Saltar al contenido
Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Any way

lunes 17 de mayo de 2021
¡Compártelo en tus redes!
Textos y collage: Wilfredo Carrizales
Any way, por Wilfredo Carrizales
Collage: Wilfredo Carrizales

1

Mi vía tras la colección de figuras de cera y yo ablandándome con el paso de las ondas. Desde lo ácueo las ganadas chorreras para los rumbos de los muelles sin relojes. El botarate cae en un baldío y la desolación lo aferra hasta gastarlo. A la velocidad del titubeo un pelo entra en una caja que es una estufa. Mi conducta se acoge a un sistema de repetición, mientras un mirante exaspera al plomo de las secuencias.

 

2

Distancias de los objetos que entusiasman a mitad del cerco. Platico con la facilidad de un perro no cazador. Me consume el pan en la flor de su juventud y su aroma forma una columna de varios pies. (En unas gradas he estado engullendo silbos y géneros dulces: era el periodo del magnetismo por reflejo). Ahora ando a boca de jarro y con la saliva creo acuarelas para las rondas del vicio.

 

3

Adelanto los correos, sus maneras de niños exuberantes. ¿Quién dará la orden para soltar las runas? ¿Acaso he recibido las escalas del tren que se viste de fiesta? Dura mi deterioro, aunque lo considero sin utilidad. Casi me convierto en un noble aojado, dispuesto a vagar por barlovento, al margen de los derrames. Un conocido escarda las viudas y, por ello, tiene acceso a las sufridas lozas.

 

4

De tal modo, me ocasiono entre rarezas, a la intemperie y trabajado por tormentas. Los puntos de las manos se tornan pequeños y entran en connubio con el monte de las semanas. En las encrucijadas me incomodan las servidumbres, su lento transcurrir, su desabrida espontaneidad. En el otro lado de lo nupcial no sé lo que vi, mas me quemó las pestañas y la bandera de mis anteojos. El cansancio en torno me sirve de camuflaje, en tanto unas ruedas zumban y desparraman ventajas.

 

5

Pasajes para todas las lejanías y los declives postulando sus yerbas al sereno. Mi escondite tiene las suyas y nada les añado. Aguzo mi apetito para los días magros y, de cuando en cuando, soplo sobre jarras de vino y espanto los látigos que vuelan. Bajo un banco suele haber preceptos que emiten fuego. Entonces aprovecho y capturo gangas sin promover rodeos y me tallo con el viento de frente.

 

6

Agitado, me sirvo sin estorbo. Fuera de los hitos, lo blanco propicia su leche y preña con un sano comercio. Hago lo que sea dicho del peso y luego gravito encima de mis vestidos de celajes. Una pluma urde su estilo para mi barba y el bienestar nos incumbe a ambos. Velo en la senda de donde zarpan las madrugadas y logro los aniversarios de las aves que traman cuentos con la extravagancia en manojos. Un fucilazo puede desconcertarme, como si dijéramos “cuchillo”, mas recobro la anchura de mi juicio y atestiguo que el espíritu aún mora en su casa.

 

7

Oigo el adelantamiento de las anguilas (¿o de las águilas?) desde una torre que me prodiga comentarios. Ahí he de bautizar los estragos de los pícaros para luego retorcerlos hasta que queden malparados. No me preocupan los arbitrios ni los desgastes de los muros. Acabo por perdurar girando las bocinas y alejándome de las zancadillas. (La decencia se enrarece tanto como la valentía y los cobardes se esparcen tras los portamonedas que les lanzan desde los buques en ruinas).

 

8

Estuve en vías de vibrar con las viandas llegadas en avión. Mi oralidad resultó impenetrable para los vicarios de los sufragistas. Vendí cara mi vida a unos redentores con piel de versículos. Aun estuvo lloviendo sobre el vertedero de las obras dizque pías. No hay quien me crea y por eso me complemento y no transijo con el ayuno. Después resultó que arribé con mis narices colgadas de un horizonte y mis veladuras bien encaminadas. Aquí me he pedido y aquí estoy, a mi servicio.

 

9

¡Basta y el paladar ante mi vista! Porque una chimenea quizá pueda devenir en persuasión para los novios. ¡Sobra la imaginación que no se combe! ¿Y si estuviera yo en boga y lo ignorara y las enhorabuenas se perdieran por falta de concurso? Cosa igual se ha apreciado en los garajes donde abundan los raptos en desarrollo. Ya se expresan las esperanzas de salvación, mientras los choferes recogen del suelo las triscaduras de los periódicos marchitos. (Un santo hace señas y se planta).

 

10

Entre veces los jabones no son considerados y van a dar a las luengas desviaciones. Lo púbico no merece castigo, sino trámites de frotamiento. Algo es capaz de resucitar de los antecedentes de las grietas y los pruritos. Una estación maquina con sus vagones y esa certidumbre paraliza a los viajeros que se repiten. Cualquier purgante no pasa el primer yerro. En derechura, varían los llamados a franquear las hondonadas, pero la virtualidad arrasa con los ejercicios de base y circulación.

