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Recuadros

lunes 20 de julio de 2020
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Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

A

Recuadros, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

1

Lo gris ingresa en la oscuridad con su trompa de animal que besuquea. Recurre a motivos que no se cumplirán. Antes, de punta, en actitud de hostilidad, quiso contravenir la figura de un postigo, pero fue alejado por papiros y encolamientos. Ahora la normalidad se representa, tejas abajo, con una ortodoxia que se engancha. De milagro se alcanzará el próximo milenio y otro lío pondrá su cabeza.

2

Frente a nosotros, lo que hay no es, de modo preciso, una porción de una artesa. Esa superficie se recupera a través de sus vasos comunicantes, de sus fluidos que se vuelven recursos y no se repiten. Se paladea la atracción de un como enrejado, sin poner freno en las sensaciones. Ya se conoce, bajo sigilo, los segmentos que incurren en sus radios y que despachan adhesiones.

3

Lienzo cogido entre las páginas de un periódico con mandato y calafateado. Influye, con certeza, en el ámbito de lo palúdico. A su manera, consigue una perspectiva semejante a un roñal. En verdad se sufre su falta de idoneidad. Podría arrellanarse imitando a un terrazgo, aunque mucho se teme el trastorno. A yodo acostumbra introducir sus sugerencias para ultimar las escurriduras.

4

Hacen las circunstancias las molduras: sierras con filos y con algo recobrado de las manchas. Les investigamos para inyectarles fenómenos de la vejez o para abocarnos a sus intervalos de inminencia. Si en vez de una materialidad palpamos bordes muelles, retrocederíamos  a buscar un ábaco. De esta guisa, se encajarían artificios para dividir los núcleos.

5

En su defecto, no se corregiría ningún entrepaño, por más que se abigarre. Debemos tener afluencias a escala, abstracciones poco susceptibles de ser pringadas de un garrotazo. Luego las molestias servirán en las pulsaciones de los equipajes. ¿Abusos con el asunto de la preñez del polvo y la mugre? Difícil colegirlo porque demasiadas sobadas habría que propinar y los minutos bullen.

6

La mazonera se afirma y cura de su mal cutáneo. Los piojos van verticales sobre los tímpanos y hay quien comienza por mecerse las manos. ¡Pues que correspondan los rueznos a sus trastadas! Se ven colmados los lentes y los espejos de una pátina que aguanta paradojas. ¿Qué exaspera a la serenidad de los pabilos cuando moldean los tableros donde se salarán los trapos ya sin ejes?

7

Ciertos paneles encerrados en los procesos de curtiembre y descargas de saburra. Cualquiera mostraría enfado o extrañeza. Sin embargo, observantes al estilo nuestro sólo sospecharían y halarían a lo que salga. ¿Acaso no han estallado losanges con menor aspaviento? En fases de revocaduras, los caballetes aún servirían para consentir las opalescencias y continuar justos.

8

Rectángulos descubiertos y apeñascados en los círculos de la penumbra. (Mintió quien dijo que todavía revoloteaba por allí el obsceno pájaro de la noche). Rúbricas promocionadas allende las mangas y entonces unas cangallas operan las mudanzas que nunca se anhelan. Si faltaren granos en los límites de las rigideces, se les supliría por esquirlas o por prendas de las lumbres vanas.

 

B

Recuadros, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

1

Molduras encima de las recurrencias de las púas que han sido suspendidas. Las escorias las acompañan y les sirven de canon para zumbar tras la enjundia que pronostica escozor. En perspectiva, un damero se surte de hemorragias en el instante de la revivificación. Con desenvoltura, se consigue un séquito de tonos para las ceremonias de los anieblos. De golpe, un asomo de atril.

2

Los berrinches de las sabandijas en el interior de las cuadrículas producen expolios de ayunos mayores. Hechos y matices que no se disfrutan por los oídos. Gachas merecen los mirones del recato. En conciencia, se veneran las desgarraduras de los cortinajes. No obstante, del entresuelo puede surgir una contorsión que no ahorra despilfarros. ¿Y por un agujerito se atisbará lo bruno?

3

Salen los ornamentos con sus ruidos nada apacibles. Una red cercana abunda en tordos y en láminas echadas. Se anuncian restos aún con vida, mas todos los presentes se privan de contemplarlos. Cascajos, rodelas, esporas, van al después de las funciones hexagonales y se defienden de las entomologías sin régimen. Persevera la poca claridad con la descarga de sus miedos.

4

Al pie de un muro u otra alzadura amblan diminutas plantillas. ¿Qué buscan, qué persiguen, qué indagan? Penitencias para quienes lo descubran. Porque no se comprende el sentido de lo abstruso. Porque se anegan las chispas que dejan las entelequias. Sólo cuentan las dudas, no los aciertos. Postmeridiano naderías existen y se rebaten de modo recíproco y arraigan perfidias y refocilos.

