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Nos mira y asevera (confiesa, expone, revela, indica, delata, profiere…)

lunes 26 de octubre de 2020
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Textos y rostro-collage: Wilfredo Carrizales
Nos mira y asevera (confiesa, expone, revela, indica, delata, profiere...), por Wilfredo Carrizales
Rostro-collage: Wilfredo Carrizales

1

Confieso que no me gustan los periodistas: no son seres trascendentales, sino individuos en guerra con sus propias discusiones. Muchas veces las mentiras son decisivas para sus vidas. Vamos a decir: hay excepciones, pero eso no hace la regla. Es mejor convertirse en tu mismo interlocutor y no hablar a medias palabras. La oratoria me cae como un mal chiste soplado a los cuatro vientos. Mascullo y no me salgo de tono. Busco la boca que me sustenta y la encuentro en el lugar donde se zanjan las cuestiones más irrisorias. ¿Me enfrento con alguien? ¿Con quién? ¡Con mi banquero! Quien hilvana siempre falacias para apoderarse de mi dinero. ¡Cómo quisiera comprarme un papagayo para enseñarlo a blasfemar por las calles! En serio, estas parrafadas llegarán a oídos del juez y entonces… ¿Entonces? ¿Me dará tiempo a redactar un manifiesto en contra de los que crean disparates a diario y nos los enrostran con el mayor desparpajo? ¿De un soplo saldrá una sugestión?

 

2

Cuando me aborda un cualquiera en un lugar público no es tan divertido como cuando me aborda un pirata en altamar. Me aventuro entre piratas de la literatura y enarbolo con descaro mi bandera con las tibias y la calavera. Las pirañas son otra cosa y suelen pirarse hacia la cumbre de su voracidad. Sondeo los sonómetros para averiguar las tristes sonrisas de mis émulos. Luego alzo las manos y hago piruetas con la intención de atraer a unas cuantas pirujas. Todo resulta harto pintoresco, piramidalmente aceptable. No busco escaparme ni por la tangente ni por la sombra del tanguista. La dueña de mi apartamento, al verme llegar, me anuncia, a tambor batiente, aunque ella de percusión sabe tanto como yo de ensuciar la ropa. Sin embargo, así vamos tirando, escondiendo las mantas, halándonos las orejas, envileciéndonos hasta el degüello… Conseguimos nuestro curso y esbozamos proyectos para publicar nuestras respectivas biografías. Empero, las pisadas no continúan adelante y barruntamos sospechas mutuas y, al fin, nos metemos en una lista negra.

 

3

El que declama no soy yo. ¡Lo juro por las barbas de los chivatos del régimen! En broma lanzo mis decires. ¿En broma? Detrás de mi cuello una voz me corrige. Halo mi lengua y extraigo los pocos corchos que pudiera haber en ella. Los enemigos no andan esmirriados: se conducen bajo cuerda y, ésta, alcanza una longitud excepcional. Siento que comienzan a cuajarse las plagas, con una cualidad que redunda en amplias simpatías. Declaro que los días caen como caen los borrachos dentro de los charcos y, por eso, las enciclopedias despuntan con saberes para los bienpensantes. Al clarear los enfermos, se visualizan los sepulcros con el tiempo actualizado. Vale la pena empatar votos, botas y exvotos: bella colección para el engrosamiento de las virtudes cívicas. Desde mi estado de la inocencia me hacen pasar, de súbito, a un estado de excepción, de guerra permanente y el conjunto de jefes y generales me enseñan la división, pero se olvidan de la suma y la multiplicación. Sin más, coso y canto; cuezo y cuento. A toda costa no perderé el juicio, aunque las muelas extremosas, años ha que se exiliaron. Señal de que las cicatrices internas ya carecen de simulación e inician los consabidos guiños a los arrebatos. ¡No iré a malencararme ahora! Los maleficios no poseen la destreza de llegar al estilo martillito: golpeando quedo, sin despertar suspicacias. ¡Hummmmm!

