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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Tótem nuestro de cada día

lunes 8 de marzo de 2021
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Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

I

Tótem nuestro de cada día, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

1

Tótem Nuestro de Cada Día que nos proteges del totalitarismo y añades aceite nuevo a la piel cansada de quienes padecemos. Tú, madero que te alargas para nuestro servicio: señálanos el refuerzo puntal para precavernos de las celadas, de los daños y de los castigos impuestos por los déspotas y sus secuaces. Represéntanos el modo de ser que señalaron nuestros antepasados. Tú, poseedor de dardos con el aguijón requemado y terrible: aniquila a nuestros destructores enemigos.

2

Emblema que proyectas tu fuerza desde el rincón que has azuleado al final del pasadizo: azuza al perro de la mente a acometer todos los posibles peligros. Clavetea nuestra voluntad para saltar por encima de los tejados e introduce un límite para no entrar en la polvareda. Símbolo destacado para no precipitarnos en el desorden y la desidia, figura de los rasgos de metal trabajados con fuego y martillo: haznos ostentar el despliegue de la victoria sobre nuestras flaquezas.

3

Venerada imagen que permites la adherencia de la hiedra: agarra nuestro coraje y estíralo hasta alcanzar niveles de pasmo. Llévanos a trepar alturas acorazadas, con un corazón de labios locuaces. Cúbrenos de casualidades lustrosas que nos permitan andar en medio de las penumbras. Emplea tus brotes en decorar nuestros pechos de jardines en miniatura. Endurécenos en la medida de tu vigor coriáceo y envuélvenos en las semillas de tu ara parecida a un yelmo en la vorágine.

4

Prodigio de la simultaneidad, probado acaparador de los rueznos: sorpréndenos con una emboscada a los traidores y a los arribistas. Confiamos en tus acontecimientos a tiempo: no frustres nuestros sueños. Multiplica nuestro raciocinio, día y noche, a hito, para navegar por tus cauces referidos en los memoriales del centro de tu hidalguía. Haznos comprender a cabalidad el arte de la sajadura para así curar a los enfermos de insania. Bríndanos el trasfuego más resistente.

5

Noctámbulo que te sales de lo común y entras en lo extraordinario: tráenos, a manojos, la abundancia de los bríos y las pujanzas. Jabelgador por antonomasia: coloca las armas blancas bajo nuestras almohadas para que alejen a trasgos y fantasmas que merodean sobre motocicletas. Legitimador de lejanías cortamente espaciadas: adjudícanos los títulos de las antiguas piedras sin perfiles, aptas para la templanza en medio de las terribles borrascas. Adelantado a lo culto, arrullador de los ramajes: destina los preciosos candelabros para nuestras vigilias y no permitas que capitulen nuestras hogueras ni nuestras ardentías. Concertador de cazas en las calles y avenidas de las ciudades: cuida que caiga en nuestras redes esa canalla que rasga nuestras bibliotecas.

 

II

Tótem nuestro de cada día, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

1

El tótem del clan nuestro (los ojinegros y ojialegres), de origen común, cimbra el oriflama para que los pájaros formen su orden sobre la flexibilidad de los árboles que paren flechas. Él introduce las pasaduras contra los bordes de los cajetines aéreos y sucede por encima de los recelos y lo sinuoso. Además tempera con el sonido de las colmenas de avispas y cigarrones.

2

La afinidad consanguínea no se sospecha del tótem de nosotros, los sin prejuicios. Nuestra raza no tose inserta entre los matorrales que a otros hace estornudar. Él y nosotros, de consuno, salimos a la recolección de frutos y mieles silvestres, de aguas compuestas y de revestimientos para el cambio. Juntos evocamos las nubes que nos incumben y simpatizan.

3

Nuestro parentesco de sangre con él se realizó desde que existen los remolinos de arena en las encrucijadas. Es él quien facilita los alimentos entre resoplidos de energía vivificadora. Nos trata con la racionalidad de los horizontes que mudan tras los ópalos jóvenes. Desde su cuarto de cuchillos y espadas lanza sus brillos para que entendamos sus mensajes en clave.

4

Su consustanciación está en cada uno de nosotros que somos su esencia y su fluido. Henos doquiera él transite, sobreentendidos en la comunión más plena y más libérrima. Su lugar es nuestro ámbito de necesidad encarnada; sus sitios son nuestras localidades donde proporcionamos luz a través de escotillas de hojalata. Trabaja en silencio su idioma de consonancias y nosotros asentimos, completos y acentuados.

5

Lo telúrico se escenifica con sólo un gesto, una pulsación que emerge de él como cauterio para las heridas del cuerpo y del alma. Su cayado, todo él, habla con enjundia, pero no interviene en nuestros diálogos fenoménicos. Procede él a una constante combustión que no provoca ni humo ni calor, aunque sí desprendimientos de átomos en sinergia.

