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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Ningún momento cegando

• Lunes 15 de abril de 2019
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Ningún momento cegando, por Wilfredo CarrizalesFoto-dibujo: Wilfredo Carrizales
Textos y foto-dibujo: Wilfredo Carrizales

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Ningún momento cegando; ningún alquimista vapuleando. Se admiran los caracteres de cada individuo y sobre el globo se estrena un teatro de variedades. Abundantes cintas para la fiesta y el silencio lejano de las mujeres zorrunas. La diversión se reivindica por el amor no reconciliado y un mundo nuevo no tiene la pretensión de aparecer. La caída de las cejas presupone la conspiración y la catarsis. La arrogancia lleva al duelo a más de uno y la historia natural se escribe en el cementerio. En tela de juicio la taumaturgia. Sobre mesas verdes las impresiones de las ciudades dejadas atrás. La pandereta de la juventud resuena en la escuela de tránsito. Los músicos se admiran de los sátiros y los paganos y para las calumnias hay colaboración a ratos. Se notan plantas briosas en los jardines de elementales curvas y el tiempo se nubla con su obra más conocida. Luego, en la intimidad, los ensayos de la memoria persisten y el ruido de ciertas máquinas oculta el rumor de las fuentes donde moran los vultúridos. Cuando la energía retoña, los cuadrados y sus corrientes se transforman en presión y pasan a desprender vapores que no se vencen. Los sudores se han perdido bajo las materias deleznables y nunca estuvo la gloria al alcance de ningún don. La luna de los aplausos fue mirada ochocientas veces por tempestuosos pintores de ocasión. El fin de los días se volcó con la posterioridad de los elementos. Hubo férulas y cancioneros y rosas de abarcantes pétalos. El flujo de las claves no socavó la secuencia de los paralelismos para continuar. Los prejuicios emprendieron un súbito viaje subterráneo.

 

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Una tempestad en el boceto de un loco y una torre clamorosa en la flexibilidad de las sombras del estío. Los escritos comienzan a permearse de una prosa codificada. A los visitantes se les invita a regocijarse con los combates entre los ratones y las ranas. En los prolegómenos aparece el ciego que se acaricia sin cesar el busto y promete liquidar a los rapsodas, sumergiéndolos dentro de una tina rebosante de licor. Se propala la desobediencia por intuición, lo cual conlleva a perennes trifulcas entre maestros y discípulos. Las celdas sufren una constante expansión y la música se hermana con los sueños más efímeros. Quienes ahorran poseen buenas huchas y lanzan a sus perros contra los mendigos. Hace tiempo que los ocios se retiraron sin descuento. Los gorrones comenzaron a enviar sus bártulos a la tierra purpúrea, donde sobran los vendedores de bagatelas. La realidad se deforma y llegan los castigos y las contemplaciones y las sombras desembocan en todas las calles con sus ofertas póstumas. Los hombres juegan para ser animales y pensar en los caminos que les brinden nieblas. Durante los equinoccios los dogmas experimentan los movimientos que luego les suscitarán temores a los declarantes. Los escándalos no se detendrán y tampoco sus contrapuntos. Habrá diablos desde el gris hasta el barcino y sus esencias serán, con fidelidad, principios de la evolución. Las herencias se vertebrarán alrededor de los amantes de los melindres y los ríos se expresarán a través de los cangrejos del azar o de la duda. Los peregrinos irán a la par del decadentismo y en las catedrales las familias se inclinarán para recoger las limosnas de la sensualidad.

 

3

Los comediantes pretenden coronas, pequeños símbolos de la construcción de quimeras. Los nefastos salvajes de las avenidas parlan con los moribundos en las esquinas del desprecio. Quienes enseñan opulencias amanecerán dentro del desván de las noches. De los iconos se desprenden barros y sierras y querellas deslumbradas. Casi se opuso un viejo sin sentido y le bastó para agregarse a la ictiofobia. A las porfías, las traiciones más elocuentes. Y las muchachas tostando sus senos al sol y los incestuosos con sus agentes de combustión y espuma. En los divanes se descuidan los hijos más divulgados. Un poco después adviene el derecho del sándalo, pero la acción tirante le quita fuerza. Ningún papel a la vista; ninguna musculatura; ningún cilindro para la inercia. La tragedia de los castrados y las lacrimosas derramadas ante sus pasos. En uno de los espacios preferidos el desorden y la rayuela con su tabernáculo. Y andan y van quintuplicados, hartos de carne y mierda. Los disgustos sobre las líneas y perjudican. ¿Cierto juego de naipes en la hondura o en la vana oscurana? La margarita de infranqueable hediondez, predestinada a las damas de los calzones mitigados. Y emulan esfinges en rincones de los jueves y allí ejecutan las gracias femeninas y las bañistas de tetas rucias pugnan a favor del género decorativo.

