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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Jazzy

lunes 4 de octubre de 2021
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Textos y collage: Wilfredo Carrizales
Jazzy, por Wilfredo Carrizales
Collage: Wilfredo Carrizales

1

Desciendo del tren azul de John Coltrane y le expreso mi agradecimiento por el viaje que nunca se olvidará. Con resolución me dice que habrá prosecución en otro itinerario hacia el espacio interestelar. Allí mismo me embarco, sin pensarlo dos veces, y la nave enrumba, con saxo tenor, campanas y tambores, hacia Marte, Venus y Saturno y en treinta y cinco minutos, aproximadamente, estamos de nuevo en la Tierra. Alucinado aguardo una añadidura y entonces él suelta “Black Pearls” que traía en sus posiciones y, a continuación, una ligera versión de “Lover Come Back To Me” y finaliza con “Sweet Sapphire Blues” y los “pliegos de sonidos” se encadenan a las líneas de mis pies en cadencia. Nueva gratitud de mi parte y Coltrane me despide con una mirada de complicidad y amistad suprema.

 

2

Miles Davis, el hombre con la trompeta, me invita a ascender por siete escalones al cielo y en una ruta de medianoche caminamos y él soplando todos los blues y yo pendiente de “My Funny Valentine” y, de este modo, el tiempo resulta ganancioso y Miles rememora a Betty recostada en el espaldar de su asiento y también evoca a Úrsula y a Aída. El hombre con la trompeta, vez tras vez, interpreta, sublimemente, “Summertime” y no es necesario que yo afirme que es un acontecimiento que hace época. La naturaleza humana de Miles Davis espera por el pájaro oscuro de los ayeres, entre sueños de una luna, profunda como el océano, donde el arcano pueda entrar en su mente. Sin más, de improviso, me regala “Autumn Leaves”, porque intuyó que yo había amado a una mujer oriental sobre la hojarasca que trepidaba lenta a la orilla del Lago Sin Nombre. Y el misterio indispensable de las notas se deslizó cual chocolate en briznas y la fantasía del real nacimiento de las baladas llegó algún día sobre la cubierta de un barco que no navegaba por calles de niños marineros. S’il vous plait, Monsieur Davis, “Feuilles Mortes”, encore une fois.

 

3

Encuentro a Earl Klugh riéndose en el tren de las canciones de amor. Su corazón es una cuerda de estío y vibra con dulzura por una tal Alicia, por Julie y también por Mirabella. Afirma que está listo para ser el amante de las tres bajo la luz de las estrellas. Le pido una canción para pasar la noche y no se encapricha y ruge con singularidad de animal no tan peligroso.

 

4

Ben Webster decide interpretar a Duke Ellington y comienza por la insuperable “Satin Doll” y yo me doy por perdido entre las colas de algodón. No ha mucho vino Johnny en un tono mejorado, con la borrasca en compases de mecedora. Y continúa Ben con Ellington y le entra, arrollado, a “Things Ain’t What They Used To Be” y a “Stompy Jones” y el tempo se acelera para culminar en un rito doble con el ajuste de lenguaje.

 

5

Suelta el camaleón Maynard Ferguson y su cola prensil da vueltas melodiosas alrededor de todos los colores de su piel, haciendo susceptible la periodicidad en las notas. Descansa Maynard para acotarme: “La vía está con nosotros” y vuelve a tomar su trompeta y se desliza por “La Fiesta” como un jet de azabache, arrojando chorros de agua menuda hacia las pedrerías reinantes. Entonces se enrumba él hacia la ciudad donde está viviendo y, de paso, empieza “Superbone Meets The Bad Man”.

 

6

Se abre “Organ Grinder’s Swing” con el buen humor y la profunda ensambladura de Jimmy Smith y en un préstamo de rutina musita con voz de callado crisantemo. Y cual un predicador cierra mis ojos del lado de lo ampuloso. Sigue Smith y atrae hacia su órgano “Blues And The Abstract Truth” y el instrumento musical se ralentiza en busca de veracidad y constancia. Llega luego el momento de la meditación y hay que andar por el costado salvaje y acaso sea septiembre y el ferrocarril no debe ponerse pálido y su número puede ganar el floreo y la bravura.

