizá falten insectos de las hojas enrolladas, mal traducidas. Un ataque adviene en nombre de lo que acierta: caparazón cual aceituna a sus anchas. Las fachadas resultan inefables alados y ningún metal es tan solitario y dulce. En los parásitos de los reflejos suele colarse un acróstico que una vez estuvo cansado. ¿Monedas y cuchillos hechos para sus jugos? ¿Quién se contará íntima parte de los suyos? Fue un temor azuzado con rescoldo, al amparo de la magnitud de los ojeadores. Se persiguen anexos invocados desde lo axial. Y ciertos adentros emulan, con desgano, al vaso y su indigencia o al tejido en demasía, tan triste y clonado.

 

4

Hasta pronto, entre tanto, entre tantas adherencias. El espesor de la madera y nunca caja reemplaza. Un pisotón aparte, en el muro contra la humedad no manifiesta. Un adonde con su cura sin diadema, sin adorno. Es la cantidad que se endereza. Y el oficio de la penitencia del oído. Mas lo de cerca se encarece y no muere valiéndose. Irá, pues, irá, con temperatura o sin ella, pero marchará sobre la realidad de lo adoptado. Según la extinción con el aire sugerido y los alivios de la materia en mutación. Pronto se afianzan las alergias, las angustias y los fuelles premeditan sus breves borrascas. Por los antiguos, el prontuario de ágatas, sus escaramujos de sangre y comentarios. Beneficiadas muchas figuras de la energía y la buenaventura se agita con patas de ignición. ¿Alguien plegó el aguamanil hasta su sufrimiento con pico y resuello? Atacaron los residuos de plumas en ocasión de lo oscuro versus lo pardo. Y un rostro borbotó, sonsacado de un yeso con olor a regalo. Perteneció aun a la avidez de los alambres y una cola giró hasta hacerse culmen y prurito.

 

5

Gabinete y cuestiones, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Voz que se levanta para ribetear el éter fresco. Alma de ahora que tiene su arcón de aviso. Horizonte de ahogo, sin pasión ni diligencia. Marcación en adelante con la contradicción y el engaño. Un cuerpo tras la virtud que lo aísla y lo corona con una victoria que de la nada surgió. Un barquichuelo para la diatriba y ya se ajustaba a los concilios suyos o míos. A cabalidad y resumen: un memorial destinado a los muñones que se frotan. Lo risueño volcado hacia su vacación y el vestido que no retrocede ante ningún estribillo. Del centro no se sueltan cuerdas, aunque rumores corren y sobran y a través de ocultos pedales se concatenan mamparas de humo. El alba será cauta, lo destaca un arte de componer y pitos asustados que se preñaron de estulticia. Fuera de los alcances, un feliz que se averigua sumido en su comedia sin garrote. Después de la movida del alcohol, una imagen fluctúa encima de un descaro que inspira. Duplicidad y sin hegemonía.

 

6

La eternidad no será allí, ni que tenga la más rigurosa eucaristía. En un arco de curva, las sustancias se exponen a una pasión de carnosidad y salida de crudezas. Además las maneras emergen para verse y no asociarse con tableros de otro mundo. Se ha de padecer la abstracción con los avíos del sacrificio. Un ángel de música y rusticidad se contraerá en su chorro de vapor que se altera sin habituarse. Junto a las efusiones harto variadas, el reverso de turbantes con derrames de lisonjas. La vida de los recuerdos hesita dentro de un vientre de madera de ceiba. ¿Y cómo se desplazan –de haberlos- los testigos del olfato, los juguetones en los poliedros? La sencillez sigue siendo cápsula o lenteja y lo que madura no progresa. Del libro de telarañas se incorporan marcas y trepidaciones. Cada lectura con moscas gana etapas para los moldes que fallan. Las falseaduras se rompen: símbolo de la crisis entre lo punible y lo grisáceo. Al fanal se le incendia la bajada.

