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Estampas de fin de año

lunes 30 de diciembre de 2019
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Textos y collages: Wilfredo Carrizales

Tractores y detractores

Estampas de fin de año, por Wilfredo Carrizales
Collage: Wilfredo Carrizales

1
Tractores

No arrastran a ninguna parte y el conductor lanza su imaginación sobre carriles. Él les da nombres a las formas que se organizan en tubos y que se alargan a través de un tiempo que se desliga del espacio. Su evangelio quisiera ser de cabrestantes, pero sólo se vehicula a través de los días cantados. La tradición es heredada de trecho en trecho y de zanja en zanja.

Explicarlo todo para continuar marchando con los arrastres. La tracción genera hélices que son móviles cuando logran la unidad. La negativa constante gira y se envuelve en su locomoción sin fórmula ni cadencia. Con el motor abierto se concibe una carencia de humo y curvaturas.

Respuestas a la hora del gallo madrugador. Entonces pueden aparecer los traductores más audaces y si sienten antipatías las trasvasan con embudos y nada mueve a risa, según se cree.

Complicaciones al arramblar las hierbas secas hacia lo desagradable de la estación o de la era. Los tractores acaso infundan terror porque también tragan piedras, terrones y reverberos. Al fin, los mirones quedan persuadidos de que son meras impresiones causadas por el calor. No obstante, alguien no admitirá los hechos y hay que derramarlo hacia dentro hasta que descubra el surco de donde procede.

 

2
Detractores

Separar a los detractores para mofarse de ellos: vieja fórmula que no pasa por detrás. La cosa sale tocando las calles y nadie calla. La crítica como detonante para peculiares explosiones en la sociedad que nos adoctrina. La deshonra nos desvía y nos llega a torcer para que no volvamos.

Está más lejos la desacreditación y su valor contrasta con lo que apenas perturba. Detractar incluso con dedicatorias. Un estampido para difamar y establecer las aversiones del caso. Fuera puesta la inacción, pero se rebalsan los atrevimientos. Después pesan las repulsas. ¿O se distingue lo execrable?

Maldicientes que quebrantan la salud. Allí tienen sus marcas concedidas. En ausencia de ellos, cientos los suplen y el rechazo no hace bajar el rendimiento. El que detrae a la velocidad del escozor gana prestigio y consolida su entrega. Si frota mucho, detritos amontona.

Dícese de la destrucción por la infamia y amanecer con ella como sábana obligada. Implica parámetros no ocultos, nueva existencia que pretenda convocar un auxilio que nunca acudirá. La violencia arrastra la moral con sus cordones de silencio. Los derroteros no se justifican, pero extienden el desequilibrio, lo ineluctable, el modo de la erosión y la fatalidad. Los detractores se obligan para ser parte del estado emocional y general y no desvían sus residuos ni los objetan.

 


 

Actuantes

Estampas de fin de año, por Wilfredo Carrizales
Collage: Wilfredo Carrizales

1

La mujer pone mala cara y actualiza su carácter. Se conduce según lo que está viviendo: la han abandonado a la acción del óleo y eso la relaciona con lo inseguro. Ella no quiere ser destinada a la exhibición. Entonces se realiza y se apropia del cargo que debe expresarla a cabalidad: escrutadora de horizontes, con rectitud y delicadeza, y con las orejas aguzadas para no perder ripio.

 

2

El jockey actúa en su sitio y en su momento. Se conduce en la pista del hipódromo con el imperativo del triunfo, pero olvida que el caballo trabaja para su propio interés. El instinto le trama los belfos, le entorpece las patas, le obnubila la vista. El equino se aplica a una actividad “de bulto” y, por ende, siempre resulta perdedor. El jockey le tira de la crin y le da patadas en las ancas. Sin embargo, aún concibe esperanzas y. al cabo, perdona al animal y le da su medida completa de alfalfa y avena.

 

3

El mozalbete cruza las pistas —cualesquiera que sean— sin mirar hacia los lados. Algunos opinan que es un trágico; otros consideran que es un alelado. Él mismo se siente un protagonista de lo fatídico secundario, aunque ignora el significado exacto del término. Con todo, al mozalbete jamás lo ha atropellado un caballo, ni un automóvil de carrera, ni un ciclista en plena aceleración. Él interviene en actos mínimos, con los pies anchos y el alma alargada en su derecho de diligencia.

