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Pervive sobre un plano lo heterogéneo

lunes 13 de septiembre de 2021
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Textos y ensamblaje-collage: Wilfredo Carrizales
Pervive sobre un plano lo heterogéneo, por Wilfredo Carrizales
Ensamblaje-collage: Wilfredo Carrizales

1

PAJAS despertadas de un sueño de barcina. A la brava no se les separó del agua. Abandonaron ellas su vigilancia por asomarse a cortedades que no tenían. Su región era de horno y minerales del pasto. (Pienso en la posibilidad de un grito desde los bálagos). Un esquema les graneó el color de camello y se cebaron, mientras pudieron, de ciento y uno. De sus costados, nada se machacó y se sostuvieron en punta durante el sorteo de los esfuerzos. Sin motivos de granos, no hubo escándalo y tampoco se justificó el polvo a ellas adherido. (Mis ojos salvaron sus sustancias y las mojaron con almidón para que lucieran empajadas, sin que lo aleatorio fuera la circunstancia de su salvación).

 

2

ESCORIAS que saltaron de un crisol o escaparon de la fragua con formas de rozaduras. Jamás vítreas para ser llamadas impurezas. (Sospecho que emergieron de las chatarras de los caminos aparatosos). Cuescos de la oscuridad, acompañar suelen a lo bermejo degollado, pero a su alrededor el espacio se amplía para ser su espalda. Horruras que a algunos repugnan, mas los susceptibles aprovechan sus matices y sus destellos para el pleno extasío. (Un escorpión tropezó con ellas en el lado oculto del zodiaco y les ofreció sus pinzas y les pulverizó piedras). Se han desplegado en escamas, según el aparte de las cenizas y, sin embargo, continúan quemando a escote.

 

3

HOLLINES que nunca provienen de los hoyos. Hoscos, escudriñan su significado en el fondo de lo adusto. Tiznan las mañanas y les provocan ocasos, pero saben resaltar los matices contra la claridad. Se adhieren al objeto de su función y recuerdan al humo cuando era su máscara con destino tenue. Con los hollejos logran losanges encima de superficies de recientes dimensiones y de un chispazo se tornan con ellos en ofrenda y fajadura. Del tuérdano han recuperado la aptitud para los entretejidos y excavan en las tierras suaves de blancura y las ensortijan con gracia de trashoguero. Alabados por los niños les donan sus encantos de ocultamiento tras la negrura que trabaja absorbiendo brillos.

 

4

FOLIACIONES sobre la lámina numerada de metáforas y sus propias maneras que se resuelven desde lo blanco al negro y viceversa. Hojas que danzan en columnas, como una sola cavidad alargada de un techo de cartón, disimulado en medio de lo invisible. Ciertas mudanzas de los foliolos divierten por la aglomeración de sus compases y lo que se precipita son siluetas, hijastras de las sombras afolladas. No hay otoño al cual referirse, sino una impresión de follaje en busca de su comercio disminuido de prímulas. Las nervaduras colisionan con las yemas y una clorofila saliendo de los aromas grises se estaciona para darles ruta. Así consta y no hay mitad que valga por sí sola.

 

5

FLORECILLAS con los pies minúsculos caminando al desús y su amplio margen se llena de atramento en expansión cerrada. Al decir verticilos el asunto se mueve alrededor de una circunstancia de fantasía. (Es natural que escapen los capullos, pues no palparon la existencia). De lo flavo en palidez se ciernen decenas de vislumbres: pequeñísimas inteligencias hacia la dispersión ajustada a los instantes. La marchitez niega lo augusto y, por lo tanto, temprano se execra. Primeras señales de la pasión, en la trama irrompible de las anteras. Y, en tales casos, una vasija no se acostumbra para olvidar las espiguillas y sus lisonjeras ninfas. Cambia la brisa y una especie de ilusión intenta sobresalir.

 

6

TELAS que, a pedazos, por tiras, llegaron para confundirse —sin abrumarse— en un todo mantenido con antelación. Flejes arrancados de vetustos vestidos, desplazados por la rutina. Los tejidos se ponen al descubierto: ellos, arañas machos, segregados por redes con sonidos de flexibilidad. Venían ya pintados cuando arribaron y, no obstante, se les notaba la nata de sus costras de comarca. (Una película podría envolverlas en su acción y saberlo las pupilas del desdén). Unas semillas les empiezan nubes y no alcanzan el fin y quedan para las arrugas de los periplos distantes. No hay enredo alguno por discutir, sólo expresar lo impermeable de la sensibilidad o la equivalencia del esparadrapo.

 

7

REDONDELES de un metal de óxidos esféricos. Hacen en lo circular la ración que prescinde del raquitismo. Las aristas pugnan por imponer el sonido de sus hálitos pardos. (Si existen defectos no circulan por exceso). El verdor y la amarillez los acorazan al socaire y soldaduras los licencian de la corriente de las escorias. Sus barreras son de antiguas rodadas que los enriquecieron con una numerología para el ámbito con mundo. De modo satisfactorio, la sencillez los añade al terreno más expedito o menos reduccionista. Ponderan la tierra mientras los emplea en el acomodo de las órbitas del hogar. Giran a diario y no se despedazan: sólo lanzan secciones diestras.

 

8

LLAVES custodiadas por las matrices de los redondeles. Allí dentro llevan una vida de resurrección continua, en donde nada exangüe las mortifica. Sus claves ora abren hacia arriba, ora hacia abajo y ningún alambre sonsaca sus intimidades. De dientes gentiles, se franquean al hombre con cámara de luz. Parientas de los tornillos, les dan vueltas hasta interrumpir sus terquedades. (Ellas soportan mis galerías y encajan con liberalidad en el interior de las cerraduras). Por ahora, guardan distancia debido al acople para su desarrollo, mas luego, en secreto, acortan los intervalos y descifran los signos y las figuras que las engrifan. En mis manos, las llaves abarcan su frontera plausible.