 

7

Fantasías y barajas en el curso de la taumaturgia. Un fárrago y las carátulas para desocupar pamplinas. Alborozos y averías. Después el gran remojo en medio de lo seco. Fastos y fachadas en la triangulación del hastío. ¿Qué luz se alterna para los inventos más que sinuosos, más que ardidos? En penúltima instancia, la limpia vuelta hacia la obra de los tentáculos. Conspira la fe y los cónyuges no estatizan sus almas. Muchos aspectos en los variados insultos y se engrandece la mendacidad. De los corchos, la rectitud; de las felpas, los restantes estratos. Tal cual en la prenda de escala ocurrida. Se dan golpes para oler a feo y se tiñen las relatividades. Las muchachas –esos seres por poco falibles- afirman sus fenoles, sus fisiones, sus bacilos y prosiguen así hasta el fundamento de los mohos. ¡Ah, los trabajos de las rigidices y con lámparas y los antojos del pálpito de la calle aneja se han podido proferir! Y nunca penetra el ladrón de las páginas.

 

8

Azafrán hasta la invalidez de la luna sobre el espejo. Las botellas llamadas por los deseados. Las costillas imposibilitadas en sus penínsulas de almidón. Mas quienes luchan empeoran antes. A la sazón un teatro de avispas se instala sobre el hierro de la insolvencia y actualiza cualquier descubrimiento. ¿De dónde se condicionan las sátiras, los parlamentos de la peste, las alusiones? Las gargantas con sus rieles y sus cruces se conectan y he allí al huelgo. En paralelo, los pliegues y los ensanches y los números en evidencia de ventanas falsas. Aunque hiervan los festinantes, el cumpleaños se distrae en su óxido. Según la gravedad, los músculos mastican sus preparados de guasa y palmetas. La fianza merecía el pan del señuelo. Cuando pulmonar, el cemento se hacía irreversible y el ámbito se derramaba tras su parálisis. Giros de cartulina y viejas con el cuello a dos tercios del afrecho duro. ¿Tercianas debajo del cansancio de los acentos enfermos? Sin embargo…

 

9

Izamientos con la solemnidad de las brisas de fisgones. Y un actuar de morisquetas, rubores y créditos. Fue porque exterior era interior y se hizo la juventud con reciente filo. Al fin, el asistente y sus dilaciones, el beneficio de la doctrina de postre. ¿Se daban brebajes y custodia? El deshabitado lo niega y no explota. Los filamentos recuperan su sintonía, la adecuación a lo mórbido. Ni vacilaciones hubo, a pesar de la amargura de la rueda. Mayor unidad contenida, quise explicarla, empero me atacó el imán, de canto. Unos esquemas se hendieron y las historias, libres, por entero, condensaron sus liviandades. Flagrar sobre catálogos: eso hubiera sido el culmen de la felicidad gozosa y pueril. A favor de la pronunciación, gentes de mal acaecer se situaban en bandadas y fustigaban, a placer, como moluscos profundos o mediterráneos. En todo caso, los orificios iban de la pequeña flauta al silbón de estreno. ¡Cuánto dolor en el trayecto mascado!

 

10

Gabinete y cuestiones, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Raquitismo de ramullas que se interponen para impedir correctas visiones. ¿Qué estudio causa estupor? Flexibilidad de la talla y la ampolla. Rodajas por torsión, aunque ¿cuál se nombró jefa? Las leyendas dominaban los esfuerzos de las paredes y gritos y grietas acudían al mecanismo de las tijeras. Formas para incubar excrecencias y las ventajas reprimidas en su cartel. No obstante, la ganzúa escasamente emigraba. (Aun más tarde, una escena haría recordar la voltereta de unos gases de afinidad irreal). A la gayola le incumbía la sesión de las plegarias y donde se empecinaba la conflagración un gelasmo se descargaba. En seguida, el gentilicio se servía de acompañamiento e ilusiones a granel, por la puerta de la quietud. Las ayudas presagiaban mortalidades. La voluntad y el ojo normándose a ultranza, con las anillas exaltadas. Los grafismos no reflejarían las verdades de posta, las murmuraciones que portaban consigo y todavía pulsarían casacas en pos de los ópalos de fuego, derechos y en dos casos. (En consecuencia, no mudo de opinión y merezco).

Wilfredo Carrizales
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