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lunes 17 de agosto de 2020
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Textos y dibujo: Wilfredo Carrizales
Por, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

1

Por tal lugar nos llamaron, ya que andábamos husmeando. Innecesaria fue la escondida: los dos iconos que llevábamos nos delataron con sus brillos. Nos dieron ciruelas gordas con bosta y nos trataron de puercos. Porfiados de nosotros: salimos derribados y zarandeados como muñecos.

 

2

Manos enfurecidas por detrás y nuestra inocencia del tamaño de un pico. Más nos hubiera valido quedarnos en la buhardilla, pitando a las palomas o boronando bizcochos. Los tábanos nos aguijonearon las piernas y así obtuvimos nuestra ración de tabaco, ese polvo rojizo y maléfico.

 

3

Por las rendijas, los chispazos de la pólvora y sus correspondientes impulsos hacia el terror. Por los ventanucos, la decoración de los sudores y los espantos agazapados tras las coberturas de porcelana. Estuvimos hechos de pasta, por el lugar que ocupaban los pertrechos viejos

 

4

Ser traspasados por el dolor de ver la cuna convertida en sepulcro. De presto, la anualidad en lo universal. O alhajas o muebles en las letras de las canciones de resaca. Por lo que se recibe, estampas de samuros y un fruto sobre el alma que duerme. ¿Privilegio de prismáticos?

 

5

En la cárcel, por entre los barrotes, las visiones de planos conjugados. La libertad chilla sobre su percha de tenazas. Los derechos del píloro han sido anulados. De a poquito, el imaginario del póquer. Los rapaces lanzan sus traumas dentro de las celdas y, por desgracia, explotan.

 

6

Ponerse de por medio y figurar en el sicodrama de la cotidianidad. Religar el santo con la seña (¿o con la saña?). Saber, de antemano, de los recuerdos de las ruinas. Rumiar en cuatro partes distintas, pero distantes. Hacer de un mes un barullo por cabeza y luego halagarse en el claustro soberbio.

 

7

Por aquellas épocas, la vida se imponía con sus arrebatos y sus verdades no vedadas. Veíanse tantas aguas como fuentes, tantas viandas como viandantes. Los dientes acertaban a los buenos bocados. En las camas nos tendíamos y en los tejados resonaban los luceros y los grillos lo sabían.

 

8

Me suscribí a la risa por un semestre. En ese lapso moró en mí con sus cerdas fuertes. Distribuí las cuotas entre mis allegados y les hice felices a su manera. Hubo quien lo agradeció y hubo quien esmaltó muecas. ¡Por justos despojos deposité ramos de tunas y una cohorte de cigarrones!

 

9

En un sillón de cuarzo me sentaba por las barbas atardecidas. Por entonces, pedía pañales y penitencias y piedras aprontadas en sus cumplimientos. Me guardaba para la cena un apetito que hundía sus pilotes. Me reforzaba en mi círculo para leer por debajo la escala de mi origen.

 

10

El semáforo fue sacudido por el exceso de pronósticos. Entre el verde y el rojo, un amarillo de prominencia por hábito. Por los destellos, se extraían los óvolos. Las transiciones, por sí solas, no denotan mudanzas en marcha. ¿Podrán malquererse las siluetas sin evasivas urbanas?

 

11

Tarde o temprano nos entenderemos con los textos del quebranto. Por las buenas si son buenas las enjundias; por las malas si son malas las cuartanas. Pero los antagonismos hablan de sus intimidades y se guardan de mostrar sus talantes. ¿Cómo las pruebas trabajarían de prisa?

 

12

Estaban por demás rehundidos los cráneos y las soluciones no se ablandaban. Por movibles que sean, las calaveras dejan oír sus estatismos y sus conjuras. Salen a esas cornisas de la discreción con el propósito de alumbrar sus suturas y subvertir el sustrato de las inteligencias o una de las suyas.

