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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

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lunes 7 de diciembre de 2020
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Textos y collage: Wilfredo Carrizales
Contenidos, por Wilfredo Carrizales
Collage: Wilfredo Carrizales

A

1

UNOS CANTOS se me oían durante el esquinamiento del papel. Me limitaba con el peso de un acantilado presionando la imaginación. La delgadez de los objetos decantaba mi ánimo hacia un estado de acceso. Del cuerpo, celebraba su cáliz; del espíritu, una extensión del sacrificio por el tiempo peregrino. Me hice persona desbastada, pero las cortezas continuaron balando.

 

2

LO DEMONIACO expulsado del libro con una plomada sin semejanza. Las azotainas persiguiendo a los personajes que no varían en sus abundancias. ¿Y ese arenal en mitad de la plaza? Los óvalos eran de mis ambages y así los arrimaba a los costados del destino. Las antiguallas se me negaban. Hacia atrás los guardianes en sus vueltas para lo instantáneo y yo picando un panecillo.

 

3

MENTA Y PELAMBRE: equivalencias en pos de la rusticidad. En el último apartado, la bullanga de los lunáticos y los mercaderes comiendo plácidos. Cuando la atmósfera zumbaba, cérvida, los numerales entraban en crisis. En plena mudanza de mis aurículas, alguien disponía un santuario. El trastorno me descalabraba, me hacía olvidar el nombre de mi alhóndiga.

 

4

DENTRO DEL GAZNATE su etimología, afogándose con el pajarillo de hierro. Acomodaticio, me licenciaba de feo y lo caedizo iba a dar por los suelos. Me habían asignado una linaza, pero mi pericia era escasa y sucumbió. Mis condolencias fueron de una parvedad más que ejemplar. El ridículo me aguardaba en la cocina, al instante de discernir entre cuchara y malicia.

 

5

PASABLES los chapoteos en el agua de préstamo y aspereza. La lluvia merecía aquellas terrazas tan disidentes. ¿Pretericiones para qué y a cuenta de qué? Los compinches emasculaban sus ventanas e intensificaban el abuso de los coladores. Luego, raeduras añadidas, polvaredas, zapatos o chancletas de lo espontáneo. En las calles, lo mortecino se cerraba sin ecuanimidad.

 

6

¿AMARILLENTAS EPIGRAFÍAS? ¿Quién las calentó hasta ese límite? ¿Con qué objetivo? Allende los bazares, los realengos hablan de alevosía, aunque no conozcan la palabra. El candelero va soldado a su propia naturaleza llevadera. Mas las urdimbres acaban en degollina, en cosa de repetición colectiva. Se oye, cerca, la rabia de un canario y un ciclista acusa su postración.

 

7

CHIQUITINES sobre los barrizales, en la ciudad de los revoltijos de pus. Encima de las techumbres, la metafísica para después de los suicidios. La propaganda en los labios de los actores chorrea con su espesor de letrina. Los santurrones avalan sus trayectorias y prueban, de continuo, sus gimoteos. El guasón mayor estrena un nuevo estilo rotatorio y sus anhelos de anfibio sorprenden, se sintonizan.

 

8

NINGÚN RÓTULO en la casa de la menstruación. Los sabedores de las audiencias acuden pulquérrimos. Testigos y reos refrendan los deseos de las gobernantas. (¿Haremos que la pureza sea repartida entre chóferes, cual tótem del símbolo nunca trizado?). Pluma mía, de las indefinidas, ¡sí que serás haragana! Lo demás, pronombres y tales, contribuirán a su fachada de ánfora y hebras de matorral.

 

9

ME HE PERDIDO en el anonimato, en el infinito. Ya la elegancia me contraría, me excluye de su alteridad. El frío se ha vuelto insensible, a pesar de las alabanzas muy blancas. Un epíteto se me cuelga del pelaje de la barba y pugna por hacer época, pero se acera y veloz se oxida. Posó un paquete para mí, aunque no portaba dirección. Mis manos lloraron con llanto de descargo.

 

10

LA DESPEDIDA dentro de mí me pone fuera de sí. Me acerco a la oscuridad guiada también por uno de los de la ironía. Los paradigmas se me abultan en los bolsillos y son otros quienes los sufren. A mal traer, revocarán a la sacerdotisa de las emboscadas. El hecho apenas se escucha de mis labios. ¡A quien le deban tibieza que pronto se la sacien! Hay tantos esquemas sin fuerzas ni cualidad.

