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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Construcciones como alivios

lunes 25 de octubre de 2021
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Textos y ensamblaje-collage: Wilfredo Carrizales
Construcciones como alivios, por Wilfredo Carrizales
Ensamblaje-collage: Wilfredo Carrizales

1

AUNQUE no es todavía, las sustancias tenderán hacia sus redondeles, allende los adobes crían barbas. Devendrán convulsiones y gusanos con vidas para la irritación. (Confidencialmente: habrá familias que correrán tras las huellas de banquetes en el campo). Y los palitos lograrán dobleces y ganarán rastros para que sean trepados por las diarreas. Una línea de maderos despuntará sobre la equivalencia de las fanegas, justo cuando se atasquen los relojes de arena o se sequen las clepsidras. Del cobalto saltarán ilustraciones hacia las cornucopias. No habrá candelabros por encontrarse embestidos por los mohos en los acantilados. Algunos relieves convendrán en asentarse, adjuntos a las esculturas de libertinos. ¿Y cuáles macetas se dispersarán dentro de la luz de los enrejados? Nadie tendrá la respuesta, pero mudanzas de criterios rodarán con libertad. Así se invertirán los orígenes de las cosas que se pueden ver, mas no estimar ni cribar. Y nacerán los agachados.

 

2

OTROS espectros del aserrín se volcarán encima de los territorios de la lechada, crispándose y delirando. Se gana confianza al creer en esas consejas. Porque ellos —los espectros— no se irán cantando, sino que ejecutarán los paradigmas de la tradición. Las dotes de fascinación de los espíritus supondrán influjos a tener en cuenta. El tejido de la fantasía se extenderá hasta los límites del enfado. Desgarros de los cristales se apagarán con los vientos de los barcos donde se construyen fanales contra las tormentas. Y luego los envoltorios de hojas y de algas se irritarán tratando de salir de los balbuceos que poco asombran. De las ficciones podrán contraerse las fibras más al alcance de las debilidades. ¿Cuántos fantoches magnificarán sus maneras de fariseos? ¡Imposible fiarse de los fucilazos que no son piedras de fuego! De la fiereza de los caparazones surgirán hastíos a priori y las armas sin epopeyas se corroerán hasta convertirse en fíbulas para el orín de los teatros.

 

3

CUENTOS y cuerdas que sobresalen de las faldas de las mujeres ganadas por las vocales. Hay conexiones de unas monedas a ciertos bronces y todos conducen al milagro de la santería. ¿Cómo extrañarse de las tardes que relumbran en el interior de armarios? ¿Cómo acostarse sobre la elipsis de los vencejos, de los vencimientos? La verdad dista de aquí a las patas de la mesa. (¿Ya escribiría eso en lejanía de ocasión?). La grandeza de la brocha consiste en tirar de sus pelos con el impulso de las pendencias. De ese modo, se codea con lo más distinguido de los hisopos. Luego se componen los cimientos y se levanta una torre con fichas de dominó y no se le agregan campanas para no espantar a los volátiles. Un círculo de recreo signado por la presencia de la imagen del león y no se objeta la prenda de su hermosura. Muchos ripios causan pena y no aploman, sino que hieren el parentesco del verbo. ¡Que calle, de momento, el jaleo del ajedrez y no se pierdan sus casillas!

 

4

MIENTRAS la escayola sale en busca de porche para eludir su blancura. Un arrebato y arrecharse sin sujeción a ninguna regla. Traducir los cantos que ruedan engarzados a la percepción de la corriente. Desde las banquetas procurarse las ardentías y gobernar con arcosa y, a veces, con deflagración: ambas olorosas a almendras acurrucadas. En la argamasa se consulta para divisar los adverbios que convienen al propósito de los saledizos. ¡Mucho cuidado con caerse del andamio y estrellarse contra las baldosas! ¡Las manchas de sangre suelen quedar enclavadas entre las grietas! De improviso, un plazo para inmiscuir terrones y demás melindres del oficio de alarife. Eso sí: ¡no mezclar gentes de ese jaez! Fueren hilos armándose, tirando hacia arriba, hacia la cima que no destroza. Asir los refractarios, ya que no espejean y refuerzan los clichés. Nada de remiendos ni de remojos en la semántica. ¡A raja tabla avanzar con el ábaco y las grecas de perfil o de costado, pero avanzar!

 

5

HACEMOS clavos a partir de diccionarios y escalamos para recibir los dictados de la sintaxis que no embota. Blanqueamos las escuelas demudadas y estalladas. Todos los días nos exasperamos, pero nada nos derriba. El ajuste de la dinamo gana en amplitud y los nombres y sus utilidades alternan en el plano de nuestra elección. Se exacerban los cursos de las líneas en las vigas: salto atrás, volverse adelante, retrasar la marcha… Al margen de las adarajas, las cabezuelas casi se tornan inminentes, empero, a vuelta de minutos, la normalidad impone sus créditos. ¿Y a quién se le ocurriría pensar en tales momentos en una artesa? Los reclamos se inflaman desde abajo, curtiendo las cucharas que se abren paso excavando. Lo vulnerable se escoria con rapidez, no otorgándole caso a la inmunidad. Y no olvidemos que las oquedades se transparentan si así lo queremos. El techo de las perfecciones será perpendicular y las palancas devendrán en nuestras adeptas sin pistas.

