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Modos del claustro

lunes 22 de febrero de 2021
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Textos y ensamblajes-collages: Wilfredo Carrizales
Modos del claustro, por Wilfredo Carrizales
Ensamblaje-collage: Wilfredo Carrizales

I
A soga

1

La soga extiende su poder y se anuda y la acompaña su carácter. Da espanto su presencia cuando parece trenzar la muerte. Busca testigos para pleitear y para poner ciertas medidas en las regiones del desorden. Varía cual crizneja, sin miedo a quedar expuesta al exterior de las miradas. Aguanta molestias, vejaciones, desprecios, con tal de amarrar sus objetivos. Quien osa burlarse de ella termina colgado de una viga o del travesaño de un puente.

2

Un ojo se azula y se empina a escudriñar la soga. (Cuatro pupilas espías ponen su proyecto de captura y falsamente mansas se tornan con tal de secundar el itinerario retorcido). El ojo sabe estar ante un cepo y una soga no la envara. Él simula otear la profundidad que no se nombra y adopta un gesto apegado a la circunstancia. Si empieza a ponerse rojo, guindará cual tizón sin rocío.

3

Y una mujer no cesa en su desnudez, aunque pasar de incógnito pretenda. La soga la perturba y no permite que crezca más allá de una longitud. ¿Hay espejo para reflejar el hecho, aunque sea uno redondo, maltratado y ahuecado? Nadie expresa la respuesta, pero alguna ligazón estalla en un rincón de un muro en entredicho. Y la mujer ya no quiere más vestirse y ensoga su decisión y se aplica en contradecir su cuerpo para que no sea sojuzgado y roto.

4

Finge un saltamontes que sólo se interesa por una mancha. Atravesó corrientes de negrura para estar en ese escenario que lo atrae por el peligro que representa. Y la soga se voltea para observarlo, para verlo hacerse el pillo y el insecto no arroja su temeridad y prosigue en lo angosto de la superficie. Sólo media entre ellos la nariz y la respiración de un alguien que intensifica lo discontinuo para proseguir en su artificio. (Son las cinco de una tarde que no se escribió y lo más probable es que el saltamontes haya sido arrastrado por unos hilos que le causaron repugnancia).

5

Violencia tardía se acuerda y se soguea con pericia. Hondas se cuadran las direcciones que conducen a los cuellos de los señalados. La soga no amenaza en vano: ejecuta funciones a toda hora del día y nunca es inoportuna. Le sobra tiempo y conoce el agradable sabor de la prolongada espera. Además su debilidad no se pone en discusión: su materia raspa y deja quemaduras sin apuro.

6

En paralelo, un indiscreto fue ahorcado. Un mentado sin hogar se colgó de un sillar. Un aplicado a las burlas fue retorcido hasta que perdió lo cazurro y echó el pelo. La soga permanece sojuzgando y así encaja bien en su oficio. Hileras de hombres no soportan su visión y huyen despavoridos. La soga no los reprende, sólo tira de sus miedos y obtiene de ellos el barniz que los delata.

 

Modos del claustro, por Wilfredo Carrizales
Ensamblaje-collage: Wilfredo Carrizales

II
A escondidas

1

La vaca se deshizo del cabestro y ahora cabe en el establo en que se apoya. Ella sonríe desde lo blanquecino de su origen: expresión que se amolda a los papeles de su lecho. Prosigue en su ideología para lograr un cuerpo de animal lejos de la obstinación. Vacante no está el sitio de su preferencia, pero si pulsa una cuerda logra una concavidad que la aísla. La vaca no está ni flaca ni gorda: sólo lo justo en la alternativa. Vacila ante un doblez y debe, de prisa, sorber sus mocos desventurados. No enferma porque posee una piel propensa a la abundancia. Vaca de cola de manantial. Vaca abierta para lo fecundo. Vaca que abrevia el vanadio y lo participa. Vaca de dinero para cinco jugadores de azar. Vaca que se antoja de las mariquitas y las mima hasta el cansancio. Vaca que trabaja por ocio y que se siente perpleja porque no da leche.

2

¿Será oso ese ser vestido de extraña manera? ¿Habrá venido de alguna región donde la sonrisa es eterna? ¿Quién osa reprobar estas cuestiones? ¿Alguien se atreve a entregar un osario de plantígrados? Un pelaje largo, albo y espeso obstaculiza cualquier deducción y ¡vaya si pesa ese andar! (Si la vaca de marras se las entiende con el vanadio, este mamífero del género Ursus husmea entre el osmio). Y el oso puede que se salga del lugar común y no tenga la cabeza aplastada (lo que pone a salvo su pensamiento), ni el hocico puntiagudo (sino una línea semicurva), ni una ferocidad irrefrenable (su rostro refleja mansedumbre que basta y convence), ni su aliento hiede a carne de morsa o pescado… Entonces, ¿ante qué fiera domesticada estamos? ¿Acaso no esconde las garras bajo un vestido largo para no asustar? Formemos un nombre y no alborotemos más. Podría llamarse Ostensorio y custodiarnos los caudales que se agotan o podría nombrarse Ossobuco y ponerse a rodar, tibio y oloroso a tomate con vino. U oscilar nosotros entre osadías e insolencias y no cumplimentarlo y regalarlo con monedas y piedras de lumbre para que en la calígine su parte ósea se fortalezca.