 

11

¿CÚYO es el calzón en la feria sugerido? ¿Del jefe, del que quiere darse? Tendríamos que haber salido del niño que mora entre sus costuras. ¡Diversas razones que nadie las endilgue! Para sacar a los limpios no se necesita comparaciones. Nosotros mucho llevamos del asombro y nada. Cada gesto, un mimo; cada palabra, un aderezo. ¿Cuál pregunta se clausura enarbolada?

 

12

CUALESQUIERA se añaden ahí y ni se enteran. Sólo charloteos, giros primarios para no dormirse. Tantos que no tuvieron la culpa y, no obstante, se pliegan al azúcar. Los arcaicos riñen con sus rastros en llegando a presencia del occiso. ¡A callar las cornetas o que se las apliquen! Suceden contiendas por las analogías y se van, arguyendo atributos para raras enfermedades.

 

13

DAR nos han dado e higos convencidos. Cabrá la escritura en su grupo de régulos. Se ventilarán las pastillas destinadas a fortuitas toses. Del hogar maltrecho parten las musas de los poetas y sus equipajes son cargas despavoridas. A ciegas, cunden las controversias, al tiempo de la asociación de soledades. La elipsis pasó y no se lo perdonan. Ayer dejaremos materia para el acceso.

 

14

PUES, enantes la audacia ni pizca de que se rindiese. Ahora la cobardía resulta majestad y conviene a sus muñones. (Los ahogados pueden esperar a que los venguen quienes en buena pro vengan). En el lugar de los vivos, pleitean los muertos y la paciencia escamotea su estilo. ¡Rindámonos si de los rayos estamos enamorados! ¿Brillan los morfemas, aun a riesgo de no sustentarse en las vías?

 

15

ENSILLARON a los huéspedes con la verdad de las maderas y no hubo errores ni malas ortografías. Diez veces hubiera habido escaseces y, otras tantas, letras las suplieran. Lo cursivo nos favorece (no lo cursi) y las reglas no osan invadirnos. Lo magistral se renueva en los lances del asomo, aislando los ceros, promocionando ansias y ganancias. (Enviado, me obtuve de hinojos y argento).

 

B

1

LAS BARRAGANAS se sacuden la vida y alcanzan a los ciegos en las escalinatas del habla. Los intiman, los entrañan, los ahondan, pero no insisten en compartir sus visiones. Las apariencias se mueven con la gracilidad de los álamos, bajo un cielo de hojalata con orín de marca. El ambiente de jolgorio se anuncia a través de panfletos impresos en los hoteles. De sedancia en sedancia, se alteran las armonías de los durmientes por estímulo. Unas imágenes se forran tras los umbrales y lo sórdido de sus texturas se ciñe al vaho de las alcantarillas.

 

2

TRIUNFOS de los alardes para compensar la vulgaridad de los enhiestos. Los olvidos prosperan como podrían prosperar los remiendos en el traje de la injusticia. ¡Que callen los que jadean entre mortajas! Así se irán encajando pestañas de fuego, quijadas de sangre, oídos de sal y vinagre. Ascienden los cuerpos hasta el nivel de los rostros y las delgadeces se evidencian en su dura, fría y pura estampa. Fragancias no proceden: más puede el embrujo de las tripas. Se admiten sombreros con carácter de lobo y postres para las ratas que se sorprendan con carencias de niebla.

 

3

SE LLENARON las salidas con indigencias admisibles. Las entradas eran para afincar lo de ustedes. Relaciones de las ceras y de los ombligos en tránsito de marchitez. Obran las dudas sin notificar su neutralidad. ¿Estos trajeron cláusulas pintadas? ¿Aquellos aprovecharon fórmulas del puteo? Entre otras alhajas, huevos en su pimienta, secretos de las rajas voraces. Las gentes embarazadas de mercancías, sujetas a la prudencia del perejil. Saltan los vagabundos y se les enfurecen las tardecitas y el café correteando, curioseando encima de frases que ya ni nadan y desaíran.

