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Escenarios en proceso

lunes 17 de febrero de 2020
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Textos y collages: Wilfredo Carrizales

A

Escenarios en proceso, por Wilfredo Carrizales
Collage: Wilfredo Carrizales

1

Ilusión de una esciomaquia bajo un ambiente que aplastaba. Amanecía con la idea de aprensión y nadie esclarecía desde las sombras o los círculos de la alucinación. El arquetipo de la sospecha ocurría en los adentros de la inmadurez. A impulsos se insuflaban los rudimentos que trasoñaban. ¿Para qué antojarse de fantasías tempranas? ¿Mejor no era un espejismo refigurado en la impresión de alguna pátina? Los límites no podían volverse mordazas, a pesar de los piojos postergados.

 

2

Tras el marco se divaga acerca del delirio del mamparo. En tanto se vayan yendo las lumbres se mecerán las médulas y todos padeceremos por la no normalización de los nimbos. ¿Quiénes pajarean con los olfatos a pedir de péndulos? A través de las rehendijas se logra descifrar el espectro del nácar. Las precauciones y las pruebas deberán rascarse o pulsarse para insertar los quebrantos.

 

3

Un decorado de intuición entre bastidores. ¿Se exceptuará la tibieza de la imaginación con un arte de cabañuelas y con un tabernáculo que inaugure quimeras? El desacuerdo se ofrece para el resguardo finito. Lágrimas y noemas incitan al regocijo sobre la cumbre del rastreo y un puñado de moscas pierde hasta el saludo obligatorio. Miradas sólo para los viajes, aunque vengan mortajas.

 

4

El fondo con trastos y un peligro que recaiga en las ranuras. Los vínculos se escinden por avanzar a la zaga. Nuestros adversarios no se achican: aprietan sus agujas para echarnos al interior de la caducidad. El viraje resulta una tarea que tiende a aliviar los ábacos y a cargar las cifras hasta la fecha de los esponsales de mentira. Se rocían los atisbos con un goteo de mixturas y cascabeles.

 

5

Entendimiento grato a la tramoya, sin premura ni poquedad. Se vencen los altibajos con las cabuyas de los epígonos. Lejos del fastidio, la elegancia y no hay tropiezos que sirvan. Escarbar para hurtar las guindolas de los hoyos en un arrebato de geminaciones. Fantaseando e ideando imbibiciones. Luego cuidar los eufemismos a favor de los despojos, evitando asechanzas como faenas para distanciar.

 

6

Se nos conceden las bambalinas y ciertos búcaros. Nos agolpamos con los agentes de las mutaciones y del aplique nos atribuimos la cordería. En consonancia nos anegamos de bálsamos y audacias. ¿Alguien fortuito husmea la escena? ¿Se le forja un fracaso? Desde un cobertizo se difiere la cera. La variedad de escaramuzas no tardan en combinarse y lograr su propia entidad.

 

7

Abandonar el montaje, ambular entre anaqueles, sobre alfombras, antes de que arrebate el apagón. Un desasimiento para el despliegue: acaso se alivien las ánimas. La invención de las entelequias cunde y empina los embrollos. Algunos gustan de hender las hebras; otros prefieren hacinarse entre flocaduras. ¿El demonio maldice y malgasta su fortuna? ¿Es necesario reparar en ello?

 

8

Ante los telones se prefiguran ofuscaciones con la intención de que inhiban el curso de los reclamantes. Aun más que las botonaduras se atrasan los asientos y el internodio no se prestigia ni un ápice. A la manera de los intérpretes se destajan las cosas a renglón seguido. Variados conceptos son insertados por quienes se redimen con las orejuelas por medio. De una canasta salta el asma.

 

9

Una devanadera en otra y por encima de ambas una adaptación que nunca será jugada. Suelen desvirtuarse las conjeturas en el arcén de los lapsos por vencer. En un quizá se decoloran las contingencias y las magruras quedan oscilando, a la espera de que las desentrañe el histrión del albornoz. Pero si da de bruces, el ocre se le hunde hasta hacerlo señuelo y pintarrajo.

 

10

Melampo que muchos desconocen y temen escalar el sigilo de su turgencia. Se promulgan los cartabones en las cámaras y nos cansan los alijos de extravíos. Anterior a cualquier ocurrencia los integumentos deben ser previamente soñados, deben ser las ficciones sin antojos. Múltiples engrudos devienen en estigmas de las criaturas que han sido cegajeadas por astillas que vibraban a un compás obsoleto.