 

4

Odas ariscas e ingresión de las rajaduras amigas. Retratos para las entradas, sin definiciones, ni economías. Yemas de enjundia si las hay y en el umbral se resuelve en pleito. La inocencia de los doctores se agita con el surtidor carente de tapa. Antes de las inscripciones, los inmuebles para los inquisidores y los torturadores. Del calor que se adscribe resulta un espacio para el trayecto de onda y la superficie bate las franjas y no interfiere a los coloides primordiales. Los que están en la distancia difusa pierden la expresión capilar y se estacionan. Como ofrecerse de víctima y espiar con los cien ojos del cogote y después enternecerse, tributario y asistido. Nuestras vidas ya no son los mares que se irritan. Tampoco las costas para el olvido. Mejor retirarse a las plazuelas y volverse barril de leche. Las señales de los dedos entre las piernas cual bellacos en actos sinuosos. ¿Quién ha errado al modo del iribú? En los apuntes se conquistan las granadas, sus gajos que desfallecen en el dulzor. Y convencidos de lo que se lava con fortaleza y con los dados corre un travesaño de espanto. De los astros esperamos el auxilio y nuestros torsos entran en periodicidad. Por jamás las fugitivas nos han mordido. En el dintel de la ventana una atea enhebra su alcohol y, ebria, baja al pozo nodal. Por no haber pan faltó el hoy y libres guerrearon los salmos hasta la postrera aseveración. El ubicuo no prodiga a los fantoches. Donde la necedad mesa los cabellos se constituye la bufonada. Y las guirnaldas no tienen autores en julio o el entusiasmo no cabe sin fervor. Tuvo lugar y a jarros la lluvia y los vieron cerca de las luces en una noche extirpada. Tras casi de siglo lo mismo se remonta y regresa menos de rico y en la laguna se traducen lejanos panales y unos atrios de tristeza evocados. Se repiten las supersticiones en los territorios que la lontananza no abarca. Desde la rodilla abajo, la guarnición y la borla y el seto cuya resina bastante enaltece. Furiosos han de irse con el atlas en secesión, ñato y dolorido.

Wilfredo Carrizales

Escritor, sinólogo, traductor, fotógrafo y artista visual venezolano (Cagua, Aragua, 1951). Estudió chino moderno y clásico, así como historia de la cultura china, en la Universidad de Peking (1977-1982). De septiembre de 2001 a septiembre de 2008 fue agregado cultural de la Embajada de Venezuela en China. Textos suyos han aparecido en diversos medios de comunicación de Venezuela y China, entre otros países. También ha publicado los poemarios Ideogramas (Maracay, Venezuela, 1992) y Mudanzas, el hábito (Pekín, China, 2003), el libro de cuentos Calma final (Maracay, 1995), los libros de prosa poética Textos de las estaciones (Editorial Letralia, 2003; edición bilingüe español-chino con fotografías, Editorial La Lagartija Erudita; Peking, 2006), Postales (Corporación Cultural Beijing Xingsuo, Pekín, 2004), La casa que me habita (edición ilustrada; Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2004; versión en chino de Chang Shiru, Editorial de las Nacionalidades, 2006; Editorial Letralia, 2006), Vestigios en la arena (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2007) y Claves lanzadas al espacio o a las aguas (con fotografías del autor; Editorial Letralia, 2015); el libro de brevedades Desde el Cinabrio (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2005), la antología digital de poesía y fotografía Intromisiones, radiogramas y telegramas (Editorial Cinosargo, 2008) y diez traducciones del chino al castellano, entre las que se cuentan Libro del amor, de Feng Menglong (bid & co. editor, 2008) y Lo que no dijo el maestro (selección), de Yuan Mei (bid & co. editor, 2015), además de la selección de cuentos largos Ocho escritoras chinas; vida cotidiana en la China de hoy, antología de varios traductores (Icaria, Barcelona, España, 1990). La edición digital de su libro La casa que me habita recibió el IV Premio Nacional del Libro 2006 para la Región Centro Occidental de Venezuela en la mención “Libros con nuevos soportes” de la categoría C, “Libros, revistas, catálogos, afiches y sitios electrónicos”.

Sus textos publicados antes de 2015
418244759192228232259
Ciudad Letralia: Muesca
Editorial Letralia: Textos de las estaciones
Editorial Letralia: La casa que me habita
Editorial Letralia: Merced de umbral
Editorial Letralia: Fabulario minimalista
Editorial Letralia: Libertad de expresión, poder y censura (coautor)
Editorial Letralia: Poética del reflejo. 15 años de Letralia (coautor)
Editorial Letralia: Letras adolescentes. 16 años de Letralia (coautor)
Editorial Letralia: El extraño caso de los escritos criminales. 17 años de Letralia (coautor)
Editorial Letralia: Doble en las rocas. 18 años de Letralia (coautor)
Editorial Letralia: Claves lanzadas al espacio o a las aguas
TransLetralia: Pu Sungling
TransLetralia: Leonardo da Vinci
TransLetralia: Entre las flores (sucinta muestra)
TransLetralia: Cuatro expediciones e igual número de miradas
TransLetralia: Sylvia Plath
TransLetralia: Feng Meng-long y otros: El bosque de la risa
TransLetralia: Arnold Bennett
TransLetralia: René Char
TransLetralia: “La noche”, de Dino Campana
TransLetralia: Hai Zi
TransLetralia: Carlos Drummond de Andrade
TransLetralia: El mar, el océano, en la poesía francesa
TransLetralia: Gu Cheng: poemas y dibujos escogidos
TransLetralia: Mario Quintana: “Mis poemas son yo mismo” (poemas selectos)
TransLetralia: Tsangyang Gyatso (sexto Dalai Lama): Poemas de amor (selección)
TransLetralia: Víctor Segalen: Estelas (selección)
TransLetralia: Breves y antiguas fábulas chinas (selección)
TransLetralia: Cinco cortos cuentos chinos contemporáneos
TransLetralia: Poemas de Li-young Lee
Wilfredo Carrizales

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