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Tríada de emborrones

lunes 20 de mayo de 2019
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Textos y dibujos: Wilfredo Carrizales

1

Tríada de emborrones, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

Por sí mismo y es de origen. Para el que nace con ello. Serpiente de truco. El rastro de la presa que se deshincha. La parida y el torpe con la pata de gallo. La rama seca buscando estímulo en la cabeza. La sagacidad del pez burbujeando en el interior del vientre, a dos dedos del limbo.

Ahora la mañana sube, sube, sin agua, sin pista. Sólo un breve sustento, uno.

Parar los pies y enrojecer. Algún momento sobre el rayadillo. Esa rebeldía del corazón entre remaches y clavos. ¿A qué viene la presencia del postor? Se rastrean los utensilios y son muchos los cuentos que alimentan las bodegas. Pusieran las trabas y metieran las íes.

Caminar sin pisar los violines. Luego, con naturalidad, mancharse de vacío, de huecos e ijadas.

Un oficio de usura y erupciones en el cuello. Viceversas transfusiones. En tarumba —así como suena— y el porvenir se distancia. (Un inglés se suelta de su niño y nunca encuentra al hombre). El libro regado con rocío hasta que queda rugoso, listo para ser retirado al cobertizo.

Raigan los fluidos más tropicales, de punta a punta, aunque los pulsos engorden, aunque las sospechas las vea usted y no yo. ¿Y si un pellejudo habla mal de los odres en peligro?

En otros casos, se corren los pasteles. Al lado del enemigo, las parvas y, acaso, el desayuno. El rastreo, la ristra, el rastrojo y la ventaja quebradiza. Callarían los paquetes, omitidos, mudos, oscuros… De otro modo, la seda. Nadie en voz baja. Ambladura de charcos y paraguas.

El polizón grazna después de los canónigos. Se apalanca el jugador en su bicicleta sin peaje. De los signos, el faro como estrella de mar, como simetría para el oleaje. Una aleta de la que es parte.

Del llenado y no tan tanto y el servicio detrás de las cintas. El adepto saca el buche al sereno y escruta el pan seco. Adelante los ciclos de sombras. Por ellas, sílabas y ejemplos. (Cualquiera en la incertidumbre; a veces muletilla sin cualidad). Se añade lo pronto, la hipótesis del intervalo de la sarna. Similar lógica mientras la espera se reduce hasta la variante de la escarcha.

Esa oferta, con precipitación, mas sin puridad. Un plátano de toque, tas y tas. Arde el termómetro y vencen las manos. Entre columnas, pescuezos, arcanos, tristuras. (¿Quién está a la escucha del inmisario, de su aneja manía?). Gracia con paloma y orfandad de gavilán y un universo no palpable. Si lo mismo que desemboca, procede. Estar a punto de albedrío y tachas de inmediatez. Y luego la tempestad para los tafetanes, la mordedura destinada al inquieto, la soga dando al traste. En detrimento, los aledaños y su mitosis y el que habla de cruces y aparatos.

Se atiesa la esperanza. Atisbos sobre las rarezas del reacomodo. Ollas de pájaros: cosas tristes que no levantan los setos. Sea viejo el allegadizo; sea pleno su catarro. De pregón y calzado asentando la baza y la infusión para el mártir en su cama sin desafío. Un proverbio golpea la boca y brinca un diente de lobo. (De una argolla resbala una libélula de almidón y domina su convite).

 

2

Tríada de emborrones, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

Ipso facto. Le viene sin pretensiones. Detrás, la irisación de la violencia. Hay algo que no es impedimento. ¿Quizá desvarío, un corte de atrevimiento? La irritación de un péndulo y muy extendido hacia los adornos que se halan. La afilada lengua se contiene, a duras penas.

Enseguida. Figurando con los cabos del tranvía. (Obsolescencia en cansino movimiento). El paso de la luz comprendido como canonjía. Hasta ahogarse en hábito de imagen. Rasgos de los enjambres del habla y los gestos. Los chasquidos corroen la paciencia de las sartenes. Hace designios.

Una criatura dispuesta para ningún día, para una tembleque anochecida. Jornada sin el verdor de oriente, sin los potajes de la mancebía. Un taller y una palanca; una misa bajo el brazo; un adepto con los pies en conciliación. De la moneda a la red, una trastada en la instancia. Y que se juegue con enjundias, con gabotes y peponas. La tramitación del pronóstico exige prudencia.

Cuestiones de las recompensas en ausencias de astrólogos. Coinciden los novicios con sus variedades de tejidos y síntomas. Al empleo y de juro. Más se cohonesta y algo con algo habrá. Para confiscar lo elemental en la longitud de las edades. Luego, se amplifica el karma.

Al lado de acá, el saludo, si se quiere. Se sienten los apoyos, con pocas lágrimas. ¿Quién que no haya sido avisado se lame su quejumbre? Baja lo fingido y plañe por el suelo. Llevado a remolque, un resplandor semeja una sortija sin quilates. ¡Tan inútil que es la pluralidad! Cansancio del grueso.

Da latidos el corazón con el perro a su costado. Y diástole con ojera. Y sístole con estornudo. A la carrera las glándulas se alborotan. Se enturbian los puños. Se reboza la crisma. ¿Cuál lema para la lejía en pos de lo veraz? ¿Qué se traba en la mala hora del césped? ¿En las afueras del fuero?