 

4

El operador del microscopio —después de tantos años manipulándolo— tuvo miedo a equivocarse y lo apartó a un extremo de la mesa de trabajo. Ahí, desatendido, le surgieron grietas y microorganismos. Otro técnico trató de remediar la situación y, al enfocar, dejó él de ser visible para el circuito de este lado.

 

5

El recluta recula y se cuadra ante un superior que inspecciona el ejercicio militar. Ambos se portan como histriones y se burlan con reciprocidad. El recluta se hace el bufo y su superior le replica en tono de comicastro. Así transcurren varias horas de la tarde hasta que, de modo inesperado, hay un zafarrancho de combate y los dos miembros del ejército se atropellan y convierten en desastre la parodia de la paz.

 

6

La Gioconda observa, con aquiescencia, el variable lugar de los diferentes asuntos y esboza una sonrisa que quisiera catalogar de “enigmática” para sus potenciales admiradores e intérpretes. En realidad, ella quisiera ser “la dama incógnita”, pero ya la fama que lleva puesta es tan notoria que no puede pasar desapercibida. Parpadea casi de modo imperceptible y en el acto recuerda aquel año cuando desapareció durante doce meses y un ligero rubor le rosea las mejillas.

 

7

El astronauta descendió sobre negra arena, la removió con las manos enguantadas y extrajo algunos almagestos. Retrasó el ascenso y se puso a escudriñar los tratados antiguos con sumo cuidado, buscando latitudes y longitudes ignoradas. La puesta del sol tardaría algo en ocurrir y a él le interesaba ubicar la cabeza del dragón. De momento, los agujeros oscuros ya no le hacían sentir inclinación y con un péndulo señaló las efemérides. Se dio por satisfecho y se comunicó con la nave en órbita para que lo rescataran.

 

8

Hace memoria el viajero y el esfuerzo lo empalidece. Recuerda las escenas en que una especie de carros de combate le aguardaban con sus respectivos conductores. Mas no logra tener presente la época ni la topografía. ¿Acaso Asiria durante el dominio de Assurbanipal y su cruel dominio? ¿Tal vez en el tiempo de Nebukadrezzar (el Nabucodonosor bíblico) y la eliminación de los asirios? ¿Quizá en el período del advenimiento de Urukaguina y sus reformas políticas y sociales? ¿O con escasa probabilidad mientras los hititas formaban su primer imperio? La cabeza le da vueltas al viajero y no consigue ubicar las escenas que lo persiguen a todas partes. ¿Dónde estará la lógica de su estado actual? ¿En el exceso de lecturas de historia antigua o en el abuso de mirar películas de Cecil Blount de Mille?

 


 

Desarraigados

Estampas de fin de año, por Wilfredo Carrizales
Collage: Wilfredo Carrizales

1

Sus afectos se extinguieron y ya sólo resta despedirse del lar. Perdieron la casa de la seguridad y ahora los caminos van descubriendo sus destinos sin rumbo. La familia fue anulada y ganó el desánimo.

 

2

Los arrancaron de raíz con movimientos rápidos y fuertes. Desarmaron sus arboladuras. Liquidaron los intereses que los ligaban a las toponimias establecidas por ellos. Extirparon sus amores, sus viejas querencias y los empujaron hacia las corrientes que los terminaron de desarmar.

 

3

Las pasiones domiciliadas en sus pechos debieron soportar el destierro. Sus domicilios, desarrancados por la cólera y el odio de quienes babeaban espumarajos de perros infectados con mal de rabia. Desasados, levantados con brutalidad de sus asideros y arrojados hacia un mapa de itinerarios de vilezas e ignominias.

 

4

Segregados con todas las anormalidades. Apartados de la opinión ciudadana. Desapuntados de las listas donde figuraban sus antecesores. Enredados en el algo confuso de una patria inexistente, malvada y adicta al crimen. Desmontados de sus alientos de prosperidad y vitalismo.

 

5

El desahucio sin la medicina para sobrevivir. Ningún desarraigo de los vicios en el mecanismo de la huida. Estaban desestacionados tras las pérdidas de sus brújulas de ocasión. La repugnancia al desapego parecía un desaliño que, infructuoso, se encajaba con espinas.

Wilfredo Carrizales
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