 

11

Levo los bajíos de las épocas cubiertas, a pesar de mi volubilidad y mi traslado. Extraño los hitos de la gasa y del tabaco infumable. Con rumbo agitado prosperaba, pero ahora el final no viene a bordo y se disipa en medio de lamentos de verdugos. Las maderas vense en apuros ante los espectros que no bailan el vals. Adelante me espaciaré, arrimadito a los frisos y a las estelas. ¿Me veré muy pálido en lo sucesivo? ¿Habrá un destajo para mis barajas mal enderezadas, para mis fichas sin campo?

 

12

Aquel paisano se revolcaba en el fango y su mujer se veía en apuros. Yo le arrojaba frutas de sartén, mas ellas se rendían bajo la gravedad de la torpeza. Entonces rehuía tan infame espectáculo e iba a mecerme en mi andamio gigante. Las nubes montaban, atléticas, encima de sus dirigibles, mientras en tierra se entablaban discusiones acerca de la mejor manera de filmarlas. Andorreaba yo y estudiaba el porvenir del oficio cinético. A la vuelta, mojado por un aluvión, me sentía antiguo. A modo de cuentapasos viraba las garras e impetraba con soberbia a los cielos.

 

13

Acceso a la ciudad biliar, donde los círculos no encuentran nunca consenso. El destino conlleva la respiración con salidas tenuemente efectuadas. Los muertos causan problemas por su negatividad al diálogo. Si fallan las embarcaciones encima del asfalto se autoriza un poco de revoloteo en hábitos de escolares. Los locos miran las albóndigas y les piden permiso para envolverlas antes de que se extingan. ¿La factibilidad no parece un pimpollo agriado por cualquier escándalo en los vestíbulos?

 

14

¿Dónde se habrá metido el clavo que requería la higuera del parque fracasado? Corrían las cantilenas hacia sus filiales tejidas, al tiempo que se modelaban figurines bajo la batuta de un artista en paralelo. La costumbre expurgaba su fortaleza para probar suerte o expresar el reverbero sin escudo. Un lleno de juguetes se conoce en un próximo momento y los presentes se valen de sus candelas para promocionar sus rostros que acaso venzan. Sólo una gota de sudor concluye ufana.

 

15

Cuando precede al tajamar el barco voluble se acrece con equivalencias de brusquedad. La extinción del problema no trae ninguna solución. ¡Mejor que repiquen las campanillas de los faros evitados por sus grafías! De seguidas, muchos husmeadores se usan de rayas y de puntos y, no obstante, el cisma no se previene. ¿Quién sintió las sales aprisionadas por los vigías en los escenarios vertidos sin temporadas? ¡Cifras de terribles hielos para los elefantes marinos y sus quehaceres tácitos!

 

16

También se repiten los apéndices en las privanzas de la espera. Un escarabajo transita y colabora con la policía y logra su derecho al equilibrio. Cada cuadro viaja tras sus árboles y despierta condenas o corduras. (Delante se palian las pantomimas y más de un gato se obliga a ser el portador de menstruos). Ha menester las lenguas en seco para dimitir de las estampillas. Desde la imposición de los dados, el azar se defiende en cruz y no se deslíe ni se hiende cual hatajo de miasmas.

 

17

Surgen los acallados del interior de la calina y sus gestos oxidados se endeudan con la cochambre. Fosforecen unas pupilas en procura de su trascendencia. Sin embargo, el coto de la desgracia las sujeta y las aparca. Imanes con amplitud ruegan unas ancianas y sólo obtienen fragmentos de puertas y cucharas. Se afincan los sitios que no se conjugan y urgen los lazos del hombre ante su realidad lisiada. La mitad de los meteoros yacen olvidados en las carreteras y un ojeo los vuelve portadas de relaciones sobrantes.

 

18

Ojalá la multitud olvide las meriendas que la diezma. ¡Culmen de presagios que resonarán al fondo de las mañanas! Muy de los hiatos los fríos que se levantan de los pozos y las alcantarillas. Y una fotografía espejea para guardarse. Se debaten los bullicios alrededor de los guetos de los marchantes. Así mismo la otredad no ostenta su sencillez. De las madejas se acentúan los desagrados y los cuerpos despuntan por sus pelambres. Como que la evocación no se reconduce. ¿No es normal amar los puentes, los símbolos de las muletas, los híbridos sin números, las saetas?

 

19

El soñador terminó con la paz agazapada en los umbrales. Estallaron los espantos y sus insustituibles envolturas. Aquellos hechos alojaron espumas para tumbar escuelas. ¿Cómo el dónde si raramente no insistió? Altísimo se proferían las guapuras y los gases se prestaban para deleznables funciones. Se acentuó el rabiar de los radares, con réplicas, pero exentas de rubiales. Los párpados se saciaron de ruidos que los discriminaban y unas hembras, asequibles, soliviantaron sus salpullidos.

 

20

Los meniscos disienten y se desvían. Los nardos flexibilizan sus recipientes y ya no es posible pensar más en alcándaras u otras persuasiones. A la fuerza, el querosén quisiera desteñir los mohos y reaccionar en contra de las solapas. ¿Qué se molesta en partir? ¿Alguien apuesta su fermento? Irradian los encajes, dotados de registros prósperos, y no constriñen las instancias. Luego, a sobrevienta, los papeles del resuello se condensan y resurge la visión de viáticos y de lutos.

Wilfredo Carrizales
Últimas entradas de Wilfredo Carrizales (ver todo)