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Entre el ahora y el entonces

lunes 18 de noviembre de 2019
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Textos y dibujo-collage: Wilfredo Carrizales
Entre el ahora y el entonces, por Wilfredo Carrizales
Dibujo-collage: Wilfredo Carrizales

1

En esta hora el arrepentimiento es una herida y los fantasmas se percatan de lo que ocurre. Ha salido de la casa el ayer: lo he dicho, a horcajadas, en reposo. Las existencias visitarán desde mañana, pero todo será un estropicio. La materia parva tendrá que ir de un lado a otro. De vitriolo se azuzan los celos. Además, ¿para qué tenerlos? Ahora un juicio y mil ofensas. Ya no mora la libertad ni se levanta de su silla. Vísperas para que mueran los que no sanen. ¿Dónde lo humano tan cerca? ¿Tan comido? Los avisos se han perdido ya. Cualquiera podrá verse en ellos.

 

2

Al fuego y al pasadizo. Que amanezca a millas de distancia. Tras la retaguardia o tras las cadenas. Lo mismo da y el ciego, al hoyo. Ventanas buscando la calle: inutilidad y desdicha. ¿Cuándo frutecen las niñas? ¿Cuándo entorpecen sus pezones? ¡A beber con las pruebas del llanto! Cóleras arrimadas a las paredes para su consagración. De trecho en trecho y las rabias se aplauden. Cojos por el piso, boca contra boca, culo frente a culo. ¿Por qué no orillar los pies para que se espesen, para que prosen? Los lacayos desfilan con sus nuevas guayaberas. Y los gusanos les picotean los belfos.

 

3

Acá los señores y sus panzas. Allá los famélicos y sus cáscaras. Buenas noticias que resuenan dentro de los baúles con orín. Grandes voces para grandes fiestas. Y el uso del castellano, plebeyo como el primero. Se crían panes con forma de espadas y las lenguas se cercenan entre maravillas. ¿Alguien desea una golondrina de tierno agrado? ¿Los poetas áulicos en su besamanos servil?

 

4

Alguno se remedia con los cristales. Sucede y por suerte iba. Los bellacos saben de mixturas. Por allí llaman a las papillas pendientes. Blandos sus gustares; suaves sus entretenimientos con balas. Los testigos se apoyan en sus bellas esperanzas y gimen y rumian y taconean sobre el enlosado. Han nacido los hombres del orden, los del amado nervio de pus. El miedo se blande sin prisa alguna.

 

5

Andar entre naranjadas y cojoneras. Los días se tornan en mantequilla: anarquía para los labios. Acabemos mientras nos gobiernan a patadas. Las estrellas dicen sí y más síes que un puerco en su dolencia. Excelsas virtudes de los dueños del armario. Andan errando; andan herrando. ¿Cómo desanda el horro? ¡Ah, pero existe la solidaridad de los desiertos y de los cactos! Furcias y banderas partidarias y risas debajo de flores cagadas. Andan las criaturas rodeando el crimen, solícito.

 

6

Ante sus botas, la genuflexión. Regresan una y otra vez las indicaciones. En breve, todo nos sabrá maduro y la sopa, su merced, será de tajos. Se alzarán las cruces hospitalarias y los muertos con sus geometrías escogidas y los alacranes, ensombrecidos de amor, mayestáticos, morderán sus sábanas.

 

7

Bajo lo que brota, las trompetillas para el demagogo. Una torre volando, torva, mientras maúllan las viejas de la erisipela. Las bendiciones se bambolean en medio de las ramas. Aquende los aposentos se colman las tardanzas. Se inundan los canallas con sus acentos soeces. ¿A quién le hace mal un silencio sin reglas? Muchos sangran en mitad de lo sagrado, en tanto que debajo las licencias se escapan por las mirillas. Los miembros se eligen a sombrerazos y en el manteo.

 

8

Cada soberbia truena en su horizonte. Los enanos gimen para afondar los muelles. Sienten los rotos el soplo de los símbolos de cuero. Salud a gotas y abriéndose el pedal de lo informe. (También soy, si voy). La escopeta se posee a tiros y con tino se desgracia. Están por echarse a rodar las navajas, al margen de las gargantas resecas. Se aborrascan las puestas de los faroles falsos y, a menudo, se sirven quienes se sirvieren. Los salarios son conocidos, vayan donde vayan. Los gozos suman diferencias con las putas sobre las camas desnudas. Los discursos se tallan con arrugas de guijarros.

 

9

Caen de burlas y son exactos sus pareceres. Los gobernadores se llagaron con las espaldas de yeso. Sus accidentes sufrieron de sus conocimientos. Se prometieron sarmientos y lograron raíces cortadas. Sus amadas eran llenas de gracias y de grecas y husmeaban con los afeites del cazo.

 

10

Acentos en la antepenúltima sepultura. Materias para los venenos y los pecados rastreros. La indignación con atrevimiento y una guerra en la animalidad del momento. ¡Serenas las luces y los fuegos tan fatuos! Los pobres se enriquecieron con el triunfo de las sombras. Los cortados de aliento descendieron en la sequedad. ¿Qué elegía el cuerpo sin alas? Un pecho aledaño en lo firme, pero tristón y pausado. Las carnes partieron indispuestas y sangraron sin prisas y emulando lirios.