 

B

Escenarios en proceso, por Wilfredo Carrizales
Collage: Wilfredo Carrizales

1

Colgaderos en los fosos, de cierto, y una manivela de niño que se trastorna y perjudica. Improntas para despedrar, sacando adelante las inflamaciones de las ganas y los pruritos. Cavar, en todo momento cavar, hasta localizar los aparejos de las comedias. (Se recomienda humear para esquivar los plintos de los extremos). En las portaladas pertrecharse, según y conforme la gracia asequible.

 

2

Faldetas en pos de arruinarse. Entretanto las jaquecas califican para ingresar al sitio donde puedan ventilarse. Fuimos los significados que, de improviso, nos desmembraron. Las represalias exacerbaron los aparatos de la intolerancia. Por la severidad, la matemática se enganchó al peso de la pútrida autoridad. Descendieron los frenesíes; se prolongaron, in extenso, los aplausos.

 

3

Al escrutar las candilejas se doblaron las cajas y se aceptaron las dulzainas en los brindis fatigados. ¡Qué de presagios y mortecinas! En secreto, las paradojas anexadas a los objetos rodantes y las mansiones de cartón entregadas a los falsarios en actas. Los espectadores en el lado de los esmaltes; sus estupores, optando por las ofensas. Unas alturas para el desempate y nulas confianzas.

 

4

Apliques para los escientes bajo el decorado que retorna de aburrimiento. Fuera, las pruebas, las detecciones, los cuestionarios al calco. ¿Papeles para tentar a los únicos, a los imprescindibles? Alguien tiembla con el tema que no escandaliza. No importan ni el siempre ni el cuando ni el lugar que daba los estirones. Se niega la paz porque jamás ha sido. Una hora en el culo de una maceta.

 

5

Bofetones y amarras y trastoques de pasos. Un trillón de correcciones al garete, a la medida de los compulsados. Así se deciden los guiones y a remolque con los calzados. En los puños, las marqueterías harto condicionadas. ¿Y cuáles ámbitos soltando gravedades? Deberían transigir los parches y separar los apéndices para aprender de otro modo, con mínimas roturas.

 

6

Tablados que evolucionan y que permiten a los carretes colmar los estuches con películas de hilos. (¿Por qué nos largamos cada cinco minutos, si la helada trajinaba con limpieza?). ¡Tal vez pasaba aquello, reflejo de lo otro! Los bichos no despertaban: ninguno dormía. Los hombres ya no creían en las crecientes y se arrancaban los pelos. En cuanto a alharacas, el ritual continuaba.

 

7

Los arrojes y los escepticismos: una misma naturaleza para desbastar. Hubo conversiones; hay cabeceos; habrá suspensos. Cada vez más, la turbidez. Los guardias muy principales y los bachilleres creando híbridos. Del eterno elogio, la verdad como eslogan. Grafías de la hostilidad; preñez de los rivales. Y las tildes más ecuménicas, malditas hasta alcanzar las dudas del parloteo y la memez.

 

8

Apariencias sin baterías y ¡ay! del que no mencione las digresiones y los gorjeos. ¿Qué nos impele a las tiernas obligaciones con los héroes imberbes? No se admiten las sillas de tijera por miedo a cortar los diálogos. Sin embargo, las caretas funcionan y los aficionados acentúan sus pasiones hacia la cólera y el carbunclo. Aunque a ratos la desesperación hace trastabillar. ¿Querrá la panza?

 

9

No faltarán los solapados en los proscenios. Por de pronto, no existe melodía que refresque. De lo que se habla, cambia y suma procacidades. ¡Al mobiliario, a los cuadros, al hospital! ¡Hágannos reír y atajaremos las bestias citadinas! Nos reservamos el derecho a meditar sobre la paternidad de los hambrientos. Si tenemos malasangre nos sobrarán los apoyos y las bondades bancarias.

 

10

A ráfagas los aforos carentes de aforismos. Que lo inenarrable depende de la pluma. Que los tumbados aportan más esquelas. Eso motiva la oralidad y las despedidas. ¿Importunan quienes motejan a los locos y les regalan caramillos discordantes? Muy lejos andarán los rostros habituados al énfasis de la velocidad. Acá, en las gradas, los manumisos pescan concubinas y las magrean.

Wilfredo Carrizales
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