6

Cósmico en el resplandor del orto que zurce nuestro promontorio de hojarascas y de cuerdas. A él nunca le faltan pruebas de nuestro parentesco: él, nuestro progenitor, nuestro padre proficuo y profetizante. Sin cansancio, carga su mitología de una esquina a la otra y, entretanto, trasiega licores y amables cordiales. Nos imbuye en su sacralidad sin sujeciones ni dogmas y confiesa su jubileo por nuestro estado de gracia exclaustrado.

 

III

Tótem nuestro de cada día, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

1

Y las aves de señalezas construyen sus nidos a sus pies y ponen huevos, cuya dureza raya con severidad las provocaciones. Y las de cetrería usan al tótem como alcándara y, en ocasiones, deviene en cetro para los virreyes alados y rapaces. Y las migratorias traen sus residencias en otoño y se las llevan en primavera. Y las del paraíso cuelgan de sus lados, a la manera de tegumentos que eclosionan. Y las de cenizas perecen ante su presencia y luego resucitan entre bicromías y cañamazos.

2

Del fondo de la niebla surgen nidales: ponederos para las exogamias y el tótem los deslinda y los acomoda a su vecindad. La vocinglería le agrada y él promueve el vuelo temprano de los pichones. La complejidad de las breves viviendas de pajas, ramitas y algodón propugna las costumbres que cohesionan a los grupos que disfrutan de picos y trinos eficaces. Si no huecos, él les destina una muelle comodidad que se mantenga aun en noches de revueltas de meteoros.

3

Muda el tótem los nidos sin desanidarlos y se guarda mucho para imponer que no se note el cambio. No desea escondrijos ni en broma: odia las discordias, las riñas y los disgustos y se emplea con decisión para imponer este criterio. Aunque él nunca ha visto a las urracas las intuye en las proximidades de las iridiscencias del arcoíris y les pega un grito y las espanta.

4

¿Que los pájaros particulares no retornan a sus nidos? El tótem les ha depositado su confianza y la empolla con fruición y sin abuso. Con audacia le sobrevuelan el tope las golondrinas y él les desparrama insectos y la noticia se acentúa por todas las direcciones conocidas y aun se patentiza allende la perennidad. Un reparto de premios suele acontecer mientras el tótem se vuelve perpetuo.

 

IV

Tótem nuestro de cada día, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

1

Las creencias del tótem incluyen clavos, pernos y chapas y con ellos organiza sus relaciones al interior del clan que le profesa respeto. Los sentimientos cohesionan a los cofrades y son todas las circunstancias propicias para el fortalecimiento de la unión. Si hubo lucubraciones, no han existido para el resumen de las huellas que valen. La íntima afinidad resulta un almario en poder del tótem y él lo utiliza para conciliar diferencias.

2

Las prácticas del tótem son proteicas, pero se distinguen por la ausencia de arrebatos. ¿Acaso él no siente crecer la tierna hierba en sus cornijales anejos? ¿Acaso no explora las astucias del murciélago que atraviesa las herraduras a pleno sol? Su estirpe se pone de manifiesto, de especial modo, durante el estío. En ese entonces, se estira, mas no gasta su orgullo en vano y lo guarda para encender otra mecha.

3

No cree él en supersticiones, ni tampoco permite que los seres de su clan las profesen. Sí aúpa leyendas en torno a su genealogía, sin que obsten tabús que se pueden evitar. De veras establece ciertas prohibiciones: no dañar las telarañas, no eliminar las lagartijas, no asesinar a las criaturas de las fortalezas aladas… Acepta los matrimonios endogámicos, siempre y cuando sean libremente escogidos. Y el entendimiento mutuo prevalece entre él y su clan de identidad.

4

La expresión de la realidad se obtiene de manera espontánea entre él y sus seguidores y creyentes. Su ideología busca lo sencillo, sin falsos refinamientos, pero que obre cual pétalo cultivado. Su rol va en pos de lo colectivo, donde lo individual no se desvanezca. Un gran apego al lenguaje sin palabras lo hace comprensible para cada miembro de su comunidad no servil.

5

Aunque él reverencia y cuida a los animales, no acata un animalismo a ciegas ni tolera abusos en contra de las llamadas bestias. El elemento viril lo impone a su clan con su propio ejemplo y la potencia de que es capaz la comparte de ser necesario. Lo relacionado con exequias lo pone de mal talante y más bien prefiere que lo funerario comporte un bagaje no molesto. No contradice el misticismo, porque él, en sí porta segmentos importantes de eso. Gusta, con preferencia, de narrar historias acerca de las tradiciones ancestrales de los tótems de diversas partes del mundo para que sus acólitos saquen las analogías que los nutran. Y de los cuerpos celestes averigua el instrumental mítico que pueda auxiliar a los compañeros de ruta, a los parientes en el ritual mágico. Y elucida de las imágenes sobre rocas los trazados de la alquimia para la dramatización de las intuiciones.

Wilfredo Carrizales
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