 

11

Como también se come, de un nacimiento, la muerte. La cobardía se halla en la nuez vómica. Se adormecen los pensamientos con los discursos baratos y los malos alientos. Venteros varios, sin ley y sin efectos. Los mansos tiran de su oficio y, bueyes, alcanzan los mandatos. No hay que profanar las escrituras ni los diálogos. Sobre las mesas se cortan los caprichos. Unos ejercicios de obediencia y unas retribuciones en cajas cual criptas. Son únicos los refugios, como si nos convinieran. Y pronto somos tan iluminados que nos aspavienta la ceguera. Debemos admitirlo: la aflicción no es sólo para los perros. Estando los prohombres en sesión, la insolencia acaba con todo.

 

12

Con tormentos se fundan naciones. Con torturas, la edad se apasiona por la fortuna. Son principios que responden al hombre común, al amo de casa. Si no les dan diamantes que pidan oro. La caridad es un desagravio y un don de la patria buena. Con dientes y con lenguas se ventilan enormes proyectos. Despacio, muy despacio, se asocian los salteadores. Las señales del acuchillamiento llegarán, expeditas, a todas las puertas. Los puentes con los prójimos y las sentencias en los bolsillos de los jueces. Había mejores candados y se perdieron. Ahora se acredita la bondad del dictadorzuelo.

 

13

Habíamos de lastrar los arrullos agostados. La vergüenza se fue rebullendo, soltando locas sonatinas. Las dentaduras postizas se construían para personajes píos con rostros de polluelos. Los encumbrados no se reprimen en sus crueldades: resuelven así los enigmas de sus vidas de entrega. Los arrobamientos fecundan sus traseros de yeguas… Empero los salvavidas se echaron a los guaires y sujetos pescados se volvieron. Los asesinos bermejos no pudieron ser habidos y se brindó por ellos en copas finas. Nunca hubo dones más excelsos, ni florituras más rutilantes.

 

14

Zarpazos trenzados como criznejas. Y se despluman a todos los pollos capones. Tampoco las pipas han dejado de funcionar, haga frío o haga calor o haga burujos sobre las corbatas. Porque se entra por donde se introducen los banqueros y la sintaxis cómplice es el alma temida. Los postes medio chorrean sus luces en las ciudades sobornadas de antemano y los ideales fascistas se calcan de lo inmenso. Las triquiñuelas crujían por doquier, mas nadie las oía. ¿Se darían pactos los buitres?

 

15

Eran las sentencias equívocas los dogmas de la nación arrodillada. Los buenos platos se cataban con ayudas desde las celdas de castigo. Zafarranchos permanentes tras las cortinas rosadas. Un hablarse terso para las cosas del dolo. Recados a la nueva república donde iban ilustres hijos de las raterías. Los fieles paladines orinando al pie de los cañones de atrezo. ¡Tan mayor lo que enseñan esos hombrachos con holoturias! Hasta que los alcance el rabo con pólvora y la plegaria del olvido.

 

16

Hacia las tardes de tres por cuarto. (Asia: persas y chinos y uno que otro mongol con cara de ruso). Relampaguea sobre las corvas. A los puertos llegaron las entrañas de los animales. Hacia la derecha las víctimas vencidas. La derrota sesga la noche con sus proyectiles ejecutivos. Diríase experimentada creencia, pero no: en los cráneos avanzan las tormentas ahuecadas. Un cuadro se angosta. Parcas son las mortajas del territorio de los bramantes y los pupilos forman rimero.

 

17

Astutos políticos con los pelos de punta. Mueren aunque no venzan y luego resucitan y cobran por sus mesnadas. ¡Encantamiento del vulgo y celebración de bandidos! Hasta las rodillas la barbarie que se muestra. La otra, la oculta, queda a buen resguardo. Un Estado para aliviarse las tripas y santa terraza para los penes sin pelo. Bajo las faldas se les quiebran los dientes y los labios lloran de emoción.

 

18

Ases de la mediocridad en las plazuelas. Van a sus asuntos y vuelan y traspasan y se duelen. De las flaquezas no desaprovechan las oraciones. Entre la mugre y el entonces; entre lo no fortuito y lo secular de la molicie. La casta revolución asiste a sus exequias y los chismes apremian.

 

19

¡Jamás ha faltado el hartazón ni la contentura de los desahuciados! Mínimos hechos que hablan de las limosnas y los benefactores: caballeros rozagantes con leales himeneos. En fin, que los confesores hozaban y gruñían con resistida paz. Cosas que se granjean escudos y parapetos con control mediante. La belleza se levanta apoyada en sus iconos de duermevela. Aun sus ejercicios son realistas y se cincelan encima de finísimas morisquetas del chapeo precoz y luctuoso.

 

20

Entre el entonces y el ahora, a corta distancia de los llamados a la defensa de los privilegios. Tal y sólo probando. ¡Ah, amados por todos los lavadores de dólares del mundo! Inmediatos ataques: a las cloacas. Atisbos de insensatez: a las honduras. Pero de los talantes se hicieran hilazas, huesas y mordazas. Pero íntimas las realidades de los putrefactos. Quisieran matarnos para emputecer más sus suelos. ¡Y el conflicto de sus entrañas habla y pregona por ellos! (Los antagonistas bailan, al desgaire, el bolero de la amargura y se quebrantan las cinturas, atribulados, sombríos).

Wilfredo Carrizales
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