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Indagaciones o erotemas

lunes 2 de agosto de 2021
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Textos y ensamblaje: Wilfredo Carrizales
Indagaciones o erotemas, por Wilfredo Carrizales
Ensamblaje: Wilfredo Carrizales

A

1

—¿A condición de qué concurren las caras en su vértigo y luego se conduelen de unas muertes que no les pertenecen ni les hacen fuga?

—Hay manos de huesos que se apagan alzadas contra lo gualdo y hombres que refieren sus borracheras en el maremagno de las pasiones de los bares. Tantas conciencias han tropezado por oírse. Así los prójimos ya no salen de casa por permanecer trepados a unos mamotretos inocuos.

2

—¿Los yernos han sido perfectos en algún momento de sus zonzas historias o las rayas que no se traspasan siempre han sido las que les falta compañía y encantos de buen tino?

—Un mínimo para respirar y otro para que te respiren. Se abalanza la iracundia y se maldice hasta el próximo vistazo. En medio de las tonterías se ensayan compases para adquirir aperos y luego la algarabía crece con los corazones cabiendo dentro de sus estaciones encarceladas.

3

—¿Las acechanzas en las esquinas demuestra que lo suyo es de usted y que las menciones quisieron sacarlo de quicio y agraciarlo con el dolor que se reflejaba casi en las afueras del tiempo?

—Una particularidad del calor es la de convertirse en claridad con los desencuentros del habla. A favor de las consignas están y siguen estando los fantasmas y sus correligionarios. La obstinación suele adornarse de areolas de oro e impetrar el apoyo del cielo por encima de cualquier tesitura.

4

—¿Qué va de desmayo a laxitud durante los períodos en que los novios se conocen y las normas ideales tienen fuerza de tesis que resuenan cual campanas construidas a retazos?

—Lo sepulto se vuelve cenizas con los estropicios de la intemperie. Si llueve, te repetirás cien veces y aun así no será suficiente. Los días son plantaciones que no siempre apetecen y que el azar puede hundir en cuestión de minutos. Hay que saber con el pañuelo bordado y lanzar las pajaritas al vacío.

5

—¿Cuántas veces los espacios resultan en discordancias y provocan cansancios sin nadie proponérselo, mientras que lo previsto conduce a castigos y a secuencias de maltratos y penas?

—Se hubiera visto cómo temblaba mi papá ante el ropero que trepidaba. Quien hubiera entendido eso gozaría hoy de prebendas y de potajes, incluso. La exasperación no terminaba nunca y si uno iba al baño y no regresaba, algún recado llegaba de inmediato y golpeaba duro detrás de las orejas.

6

—¿Los elogios derivan de elucubraciones o del eterno renglón de las temporadas dizque virtuosas que no han sido otra cosa que eclipses y barreras apostados en fechas difíciles de aprobar?

—Los anuncios dignos se diluyen entre ruidos de viernes para sábado. Las décadas agreden con sus hipérboles a los ilusos de oficio. De ello se infiere cómo el pavo se hincha tragando basuras y desechos hasta que a su cuerpo lo presiden bandejas y cubiertos y una inequidad de alto nivel.

7

—¿Puede la poesía ser un artefacto de vana utilidad, mientras tanto no se soporta la proscripción que nos alcanza puntual, por lo pronto y por el anticipo del mediodía sin almuerzo?

—Mayores son los escondites donde se emiten maullidos y hiede a orina de ratas en estampida. Lucubrar no es necesariamente lubricar, aunque los efectos sean muy similares. Las llamadas de la hojalata se escuchan hasta en el lugar de la hibernación y sus fauces nos hacen fallecer.

 

B

1

—¿La extinción puede excusar al individuo de un diálogo signado por la debilidad o debe profanar la actuación de sus ancestros para meditar acerca del destino que lo diezma?

—Antes de escudriñar el porvenir hay que prescribir las retorceduras de la mente durante las sobremesas. Encima de la cama lo substancioso se desvanece o se yuxtapone, según el sondeo del soñar. Por más que las repeticiones sean asunto muerto y no sagrado.

2

¿Dentro de lo mustio es insuficiente un tránsito hacia la exuberancia? ¿Por qué lo fofo no presenta ese cuchicheo que se nota a leguas sobre la dársena seca y agotada?

—También existe lo que pugna por retornar a la simultaneidad de la sencillez. Nadie resulta apto para precisar lo que juzgan los hados. Parece que los cuentos no ilustran el cacumen con harta coloratura. Pronto se acallan los rumores en auge y ciertas catatonias hacen aparición.

3

¿Casi que la hora suprema tiende a perder interés durante los intervalos de la vagancia? ¿El tabú comporta un señuelo para mantener atemorizado al que se desguarnece y musita tedios?

—Entre nosotros desaparecen las preguntas que causan incomodidad y guisan el hígado. La excoriación posee sus propios signos de alarma. De buena mañana uno se marcha al lugar de la ruina y corren parejos músculos y huesos. Si el preludio se prende de un ojal, positiva quintaesencia es.

4

¿Dónde fue que se vio a la casualidad acentuando los homicidios? ¿Cómo comenzó lo increíble que recorre el cuerpo y lo deja espantado, incomunicado, sin deseos de despertar?