 

4

Dos insinuaciones o unos pronósticos. ¡A gritos! Porque hay demasiados sordos del culo, excesivos recibidores de sorderas. ¡Y a las mujeres las están preñando de retruque y sin salivita! ¡Ah de los aromas del níspero y de las cáscaras de plátanos y de los flujos de las vainillas y sus aberturas! Me ocurre lo que al precarista: carece de tolerancia sobre su propiedad. A la zaga avanzo con los escombros entorpeciéndome los pasos. ¡Buena está la pesadumbre y el pescuezo corre el peligro de que lo retuerzan! (¿Y el pezpalo profetisa? ¿Y las pezuñas pestañean? ¿Y los pezones apestan, por pesimistas?). Los supergallos me critican porque no acudo a sus cuerdas y me desean tumefacciones y orzuelos que me tumben. ¡De un árbol seco no extraerán jugos correlativos! De los relámpagos saldrán lindezas y pullas y arengas para musitar entre dientes. Me reprocho los momentos de fútiles observaciones sobre los hechos de los botelleros. Ahora que los mentecatos ofician de payasos.

 

5

Transito más comediante, haciendo caso omiso de semáforos y cementerios. Huyéndome, me enamoro de los palos que pienso dar. Un episodio, acaso habitual de amargura, aguarda en una plaza por novelar. Fulano es un señor que hace caridad con las granadas, porque no son suyas y se las roba a una ciega. ¿Cómo circulan los pensamientos entre personas con caras de vaca o rostros que imitan cangrejos de carambolas? Desando los revoloteos del murciélago del espasmo y lo conmino a convertirse en huérfano, en susceptible de ser alimentado por los hematófagos que miran flores gubernativas, resguardados dentro de invernaderos a prueba de bombas y bombones. Caigo en la cuenta de a quienes las comidas les suponen fantasías del futuro. Mi albur corre inserto en sus letras de molde y alcanzará lo máximo que le incumbe. ¡Por éstas! Me desaíran las feas y las bonitas me dejan frito y contrito. Mas me echo en falta y fallo en nombre del fastidio.

 

6

A quema sopa, participo que imperan nubarrones nefastos y que se hace necesario portar cayados para que no nos callen. ¡Reparémonos para darle alcance a la espita! Entro al caso de la casa y repruebo mi incredulidad. Sin embargo, manifiesto acerca de los metros de mi obra, sus estucos intervenidos, sus pilastras que han echado carnes. Nada se salva de ingresar a la cooperación que se abriga zumbando. ¿Cómo no propagar los adagios y las noticias del júbilo? Ya estoy acercándome adonde abandoné el sombrero de las aguas simultáneas, aquél que fue un regalo en situación ventajosa, ufana. ¡Que no me pongo colorado, pues ese color me desalienta y me ahonda! Uno, con lo de siempre, se espacia hasta el brillo que se toca y huele. Mi carro dispone en cualquier instante su viaje de iniciación y el equipaje son verbos que se asimilan en la ruta. Mañana saldré sin salir y después habré candados llamándolos por sus apodos de domesticidad y nitidez.

 

7

De la máscara al bienmesabe y había estado yo junto a mí y conexo, con atributos y sustancia. ¡Vaya y no veo más que mis ejemplos! Cada miga ocurre para mi semejanza y, en un santiamén, exulto. Casi a oscuras, acuden a mis manos llenuras de los resúmenes del quinqué (obsequio de mi abuela para las lecturas nocturnas). Mi torre se volvía tan aupada, tan despierta en su sencillez. Difundo los prodigios que descienden, en flor, de sus lados. Un caudal de miradas de mujeres que silabean las gratitudes del orégano y yo cabalgando sobre la cisura de la gallina provecta, la que ocasionó cocido y un ardid de plumas para la almohada. ¿Con qué debiera toparme en la actualidad? ¿Aún sangrará la resolana? ¿Todavía descorteza sus vueltas y sus trueques? Empero mis calcetines están mojados y rebullen y no logran rebasar la frustración de los sucesos de las riadas. Halo la enjundia que me relaciona y, a las volandas, retorno a mi origen de traquido y domicilio.