 

7

Sortilegios que brotan de muy adentro de la trompeta de Chet Baker y sueños que de una vez y para siempre le pertenecen al verano. Y él lo asegura en “Everything Happens To Me”, aunque, de cualquier manera, recordará abril, allí donde hubo un pequeño hotel. Y Baker captura la esencia de lo lírico, su significado, y el fraseo fluye a través de “Oh, You Crazy Moon” con la trompeta asida al tema. Y Baker aseverando: “¡Eres mía!” y la explicación también valiera para mí. Pronto acude con “You Can’t Go Home Again” y se alza con “Mean To Me” y la signatura de sus caprichos, alcanzando el fundamental registro de su trompeta y edificando una intensidad en la destreza de las notas altas. En consecuencia, él rememora: “Prefería el canto de Billie Holiday al de otras, porque ella nunca realzaba su voz”.

 

8

Para todo lo que mi sentido de la audición quería conocer había arranques de jazz, aunque, en ocasiones, mi corazón simulaba ser ingenuo. Y no era fácil vivir sin buena música y mucho menos en el preludio de un apasionado beso. Despreocupado, arrobado y embelesado me preguntaba acerca de cuán largo podría ser el canto de un ruiseñor humano, a semejanza de una dama caminando y tarareando desnuda por la orilla de un lago. La veía, muy real, al final de la tarde, triturando con los dientes, dura goma de mascar. Un fantasma la seguía tocando su saxo tenor y no era malo su ritmo. Podía yo sentirme de primavera y envolverla con mis dedos de pianista frustrado y desearla y conseguirla en tempos de latentes flamas. Ahí sí que la tontería ganaba mi lengua, pero agudizaba mis oídos y perseguíamos juntos el arte de la distensión que nos proporcionaba el relajamiento de un jazz para un día lluvioso, raro, perfecto.

 

9

Sam Pilafian se sienta encima de uno de los brazos del sofá pardo. Sonríe, se lleva una mano al ala de su sombrero y atrae la tuba reluciente hacia sí. De inmediato, la luz del viaje sonoro alumbra todo el ámbito. ¡Ah y qué inicio! “Sweet Georgia Brown”, a tono con la coloratura del sofá y del sombrero. Y después de los vaivenes plácidos “If I Only Had A Brain”. ¡Avalada la pieza por su sofisticada delicia! La tuba expresando el sentimiento y el impacto del río Mississippi. El instrumento cuida a cabalidad su voz y marcha pleno dentro de la materia del cobre. Y en Louisiana desea encontrar a un nuevo bebé y cuando sonría, la tuba lo arrullará por calles de basalto azul y manchas de tigre. Sam Pilafian se inclina en su asiento y con ritmo de futuro saca de la tuba “Black And Blue” como si quisiera construir una casa de barro para alguien que lo verá y lo oirá de manera invariable.

 

10

Una semana de noviembre no tan fría, pero el viento levantaba vaho y lo introducía luego en un lago cercano. Ahmad Jamal llegó flotando sobre un flujo melódico, al cual rompió valiéndose de inesperadas cesuras. Era Chicago revisitada y todas las cosas parecían pertenecerle. Y su fuelle emergía desde abajo para hacer vibrar los pasteles. “¿Dónde estás tú?”, preguntaba Jamal a la dama que hubiera venido a danzar y para ella tocó “Lullaby of Birdland”. Su música sería un film, con sus segmentos que podrían llamarse “escenas”. Y Ahmad Jamal respira con una energía emocional que transmite a las teclas del piano. Cuando improvisa sus piezas musicales, uno se maravilla de la astucia, que no añagaza, y se despliega cual un museo de acordes, con todos los elementos en su lugar. Él se introduce en el seno de las armonías y con claridad atrae el desarrollo de sus variaciones.

 

11

La casa está caliente y Bud Powell amansa a un león negro. En línea recta, el cazador Johnny Griffin funde las notas en el aire que expulsa su saxo tenor. (Es mejor no comer antes maníes tan salados). Powell se mueve, golpea suavemente al muchacho de los tambores y en el damero musical las primeras horas de la madrugada se tornan en acordes enredadores. (Resulta un alivio no salir a la calle). La casa está caliente y Bud Powell la refresca con la virtualidad latente de las cuerdas del piano.

