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Alusiones en variados formatos

lunes 4 de abril de 2022

Textos y ensamblaje: Wilfredo Carrizales
Alusiones en variados formatos, por Wilfredo Carrizales
Ensamblaje: Wilfredo Carrizales

1

Alzar lo que cae de las ruinas con las propias partes del cuerpo y luego alumbrarlo con lo que se detiene bajo la escalera. Golpear al arrimado cerebro hasta que brote de él algo parecido a la pasta de alubia. ¿Acaso por azar suelta la baba el bacalao? ¿Quizá a la camaza la escandaliza el estallido? En el damero se rellenan todas las casillas con lo que le incumbe a los remilgos.

 

2

Amagos de bromas que no amainan. Había de cambiarse el merodeo por el bagazo y, si cabe, derivar hacia donde se duplican los demonios. Elegía el refinado la sustancia que atraía las edades. ¿Cuál exaltado debía seguir el entierro? Adentro no es encima y no se repara lo que está junto a la variante de la fobia. De la cincha pasa por los brazos y baja si encuentra carga.

 

3

Palo para atrapar garúas antes de que los admitidos se tiren de las greñas. De los recuerdos de algunos huesos se explicaron las formas de las rodillas. Las piedras del naipe impelen las huellas de cierto tono musical entre julepes sin sentido. La barrita escribió para deslizarse en la época del chapaleo y acullá ladraba un animal de excepción. ¿Y la lana se tornó frasco?

 

4

Llantén de las curvas planeadas: soflama en plenitud. Armadijos de macollas según las vasijas se viertan. Mineral enquistado en las hostias alterando al moho en cierne. No es la nuez lo que nutre, sino su renuevo que nunca se enuncia. Hondas que ondulan delante de los ojigarzos que rebosan de sandalias. Del orbe ruedan los oráculos hasta conferirse jerarquías.

 

5

Pacer las paces tras las pavesas y resguardarse de los bastonazos por venir. Lo que mata y aun no perfora se hermana con el disimulo. ¿Quién postula a la pústula más depurada? ¿Quién, en lo quedo, permanece de requiebro y quejido? ¿Qué del mono se adorna en racimo y refriega a ratos? Arranques serán galopes si los bultos no se sueltan bajo negables influjos.

 

6

Por el que llevaban dentro del saco se supo de la sábila cortada y de su inenarrable hedor. Curso de la tiniebla para los ostentosos. Ley sostenida sobre tentáculos de gloria. Alguien funda la ojeriza y los lugares se pueblan de audaces. Y los sentidos advienen por las aberturas breves de los muros y de ahí dimanan los respiraderos para quienes portan vendajes y confunden las fechas de zafra.

 

7

Además de los mástiles, las otras cosas de la cumbre, cuidando de que no supuren. ¿Sartén o satén mientras se separan las casacas? ¿Desde el mismo atril de otrora? Porfían los pórfidos y en corto tiempo ya están rotos. ¿Llenos y lluviosos? El tal conjuro acaso procede y el relato, sin garantía, se adose al criador de halcones que jamás se describe. Y pensar que de la madera nacen zapatos.

 

8

Abre los ojos el que se abruma por los buques hinchados, en tanto las balsas cargan los caracoles de los engaños. Delante, los embriones aquellos, embriagados con el cruce de las flautas. Quienes hurgan en los humos jadean sus ignorancias y en cada lapso deslizan sus incisiones. ¿Son mañas que se desmantelan solas o hay que ayudarlas a obedecer los plegamientos que gradúan un color?

 

9

Crocante crónica de lo efímero y la brisa sin haberse documentado antes. En la esquina de los arrumacos fluían logros fogosos: personas no nacidas los envasaban. ¿Y los trapos para limpiar y el desarrollo de los rótulos y los tajos de los estigmas? El ambiente se amarga tras las barandas que capitulan. Las contingencias sirven para hacer gruñir a los que luden con preferencia meteórica.

 

10

Cual arma de fuego corta el pito, pellizca su onomatopeya y no ripia. Tiembla en los umbrales donde merodean los del relincho. Que se apareen los paralíticos, pase, mas que no consulten los relojes a cada instante. Hoy las cuarentenas son cruentas y abundancia de cobardes se guarecen debajo de las lajas de los lamentos. Y las matracas funcionando a placer, sin extrañeza y de costado.