 

9

FRANJAS de ascendencia inusitada, provenientes de la audiencia más azul y oscura o de la purpurina, cuya raíz resuena en el fondo de los polvos de la retorta. Las elongadas y rectilíneas se unen en medio del estrépito de limaduras que no viran. Las indefinidas y de anchuras pequeñas optan por llevar a cuestas los cordeles negros de los zapatos secundarios. La relación entre todas ellas la señala una bandera desprendida del friso y que abunda en la cualidad para no retorcerse. ¿Y por qué no acudir con adornos de cenefas o grecas y frecuentar los ciclos de las vibraciones enhiestas? El espacio no se desbanda y aunque se comprime entre sus límites, se extrapola y trasciende.

 

10

TEXTURAS operando  en los puntos que satisfacen a las simientes. Y un palito desprendido de un árbol en su temblor y el azar lo insiere dentro de la nimiedad encallecida y plomiza. Al tacto, las estructuras traban los sentidos y el aspecto alberga una dureza de lava sin dolencia. (Unas fibras atraen la atención de una iguana escéptica, pero pronto se decide por un forraje más distanciado). También se aplican trabazones al cutis imaginario de rostros de cal, portadores de caracteres que relacionan coherencias. Se han compendiado expresiones de lo vegetal y lo mineral en la integridad de un artificio sin niebla ni cerrazón. Una breve teúrgia acompasa sus treguas y hechiza los olfatos.

 

11

ARCILLAS con la audacia del amasijo sereno, deslizado desde lo intrínseco de las tejas y los ladrillos. En su recodo inferior iluminan la plasticidad de la ardentía que se arracima para no agitarse. Se han cocido entre durezas enardecidas, empero, de modo prematuro, han sabido atraerse un escudo que no será su sepultura. (Un segmento de paja resequida vigila con constancia la residencia y la cautela). Un búcaro se resquebraja por doquier y sus gredas se frotan para particularizar los instantes de las figulinas no presenciales. Las refracciones halan las remembranzas del légamo y se exceden en madurar las rúbricas con tizas conjeturadas. (Trasueño con una ardilla alfarera y tofa).

 

12

AIRES con agujuelas que apenas se presienten y que se aguzan para roer las miradas del extravío. Atmósferas aleccionadas para instruir a las herramientas de la imaginación y lo aleatorio. Éteres ahuecados por las protuberancias de la incertidumbre. Alientos expuestos a lo carnoso, a resinas y pestañas en la particularidad sin paredes. Vapores enemigos del asbesto, desconectados de las mortajas neumáticas, pero acordonando descansos de los cristalinos. Transparencias para las vistas de los pájaros enrarecidos por los argones de la astucia. Oreos con la esbeltez acústica en horas de exposición solar. Aires soplados por los abanicos que no pueden detectarse ni intuirse.

 

13

INVISIBILIDADES de los fenómenos que el arte disimula. Hipérboles que no atrofian el agrado de lo espontáneo. Unas lloviznas de patas de insectos para la distracción de los reflejos. Cáscaras de los progresos de amargura, paliativos sin trayectos. Jaeces para los caballitos del diablo en las joyerías exentas de llagas. Lagartijas con espadas, en la órbita de los excelsos humores. Escuadras y ensambladuras en el interior de camisas de madera y de fuego. Moscardones con causas de siempre, achispadas sobre las orejas. Néctares y sus elegías, bajo la altura de la franqueza de la noche. Tufos y uñas hermanados por la suciedad clásica y adeptos al obraje por gracia de los númenes prestados.

 

14

PACTOS no trinitarios, llevaderos, irresistibles, para la consecución de la morada en llamas: taller soberano, padre y madre del ingenio. Legados del pescador de cometas y víboras con sombrero. Parodias de los carbones en los distintos lapsos de sus estadías. Distancias y episodios de los sucesos del asombro y la iluminación. Peldaños en voz baja; marchas de ambladura en madrugadas desconocidas. Citas con las colas de pinceles cojos y las gravas posteriores al salitre de los grillos. Pelos de raros compuestos frente al gato adiestrado. Vuelos de preguntas sin respuestas en el ofertorio de estrellas y cangrejos irisados. Picaduras en las muñecas con gestos de mandrágora.

 

15

IRREALIDADES y apariciones, entrando y buscando. Triunfos de las mercedes con imágenes que no se dan: van desatados en contra de las zonas oscuras. Motivos para hacer cuentas al margen de las espumas. Ilusiones con pechos apurados de mariposas del vidriero. Alianzas febles que andaban huyendo unas de otras. Espinas que nadie compara con modos de la muerte. Lenguas con diamantes falsos para no desagraviar a los curiosos impenitentes. Bolsillos y sudores, mudando la comunicación en la estancia apenas concebida. Minutas sin frenos hacia la penuria de los atisbos. Dolores librados en contra de los alaridos y los rumbos del tétanos. Chicharras al acecho, salvajes, peregrinas como pocas. Verdachos de la restricción tras las salpicaduras de un fango asintomático. Pizarras en ñiscas ya cansadas, ya recibidas en la mugre. Catenarias más sus esbozos en disminución y engaños de oriflamas nunca encendidos. Noticias sobre los pasos menudos insertados en lo que no era suyo. Chasquidos afiliados a un paisaje de desechos y alhajas frustradas. Visajes tan largos como necedades, pero tan cortos cual reductos de brasas. Fingimientos de las materias no asequibles.

Wilfredo Carrizales
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