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No olvidar
(Don’t forget)

lunes 30 de septiembre de 2019
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Textos y collage: Wilfredo Carrizales
No olvidar (Don’t forget), por Wilfredo Carrizales
Collage: Wilfredo Carrizales

1

NO OLVIDAR los ajíes para el ajiaco bien sazonado y para hacer sufrir a los bocones en sus peroratas de amancebamiento político y para los cargadores de culpas ajenas y para los propagadores de chinches negras y para los vendedores de jofainas de pesadumbre y para los que sueltan espumarajos por doquier y para los repetidores de consejas y para los ignorantes repletos de piedad y buena fe y para los personajillos tras los cortinajes y para quienes lanzan la piedra y no esconden la mano y para los vergonzantes libertarios y para los que ampollan en los altares y para los que se alegran porque otros tienen que marcharse y para los mezquinos de la antevíspera y pasado mañana y para los aquejados de excesos de optimismo y para los que aromatizan las mierdas de las dictaduras y para los buenos samaritanos que creen en la paz de los sepulcros y para los que disimulan las vejaciones que sufrimos día tras día y para los aventureros que se abanican con billetes nuevos y para los que resoplan por las narices en medio de una multitud y para los que espantan los panes de azúcar y para los que azuzan a los perros hambrientos y para los que engañan con bagatelas y para los que mienten con desparpajo acerca de la debacle total y para los alelados y embobados y para los que braman para que los degüellen y para los brutos que elaboran cabeceos de ahorcado y para los calentadores de bancos y sillas en las alcaldías y para los calumniadores con salario fijo y para la canalla que se arrastra cual gusano tartamudo y para los que se enriquecen trotando sobre aguas sucias y para los capitostes de la matanza de la res pública y para los caudillos con caudales robados y para los chovinistas de garfios de cartón y espejeos y para el que escupe al cielo y espera lluvias de oro y para los deleznables disfrazados de héroes y para los deschavetados de todos los bandos en pugna y para los envenenadores a domicilio y profetas ponzoñosos.

 

2

NO OLVIDAR a la mujer que duerme mientras el ladrón de sueños trata de apoderarse de ellos, ni olvidarse de sí mismo bajo un pretendido altruismo, ni olvidar que podría venir el onanista ornamental, ni perder la memoria con respecto a los constantes atropellos, ni relegar al olvido el rostro del esbirro, ni echar tierra a quienes levantaron estatuas del tirano, ni olvidar las uñas sacándonos las vísceras, ni echar en saco roto las acciones de los vicarios de la muerte, ni trascordarse de los sirvientes de la censura, ni olvidar a quienes se escaparon sobre unas tablas, ni relegar al olvido la indignación en voz alta, ni ser olvidadizo con quienes han sufrido golpes, torturas, persecuciones, injurias, ni permitir desvanecerse los ultrajes a la dignidad, ni desmemoriarse con respecto a quienes tronchan las escaleras, ni olvidar las traiciones de los variopintos “luchadores por la libertad”, ni arrinconar los reclamos que no prescriben, ni fingir amnesia ante el saqueo infinito, ni olvidar el terror calculado e implantado para perdurar y aniquilar, ni omitir la intolerancia como orden a cumplir para cada día, ni olvidar las travesías a través de los territorios de la desolación, ni dejar entre renglones las referencias a la enfermedad brutal de las calles, avenidas y caminos, ni sepultar en el olvido la estulticia, las fantochadas, la oligofrenia de los ministriles, ministros y ministras, minotauros de los hilos torcidos, ni echar serrín a los pintauñas, a los pintarrajos de los noticieros oficiales, a las piojerías donde dan limosnas y caridad, ni pasar por alto las sombras continuadas que nos apuñalan desde sus lugares de emboscada y solapamiento.

 

3

NO OLVIDAR que está rumiando su soledad la vaca vacante, ni olvidar a sus becerros que nunca fueron becarios. No olvidar a los muslos que sufren las befas de los administradores de las aduanas. No olvidar la barbarie de la bestia roja que embarra de plastas todos los ámbitos. No echar al olvido el abandono de los campos. No olvidar la peligrosa yesca, compinche del pedernal. No olvidar a quienes se encogen y manifiestan con orgullo su pusilanimidad. No echar en saco roto la malicia disfrazada de “buenas obras, de bondad de último minuto”. No olvidar las malezas y el bandolerismo, los miasmas y la putrefacción, las grietas y las argucias. No olvidar a los linfáticos y a los descerebrados y a todo el fango vertido sobre las espaldas. No desmemoriarse con respecto a los destajos de soberanía, sobre la alcahuetería con palancas lubricadas por expertos. No olvidar las ceremonias de las genuflexiones, los protocolos de la ramplonería, las yuntas de bufones con saltimbanquis de fracs remendados. No olvidar a los sempiternos vendedores de verbos lindos y boquitas pintadas a lo putesco. No olvidar a los querendones del erario nacional y a los depredadores de arcas y arcones, exentos de arcadas. No olvidar el aroma de los enfermos olvidados en los centros asistenciales. No olvidar las estructuras de las ratas y sus almizcles para fermentar los ambientes. No olvidar las gangrenas, los colgajos, los tumores del hampa de altísimo coturno. No olvidar la vulgaridad y los espantapájaros de oficina. No olvidar las divagaciones a ultranza y los carpetazos y los puños que horripilan. No olvidar las trincheras para atajar las ronchas y en donde se cocinan arrogaciones e insolencias al por mayor. No olvidar a los vacunos que no alteran las verdades, ni a las vacunas que no preservan de las pesadumbres. No olvidar al olvido, ni a sus correlacionados aditamentos. No olvidar a los tiralevitas, ni a los tiranicidios, ni a los tirapiedras de antaño. No olvidar las suelas desajustadas, ni a las monedas que se mueven en las danzas licenciosas. No olvidar los andrajos, ni las tortillas chuecas, ni a quienes rompen y rasgan tus vestiduras.

