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Polvo cósmico

lunes 22 de junio de 2020
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Textos y dibujo: Wilfredo Carrizales
Polvo cósmico, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

1

Puede aparecer algo ribeteado. Así podemos hablar de fusiles en manos de locos y, algunas veces, los secos sentenciados acercan a las estufas sus sabidurías. Empero todo eso permite la variedad de formas de morir, viendo reflejados los rostros sobre cuchillos que se acrecen con los grandes hedores de los hombres-bestias.

 

2

Todas las sustancias viven dentro de mí y aun luchan a través de incontables saltos para enfrentar la guerra que se nos ha impuesto. Por ilimitadas interacciones la piel se bornea con la certitud de la tierra del día. Todos los momentos son fuerzas que tienden a hacer nacer a los siempre ocultos, a los siempre cambiantes. Yo encuentro cada mañana el universo al lado de mis pantuflas, seguido por el curso del polvo cósmico que me induce a estar bien o a estar enfermo. Hallo a la necesidad en el supremo misterio de mis pantalones rotos. Alguien me comenta por teléfono acerca de lo abisal y de lo oscuro que nos golpea con calculada sevicia. Mis sombras se alejan para filmar sueños que embelesen.

 

3

A las cabelleras se las llamaba para enjuagarlas con cepillos de acero. La sátira era indeleble y se basaba en oposiciones de conceptos. En apariencia, los trabajos de las ofensas están al alcance de cualquiera. Los más inmensos propósitos se embellecen con el carnet que permite la hambruna. Pero, ¿cómo disfrutar de los espectáculos de los histriones? ¿Qué hacer con el no hacer? Desde el instrumental sangrante se demanda la imposición de labios y lenguas y el empleo cambia de acuerdo con la tutela demoníaca. Antes decíamos: regalemos los formatos que nos convertirán en buhoneros de votos y exvotos. Apuntábamos a los rostros sonrientes y les escribíamos cartas de peticiones. Ahora Andrés, Carlos, Sol, William, Bertilio… han muerto con las espaldas agujereadas.

 

4

La revolución se descranea, se sataniza. Aparecen cíclopes con ojos de gato y ponzoñosos con corazones de arterias subterráneas. En las bacanales, los perros y las ratas dan vueltas dentro de condones de aluminio. Y hay frutas con sabor a esqueletos y muslos asándose sobre manufacturas último modelo. La riqueza levita, gravita y levita y da vueltas y vueltas alrededor del torno de torturas. Se lanzan a dormir los seres de barro sobre los núcleos estelares y esperan que la tormenta de asfalto no los retire de circulación. Un superávit de gases intestinales aumenta la temperatura en las ciudades y los sulfuros flamean y las mórbidas pesadillas se aclimatan a la persistencia que copula con frenesí. Los agujeros se reproducen entre embates químicos y los cadáveres se incineran por acción espontánea. Las purpuradas ambiciones nos someten con sus furias, con sus obesos paroxismos y a cada estallido sobran los neoesclavos que gritan “¡Herir, cortar, apuñear, escupir, quemar!”. Por doquier uno se tropieza contra mortadelas heridas, mientras el cielo se muestra incapaz de absorber lo nauseabundo. Las terribles figuras de las Parcas se pasean desnudas durante el día entero y la gente cree que son un tipo de locas industriosas. Mis dientes rechinan uno a uno y atraen a bandadas de zancudos y a sus retorcidas amenazas de malaria.

 

5

Una vez los secretos salieron de las bocas y produjeron temores de que adviniese el fin. ¿Y quién lo negaría? Los pasajes cloacales están repletos y ahora resultan muy estrechos y, en consecuencia, lo de adelante y lo de atrás se confunde y aumentan las trompetas con sus alaridos de momias. ¡Debe existir un foco de maravilla infernal! Se pueden ver subhombres reptando, redoblando sus esfuerzos para convertirse en lagartos. ¿Qué pasa que las estructuras se hunden? ¡Ríen los embaucadores, ríen los ensortijados, ríen los amortajadores, ríen los esperpentos y los obtusos iluminados!

 

6

La Muerte perdió sus binoculares, sus catalejos, su monóculo y su telescopio. Entonces decidió disparar a quemarropa, con su pistola de dos cañones, sobre las multitudes aletargadas. Ella ya no dialoga y sufre de arte y parte y con su título de arquitecto de cementerios se nomina al premio mayor.