 

13

Por más que le ponía cascos al gato, menos le hacía caminar con cierta decencia. Estaba seguro que, al fin y al cabo, el felino se iría a meditar y yo aprovecharía la ocasión para desquitarme de mis juanetes. Llenos de barro los pies, encontraría la inmensidad del alivio, mientras atisbaba un molde.

 

14

Las tarambanas están sujetas a su locura como las pulgas al can. Por cuanto la insania se ajusta a la mente que mejor la considere. Ya una de las precursoras de la demencia hacía fogatas para incendiar el firmamento. Sus seguidoras actuales florecen entre cenizas y escorias.

 

15

Por si se derrumban los templos y los palacios, sus lugares serán ocupados por quilombos y no habrá revocación admisible. Las señales las darán los mudos, con calculada elocuencia, y los patizambos divulgarán la grata noticia. Por si acaso: reservemos con anticipación los selectos predios.

 

16

El cuadrilátero doméstico se vendió por diez mil dólares. Marido y mujer se hicieron concesiones y no hubo que acudir a la subasta. Ahora las oriflamas ondean sobre la azotea y los vecinos adquieren, orgullosos, los boletos para el espectáculo. Un orífice donó la hermosa campana y medallas para los púgiles.

 

17

Entregué mi bacinica por un litro de ron y luego saludé a los padres del apostolado. Les solicité: “¡Rogad por mis pecados!” Y los padres se pusieron exaltados y brincaban en una sola pata por haber hallado a tan ecuánime adepto. (Ignoraban que la consorte de Carrizales estaba ausente).

 

18

Hacía que entendía por impresionar y por dárselas de listo. La pitanza le sería negada por su estupidez. Más tarde querría que volviesen las golondrinas a sus nidos de reforma, pero ni siquiera boqueando, la fortuna coincidiría con él. Se extinguiría con ahogos del cuello y de la nuca.

 

19

Acuden a la posada por quesos y se entretienen con cosas perdidas. Por ocuparlos, la dueña descubre las posaderas y ellos, de los posavasos, se deslizaron raudos a los posavergas. Todos elevaron sus posiciones y los pocos truenos trajeron numerosas mojadas y ningún resfriado.

 

20

Por sus lindas mañas engatusaba a cualquiera y luego sosegaba de jactancia. Por Satanás, que se la estaba jugando. Eran las tantas de la noche y su lecho permanecía distendido. El rabo se le enrolló en la cintura y el expansivo calor se lo desuella, mas él lo desoye y pronto no queda ni su rastro.

 

21

Estaba por venir a escucharla cuando habló. Estuve por lanzarle a la cara una sarta de improperios. ¿Estaría tentado por la mala bilis? Por encima de mi afecto brinqué de cinco por un medio y caí entre las caducidades de médicos y mercaderes. Sus embustes (de ella) equivalieron a mis dijes sin diretes.

 

22

Teclear por teclear, al tiempo que zumban los zancudos de la calina. Magrear por magrear, durante la apertura de muslos. La rendición no encuentra su rendija; la sardina se ausenta del sarao. Me toca una herida que se deshincha sin afinación. Hurgo en el tocino y pergeño su perfume de manojo.

 

23

Se admiten por válidos los soporíferos, mas las peroratas oficiales no. Bajo un porche, profusión de arcadas, de bascas para los pasajeros y sus guardianes cuadrúpedos. Los díscolos no se desdicen, porque sus cónclaves carecen de lapsos. Por el presente, las nubes mean mentiras a granel.

 

24

Por cómo se esfuerzan las caretas por persuadir, se concluiría que les sobran verbos factivos. Lo mayestático se formula con ellas y ellas postulan sus votos de marrullerías. Sin palparlas se sienten las muletas y las muletillas y los perennes perdularios las absuelven de toda malicia.

 

25

No por mucho fregar acaece la riqueza. ¿Es lo deseado por los animosos? Los juramentos se juntan y hacen montón hasta que suenan los disparos y se concierta el abandono. Por ante mí, el notario se reprende y repara en que yo soy cegato y me dejo llevar por los celajes de la novedad.

Wilfredo Carrizales
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