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Púrpuras y demás similitudes

lunes 14 de febrero de 2022

Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

1

Púrpuras y demás similitudes, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Se trepa al muro bajo la acción del estío y posteriormente se llama rojez, sangre de los tejidos de la piedra. Tiñe la violación del espacio u otras moléculas disueltas del estro, más de grado que por impericia y, señala, de paso, a los cardenales, aquellos bellos emplumados. Al acaso adviene en trastornos de hemorragias y menstruaciones y entonces se precipita en polvo muy fino que lo reduce.

 

2

Hace su efecto el arrebol y pone la carne en su punto. Se adhiere a las mejillas de las mujeres para ser vehículo del rubor. El ojo le lleva factura para que el alba tema y cualquier esmalte se enoje. Al oro suele bañar entre actos de madrugada y le ofrece granadas para cegarlo. Una red se alza desde el ocaso y es rosa estrechando los cielos. Si se asoma un rostro, le refuerza la realidad.

 

3

Lo habitual con el fulgor porta arrebato y se enciende. No se convoca al peligro con el color del fuego: se cifra en la figura del león. Se desgarra el arrebatado al enfurecerse y se pierde y se le maltrata la buena cualidad. Con un torbellino a deshora cualquiera se descuida y ya no hay celeridad que valga. Mejor es velar para que la plétora logre su sombra de ascuas.

 

4

A lo muy vivo se atiene el rojo y no le importa si se habla de cabellos. Una voz se le aparece más tarde y tiende a enajenarle el sentido. Se enrojecen los higos y también las uvas se enrojecen y las vasijas de barro comenzadas en un rincón. A las mancebas se les asolean las caderas y el granate se les recoge en un cofre. ¿Entenderemos los gules más allá del triángulo que señalan?

 

5

Púrpuras y demás similitudes, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Áureo que prima en los ciclos guarnecidos de la vulva. Tejidas las concordancias con vellos del cerezal. Metal abierto por la luz de la pasión. Indagador en el crisol de todos los deseos. Con dificultad se esconde; con dificultad se encuentra. Decisión de los espíritus para su utilidad. Sed de la maleabilidad desde lo bajo (pelvis) hasta la percusión en lo alto (pezones).

 

6

Bermellón arrastrando ambigüedades, fecundador de las llamas que se vierten. Su magia protege a los rombos que yacen y vibran. Y en su connotación, las coronas señorean sobre las muertes más generales. Así, la vida no se agazapa y exulta con sus banderolas de actual antigüedad. Y la música de la lengua irradia su aliento de ciega secreción. Y las ideas se incorporan a los restos del mercurio.

 

7

Saborear las brasas con total licencia hasta que la fiera energía se amplíe. Sobre las puertas, los signos de las semillas de onoto y cada día la maravilla quemando con brava intensidad. La vitalidad aúna sus pigmentos y ellos convergen en la estimulación de los orígenes. Desafío de los vórtices en su mutua atracción de los almagres que rubrican las señales herrumbradas por los hongos sin dulzor.

 

8

Pasta de hematites que respira tras los pálpitos de las hendiduras. La temperatura se confedera para alborear con una infancia llamada óxido de fibras. Con medios adecuados ronca la alheña para no estropearse durante el declive del poniente. (En el diámetro del ornamento, un par de corocoros enrollan sus rojuras e instalan la vena para siempre desafiada. Entonces, bullen los coágulos).

 

9

Enrubescen los pesos de al lado de la víspera. También se engastan joyas con el aviento de las granzas y la gravedad se anuda: viruta ella con incisiones. No se olvida que los carbunclos son benignos durante la excepción del embarazo. Más se construyen rondas coloreadas y el cacto reducido a espinas sangrantes. La aventura de las paredes no acaba con el sándalo que narra.

 

10

Púrpuras y demás similitudes, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Pruritos sobre los estribos de la amurada. Lacres para los fastos del augur. Al rosicler se le asigna su actividad entre las junturas y las monsergas. De tizón a derrame de aloque y plomos en los ánimos para evitar la excitación y la crecida que tiende al arrojo. ¿Cuándo baja el sibucao con sus clavos de minio y sus racimos tintóreos? ¿Dónde ilustra la ruedecilla con sus vinos de coral?