 

8

Lo mío está lejos de la intimación. Lo que me debo a mí mismo, adentro se queda. Es una cosa… ¿Cómo expresarlo? No dominada por las fumadas, desentendida en los alegatos de los eufemismos. Copio las variantes de los clichés y se arremolinan a mi alrededor, de inmediato, las coquetas de las actividades del desnudo. Compruebo los confines de sus caderas y les propongo horcajos para goces recíprocos. Aceptan, con la condición de que sus madres las espíen. A la sazón, cambio de tema. Hablo de viruelas, confites del castigo, axiomas, parches a los ojos… En realidad, cualquier abuso resultaría exitoso. ¿Quizá una leve túnica no logre tapar la hinchazón de mis cojones? ¡Los descuernos que no asomen ni por filiación a la inclemencia! Doquiera atenaza la doncellez me produce un entusiasmo no completo. Los frotamientos ya van frisando las esquinas más sensuales. ¿Entraré en calor adivinando los zigzags que chirrían encima del jergón de muelles sin aceitar?

 

9

Un desahogo a la par de una denuncia. Alelado, mas feliz de felicidad sustancial, papo moscas antes de pasar a mayores. A renglón seguido, me ornamento como un sereno tarambana y transcurro entre los periodos de las voluptuosidades de hartas abundancias. Aunque nada más sea por sanción del infinitivo. De la medianoche al ave salaz de las Marías sólo hay un trayecto pardo y repentino. Después celebraciones a la usanza de los errantes libertinos y vislumbres de terciopelos en las pupilas por evaluar. Algo me sugiere la nodriza de la camada y yo, en eso de parodiar, estoy hecho y huelgo con pulcritud. En pelo, no requiero de barberos ni de vendedores de champú. Por poco que me consideren pusilánime, no calzo zapatos que me traigan mengua. ¡Ni por extensión practico la mansedumbre! Echo raíces (adventicias) en la misma familia que me cuadra y me redondeo en las entrevías. Silbo y me acallo y pliego mi caparazón a la espera de la cómoda.

 

10

Remonto los vocablos que se parcializan al son de los tejos. En el interior del mío tinglado no existe espacio para el aburrimiento. En lo que toca a los coros cansones, me imagino un hurgar en los oídos con cerumen. Lío los hatajos de babiecas con los que topo en las aceras y los lanzo a los vertederos para que sean sostén de los empachos. “No se olviden de mí”, les grito, mientras un cúmulo de doctrinas acerca de la patria les afean más sus cuerpos ralos. Apto, en el acto, me pego a la rima de las jambas y acicalo las guitarras de viejos conocidos que antaño eran mi dolor de cabeza. ¿Cómo me explico las cruces sobre los fémures? La hojalata por aquel entonces casi no se conocía y el bacalao se consumía de puro reojo. Se me destroza la memoria, en breve, y prudencia no es tan férrea como pretende. ¡Que haya un socio para la vendimia es lo que más preciso! ¿Dónde hallarlo sin que me resulte magullador? En un impecable sigilo me amolaré y le sacaré filo al entrevero.

 

11

Me digo diciéndoles para no enmudecer. El guión asuela y marcha el drama con discontinuidad. Un atisbo sonoro no es ni por apuro un mosquito. Me examino en el espejo del periódico y encuentro únicamente antífrasis, palimpsestos y crustáceos. Si se llega a saber, estoy vedado. Sin embargo, aún puedo aferrarme a los manuscritos y desentrañar los errores y encaminarme hacia un dictamen que se convierta en mi credencial para repartir libelos. Las ficciones no acostumbran combarse con tanta facilidad. Debe mediar antes un alcoholismo que carie. Una imagen cansada me sufre desde allí, desde el credo de los pies. La relajación persuade a mi vientre y juntos buscamos un apostolado. El corazón y los pulmones se inclinan por una elipsis: les ofrezco un elixir y aceptan. ¡Todos en paz! Deseo descansar de la sal que salta de los pericos, de la igualdad de las iguanas, de las bestias que no ves, pero que padeces, de las jaurías y sus jaulas, de los muérganos de la muerte, de las piltrafas…

 

