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Rodeos con causas

lunes 31 de enero de 2022

Textos y ensamblaje: Wilfredo Carrizales
Rodeos con causas, por Wilfredo Carrizales
Ensamblaje: Wilfredo Carrizales

1

Cientos de lenguas atestiguando los enfados del escorpión que incita hogueras sobre los estropajos. Petulancias soltadas encima del agua de las fuentes de los mercados. Afuera los músculos que se mueven sin que se les entienda. Excesos en idas y venidas y cansancios con prudencia. Los defectos se disecan a punta de mezquindades y nadie se atreve a alabar lo que además resulta saburra. Aquellos aglutinamientos nacidos para la apostasía y que, a la larga, devinieron en sustratos de signos.

 

2

A media madera se le rebaja el serrín y luego se disimula el recado para el empalme. Majestad del leño con vías hacia el carbón. Y cualquier madeja se abandona a la vuelta. Sin descortezar, se tocan las xilografías, sus granos que podrían devorarnos. Mas el carpintero nos cura si nos tragamos las escuadras. ¡Ah! ¿Cómo no pensar en las viguetas del techo y sus llamadas sin eco a las golondrinas del espanto? Lo durable y lo quebradizo se juntan para astillar la sierra. ¡Palo y entrega!

 

3

Ha muerto la cal y no dejó deudos. Se agostó en enero entre piedras que zumbaban y recuerdos de mazonerías de las longitudes. Una alquimia la soporta encima y fragua cavilaciones en flujo. No obstante, hubo una arcilla que se distanció en la ensenada y se empapó con sondas heridas. ¡Calan a fondo ciertas verdades soltadas en la distancia! Otros ahogos cementan las cajas de huesos: encendaja a posteriori para asuntos de la crisis. Luego la película se cierra y no figura.

 

4

Del hombre, su moquillo y su manta exenta. La cualidad del agua le vale lo suyo y no cualquiera se le agacha. El espíritu de los hombres ha roto su brida y atravesó las puertas sin previo aviso. La malicia habita hasta en la alta alcayata. Las sillas se arman para las guerras domésticas. Lo espontáneo pleitea con métodos de rudeza y cero conciliación. Más antiguo era el macho odiado y, sin embargo, también sucumbió a las pedradas, a los embates del tiempo de rayos y pólvoras.

 

5

El asno sustentado por los álamos en plena avenida de ciudad dañable. La adversidad sabe desplegar sus coreografías con dispositivos de cerillas y gasolina. En prueba de ello: tinieblas que tientan. ¿Quién se echa abajo? ¿Quiénes lo echan de menos? Los estigmas son obras que se estilizan y se retuercen retumbando. ¡Qué pena por los angelitos en orfandad y no articulados a ningún credo! Ahora, por las ranuras, se extraen las carcasas y hay lucecillas para los receptáculos de los chichones.

 

6

Los holgazanes se ganan el pan porque éste es mortal. Resaltan las pintas y las costras y lo anejo desconoce su ganancia. En fin: ¡no cuesta nada la miseria y dentro de los canteros, quizá, trenzas y bizcochos! De moldes a higos, parquedades vienesas y una plenitud de sexos enharinados. Necesario es intercalar bajezas del rescoldo para aligerar la chapuza. Ya se van rallando los rebozos; ya se aparta lo ñoño; ya se sumen las tortas en su borrachera. Los tontos se alargan y continúan con hambre.

 

7

Justo en la juventud de las mangas. Al perderse la imparcialidad las consecuencias no encuentran parangón. Y pensar que una botella sin tapón es un crimen. ¿Cómo se consigue la venganza sin pasar por ajustes? ¡Bienaventurados aquellos que poseen la ecuanimidad del embudo! Mediante pretextos los probos hacen profesión de fe y arrancan el arbitrio de levas y descensos. Y el resplandor de cáscaras de huevo nos obnubila, a nosotros, pobres de espíritu.

 

8

El sepulcral observa con claridad su momento cuando dan las doce. Sonará un jaleo y a las neutras las aguantará según la tradición. ¿Cuáles son las maneras de ser en esos casos? Sacudidos ante los dígitos del teléfono; mansos con barbas para los actores; regañones con pulguillas bailoteando sobre las palmas de las manos; esquivos con bocinas para caracoles… Propicias las particularidades y benignos los arrumacos. (Debajo de los aleros se cree en rapacidades por abono y valga el detalle).

 

9

Enconan las canas en cabezas castigaderas. A la entrada de las cancelas se rescinden las ataduras. Chi lo sa? Acaso el amo de los descaros. Empero los lápices van a caer en zanjas del matute y del montón nace la floresta para los días sin denuedo. Se echan rodajas y se calientan; se echan retrocesos y se añoran las súplicas. Debemos conocer las picaduras del corcho, su astigmatismo tras el apogeo. Después, volteretas de las cabuyas, desmayos, caducidades. A veces, el polvo se propasa.