Aplicado cual lentisco: aberración de los anteojos. Un mural para celebrar las torpezas de los astutos. Letras mayúsculas y ordinariez de los acentos. Entre ampollas: moscas y levantes. También el reflejo de una albañilería sin masa. Desaparecen las ronchas y levantan el vuelo y se empinan tras las sábanas que encastillan los guardias sin léxico. Alguien cobra por los refranes que se embarullan, aclarándose.

Se quitan las riendas con los albedríos. Los cierres y aperturas de cárceles. En libertad los vientres para sacudirse. Un hombre, un estacionero, un infolio con aullidos. Materia pegajosa lo fúnebre con constancia de gobierno. Una obra de plomos y formalidad. Euforia de los vendedores de féretros. (Redondas, las subastas, sin cortezas ni sarros. Las suelas entran antes del lustrado).

Tener el complemento de las tripas. ¿Se puede? Oiga usted: ¿vamos bien? Actitudes a tres metros de las cañerías, mientras los lujos no se omiten. Para hacer unas corbatas se expresan las pasiones. Y las gafas dando berrinches en sus sitios. Las longanizas ya no cuelgan de las cinturas. En cada sorteo, los loros escogen sus baldosas. Chocan los comestibles para situarse en lejanías.

Troneras muy sabias delante de las cámaras. Huelen a pólvora, candela y quemazón. Eslabones del derroche que atiza ruinas. Peregrinajes con el oro para los burdeles de las grandes urbes. Los esplendentes no llevan lutos: los donan a quienes se desmenuzan en tinieblas.

 

3

Tríada de emborrones, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

Cabal en la lid y el sol fue testigo fiel. No hubo traspié. Quedó lucido y midió su alma. En paz, se tuvo. (Cierta llave se acaloraba en el medio que era cuerpo y lo demás, su árbitro).

Muy madrugador y aún con las sábanas pegadas. Maestre del desarrollo maduro. Guía de la garrucha en fe de lizas. Y que consten las primeras enseñanzas en la escuela sin señuelos.

De lo que contiene el espanto y que tira de espaldas. Próximo al este que magra, pero no muge. También se escuchan asas y aojamientos. Quien se equivoca no se regodea, sino que se interpreta distinto. Prevalece la faena con el humor tácito de la madera. (De fondo, un malva se tritura).

Disponiendo sitio, axilándolo, retoñándolo, comiéndolo, defecándolo hasta verlo montículo y elucubración. Y afinando las negruras de sus picos, torciendo las manchas de sus patas, apaisajando lo emoliente de su traqueteo. Con mampara me yergo, pues, y volumen interior.

Nombre a la mácula, con sal y lona. Un pitido que apedrea en corro, que rezuma los recuerdos de los ciclos otrora vestidos. Hecho a los sermones del rocío y a la clemencia que calláis. Un bastón para las bengalas: manera de exclamarlo tú. (Claro, en el mástil no se habla del cloro). Tratantes del destino con las manijas apenas abortadas. Indulgencia, ¿qué colabora contigo?

Manojos en los guantes del beneficio y alcanzan las posiciones de la continuidad. (Un islario se atisba tras el barniz blancuzco). Cualquier modo, menos el océano sin sus tambores. (Me cuesta apilarme de cara a los batientes. Acaso me sobren peñascos). En el radiograma de la márcola desfila una evasión no prevista. Ahora, ¿cómo irse con el desmayo de las orillas? ¿Soberano el pelícano o su remota alocución?

De más, aplicado a las moradas de las abuelas. Infinitivas y las ven. Absolutas y elegantes. Además, de prisa en los muestreos. Van las máscaras sin las libreas. Al compás de fulano y perencejo, caballeros de la holgura. Y el yeso, enhiesto, con respecto a su base y una bandera tallada sobre plumas. Se ha vuelto a producir el deliquio y la geometría concreta su espíritu.

Para mayo se alude y se cumple: la majestad emite sus mayidos. Sobre las testas golpean cáñamos de ficción. Ayer eran las estampas y ayer ha sido el aire que no muda. Debajo de las acciones, otras manías del alboroto, a onzas de la mitad. ¿Esas melenas se arreglaron por su cuenta, sin melodías ni herencias? Las cosas se adhieren al negral y éste les roe los bornes. ¿De la comba se encoleriza la rueda? Por meses, arrodillados o despiertos, los exceptuados capturan sus estantes.

Donde se encaja el brasero, nadie demarca la merienda. Un tropo su reino forma. Se aturde la distinción que todos esperaban. Carasblancas al caerse de la miel. ¿Qué se achica con la vergüenza? Están temblando los nudos encima de las carnes. Una migraña espiga su ciencia. Mientras tanto, el pan le miente a sus migajas. ¿Pronto arribará la época de la lucerna? ¿Sí?

¡Mucho y las ventajas y la jocosidad con las patatas de la víspera! Se ha desprendido un cuerno y se pronuncia. Desde el atril, los escorpiones callan, besantes. La inercia cruza por encima, muy cerca de la culpa de las vigas. (La voluntad de los muertos se platea, pero no se alquila). Una semejanza de navaja se sincroniza para el cumpleaños del penitente.

Obtenibles las orejas desde la barrera. Gajes en la triangulación de las poses. Fotografías del asueto y del ocio. De ordinal, un vino negado sobre las tablas. En puridad, el acero exuda su ámbar, a la espera de zambucar mejor. Se tuercen las páginas que ya no fascinan. Onerosos, los ombligos undulan pegados a las cortinas. Basta que sople una brisa y la huida es completa.

Wilfredo Carrizales
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