—Es preferible darse a los fastos del espíritu y no proponerse atrapar comparaciones exiguas. Como adulto me harto de las pequeñeces y sólo aspiro a cifras que remiten a la grandilocuencia. Sé que no me inmuto; conozco a cabalidad la anuencia de quienes no son mis parientes.

5

—¿De una pizca de nacimiento es posible que surja una totalidad de defunción? ¿En la partida se hace ostensible el tarareo de la agonía, su salida de quejas al viento inconsútil?

—Asisto, hospitalario, al parto de las pasiones. El zafarrancho es mío y de nadie más. Reivindico las relaciones contrarreloj. Sin embargo, si el valor fracasa, el miedo me ubica en mi individualidad y ¡desgracia en fuga! Sospecho de los rastreadores poco abnegados: pobres nietos con substrato monocorde.

6

¿Es verdad que los cadáveres se aprovisionan –de acuerdo a la conseja común- de músicas robustas para estar inmersos en embriagadores ambientes que no tienen reemplazo?

—La cesación de lo cerúleo nada tiene que ver con temas exclusivistas. Durante meses los confidentes de la tiesura son confinados entre límites utópicos: solitarias celdas donde fácilmente se tornan adictos de la dualidad. Es factible que se presenten casos de antropofagia.

7

¿Mutan los cazadores con sus testimonios de presas obscenas, tiroteadas al amparo de la más absoluta oscuridad y con la presunción del pánico por parte de las víctimas indefensas?

—Desdeñar lo incurable compele a robustecer la idiosincrasia. La parálisis no apunta hacia ninguna solidaridad. Subvertir el razonamiento cotidiano se traduce en búsqueda de nuevas vías eslabonadas a lo tragicómico. La perseverancia es un estado de reposo activo para quienes raen lo reacio.

 

C

1

¿Lo erótico se escabulle frente al que se estriega con raíces de las yerbas de los lisiados? ¿La libido se amorata con la acentuación de la ingesta de berenjenas o eso le atañe al descifre?

—Las avecillas de la concupiscencia no llenan sus estómagos hasta la perdición. Se recomienda el uso continuado de la cítara en momentos de clausura y repliegue. Cuando llaman del entorno de la carne hay que acudir con las manos limpias y los colmillos afilados. Las grageas: al mingitorio.

2

¿Yerra quien conduce su lujuria a través de escalones untados con grasas que inducen al resbalamiento? ¿La castidad engendra escamas? ¿Qué se aconseja en contra del escalofrío?

—El baño de María es proclive a la matanza de los hongos, siempre y cuando María tome las precauciones atinentes. También las flores se parten aunque estén paradas y supurando clamores. Al chocolate suele hacérsele una guiñada como capricho bajo la luna baqueana y horra.

3

¿La morbidez despista hasta a los más alertas? ¿Las ondulaciones de las vehemencias del sexo enfurecen a los tímidos o a éstos la prudencia los serena con pruebas de pudicia?

—Rumian quienes se rozan las pieles y se pueblan de acaloramientos para pasar de la referencia que reina con desparpajo a la andanza donde se los comen vivos. Las de la putería dan combates y escriben sus historias portátiles sin vergüenza alguna y hasta con satisfacción.

4

—¿Inextricable es el corretear de la sensualidad? ¿La virtud de lo carnal trasiega de domicilio a domicilio en procura de un certero encrespamiento? ¿Qué libertino llega a ser comedido?

—Se conduele quien se rasguña las tetillas en concurrencia de formas lascivas. El fastidio estropea las sanas contradicciones del pubis. Mirando las aperturas de piernas y su centro polizón se aprende el discurrir de las veredas que guían hacia la gloria más exaltada. El arte mediocre se va a pique.

5

—¿Se amurra el éxtasis en la orfandad de imaginación y toqueteos? ¿Son necesarios los ambages en la consecución del celo infinito que no enmudece? ¿Amor resplandece en lo aleatorio?

—Válido siempre lo que amuela y no se torna romo. Los bizarros bizcochos tienden hacia el logro de los fluidos granates, bermejos o ígneos. Si alguno no ama a cabalidad se amortece y es cortado en lo análogo a lo fatídico. En cierne, el cimborrio suelta su esperma y no desmerece después.

6

¿Cobra el acto concupiscible un atributo que muerde sin dilación por las partes bajas o se levanta con el ánimo puro del sosiego del alacrán? ¿Cómo abordar mejor la representación del dilema?

—Allí, bajo unos árboles majestuosos y floridos, vale la pena enloquecer y enlabiarse hasta la saciedad. Lo demás es un bosque de revueltas y quebrantos. Triunfa lo que se introduce con risa y luego se extrae ahíto y jamás tullido. No habrá atisbos de perdición ni por encantamiento precoz.

7

¿Los genitarios colgajos socorren a las hambrientas en todas las circunstancias? Los postreros plazos para las veladas lúbricas, ¿se adhieren a las versiones que tremolan sobre las almohadas?

—¡Cada uno que busque el compañón que le convenga! Los placeres discurren con los calzones quitados y ¡ni por la madre santa se suspenda el alboroto de ombligos! El que se sienta agraviado que cuide no caer en la histeria y mantenga su cabeza en alto suspirando la receta.

Wilfredo Carrizales
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