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¿Qué se reprocha?

lunes 18 de mayo de 2020
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Textos y dibujo-collage: Wilfredo Carrizales
¿Qué se reprocha?, por Wilfredo Carrizales
Dibujo-collage: Wilfredo Carrizales

1

EN LAS ADYACENCIAS la señora sufre su advocación y llama a su defensor en la templanza. Todo indica que no mira lo que hace. El aire vuela con las mercancías espirituales. Las señales han sido fugaces y consisten en reducciones al absurdo. Que sea mínima la resistencia no quiere decir que los pulmones deban padecer el suministro de los respiros. Cada uno que se dedique a comprender las advertencias que suelen pasar como desdichas. La consagración equivale a un canto de flatulencias.

 

2

APERCIBIR LOS CONSEJOS aunque afecten los cansancios. Mucho asombra el estar pendientes de las bocas abiertas y los descubrimientos de los ignorantes. Las llaves se administran más allá de lo sacramentoso. Al ver las elegancias de un clavo, un broche, una mochila o una hebilla hay que dirigir los suspiros hacia el lugar de los acertijos. Un objeto designado encuentra su categoría con una simple insinuación. Quien subasta su juicio logra ceugma por donde asoma el rostro.

 

3

CUANDO EL SOMBRERO aprieta sobrevienen dos haces tras los faroles. Se sueltan los ojos y se evita la vista. Así se llora por los dedos hasta que las ascuas emboten. Por los extraños, cualquier traspié es válido en la calle. La inminencia para resbalar queda, de modo pleno, al descubierto. ¿Para qué inhibirse si desde la instancia superior se infiltrará el magma de la inocencia? Sin valor de marcha no se acarician las buenas ideas ni se acaramelan los labios en actitud de entrega.

 

4

SABE LA GENTE exponerse entre cuatro paredes. El conjunto integra un adorno moral. Se elogian las almas prudentes al abandonar sus enfoques diarios. Al alcance de la voluntad fiestas y ayuntamientos. No es aleatoria la incertidumbre: no puede retroceder cuando se presenta. Prendida con alfileres avanza la prudencia y bajo los balcones se resguarda. Algo repuntará con sombra y la fortuna se acalorará de acuerdo a sus propiedades de alboroto.

 

5

ALGÚN CASTIGO habrá para los que no aligeren sus dientes. Mutará el envés del polvo y la vitalidad de las alimañas saldrá a relucir, inscrita debajo de las botas militares. ¡Alabado sea el suavizador de rulos! El alimento del cuerpo se fortalecerá con saliva y harina, mientras resonarán los claros clarines del poeta aliterado. Entonces todas las mujeres se promoverán llorando y los hombres les allanarán las condiciones mínimas. Los hablantes, quizá, atizarán las lumbres y comprarán lentejas.

 

6

MARCIAL POR EL ALMANAQUE y muertes que coinciden en sus fechas. Los derechos para ser golpeados, desaparecidos, ultrajados, descuartizados, pateados… Cae la sangre con su alternativa de descomposición sin altibajos. Una de tripas y la otra de heces. Hablas que escupen y las injurias en su densidad habitual. Lo expeditivo de las balas sobre nosotros, agujereando, traspasando habeas corpus. Del cerco que proceden los guardias, sicopatías y podre.

 

7

APIOLAR LOS COLGAJOS parecidos a colas de asnos. Sobran los gloriosos a punto de ser apilados. En los despachos saben de cuentas y de cuentos. A las horas aperreadas  les redundan los ingredientes de los mordiscos. Alguien podría roerse el cuello y nadie se enteraría. ¡Que se abran los que están adentro de los sacos en caos! Se confirmarían los desmedros de las apoyaduras patriotas. Los aderezos oprimen los timbres de voz y los aflautamientos  son ceñidos con burdas argucias.

 

8

RAJAS EN PROVECHO y las vendimia tanto un hermano mío de tragos y truenos. Los mancos nos llevan ventaja, pero a tablazos les paramos los trotes. Al cabo, nos damos bien y algún santo se huele por conocida ruta. Nuestros escritos no necesitan  traspuntes: ya se manifiestan asestados. De una señal cualquiera surge un blanco y, al instante, una escopeta lo desflora. Luego, sólo procede clavar un pliego de sugerencias para que las hilvanen los ilusos y sus ilustres barraganas.

 

9

DE AQUÍ QUE no escarmentemos, sino que prosigamos en la senda de los adalides esperpénticos. Los contentos nos hacen a un lado para ellos agacharse y recoger mejor los mendrugos que les lanzan desde camiones con jaleos precisos. Arden los ardides en las áreas de servicio para la crueldad. Se arguye a favor de las hambrunas controladas o de los suicidios por concurso. En las líneas de fuego los caballeros bajan la cabeza y los torpes se clavan una estrella en el pecho.

 

10

LA LIQUIDACIÓN protege a los díscolos y los arrolla con una dialéctica invencible. El dominio de los déspotas nos emancipa, nos rotura el entendimiento. Si ordenan acurrucarse, nos estrujamos. No rehuimos la atenuación de las penas. Atendiendo a las circunstancias, circunvalamos el principio de autoridad. (Dicen que en un castillo florido existe un leopardo que aúlla, mientras golpea su escritorio y sus anteojos ni siquiera se mueven, pero tuerce el hocico para calmar los bigotes).

