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Imaginerías a la intemperie

lunes 16 de agosto de 2021
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Textos y dibujo: Wilfredo Carrizales

1

Imaginerías a la intemperie, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

HAN DICHO que emergen rostros del cuerpo decapitado de un ave de amplias razones en un bosque de un solo árbol sin sombra. Un uso y un eje y levas de cera o panes para tocarlos. Desde un monte bajo, unas hélices —que no se ven— rotan y atropellan la vida y alejan las frutas. En medio, lo primario y lo secundario y piedras y matas y más allá unas manos que se demoran porque conocen de dónde procede la leña y tales y tales astillas.

 

2

LAS AVES aparentan abrazar a sus vértebras, menos el buitre que es un mal tipo. Un pájaro lleva argamasa en una artesilla cuando debiera llevar gorrones. Luego canta en la nocturnidad y de mal agüero resulta. Al paraíso sólo van las de paso; las de rapiña envejecen en la entrada. Y los mirlos se tornan blancos para ser aceptados en ese hábito… Hielan los copos y vuelan los pájaros hasta donde pican granos las monjas.

 

3

SEMBLANTES en el cambio de las circunstancias. Se descubren mascarillas que apuntan hacia lo que no se pretende. Perjudican los ojos con los aludidos objetos. Las visiones anuncian visitas y revistas y un fondeo que ataca y articula. Alguien olvida apretar las clavijas y los escaparates vuelven a sonar y los vidrios pierden sus humores. Todo muy parecido a un cuadro viviente y muy aclamado.

 

4

SE ENAJENAN las reliquias, de arriba abajo. Contrasta con la obstrucción de los delirios, de los arrebatos del pensamiento. El hombre financia su trascendencia con sorteo de palabras y vocablos trasegados. Su ansia se le nota por encima del hombro. Un rayo puede avalar su semblante de un tirón y así estaría en forma para arrastrarse por corredores y umbrales en pos de un abolengo.

 

5

REGRESAR de los flancos de la perífrasis con una náusea de aventura. A lo nuestro nos sujetamos sin sequedad. Ya creemos en el rehogo de la llama y con perdón reverberamos. Agarramos la presbicia y vamos dando tumbos hasta la tumba. Sentimos un sifón y nos sentamos a su lado a comer sardinas. Y la barba se vuelve conscripta, no apta para que la estropee la lluvia. Pienso que sigo existiendo al no más mirar la alcándara y comprobar que el guacamayo aún perdura como centinela.

 

6

MIS MUEBLES no son ilusión, supongo. Espejismo, tal vez. Ignoro lo que es un almiar, pero instalaría uno en mi sala. Quizá sirva para afilar tijeras. Pongo la cama y me estoy allí viviendo de relleno, con aire de felino sin maullido. Pero lo mueble es otra cosa: una cobertura blanda que te dé franqueza como una tierra de suavidad nobiliaria… Enriquezco mis conocimientos con un mobiliario no magullado, adjunto a una ventana pequeña, en cuyo alféizar caigan heridas las sedas de agosto.

 

7

EN ESTE LADO del río de humo el terreno juega a ser pipa. El agua se borra, pero continúa sonando. Los vapores bufan: ¿de cólera? Lo que huye, lo hace sin pretexto. En un tronco se arma un cofre y la futilidad queda una vez más en evidencia. Mi mirada se descarga y prorrumpe en caracoleos. Una luz de soslayo arruga mi vestido y en la fronda los músculos se distienden. La fisonomía de un hondero se insinúa bajo el duro rozamiento de las raíces.

 

8

UN BÚHO debió haber nacido ayer. ¿Quién relata ese cuento? Durante el hiato del solsticio los huraños reparten los hicacos. Temporada para las semillas y para las salivas que ensucian. La calma encuentra su estancia vinculada a lo secular. Los difuntos prosiguen sus negocios sin caer en sentimentalismo. La respiración del atardecer me pone derecho y a cubierto de la gripe.

 

9

A HORCAJADAS desbordan las copas los picarescos. Un avispero gana mucho en su primer plano. Apenas un hocico busca lo vocinglero y se legitima en buena lid. Abruman las viviendas cerradas y se apresura la estupefacción a la altura de una balaustrada. Hasta entonces se desconocía el estancamiento de los cueros. Ahora cualquiera improvisa un capote y liquida las líneas por donde transitan las hormigas. Sin falta, el condumio consigue estropearse. ¿Y aparece un médium?

 

10

NOS OBSERVAN y nos hablan los espíritus. Hay novedad en las calles. Si se pierde el rumbo acaecen las añoranzas. Las polvaredas no bastan para tapar las desnudeces. La ocasión obliga a comparecer ante los adoquines e improvisar garabatos. La purificación vendrá opaca y simplemente. ¿Por qué no cortarse el pelo y discutir menos? La tela del juicio es subsidiaria de lo capcioso. Las blasfemias retumban con crueldad, a pedazos transmiten los ángulos de los temas que asfixian.

 

11

SE MURIÓ el día siguiente, sin alivio, y también feneció el anejo día y el otro y los demás. Desazulados y pluviales, con los aspectos de fastidio… Y la juntura de las horas con los pies y las señas y las mordeduras. Un tiovivo con las maderas muy finas y ganchos con ángeles guasones y una quimera con rostro de perro policía. (El lenguaje corre y me meso los cabellos para librarme de las greñas). Y la sangre no se aligera, pero no se guarda cama porque no hay dónde acomodarla.