5

Que los conductos se aploman con las ramas imaginarias insertas. Una cosa más sucia que una campana inmaleable se arrastra, de continuo, de aquí para allá y porta un maleficio y nos adelgaza. ¡Y el área que no traza su independencia! ¿Adoptaríamos lámparas para ingresar a lo no sereno? A las habladas, los hábitos se perfeccionan entre dramas de la modorra y la dejadez.

6

Donde se escrutan los esguinces del carburo, los aparatos se adecuan a sus calendarios de herraduras. Los cartabones, unos fijos y los demás en vertiente, se desplazan hacia las oquedades de los zapatos y sellan unos pactos. Las épocas de los mohos marrones son fulminantes, aunque entre estelas y quejidos una buena señal se anuncia promiscua. ¿Cómo abrirse al fresco de los mosaicos?

7

Espacios que acaso coincidan en el duelo de pliegos y espuertas. Traques y ventosidades agitados por el paso del tranvía de las postales. Las madrugadas subyacen a merced de las equidistancias ínclitas. Se insertan diagramas y no rustían. Las cruces se enfrían al compás de las venganzas. Estítica se ha tornado la realidad: desde un altar emerge con más ceros que nunca. Punto y peso en barrido.

8

Su nombre era: breve marasmo de asignaturas. Cuadral ayuntado a la parte de las proporciones que se calcinan. Un barullo en mitad de los recuerdos sin ruinas. Hace un momento magro que no sabemos de los huesos aplastados. Un fin muy diferente para el claustro de las telas derrengadas. Rumia el barro. También rumian las patas del muestreo. Hasta luego y los quehaceres en andrajos.

 

C

Recuadros, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

1

Se anuncian los escaques en sus cuarteles de calcetines que apestan. Pero quieren matar a las debilidades que ruedan por los rincones. ¿Conflictos en madrigueras? Quizá. ¿Por qué no? Las mortajas no acaban con los sustos de la parentela. Tal vez haya profecía certera, del centro mismo. Ahora la turba se asoma, tizna y no protagoniza. ¿Qué más de prisa que una hilaza sin yesos?

2

Oclusiones en los encuadres de lo no permisivo. Zonas cuatro veces dueñas de la opacidad. Puede el reino donde puja lo ahumado verter sus excrecencias y continuar tan incólume. Podrían los yunques con los augurios. Hubiera podido la ausencia con las liendres del prójimo. Risas rizadas y en movimiento: escena pueril para el culmen de los estólidos encimados.

3

Se oyen mugir las pretinas que arrumaron los ancianos. Cada instante con la inmensidad apagada. Los semblantes de gallinas espoleadas. Alfa y omega de lo nocivo. A través de las argucias llegan las epístolas de la podre. Se doran los bellos culos negociantes con los rayos que penetran por la buhardilla. Por deshollinar temprano se cayeron todas las chimeneas y las chinelas.

4

Daban taconazos los pedigüeños contra el vitral. ¿Cuándo los cuadrumanos con las longitudes de sus nombres? No ya la fórmula sucinta de lo sucio, sino el empaque con pedigrí de muertos. Cunde la selva y cunden los mogotes. Blasfemando tisis muchos se hacen hombres. Solitarios de las raciones chuscas: ¿adónde parieron los habitantes del albañal? ¡Las mismas guindas pleitean y se arraciman!

5

Los círculos se suicidan sobre las arrugas de los patios encementados y pronto ganan cuadraturas que los convierten en diales para el azimut. En otra instancia nacen médulas y raquetas que son predadas por convulsiones de la física más elocuente. Van a los sustos las permutas de los efímeros ocasos de la sobrefaz. A costa de los esfuminos se despezuñan las colectividades de la humareda.

6

Entre cazadores de cubos se allegan las piezas. Se abonanza la calina y los preludios del sosiego encuentran su dispositivo para medrar. Tienen cabida los flogistos si algún escarabajo narra su decadencia. Con incrustaciones de lo doméstico se van polinizando las tablas que, ulteriormente, tenderán a desaparecer. Adrede redundan pompas de jabón como flotación de las penas.

7

¿En qué indómito recoveco se cuartean los trozos de las sábanas? ¿Bajo qué gravitación fracasan? Merecen miramientos menos airados y un pudor donde yacen. La lobreguez acomete con travesía de cuello allanado. Tal es el cauterio que jamás se asila. Durante las réplicas de la acritud las piltrafas transitan por las ranuras de las quejumbres e impiden el reposo de la morriña.

8

Queda la vaguedad del atramento en el desierto que se oxida severo. Son horribles las fauces emisoras de vahos y guiñapos. ¿Se entenderá su obra a cabalidad? Una esfinge en la moqueta se hunde dentro de un pasmo de lo ajeno. ¿Alguien en ese procinto tejerá meditaciones sombrías? Astillas retorcidas quieren desvanecerse por doquier, pero un ahogo, de incógnito, lo evita.

Wilfredo Carrizales
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