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Rotantes las impresiones

lunes 19 de julio de 2021
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Textos y ensamblaje: Wilfredo Carrizales
Rotantes las impresiones, por Wilfredo Carrizales
Ensamblaje: Wilfredo Carrizales

I

HUELLAS cada mes, cada eón, hasta así de ceder y los juegos de la semilla rompiendo la mirada en cono recto. Mueve el humo los tapones que se deshacen. En el caso, se predice una araña en los metros de botellas de los náufragos. Se encrudece la encrucijada y la noche pasa aferrada a sus espíritus. Un furor explota en venas y una ganzúa recoge del suelo los hojaldres del suceso.

 

II

CIERTOS fenómenos hundidos en las rocas sin islas. Y son precisamente las más densas profundidades las que determinan las plumas que no nadan. Acontece desde el largo cuando y las grietas obedecen al norte llamado. (Julio en su marco y su signo amengua sin altivez).

 

III

SIEMPRE las cosas y el porqué de su imperfección. Un tesoro hubo dentro de lo menudo de las luces. Su sencillez acabó arrebatándome, suelto y consabido. Y el dilema difuso en el ombligo.

 

IV

LADRILLOS justificando mi deseo de contemplación. Desde el techo un punto se torna de paladar sin gracia, puro desperdicio para la vista colgante. Abajo, una algazara pule sus brasas y abroquela.

 

V

LAS EXPECTATIVAS y las marcas. Apoyos para el instante de la partida. Después, una madera que caminará descalza hasta su propia función. ¿Acaso un retrato gruña en lo reciente?

 

VI

TROZOS de la realidad mezclados con el lodo de allá, de nunca. Sólo las horas son distancias. Lo otro: el motor que se imagina. Por estar las rejas donde están se echan, hienden la tierra y algo fenece.

 

VII

ZONA para la intuición de la campana, mientras la veleta se adosa a su avioncito de escorias. Lo que entra en el entorno se denomina mampostería y abarca las maneras del yeso que se come.

 

VIII

LA JUVENTUD de los bordes; el horizonte alzado encima de la cocina. La nostalgia trae su vestido de marfil y la antigüedad lo sueña. El morbo del fraile lo vuelve más solitario. Se conforta la comarca con los cuerpos que se preñan. Quien yace en la sepultura almuerza por ajuste.

 

IX

YERMO que me busca tras los lustros que no he vivido. Enfermedad de mi escritura que no contagia. Una lámpara adivina mis mañanas, entretanto mis pies se quebrantan al son de peonzas.

 

X

VOLVER a la casa con los zapatos de pájaro y el polvo huyendo del fuego y las cenizas penetrando, por ahí, así de fácil. El cáliz fue ejecutado, se entiende, y muchos vasos levantaron sus excepciones.

 

XI

LLEGUÉ a ella, a su entramado de piel y vellos. Me picaba su aire desde la fachada de su vientre. Unos ladridos me indispusieron para el proyecto de la pasión. Sendas señales hollaron mis talones.

 

XII

DONDE el estilo se explaya y los vitrales vierten mis figuras de canto. El frío sobra y los sofás también. Hambre de pedestales en la madrugada invertida. Se incrustan los mosquitos dentro de la porcelana, a pesar del olor a música de almizcle. A cubierto, un rostro bala y ofrece separación.

 

XIII

MÁS papel para las muñecas en el diván. Lo amarillo se completa en su altura y la única palidez descansa en el exterior. Juguetes que marcan lo contiguo. Vigas que lame el toro desde el encuadre fotográfico. Los elementos se han rebelado y su obra se recibe con franca precisión.

 

XIV

SUELE la tela concluirse en el claroscuro y verter su mudez de esparto. Incluso se asoma una gama de texturas y las rayas mueren sin chillidos. ¿Es el azabache el que muta con el tránsito del verbo?

 

XV

LO PRIMERO se fija y duerme. Un cordón suelta su pericia y ésta se va siguiendo las excusas. En cuanto se comenta el vacío, el tiempo se disuelve y luego se incorpora al nardo en su arriate. El azar reluce con sus joyas de infancia y delirio. Los zumos se disimulan de tanto humazo que portan.