 

4

NO OLVIDAR la cerveza en jarras, ni los jarretes de las mozas. No olvidar las charreteras que nos subyugan entre fanfarrias y fachendosos. No olvidar los mea culpa, ni los meados en los calzones. No olvidar a los “independientes” del cortejo de lameplatos multicolor. No olvidar a las “viudas” y “viudos” de las momias que defecan discursos que obnubilan la clara visión. No olvidar las roturas de los zapatos en el trajín de las marchas y contramarchas inútiles. No olvidar a los que juraron dimitir si no lograban pronto el regreso de la democracia. No olvidar a los demasiado confiados, a los caídos de la mata, a los ilusos por antonomasia. No olvidar a los andantes del senderismo fácil. No olvidar a quienes impetran por dádivas y por flores en el ocaso. No olvidar a los gatopardianos, a los traficantes de pachulí. No olvidar a los que evacuan en nuestras caras con derechos adquiridos. No olvidar a los sinvergüenzas tras los escritorios de petróleo y perfumes de los excrementos del diablo. No olvidar a los necrománticos del Poder que anuncian nuestro próximo fin. No olvidar a los maledicentes “periodistas” y opinadores de oficio a destajo. No olvidar a los obstinados que viven en el pasado. No olvidar a los neoculíes en sus menesteres de recogedores de basura comestible. No olvidar la plastilina de que están hechos los rostros de los torturadores. No olvidar escudriñar los proyectos de alto secreto que se preparan para destruirnos. No olvidar a los Judas de variadas pelambres y garras que comen en nuestras mesas. No olvidar no fiarse de pregones y arengas de falsarios resucitados de las catacumbas. No olvidar a los enloquecidos que hablan de contubernios con lágrimas en los ojos. No olvidar a los fabricantes de puñales, ni a los propugnadores de esclerosis. No olvidar que debajo de los caparazones de ciertos bichos existen púas mortales.

 

5

NO OLVIDAR ojear tras los tinglados de los delincuentes de la política. No dejar de tener en la memoria el hedor del espanto consumado. No olvidar a los asistentes permanentes a los festines de bazofia. No olvidar arroparse con fuertes sábanas de escepticismo. No olvidar que los partidos nos parten y comparten. No olvidar las justas llaves que abren las puertas del anti-infierno. No olvidar la existencia de los fervorosos del oportunismo. No olvidar imaginar contundentes letreros contra la infamia y la ignominia. No olvidar las picazones, ni la malaleche de los ruines prohijados por la ñoñería nutritiva. No olvidar los maullidos de la mayonesa, ni las cópulas del mecate, ni la obligatoriedad de ser naranjos con espinas. No olvidar las cárceles, ni su terror, ni su sevicia básica y estatal. No olvidar la génesis de nuestros males y perversidades de ahora. No olvidar las humaredas que enceguecen nuestras pupilas. No olvidar la polución debajo de los cuarteles. No olvidar a los chacales que devoran por las noches nuestra inestable quietud. No olvidar que en La Habana se alza un monumento a los siervos venezolanos.

 

6

NO OLVIDAR a los alguaciles y sus algazaras, ni a los desconcertados que les cantan aleluyas. No olvidar el almíbar que amaina. No olvidar la visita constante del amargor y su pandilla. No olvidar los abultamientos de los asesinos de ayer, de antier, del tiempo anterior y próximo. No olvidar a los torvos, ni a su apoplejía de signos humanos. No olvidar el templo de las ratas arrinconadas. No olvidar las arpías que sobrevuelan con formas de aviones. No olvidar los callicidas, ni callarse ante las tropelías. No olvidar a los carcamales que medran a la sombra de las corruptelas. No olvidar a los ciempiés que alargan sus pasos hasta nuestros hogares. No olvidar la chimenea donde se cuecen los bollos que ruedan por las aceras. No olvidar las preceptivas de los fiscales, ni sus hidrógenos, ni sus carbonos. No olvidar los sujetos del plural en franca minusvalía. No olvidar a los confidentes que viajan en bandejas sobre pedacitos de papel. No olvidar a los profesionales del perjurio que gozan de fueros especiales. No olvidar las “contriciones profundas” de los mercaderes de indulgencias. No olvidar inmunizarse contra los pelos en la lengua y contra los autores de alquitranes. No olvidar trasladar los cadáveres ahítos de gusanos a sus jardines domésticos. No olvidar los trastos de los hijos de puta en sus cocinas con estacas de verdor. No olvidar al de menos con adoquines y al de más con contrabandos y usuras. No olvidar a los amontonados por la seguridad del Estado. No olvidar a los comediantes parlamentarios, ni a los antropófagos de la crisis. No olvidar a los descuajaringados semanales, ni a los descriptores seminales. No olvidar a los síntomas para permanecer despiertos y evitar el rapto de la lucidez. No olvidar a quienes se deslíen en sus propios fluidos de incongruencias. No olvidar a aquellos que viven metidos dentro de sus cinturas y no salen por temor a extraviarse. No olvidar al gato y al ratón, ni a las palabras que presiden al queso. No olvidar las cerraduras de los diputados que se les oxidan en las bocas. No olvidar de dónde vienen las balas y los dolores y las dobleces de las magistraturas. No olvidar los enemas al momento de pagar los impuestos. No olvidar las cachetadas en los entierros. No olvidar a quienes dijeron “dentro de poco…” y en la actualidad perdieron la memoria. No olvidar que lo imprescriptible nunca se olvida.

Wilfredo Carrizales
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