3

Hojas fragmentadas de libros esperan ser liadas para la diversión a la puesta del sol. Una cuerda de esparto precisa la treta que llevará a cabo y un par de piedras se frotarán para sacarle chispas a la situación. Una muestra de espasmos se adelanta a los hechos y los pervierte un tanto. Endemás hay peculiaridades que estructurarán unos enojos de calidad suprema. Así cualquier extravagancia aparecerá de cierta manera. ¿Al final se desceñirá lo que no ha descollado aún? (La rana roja sobre el techo aguarda su ocasión para destacarse, pero, ¿qué exclamará ante la moneda de plata que pesa sin haber sido convertida en posesión extensa?).

 

Modos del claustro, por Wilfredo Carrizales
Ensamblaje-collage: Wilfredo Carrizales

III
A la antigua

1

Un fondo de carbón o de virutas para que la antigüedad aflore con mayor eficacia. No son antiguallas las figuras para un relato que no se reconoce como tal. ¿Acaso noticia sin novedad, costumbre pasada de moda? Antes, en tiempos ya pasados que todavía no pasan, los empleos se anticuaban, pero adquirían una pátina de prestigio indeleble. La edad podía ser clásica y reventar los monumentos, las estatuas, las columnas talladas. Se aspiraba a que las tiendas tuviesen un aroma añejo, cónsono con los objetos que estaban en venta. Una influencia no era un hecho muerto, ni los rostros adustos y notables desaparecían de la memoria de la gente. Los escalafones de los antiguos servían de modelos para el ascenso hacia periodos pretéritos. Por principio, se asocia el arcaísmo con reliquias que causan ruidos en la vista. Mas en vetustos testamentos los sabios no se apolillaron, sino que estuvieron incluidos en el derecho a pensar y discrepar.

2

Y hay quienes han dejado de estar anticuados y soplan verdades a través de sus tubos sonoros y hacen ruido y se burlan de los pretendidos modernos. Los adianos brillan con sus halos y combaten valiéndose de su propia inflamación. No se pierde la cuenta de los extraordinarios logros de la mente de antaño: sus efectos aún perduran. ¿Por qué aborrecer a los pensadores supuestamente envejecidos? Desde que las excelsas inteligencias asentaron los métodos para hallar la verdad, ya nada se tornó rancio por el mero hecho de venir del pasado. Hace muchos soles y muchas lunas que los representantes máximos de la antigüedad andan por el mundo rebatiendo dogmas, falsas doctrinas y prejuicios e ignorancia. ¡Abridle la puerta a los antiguos que todavía tienen cantidad de cosas que decir y que revelar!

 

Modos del claustro, por Wilfredo Carrizales
Ensamblaje-collage: Wilfredo Carrizales

IV
A custodia

1

Un ángel se guarda si el tiempo oscurece y bajo techo se pone a tocar su bandolina y todo alrededor reverdece, incluso las secas hierbas de los muros. Él se aplica con las tonadas celestes y le canta a los espíritus que no dicen adiós. (Al compás de las notas, una niña vuelve a sonreír y se orienta en la rosa de los vientos). No importa que él no sea bello, si la bondad lo guía en sentido estricto, aunque se aleje del noveno coro. Lo importante es que domina virtudes y las reparte desde atalayas.

2

En el orden de su jerarquía, al ángel le corresponde un automóvil glauco, pero él lo arrambla, lo encaja en una malla para que no estorbe sus actos. El ángel posee la potestad de crear relámpagos negros en el cielo: señales para amedrentar a los perversos y ruines gobernantes. Desprecia los tronos, empero ama los truenos que anuncian lluvias benefactoras. Si el estado de las cosas lo amerita, arma una fuerte milicia e impone orden donde se hubiese perdido.

3

Al ángelus, el alado mensajero juega con los tréboles y las angiospermas y en su nacimiento encuentra todos los antojos. Al oír el toque de campanas, él recita oraciones para expulsar a los diablos que asolan las ciudades. Se opone con ahínco a quienes quieren imponer su culto y prefiere comunicarse con los seres sencillos de la naturaleza.

4

Es depositario el ángel de la colección de llaves y cerraduras del firmamento y de la tierra. Con ellas resguarda a los entes asociados con la gracia y la simpatía y, de esta guisa, se hace atractivo a las mozas con encanto. Muchos ignoran que él es un experto  en subirse a la mesa de billar para lograr geniales carambolas. Está adscrito a los mejores sitios donde se practica ese juego y cuando alguien se atreve a hacerle trampas, lo expulsa a zapatazos, porque él bueno es, mas no inocente.

5

Desde las tinieblas puede rebelarse en contra de los déspotas y luego lanzarlos al más profundo foso en llamas. Cuando él transita por las avenidas se hace un silencio que lo perturba y entonces estalla en exclamaciones para que retorne la algarabía.

Wilfredo Carrizales
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