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El gran jefe

lunes 3 de febrero de 2020
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El gran jefe, por Wilfredo Carrizales
Collage: Wilfredo Carrizales
Textos y collage: Wilfredo Carrizales

1

EL GRAN JEFE cuida su jerga y sus ejercicios de matar y su vientre amarillo donde administra el veneno; aplica la mano izquierda a la política y la derecha, a la jaculatoria; mira a los bichos con cara de distensión, pero su cerebro hierve de ira; opina sobre lo que no sabe porque le sobran los aduladores; allana el terreno para infundir terror; sabotea los acuerdos que no le convengan; tritura a los críticos, a los disidentes, a los recelosos; sufre de polifagia y exalta su condición de polígamo; se desmesura hasta en los asuntos más fútiles; ordena pegar trompadas a discreción.

 

2

El ATROZ CAUDILLO impone sus argumentos insustanciales y vanidosos; exalta su figura hasta el gigantismo; se bandea para estar siempre sobre la viga maestra; empapela los procesos o expedientes donde aparezcan involucrados sus amigos, asociados o parientes; no arriesga su pecho por nadie; se beneficia de los privilegios y le saca provecho a su ventajosa posición; embotella a sus enemigos y los manda arrojar al mar; se declara solvente en todo momento y blasona con los labios estirados; deambula por el palacio porque no confía en ninguno de sus ministros.

 

3

EL MAGNO MANDÓN trasuda cuando queda solo en su despacho; mama a placer las tetas de la res pública; navega de incógnito hasta sus islas amuralladas; pule su reloj de oro a cada instante; detecta de inmediato los errores de los demás, pero jamás los propios; gasta las horas en levantarse estatuas por todo el territorio nacional; sangra resina por las ocultas heridas y pugna por esconderlas; se nutre de los resúmenes de ciertos libros y luego ostenta su profundo saber; pimpla licores exquisitos e importados para que brote su flamante ingenio de histrión; se echa a reír de sus insulsos chistes y observa a su alrededor para cerciorarse que todos lo imitan; apremia por dinero que nunca se justifica; fragua proyectos fabulosos que sólo se realizan en su mente desquiciada.

 

4

EL TREMENDO LÍDER se supera a diario en sus trapacerías y mentiras; menciona de continuo fechas y nombres que no existen; predica el ahorro mientras él avanza sin freno en su condición de botarate; se zafa de ser salpicado por escándalos de corrupción y asesinatos; accede a las bellas mujeres que se le cruzan por el camino; se refiere al cielo como “mi ostra azul que me protege”.

 

5

EL RESPETABLE CABECILLA ama los desafueros, las injusticias y las desvergüenzas; brinda con frecuencia por sus lustres de guerrero; expone en todos los escenarios su estilo declamatorio e insiste en recalcar sus innumerables méritos; enfila contra los honestos y los probos; rompe las más elementales normas de convivencia y enarbola la mendacidad como banderola de combate; se toma su tiempo para retrasar medidas urgentes; vulgariza cada cosa que toca, cada tema que alude, cada tópico que menciona; muge entre arrebatos de furor cuando le sale mal alguna jugarreta.

 

6

EL COLOSAL MANDAMÁS se acordona de ignorantes y jenízaros quienes adoptan sus tácticas de revueltas y motines; se sume una que otra vez en el más absoluto misterio para luego detectar a los posibles conspiradores en contra suya; decreta que lo invistan de doctor honoris causa e inquiere por más títulos que le vendan en el extranjero; practica de continuo tarascadas contra sus ujieres, guardaespaldas y escoltas; blanquece la oscuridad con su insólito poder y después se sienta a contemplar su obra; se deja de cuentos ante actos de traición y descabeza con rapidez la sedición en puertas; el agua tibia no le produce escozor y la usa en ingentes cantidades para sentirse limpio.

 

7

EL IMPONENTE ADALID disimula con destreza lo inane de su personalidad; abusa de la abyección mientras bosteza y se atusa los bigotes; somete a la población al escarnio continuo de la lectura de los bodrios que escribe bajo el título de “pensamientos políticos”; le ladra a la luna llena refugiado tras las cortinas de su balcón; se endosa la charretera en ceremonias especiales para impresionar al cuerpo diplomático; se molesta si encuentra maletas abiertas en las habitaciones de sus amantes y concubinas; ajusta y selecciona las escenas para los montajes donde aparece como prócer y benemérito; asiente que el otoño le llegará en algún momento, pero la idea la aleja con repulsión.

 

8

EL SOBERBIO DECURIÓN razona separado de la ponderación y la cordura; machaca hasta el cansancio los mismos argumentos año tras año; incita a desconocer las leyes para él mismo perdurar ad infinitum; respira de modo tan brutal que despoja a los concurrentes del necesario oxígeno; expropia lagos y montañas, sabanas y ríos, islas y selvas y luego se los regala a sus conmilitones; sopla los cachetes de las azafatas como si les estuviese soplando las nalgas; tuerce los ojos cuando finge salmear para impresionar a los crédulos y fanáticos; aparenta ir a la zaga con la aviesa intención de apalear a los adelantados; colecciona malandanzas con destino a su biografía privada.

 

9

EL ÍMPROBO COMANDANTE saborea las marrullerías que le abren, con desparpajo, el apetito dictatorial; se enjuicia trepado sobre su parapeto castrense y se eleva hasta el nivel de las águilas del tesoro; alienta el impudor, el cinismo y no se abstiene de encasillarse; madruga y vigila a su personal y lo constriñe a dormir y comer poco, con la excusa de “mantenerlo ligero”; no acata sanos consejos porque podrían mermar sus facultades de mando; refrenda las imposturas de sus aliados para que encajen mejor en sus intrigas; regaña a los generales hasta hacerlos palidecer.

 

10

EL GRAN JEFE da un paseo de incógnito por semana y viste a la moda de Nueva York, aunque diga que aborrece a esa ciudad; exterioriza su discapacidad a la hora de enfrentarse a periodistas acuciosos; no consiente abucheos por su pésimo desempeño al frente del Estado y arroja sin contemplación a la cárcel a la gente que protesta y lo adversa; no intenta reducir su dureza y no varía sus métodos despóticos; organiza competencias de fútbol y ciclismo que ostenten su nombre y entrega a los ganadores unos retratos suyos enmarcados y unas medallas de malísima aleación.

Wilfredo Carrizales
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