 

12

LOS ENCUENTROS carentes de rodeos, presionados por ruedas y por corazones de sospecha. ¿Unas bofetadas para divertirse? ¡Que vengan en orden alfabético! Las chiquitas ya cantan y sus rayos tienen garbo. ¿Se va poco a poco? Las alianzas no obran para su felicidad. Si pican los bolsillos, rascárselos con la incredulidad del caso y llamada con recurso postrero. (¿Se olvidó regar las flores, rociarles su tantito de orines y menudencias?). Todo queda asentado para ganar un cielo colindante. Ya no más comics en bandada ni payasos tras las cortinas ni barbarismos de forenses. Las calabazas se levantan los sesos y brotan manifiestos y callos y bizcochos con gorgojos. ¿A quiénes encontraremos con rabos de rata? ¿Soy yo quien estoy y me recibo de cotidianeidad?

 

13

DERRIBARON las estatuas: concedo este detalle. En acordeón se sintonizaron los sones póstumos. Entraron en contacto las acusaciones y el ridículo total fue consumado. La hazaña estuvo en manos de especialistas. Suceda lo que suceda hay que respaldarse contra los árboles… Han cerrado las edades las mascotas enloquecidas por la tiranía. Dentro del aguamanil, el asombro, voces chillonas, la agrura de ineficaces maniobras. La languidez causa zozobra en el lugar de los hornos. ¿Cuál alegoría gestiona su algarada? Si se encienden los ganchos se inflaman los consejos.

 

14

LOS ASALTANTES sanean sus aspiraciones. Se cercioran de la exactitud de los datos. Atienden a las larvas de las moscas. Cortan el bacalao y guindan los trozos de las vigas. Se encariñan con la audacia de las pistolas y no se atollan en las series televisivas. Los salteadores saben de auditoría, de incrementos de divisas y de firmas de autógrafos. Ellos aventajan a los beneficiarios del dolo.

 

15

NECESIDAD de las tonterías. Al huevo lo remontan sus vellos. Los caramelos pretenden cerrojos para mugir encuartados. Sobre la piel de los bichos pueden trazarse señales de tránsito. En las pendientes nacen lagartijas con rabia… Los francos instintos se adecuan a los simplones para quienes el lenguaje siempre está a media asta. Las telarañas en los ojos no son bienes para despilfarrarlos.

 

16

UNA MUJER bonita no es hermosa. La belleza implica coraje en la concepción estética. Trabaja la filosofía y el petimetre se acicala. El pico del mechero tiene labia y moja sin tropiezos. Las agachadizas disputan por el paladar que se vierte y farfullan sin haber olido los buñuelos. En los juegos de naipes las madrastras ponen cara de capillo y en eso estriba su beligerancia.

 

17

DE SUERTE QUE los convenientes no son bienvenidos. La caridad se reclama con ventajas y rotación de cuenta de ahorros. Aunque parezca imposible, las formas actuales hacen llorar y tanto que hasta se engorda y se suprime el festival. La fortuna, la bien amada, se sofistica y acaricia de continuo el vil metal amarillo. Muy lejos las enfermedades se perfeccionan y preparan sus ataques con legitimidad.

 

18

AL CORTEJO fúnebre nadie lo codicia. Desde los cuernos soplan nieblas y se esparcen las tramas de los escrúpulos mortales. De los vestidos sudados a los trajes de ceremonia y un rapapolvo para los candidatos a militares. Caen los pesos y se deslizan los cajones. Un codo toca a otro codo y la revuelta sube de tono. ¡Color de los palos morados cuando gotean las tintas de lujo! Recreos en los patios y subsidios para tomar la delantera. De corrido se agrieta el acné y la fealdad nos deja patidifusos. Un tiro, sin esfuerzo alguno, se incrusta en un agujero de la espalda previamente marcado. ¡No hay desánimo que valga! ¡Señores hagan sus apuestas! ¿Quién da más por un mono travieso? ¿Quién dijo treinta mil dólares gringos? La semana se nos pega con su incumbencia y luego, ¿cómo arrojarla con mano maestra para que no cunda la distorsión o el berrido?

 

19

DOS DE HUESOS y calzones de ultratumba. Detrás de los escotes unas miradas de respaldo. (Se recuerda que a las papas también las mordisquean los escarabajos). Se arquean las nalgas y se preparan las embestidas. (Cuando salen las ranas la culpa es completamente suya). A cuestas, libros de burlas para leer en los dormitorios. (Las ratas bajan las cabezas, se estancan y pronto la emprenden con los sainetes). Ningún zalamero excavó en sus favores y lo dramático se extravió.

 

20

FIN DE SECCIÓN y parados sin olfatos sobre las candelas. Cambian los casorios, mutan las fecundaciones, se hienden las garantías. (Perdón, pero, ¿se mencionó el tiro de gracia?). Lo inexorable avanza con impetuosidad, no sujeto a impuestos ni a hiperinflación. (Informan por teléfono que el último jaguar del país se arrojó por una cascada). Así se deshace la nieve que nunca existió y se limpian (de mugre) los elogios y se maceran los cuadernos en alcohol con petróleo y el trapicheo es declarado, oficialmente, ilusionismo nacional de obligatorio cumplimiento.

Wilfredo Carrizales
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