12

Tanto razonar y acabar en el fabular. ¿Hablo desde un muelle… sofá? Debo mirar mi muro para percatarme de ello. Los que gritan afuera no están a salvo y por el peligro que corren los juzgarán. Se hacen los valientes, pero en cuanto llegan los enemigos verdes se desjarretan y sueltan las babas. Menos mal que yo estoy bien pertrechado, siniestramente en campaña doméstica. Mi determinación sólo me incumbe a mí, el arriesgadísimo hablador. Alego negocios y que ahorquen a los otros. Las pláticas se vuelven provechos para encallar. Lo que sea, lo colijo con la verdad del filósofo de oficina. Alguien me somete a prueba: me pregunta por la coloratura de mis calzones. Como era de esperar, me toco y no los hallo. ¿Adónde se fueron? Me casco la cabeza y no logro dar con la respuesta. ¿Qué camino tomar sin que se vea feo mi proceder? De modo prolijo, me deshago en excusas, en pretextos de moribundo. Amortiguo la licencia con un chasquido de la lengua.

 

13

Enhilo las escasas dichas: es mi causa y lo atestiguo. Lo contrario sería una gracia sin libertad y no me lo permito. ¡Juego y ventura hasta la sepultura! Quien sepa de recitado de oraciones que me lo avise. La privacidad no supone una problemática para mí. También me exhorto a continuar por donde se marchen las guapas en cueros. ¿Qué le vamos a hacer? ¡Que les otorguen premios y boletos de viajes! No le suplicaré ni a Leticia ni a Gloria ni a Esperanza. Mucho menos a la cubana y su hermana. ¡Ojalá se propagaran las sabrosas conversas o la película se habrá terminado! ¿Cuántas veces quieren que yo despierte de mis sueños prestados, alquilados? Muy raro el régimen al cual me están sometiendo. En seguida tengo que ponerme a reflexionar, a ejecutar ejercicios de yoga aprendidos de carrerita. La confianza que ellas me tienen vale tanto como un escarabajo ocupado en sus dogmas. Creo que mi siquiatra mete contrabandos en mi cerebro y soy incapaz de evitarlo.

 

14

¿Acerca de qué me encaja la comunicación el camarada amargo? Anoche y anoche y anoche se instaló en mi apartamento con ganas y cerrazón. Le espeté que no era mi marido y que agarrara su pronombre y se largara por el canal interno. Se puso a lloriquear y me confesó que había asesinado a un fablistán. Lo congratulé y le mostré la escalera de incendios. Comprendió y descendió con cara de bombero crudo y rudo. Creo que se retiró y a mitad de travesía se intoxicó con una heroína barata, de esas de filmes de mafiosos. Mi iniciativa fue bien aceptada por mí: ya eso me puso a ganar puntos. La emisión del último noticiero se centró en la grandeza y la salubridad de nuestros hospitales y en la gratitud inefable de los pacientes. Un esmerado huevo levantó vuelo y fue a estrellarse contra la pantalla del televisor. ¿Perdimos otra tortilla? Mi inocencia se reasegura en la vanguardia. Conmigo la suavidad se entrega a un solícito tejemaneje. ¿La música estará de huelga?

 

15

Si dudé en algún sentido, me enteraré muy pronto. Si mintiese me asaetearían los mismos que flecharon a Cupido trepado a su columnario. Me ayudaré, sí, sin cesar y la ilusión torcerá su lotería. Admito, ya negaciones, ya afirmaciones y lo que he sabido hasta ahora no lo comprometo por nada. ¿Conseguiré algo elucubrando sobre vacaciones en una montaña desde donde se atisbe un mar sin historia? La hija de un colega se casa el fin de semana y no me obligo a ir a ese desposorio ingrato. ¡Todavía es una adolescente y dentro de un mes estará preñada! ¡A otro con bodas tales y preservativos de fantasía! ¿Quién es el que asevera que de mí mismo no puedo escapar? ¡Hace rato que he desertado de este cuerpo llamado “contextura de callos y amarilleces en guardia”! Escribo de memoria y pronuncio en alta voz las compañías que me deletrean. Por último: mis deseos suelen ser mayores que mi edad hasta tal grado simbólico como para que simpaticen y se complazcan.

Wilfredo Carrizales
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