 

11

Sabinas las picas y así labran mejor las vertientes del tapial. Rotulan las brisas y su saturación complace. Y las volutas van de múrice al antepecho del caracol. Alas diurnas y el sangricio se hiere en pos del temblor en vertical. ¿Cuál alguien juega con los rufos cantos rodados? ¿Cualquiera ultraja lo ígneo durante su convalecencia? ¡Fraguas validas y la leña que no termina de llegar!

 

12

El tabique existe por mor de la camisa encobrada. Cada uno de sus pacos al que padece por lo bermejo. Como si fuera una tradición asentada sobre cimientos sequizos. Más aun sonaría lo tinto del mismo modo tardío. Bajo el paredón muñequean los roles de la ardentía y sus chispas acuden a comicios con vapores sobermejos. Por doquier el alma se agranda, empurpurada y sin fobias.

 

13

Ánforas que apenas se asomaron, pero dejaron el carmín y su lampo con cicatriz. Cedizos los vencimientos y un soplido con brillos rodenos. Huecos para el zócalo, con el recordatorio de las aguadas en sublimación. Pues, ¿qué otro tanto se reclama si se estrujan los cepillos ocres? En la terraza se tienden los reptiles del hogar a cultivar sus metamorfosis entre silbidos eritreos.

 

14

La erisipela se yergue en la madrugada de erosión. Hace fuerza lo veraniego del almizcle y se drapean los cosméticos más avergonzados. El petirrojo apenas trabaja y su herramienta se abandonó en la acera. Cada uno de los rituales se adelgaza con lo brasilado en sus longitudes. Luego cooperan los granos de arena y corren los óbolos con patas de rubicundez.

 

15

Púrpuras y demás similitudes, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Rojas se metieron las indicadoras de las ruinas; roídas salieron y ya sólo fueron cisuras. La insipiencia del rubro se comparte con el pectoral de afuera. De esa forma los lomos buscan arandelas que ruegan. Agudos rompimientos se decoloran y extirpan lo que sobra de ánimos laqueados. Lo coccíneo se levanta y cocea y detrás de él los frutos adquieren torcimientos.

 

16

Tardanzas del carmín llevando las agujas para sangrar los nichos. Debajo de las suelas se punzan las candelas que se aborrachan y desgranan por completo. Abrasivos los zunchos de las cercas donde se antoja la herrumbre. Al flujo de la almagra: satisfacción sin agravio. Y luego, lejos de las espuertas, tejuelas en su desempeño de coloradas calorías y una gestación de olfatos y de rebotes.

 

17

Al exhumar los terrones del círculo, también se extraen los cuescos de las inocentes cernidas. De modo sucinto, se avizoran carmines en los sitios del catarro. Pronto se emparedan las majestades de las rojeces tal como estaba previsto desde la época de los encuentros machos. Con los músculos del murciélago se erigen todas las vocales purpurinas y sólo resta por sobar la blandura del talco.

 

18

También el hormazo figura entre los rojeados por las penalidades. Ya vendría el tornasol a voltear los arbitrios, mientras los corchos flotarían en un fluido de zozobra. ¿Quién logra trabucar el arco iris en su tradicional descenso a medias? ¿Cómo se conduele la cantería con el sangredo en su alambrada? Otras irritaciones acosan con sus jaropes de cerezas sin que excedan el número de sus lasitudes.

 

19

Llanezas alcanzadas por las manivelas en corte. Tiempos de la rubicunda pitonisa, quien jalona metida en su contrafuerte. Roldanas con las linfas que se van aproximando a la nómina. Pillaron a los adosados a las columnas y les dieron oscuridades de morcilla. En cuanto a la salumbre, corrió por cuenta de los rogantes. Roigan u oigan, los sucesores que sean consecuentes y levanten su casita de rojal.

 

20

Púrpuras y demás similitudes, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Bermejones de los gusanillos que no cayeron en los despojos. Perchas para guindar los bocetos de las esquinas sin respaldo. Fresas para apretar los dientes y aflojar los esfínteres. Frente a frente las dolencias del yodo, sus residuos que reverberan y ponen sonrojos. Objetos del azarcón hostigando las cortinas de terciopelo ígneo. ¿Y las teas se tostarán en el escenario de los redrojos del cieno?

Wilfredo Carrizales
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