 

11

Desde arriba se desprende la evolución con toda su gama de obelos. Los trabados se soban los vientres para demorar lo ventoso. Los respiraderos se conservan junto a las ventanas y ningún vencido reclama. También se empuñan marchitos martillos para los martes que matan. ¿De dónde defender las cabezas de los golpes girando, de los desuellos desnudándose, de los flejes fatigando?

 

12

¿Alcohol ante las raíces de las bandejas? ¿Cadáveres en cabotaje eludiendo los chascos? Desinencias y desdichas al embestir los embusteros y los goznes atascados por los fangos y lo hipnótico buscando instalar los lastres del oprobio. ¿Para qué piafan las pestañas si los rufianes ya no venden estrellitas? Los zumos se restan de las pulpas vertidas y los sedientos ven y se rizan.

 

13

Luego de los afanes, ¿se anula la balística? ¿Y los perforados van a los ladrillos superpuestos o a las variantes del embalsamamiento? Los cachorros aúllan por sus flores de olivo: anhelan la paz y no es por capricho. Hieren los decorados con la mugre que encona y abundan los golondrinos sin aleros ni colgajos. ¿Maraña mansa la del mañana? ¡Lo ñoño poseerá su orquesta con plinto y podagra!

 

14

¿Semejante a una caja y cualquiera le dio el quite? Hay racimos para rabiar y hay sogas para solapar. Alucinar al compás de berridos, con los carrillos inflados de crema. (Lo deletéreo impone dificultades para el deletreo y pronto se cae en el escándalo y la pifia). Si el poeta se pliega, ¿tendrá oportunidad de beber su caldo en pocillo? ¡Se oyen las rondas de las ronchas con amplio repertorio!

 

15

Algo surca el éter y deja una fragancia de zarajo. Por allá una figura se recubre de tréboles entre sonajas donde habita la resina. Llegan a apartarse los iconos de las jorobas, en los cambios de rayas y de haces. De modo tácito, se prolongan los contenidos que motejan, los vahos que se inclinan y alternan. A la recíproca, se fundarían vasijas para las prisas de los grillos y sus concubinas.

 

16

Bastones en lo hondo de las medidas y luego cachimbas acabando mientras pueden. De los derrames se separa lo de muy adentro, lo que esparce espéculos. Si existen fiebres en las balanzas, las gravas pesarían menos, pero se hincarían. Con lo que late de las cáscaras se ganaría el retiro del meridiano. Nostalgias en torno a las nuezas, sin novedad de nubarrones ni nuncios de las norias.

 

17

Maleta que se lleva guardada dentro del alma. Se dice empalizada de las furias y la gente tremola con su honra. Se porfía de las frases casadas y nada se espeja. El dulzor de los durmientes es sintomático: conversión de rudezas en otro tránsito. Unos agarran las rapiñas de besos; los demás graznan de corrido. Las paredes poseen sus normas que, prestas, se desploman.

 

18

Los locos traducen sin traición, se emparejan con las parábolas. Helos por donde vienen con cuchillos escriturales y dedos de lanas canjeables. Los calzados cosidos con edictos de presteza y unas flemas que invocan a los floreos. Ellos hieden en las calzadas, mas no ante los escritorios, donde moran marrones y de oropel. Juran lo justo y, cabales, impresionan por sus liturgias.

 

19

En esos meses de calidad y sin peligros, las nucas se pavonaban y rutilaban serenas. La tez, albahaca sobre ascuas, se ve pronta a alcanzar lo vernal. Se mullen los juegos, se fuerzan las entrañas, se capan los carbones de lo espiritual. A orillas del atentar, las burbujas combaten por sus lutos y fáltales ventura, herradas y prudencia. Al hallarse la madrugada, se torna alcándara y pía.

 

20

No estaba lo tintóreo desterrado; no estaban los sonidos penitentes. También ocurría el espanto del frío, su proceder de grifo. Los untos rechinaban, nocturnos, y después no había recompensas. ¿Y qué hacían los signantes centinelas del ocaso? Presumían de la vista en las atalayas y mezclaban milagros.

Wilfredo Carrizales
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