 

4

PRENDED al flojo y dadle flores. ¡Lo veréis cómo se repite! (De modo simple, me permití esas contrariedades, pero ignoraba lo apodíctico). ¡Vuelvan caras, pronto! ¡Tornen las faces, a deshora! Les cabrán amores, agradecerán los cuernos, presumirán de progresivas sapiencias. La felicidad después de los gerundios y las locuras en medio de las nalgas. ¡Con las suyas se avientan quienes tragan granos! ¿Pues? Hasta los encantos hieden con sus meses y las caminantas se ejecutan si no les pagan. ¿Ha lugar, estrella del alba? Vuelva con su vulva más a menudo y ganará hermosa escena.

 

5

ME ATERRA la música hecha de mutualidades. ¿Las madres no temen que sus hijos se tronchen con esos chirridos? Mis orejas ya no ocupan el lugar de la cabeza, sino que ahora se ubican en un plano de avanzada vertical. Lo llamaremos “decorado con agilidad de encuadre”. Mis esperanzas vuelan en procura de dolencias insonoras. Las diviso aleteando por encima de los bloques de edificios. ¿Aún serán nobles? ¿Me curaré entre incertidumbres y arcaísmos, entre equívocos y retornos? Una subasta sería la solución. Empero, ¿subastar qué? Si ya todo lo escrito se reduce a obsesión.

 

6

ELLO ES que la mente se desenlace y el esqueleto recapitule. Recién el guión no contrastaba con las premisas del sátiro. Aligero el vientre y anulo las disposiciones. De solo a solo me atajo más allá de lo desconversable. ¿Sería prudente callar o soltar al pájaro parlanchín? El teléfono se desplaza, mas no encuentra destinatario. Mi piel no elucida la aguja que la cicatrice. ¿Qué cuelga de mi vista? ¿Acaso teñiduras, pigmentos belicosos? Debo descubrir dónde abreva mi pijama mientras trasiego purgantes. No puedo mecerme para que me arrastre la aurora y luego emerger macerado.

 

7

CUERDA que me alarga hasta la moza que me promete hábito. A mí, el sedentario nómada. Muchos puntos calzan mis legumbres para andar ahora a la espera de raíces. Algo sobrenada en mi costillar e ignoro si es nostalgia, de aquella anterior al flujo del trastejo. También abundo en bostezos, en féferes alterados. Disfruto viendo la vacilación de las valijas. Al cartero lo borró del horizonte la conmoción universal. ¿Cómo sorprenderse de la altura de donde penden las llaves? He nacido de nuevo de la secreción de mis huesos y me calmo y toco esa cosa inmaterial. ¿Ansia de porfía?

 

8

BOCA DE RANA expuesta ante el borde de la puerta. ¿Cuándo se escurrió? ¿Y por qué? Por ejemplo, me faltan respuestas. Entre tanto, prosiguen las inclinaciones y las pelotas trabajan bien. Y el pequeño batracio —o parte de él— no es una polea y su torpeza no me asfixia. Unas rayas punzan mi frente y averiguo la dirección que tomará la brisa de tutela. ¿Cómo restregar las noticias que nos azotan? Contemporizo con las piruetas. Giro sobre los talones, asaz pírricos. Los aparejos de la paciencia descansan. Mi teatro suspendió sus funciones. El porvenir se osifica.

 

9

ALCANZO el lincurio con la oportunidad que me da el lince de piedra o su imitación. Me imagino en medio de los mangles que moderan su conducta y prosiguen. ¿Sitio que me concentra, cabal, idóneo? Un nido libre de disgustos, sin pollos que abusen. En mi retiro, vacaciono a diario, asisto a representaciones antiguas y me río en nombre de todas las cifras. Se me brotan los ojos hacia la derechura de lo orgánico. Las tonterías las como con tortas de claridades ocasionales. A veces, me menciono, equivalgo y entro a la proximidad donde estoy y llego y voy y vengo, en baja voz.

 

10

ABURRIDA CUCHARA para medir la sopa sin carácter. Pechiblanco, tanteo el lomo de la pecatriz y siento que se abre la parte de las ancas. Un grato aroma suplica y lo inhalo con un hambre predicable. No determino momentos ni distingo instantes: todo acontece bajo una mixtura intemporal. Las dosis de diálogos: unos telegramas que no se descifran. Me relaciono con cierta especie de reloj escondido y me junto a su incoherencia. Replico en el balcón que no se afirma —porque no existe— y saboreo la oscuridad de hembra que extiende su luminar.

Wilfredo Carrizales
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