 

12

Stan Getz y Bill Evans van dentro de la hermosura de la noche y del día. No retroceden porque sus corazones están erectos todavía. Entonces, para Melinda, el vals de los abuelos. En seguida “Carpetbagger’s Theme” (previamente sin soltura). Dan después a conocer el asunto de la sangre en un rumbo adicional.

Sorpresivamente Stan Getz aparece, de modo falso, desafinado, en el país de la samba. Y los días son una realidad para la pegajosa música. Y si la samba es triste, los patos dejan de nadar en el estanque. ¡Es sólo un lujo! En la bahía se supera el “desafinado” con la presencia actuante de Charlie Byrd. “Entre Amigos” el ambiente se vuelve “Melancólico” y llega la saudade y la “Noite Triste”.

 

13

En ruta, John Scofield lee el periódico tumbado sobre el ala derecha del jet. Su guitarra permanece a su lado, afinándose. Más atrás, con temor, los otros dos miembros del trío se defienden del viento con el bajo eléctrico y los tambores. El jet se detiene un instante y descarga encima de la pista del aeropuerto a Scofield, quien, de inmediato, se sienta en una silla de sala de espera. El sonido de un diminuto silbato lo pone alerta y toma su guitarra y la pulsa en “Name That Tune”, que parecía ya escrita como soliloquio en una hamaca. La jornada continúa con trinos de vencejo y un ficticio mayordomo sacándole impresiones audaces a los tambores. (Todo sucedió en un diciembre con un cielo que se notaba más azul que de costumbre y se recordaba cada vez más).

 

14

Con el nuevo estándar, Herbie Hancock atrapa a Nueva York en un minuto y en Mercy Street un pájaro sale flotando de entre las teclas de su piano. Alguien le pregunta, de lejos: “¿Cuándo puedo yo verte?” y Hancock le responde: “Tú has sido una mala muchacha”. Entonces, para la desconocida interpreta “Love Is Stranger Than Pride” con todas las apologías al uso. Más tarde, en Manhattan, Hancock encuentra a los ladrones en el templo y a su jefe con los dientes de oro y despeja su piano para ahuyentarlos.

 

15

El gran enigma aún persigue a Charles Mingus y a su contrabajo. Sin gravedad ejecuta “Fables Of Faubus” y sus dedos reflejan una tormenta interior. Con fiera y carismática personalidad, Mingus desconcierta al destacar cada punto de sus emocionales compases. Busca un espejo en el club y frente a él dibuja su “Self-Portrait In Three Colors” y la nostalgia contrasta con la sensibilidad. En Nueva York muestra ampliamente su habilidad con la penetrante y mordaz “Goodbye Pork Pie Hat” y la luna se intuía encima de los rascacielos. Al sentir sed, alarga la mano y toma una canción con naranja para acentuar más los periodos. Inequívoco, Mingus nos hace escuchar con asombro “Better Git It In Your Soul” y se retira a la manera de un heroico bajista temperamental.

 

16

Sarah Vaughan con su gloriosa voz de contralto nos maravilla y nos arroba de continuo y nos hace estremecer en nuestros asientos. Nos transporta con “Summertime” al sur de los Estados Unidos sobre una alhanía de algodón para luego deleitarnos con”My Man’s Gone Now” y rendir un merecido homenaje a George Gershwin. La sin par Sarah Vaughan se acerca a Antonio Carlos Jobim y se sube, con grandiosidad y alta elocuencia, a su ola y lo deja (y nos deja) pasmados. Y muchas estrellas descienden sobre ella y acaso entonces el sol saldría por el oeste y la luna por el este, mientras nos tomamos un café negro y dejamos a Sarah Vaughan cantando, magistral, “I Cried For You”.

 

17

Herbie Harper y sus cuatro “hermanos” de banda rebuscan en lo amarillo de las piedras de hierba y extraen una femenina figura: Julie es su nombre y, a la sanguina, la dibujan los cinco juntos entre sonidos de trombón, saxo barítono, piano, bajo y tambores. Luego surgirán Dinah y Patty y para ellas “Mambo” y “Bananera”, todo en medio de un verano indio. Y, de pronto, el quinteto rememora o piensa en un fantasma melómano en Central Park y ahora para él tocan “Jeepers Deepers” y el espectro se transforma en un payaso feliz y Herbie Harper hace resonar con brío su trombón.

Wilfredo Carrizales
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