 

6

¿QUÉ se encuentra en la alberca de malo? ¿Acaso tientos o limaduras o porquerías de la indigestión? ¿Quizá se consuman sacrificios que no se perciben? A plomo, se corrigen las torneaduras y los disparates de la mordacidad. Los prodigios se ejecutan ante nuestros ojos y pasan sin pasar. No es asunto de repugnancias, sino de maldecida fe. Después se admiten las ménsulas para no reanimar las renqueras. ¡Nunca se sabe cuando ocho es nueve! Y los espíritus paren sus acequias, donde chirrían su senectud los candados. El entusiasmo se estaciona con lapsos de modorra y cargada humedad. Algún fenómeno más allá de la física también acude con sus plagios y alborota los polígonos. Con todo, la defensa aumenta en los travesaños y el valimiento no se allega a lo circunstancial. Un desacierto se zurce, pero, ¿un traqueteo? Se repiten las bolas de cemento hechas sobre la palma de la mano, en tanto que las sogas logran su digresión y se engloban.

 

7

¡MÍRAME el nivel y planta tu tormentilla! Entonces se extraviarían los rasgueos, aquellos que extrañan su crisol al ocaso. Por ventura, desaparecieron los huacos bajo las lluvias, porque hubieran caído por no ser contemporáneos y guardar huesas de la anonimia. Hay y hubo mordeduras de las cales que escuchaban zumbidos como brocados y ¿qué decir de los quebrantos del esparavel? ¡Tanta muerte rondando, pedaleando ciclos sucios del alma! Los rumores suelen asistir a sus guardias y pugnan por convertirse en inmortales. Por recónditos lados, los desvanes se desvanecen, fluctuando de miedos no revelados y, al final, enlazan a las arañas de la serenidad. Se inclinan los almuerzos a la sombra de las columnas y aguardan lo inusitado de las esquinas más hambrientas. Lejos de los hierros, las servilletas recurren al sonido de las piquetas para hacerse notar. No obstante, los regocijos llegan con los maestros de obras, quienes trinchan a más en martes.

 

8

PREVALECEN los privilegios de las constelaciones sobre las azoteas y el arte del acceso a ellas se consulta a destajo. La llana no se cansa de alisar las hebras para que crezcan y las llaves para que mengüen. Los consuelos se erigen en medio de las rupturas, al batir de mechas y de audacias. En algo se funda la elegancia, bien sea sobre rocallas o sobre desafíos. Los plazos evocan el hieratismo donde adelgazan las madrugadas. Entonces se escala con serpentinas al hombro y desde arriba se ondula harto de escepticismos. Repetidas veces asaltan bastones mal colocados bajo los toldos. En olvido, las cabezas y la existencia. De modo repentino, una agonía de señales que flotan, banderuelas o trozos de sacos. Nada falta o poco y los rótulos circulan con sus figuras pegadas con estrépito. Se descubren los grises dolidos en sus órbitas, reblandecidos al tacto del sumo agravio. Duelen los guijarros entre la basura, al tiempo que las tizas se comban en sus meditaciones.

 

9

EN seco, la consubstancialidad. Se apetece lo trinchante: culmen de la ruina en agraz. Se asoman los hechos y se destruyen y ustedes pecan por eruditos. Se repiten las formas rompiendo los frenos, ajusticiando los temples hasta la observación de la fugacidad del orto. Mas los colores agonizan tras las rejas alzadas por los extraños. Con su suerte, los muros reseñan el desdén y alguna noticia se descorre. Se enardece el sagrario con las discusiones en las tintas, en las pruebas al sol. En el ejercicio de los refugios las astillas se obstinan en las disputas y, de principio, se pertrechan las agujas para arrastrarse después. En la realidad de lo agorero, la tarde rumorea encima de las almenas de carbón. Sin orillas, sobrevuelan las carcomas en pos de mañas del estilo. Por un pie dentro de la paradoja se marchitan los sellos y sus tesones. Luego se soplan los mantillos como al inicio de las agitaciones. Con apodos, se tumban al suelo los alamines y auscultan los garfios.

 

10

HUÉSPEDES de los antojos con la facilidad para la cautela. Al cabo, andan los anillos de dedo en dedo y la cartomancia se echa el peligro de la época. Ya para rabiar, las estrellas se derriten por el piso. (Roe el edificio con entrañas de ratón y sarna). Los portones viven a lo ancho, residenciando las durezas. De soslayo, acaecen bullicios provenientes de los revoltijos y la osamenta de todos elucubra acerca de trincheras. Resplandecen las supersticiones. ¿A qué negarlo? Lo que se detiene no es cancela ni alfombra de reposo. Los despojos más duelen en el aguardar, cuando los zafiros son esfinges de lobos. Entonces los crepúsculos se alueñan y hay que avistarlos entre gritos y berridos. Teniendo el centro sus metros y sus contornos, se hala su corriente para propósitos del tambor. Y trazas de los espantos se revelan en el frontispicio de libros arcaizantes. ¿Lo sibilino dónde se halla? ¿Debajo de peldaños soñados? ¿Al lado de borrascas de arcillas? ¿Doquiera fondea amarillez?

Wilfredo Carrizales
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