 

7

Indetenible, inservible, invisible… la mente se imagina su repugnancia y el estupor la inquieta y la atormenta. Piensa en un ojo que la espía omnipresente. (¿El racionalismo será una lepra, un brazo carcomido, una aberrante coartada?). Un niño fue devorado como anchoa por su madre y la criatura gimió de felicidad. Figurémonos el recto de un hombre, similar al de un animal a mano. Siempre estará abajo, ensoñado en su antigüedad, fatuo y reportando incluso lo espeso. Todo lo que se lava es bello: la paciencia infinita, la demanda de la revuelta, el oficio de volar sentado… El proyecto de convivencia conoció concesiones y un recurso a ser principio estratégico. Mas la obra pasó por el taller y la fundieron con retazos de cachivaches. Y cuando la realidad la fragmentó acudieron sesenta y nueve fotógrafos para testimoniar el dolor erótico en blanco y negro y viudez mediante.

 

8

Acullá había un convento. Allende había un convicto. Penetró el convicto al convento y creó entre las monjas un agradable estado de ensoñación. Debido a que el significado es complejo no se explica aquí y se prefiere la parsimonia en el divagar del pensamiento según las leyes de la metafísica.

 

9

Una tabla blanca se hallaba impresa (álbum de albúmina) y eran castaños los caracteres y raros en su naturaleza de plomo. (Esta última condición igual a las balas que nos asesinan en las calles). Debajo de nosotros, en las galerías o socavones, el oro se revuelve y atraviesa la radiografía del obituario. El termómetro ha entrado en cortocircuito y desaparece la esperanza que iría a recoger el postrero operario del calor. Desde el inicio se intuía lo que habría de sucumbir. ¿También el espacio se asfixia?

 

10

Los espectadores solucionan su adoración colocándose de modo vertical. Los ángulos se separan para servirlos. Los trashumantes se rascan con objetos muy singulares y se exaltan al encontrarse en el pleno centro de la tipología. ¿Y luego los mensajes cómo vienen a dar a las orillas dispersas?

 

11

Comenzar a experimentar un “sentir común”: tan ordinario como limpiarse los oídos con una corbata roja. Bastaba la época de las ilustraciones embastonadas. La curiosidad atrapa a quienes gustan de lo ablativo. Domar reporta credenciales para el careo con los ilustres criadores de cotorras en los balcones. De súbito, uno recuerda que no van expeditos los veteranos a la fusión con la felicidad burocratizada. Múltiples cosas hacemos para escuchar y sembrar fortunas infectas. Cuando la preocupación se traslada hasta la periferia de los ángeles, retorna el consumo de necedades.

 

12

Las horas contemporáneas restregadas de “patria”, “obediencia”, “traición”… Cimientos de lo periclitado en los cerebros que se han vuelto añicos. Los gestos y las acciones de hoy: defecaciones que no pagan impuestos. La ambigüedad se convierte en imaginería popular y arrecian los paisajes urbanos ajustados con mascotas que deambulan por trozos. Después provoca ponerse a estudiar los métodos de observación de los guardianes que empozan septicemias.

 

13

Las mismas mentiras de ayer son verdades en la actualidad. Con opacas luces se ilumina el caos y los fractales. También requiere la casualidad un alivio de sangría que no altere sus resultados. Mas no hay que olvidar a las máscaras que cloquean bajo las urnas de huesos.

 

14

Primero la sugestión y el disimulo. Luego el arrodillamiento y la sumisión. La dimensión nacional es enteramente accesible: todos correspondemos a los graznidos de los buitres. Pronto veremos novísimas y formidables candilejas y se esparcirán los más gratos y sublimes perfumes para el progreso de la cultura y la civilización. Y la reposición de los chantajes y los truenos escondidos tras las ventanas blindadas. ¡Ah, qué gigante exhorto a considerar las funciones de los ciegos, sus latentes minimalismos de tropiezos naturales! ¡Ah, lo mejor está por proliferar y ocurrir!

 

15

Cósmico polvo en lucha por no ser humillado. (Tratados de cosmética a buen precio en las funerarias oficiales). Podremos ir en excursión a morder las pólvoras, pero no las polvorosas. Y con los plumeros haremos volar tantas pajas acumuladas y regaremos con liberalidad para que quede como referencia. La carcoma continúa avanzando y prospera el serrín. ¿Estaremos cansados, maltrechos, confundidos? Para el blanqueo: ¡la lejía! Los muebles traen demasiados lodos y sufren los manjares al ponerse pulverulentos y resulta un asco el perjuicio. Sin embargo, no insinuemos abstracciones y vayamos a la objetividad de la gelatina. La creación aprueba zigzagueos en la retórica o en la siquiatría. Los ejemplos abundan. ¡Atrevámonos a inquirir sin miedo a la repulsa! (Mientras tanto echemos un polvo universal y dejemos que el espasmo sea la droga perfecta).

Wilfredo Carrizales
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