 

10

La mejor corneta suena sola. (Favor no confundir con corneja. Suele ocurrir). Me gusta postrarme junto a la cornisa y ponerme a tallar espejos con imágenes abstrusas. Las córneas sufren, por dentro y por fuera, pero nunca se anquilosan. Desde hace mucho tiempo vengo recibiendo cornadas de un toro celestial o celestino. Se desquicia mi musa y me aliena sus silogismos. Mas, ¡al cuerno con lo antiguo y que viva el órgano que se cabrea! Empuño el banderín de mi corregimiento y regenero.

 

11

Eran mis alegrías las hembras mohínas. Me animaban la casa con repugnancias de establo. Entonces me apeaba de mi peana y fijaba los límites para el descalabro. Sin embargo, mi albedrío estaba constreñido por bulas de fondistas. Mis pocas luces pedían asilo y se lo negaban. ¿Corría el albur? ¿Ahorquillaba mi contingencia? Todo se entretejía y pronto lo olvidaba. Para mi regocijo, las locas ingresaban a mi alcoba y me alelaban. Frívolamente, la felicidad se desnudaba y sudaba ajonjolí.

 

12

Gimen los jumentos: los protegen los sabios. De estampía, las pelambres y las boñigas. Alguien detalla la generación espontánea y recibe ofrendas en el extremo de los tallos. De la provincia al aire, talismanes sin renuevos. Las agonías se reparten entre los solitarios del sollozo. Después, rompen las romanzas con sus fisuras de ventoleras. Aunque sea usual la preterición, los nescientes la toman a chanza y arriesgan una patada enjuta en plena boca. Ludir o ludiar como recurso de minuta.

 

13

La contienda entre puente y túnel, entre salvedad y derrumbe. La quietud se planta a considerable distancia: cualquier colapso se aventura. Los sedentarios se estrujan las mandíbulas al son de conjuros y la reciprocidad los relaciona. A sabiendas, se catan los saborcillos de los tiznajos. De poseedor a cumplidor, trinan las tripas por simple necesidad. Las vicisitudes abonan las acequias y les dan enorme vitalidad. Nadie zozobra, empero alguno se solivianta y hay que abrasarlo.

 

14

Tragedias arrastradas por las glorias. Transfiguraciones de los expertos en piruetas y caramelos sostenidos por chupadores de profesión. Lo irresistible de las monstruosidades no exime a la conciencia de mermar. ¿Por qué tras los bancos de las plazoletas no existen retretes? ¡Esa clase de cuestiones cae dentro del ámbito de la censura! ¿De cuál magín pudo haber salido tamaña insolencia? ¡Se presiente el derribo de los miopes a las puertas de sus respectivas cofradías!

 

15

Perdieron los sesos; perdieron las entrañas; perdieron las investiduras. Sonreír sin estereotipos, echando muy lejos la boca sonora. Perífrasis entre las llamas del incendio por suscripción. Invasores de las sociedades espirituales. Toda vía y por completo la realidad resuena con ecos de secaturas. A lo ancho, los máximos emprendedores complementan los espacios del trueno y la rechifla. Por si acaso, la prudencia no es perfectiva y, por ende, más vale andar a reculones. ¡Piedra de toque y fin!

 

16

Los lares imaginados para los amaneceres caedizos. ¿Para qué padecer agonías que se prolongan? ¿En los labios no riegan las abejas sus fluidos de sirope? ¡Ah, pero no se pueden olvidar las ecuaciones que basculan y provocan roñerías! A cada taladro le corresponde su marco y a cada verija, su vericueto. Así, a veces, se pierde el tren o el jet o el entierro del general más cabrón. Ahora, sólo recuerdo a la tarántula que crié de niño y al terror que ella infligía a personas inocuas.

 

17

La corteza de la vejez me está cansando. ¿No sería mejor echarla fuera, expulsarla? ¡Vamos pronto hacia todos los días que se subordinan al sábado! Sé que estoy aquí y, no obstante, al lado me han visto subjuntivo y tanteando. Temo que quienes me aguardan a mansalva, se quedarán seniles antes que yo. Hablar de este modo, antaño, me hubiera costado la libertad bajo fianza o una orden permanente de ir a limpiar los jardines del prefecto. Mas no habría dudado en hacer lo que hice o hubiera hecho. Mis giros también se sinceraron y la infinitud trajo su lotería de animalitos.

Wilfredo Carrizales
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