 

XVI

SE PARTEN las historias en inocultables pedazos que más tarde se complementan al pairo. Me rodea lo extensible y caigo pronto en su olvido. Interpreta la quimera el cambio de los espacios, las gradas prescindibles. Alguien reparte aureolas en la víspera de las demoliciones. Una escalera exhibe su fondo intenso de muertes y lujurias. Una mariposa masculla su margen y marra.

 

XVII

UNA RETÍCULA para los alrededores del miedo. Un vínculo endeble con la topografía. Una mujer cuya hermosura yerra sin triunfos. (Las corvas se han torcido y es propicio el ceceo). Cien ruedos para los harapos del milagrero. Y aún se aducen formalidades y elegías durante las dilectas digresiones. ¡Espumas que no responden por los bocados al acecho lanzados!

 

XVIII

MERCURIAL en el mentir. El perjuro afirma haber hallado la perla que absorbe todos los rocíos. Jamás se consuela en sus infamias. La redondez de su rostro atrapa conchas para embellecerse y él mismo se fatiga frente al espejo y nada maravilloso descubre.

 

XIX

HUÉSPED para el espliego donde se calienta el jardín. Algunos destinos se lavan; el resto se corrompe. De las alcayatas cuelgan báculos para los que andan entre viejos. Que no se pierden en titubeos. Que querrían tener a mano el fundamento de la metamorfosis. Y los muslos se despiden con la disciplina seria de la helada. Si el catarro destila, el humor esgrime lo peculiar de su ojal.

 

XX

PARCA pared que parece parda y, a voluntad, que lo es. Estrellas para los proverbios de las madres; cabezadas para los hijos torpes. A veces, se declara un voto y una calcomanía se pega como parásito. Se curan de pasteles los flojos y las pavesas de sus mentes no se impacientan. Sacabuches a rebato.

 

XXI

ACECHANZA nuestra según la esquina. Tan de la prosodia y su tónica. Bienquerer sin preludio, menos el esplendor que contiene y nos mantiene. Un gesto para callar en la mitad de la caída, libre o no. De la dirección al ánimo que sigue y también la sugerencia de uno a otro oído. ¿Qué más gracia para lo arduo si el mambo hace rato se empozó temprano? ¡Ni se recuerdan los pechos arañados!

 

XXII

MANDOLINA que deshicieran los borrachos. Común en cuanto a la empresa acometida. Medialunas a posteriori y café de la existencia rellena. Se llega hasta a esquivar el agua, los mucílagos, las retahílas. No bien se acuestan los escarabajos debajo de las almohadas, se anticipan los sostenes para las sombras. No obstante, los nervios se deshojan y el crujido es sólo trampa.

 

XXIII

ROYAMOS a los ratones en la época de sus convivios. El queso de cuando en vez y que no acentúe el vicio. La simpleza acoge con su esparcimiento de boleros, al compás de legumbres animales. El prójimo reactiva su aparato para alzar el hocico y no más se le exige para el encuentro.

 

XXIV

FECHA expedida del lunes y carta para tantos usos. La escisión se agradece. Y de consuno, un elogio a la velocidad de un ronroneo de mosca. (¿Por qué no diluvia y licuamos el deshielo?). Puede que la cochambre sea un estorbo para los sentidos. Además el cóctel no se cohesiona a lo basto.

 

XXV

LAS AMBULANCIAS conducen lesionados bustos a favor de las doncellas. El desparpajo se calca y asciende de buen grado. Los residentes apuntan con sus automáticas y sus caras ajadas son el auspicio de la venganza. Fauces escupiendo consignas detrás de las basuras de la medianoche. Un incensario destrozado a tiros y un helicóptero tripulado por locos maniquíes.

 

XXVI

LA VANGUARDIA trasera gobernando los hoteles y los overoles lanzados por los ductos. Simpáticos los hermanos de la tecnología de las torturas. Refinadas hachas remodelan las mordeduras de los canes de la esperanza. (¿Los erizos tienen cabellos?). Las sentencias, por turnos; que la semántica permanece absorta. Y las confidencias se entregan parejas para ahorrar energías. (¿Y si nos fuéramos al Perú a circular con padrinos abruptos, ahora que las penitencias se absuelven?).

Wilfredo Carrizales
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