 

11

ASOMBRO DEL CARACOL en la abundancia de los guisos. Caracolean los trepadores y los falsarios y, en espiral, condescienden a acomodarse a la baba benefactora. ¡Pésame la condolencia o un kilo de pimientos! Según y conforme, lo típico no se enseña y en las oraciones justas se potencian los adobos…  ¡Exasperan las salsas en cadena! A menos que los huesos se ahuequen o que los pelos se desconecten de sus medicinas o que un espía nos expropie el aliento…

 

12

LO QUE VINIERE que arribe detrás, apenas delgado, con prédica de cuerda y latón. En el sitio donde se guardan los pendejos, las monedas se calcinan con atrevimiento. Por el coscorrón se alude a la congoja. A culatazos también se disfrutan los cosquilleos. No advertimos las creencias no crecidas, mas creemos en los atributos de los potingues con liderazgo chusco. Hasta las pantorrillas, el barro es, de modo particular, una suma de ajetreos libertarios. ¿Colocamos los zancos en su cuadra?

 

13

LOS AMANTES DEL AGUAITADO pestañean y luego afirman que él no será muy lúcido, pero sí pone el petate en su sitio. Y el aguacero de aguacates comienza y ellos terminan por lavarse las manos en el fragante aceite frutal. Los agüeros aguijan a encontrar el donaire de los bisoños y a matar el toro antes de que cambie de postura y embista con cuernos entorchados. Los aguafiestas no entienden de palanganas donde flotan barquichuelos cuatricoloreados en una absoluta paz democrática.

 

14

POR LA TANGENTE las armas racionales hacen de las suyas y nosotros ponemos de los nuestros. Pero no tendrá fin la maquinaria que nos tritura, aunque su desarrollo nos exacerbe el ánimo. La existencia se amplía con sectas, en esencia, garantes de dogmas y privilegios. ¿Ésas tenemos? Ésas y otras y unas más. Los descarriados otorgan premios a los obedientes y el mundo prosigue en su sano juicio. Si gozamos de los moribundos, ¿se nos reventará la sangre, se nos condensará el bofe?

 

15

DE TRÁNSITO, sin detenerse en la marcha perecedera. Hemos tolerado la acepción de la herencia más denigrante, con tal que no mude el sincretismo. El porvenir hace muecas y nos pone a vibrar las vértebras en el atlas descuadernado. La fatalidad nos atrapa sirviéndose  de los abyectos y los rufianes. En los labios, cenizas obscenas y una espera para la merecida ablación. Aparecen los carceleros, espigados, elegantes, con su vocabulario de abortos y un fórceps impartido.

 

16

VAN IMPELIDOS los mordedores; van impetrando tembleques. Nos tildan de amoladores de caretas y en sus manos se abren y se cierran amplias tijeras. Quieren cortarnos: son ambiciosos. Investigan nuestros tiempos parciales: anhelan injertarnos el tétanos. En sus locuciones no admiten nuestros cabellos; sus acentos están maldecidos por un cáncer terminal… No obstante, nos erguimos, resistimos con la más arriesgada tesitura. ¿Y si los espantos trajeran una retorcida vasija?

 

17

ERROR DE PROTOCOLO o ¿rumor de potro loco? Cuando existe la incapacidad alguien la incauta, de inmediato, para sí. Se la emplea con frecuencia; se la oxigena. ¿Importan las miradas que no miran; las audiciones que no escuchan? Alrededor, legañas y macetas y un muro para las asistencias sepulcrales. El panorama es asaltado por los chicos de la heroicidad malandrina. Como mucho: ni pizca de asombro. ¡Comámonos entonces las uñas de los pies sin quitarnos los zapatos!

 

18

NOS AISLARÍAMOS y bailaríamos al son de la pandereta con camuflaje. Saldríamos por las ventanas, por los techos, por las alcantarillas y roeríamos la exuberancia de los bodegones. Nos peinaríamos, aunados a nuestras tazas de cafeína. Causaríamos estorbos, torceduras de jetas, respiraciones aceleradas. Averiguaríamos el destino de las mortajas no mortales. Partiríamos los pocos panes y no partiríamos: permaneceríamos velando. Amaríamos con la razón de los imanes.

 

19

DE LA DEMORA a la virtud de no ser víctima. A fondo por el cordón umbilical del vero mundo que subsiste. Ya veremos de localizar a los hegemones y a los lombricientos. ¿Los ventrílocuos seguirán hablando por nosotros? En la travesía surgirán nuevas afrentas y los fabuladores querrán embaularnos. Vasta será la venganza, en la misma medida del oprobio continuado. Más ratas se suman al vórtice de niebla, basura y asco. Después de la undécima mordida el grito será superfluo.

 

20

TAMPOCO EXISTÍA la lluvia en la secuencia del olvido. Pudiesen regresar los animales de la aurora, pero los cocos serían la excepción. No debe confundirse los tantos con los tontos. En suspenso, la gritería represada, al uso actual. Repercute el acíbar sobre las pieles. Los rehenes no dan guerra e inician sus prácticas con las muletas. Las tenazas ambulan en manos prodigiosas y ellas logran extraer arcanos testiculares. ¿Y si ojeamos la portada para no desaforar al matón?

Wilfredo Carrizales
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