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Días tras el espejo

lunes 25 de abril de 2022

Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

1

Días tras el espejo, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Unos gatos corren por el patio, mientras al sol lo bate el viento. Merodea el polvo con sus susurros de talco. Hay sombras que ocultan lluvias caídas en ninguna parte. Un silencio necesita ampliarse y llegar a ser del color del insecto que se perderá. Dentro de los libros arrumbados debajo de los árboles sin hojas se comienza a insinuar un barullo de discusiones, una algarabía en punta.

 

2

Los reflejos se detienen. El fugitivo regresa a casa. Sus pájaros dejaron rastros de sangre sobre las nubes. Él trae olores de muchas calles de lugares harto lejanos. Su boca muerde las luces que se filtran con dificultad a través del techo. Él se sienta y empieza a hablar solo y sus palabras tienen el dolor de la cárcel, la angustia de los barrotes, el terror de los esbirros y los torturadores.

 

3

Son flores sin alma las que se mueven por instantes. En los resquicios sobran quienes desean chuparles el néctar de la serenidad. Entonces flotan preguntas esgrimidas por los elementos de los garfios. Parten del centro unas figuras decrecidas, distintas a la cera, pero rodeadas de bruma y de charcos. Después se traba la armonía y se cancelan las verjas de la urgencia y la premonición.

 

4

Cierto puente se ha doblado: bastón en busca de hogaza. Se levanta una mano hasta la altura de su tacto y no encuentra el pasaje hacia lo recóndito. Hay máculas anuladas por el suelo, por la premura de las amarilleces en fuga. Además, ¿cómo se mide la sutileza en su obra de subterráneo? Antes se escucharon cantos; ahora ya nada se decanta y las raíces se engrasan para admitirse en las contiendas.

 

5

Días tras el espejo, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Los truenos y los troncos argumentan sus hormas y el ostro palmotea. Alguien predica la existencia de las cosas y exclama de vez en cuando. El apogeo de las campanas se supedita a cierto legislador que las limpia. ¡Y llegar a morirse entre sus bronces, transido de badajos y sin poder reposar en grata candela! Sería menester el favor de la nocturnidad para que su piel brille con curtidos zafiros.

 

6

Nombres de los terrenos y alfombras de lo pardo, tan frecuentes y tan quebrajadas. Los relojes luchan sin porfía, mas logran cuadrantes para los ciclos del cuclillo. Y se reclinan las sillas que recibirán los últimos toques de lo virtuoso y, a salvo, los atardeceres rebosarán de contumacia. Urdimbres en pálpito y lo místico encaja con su molde y no habrá abertura para tostar los vapores.

 

7

Una despedida, así de chiquita, con pañuelo que navegue solo. Correr de calidades, sin alaridos ni tunas. ¿Cuándo enseguida? ¿Retirando la marcha y los realengos pies? Mucho y jamás con la nodriza y la pesadumbre a la carta. Mas acude el rehén de la nostalgia y vuelve de golpe el preámbulo que anima lo tangencial. Mejor lanzar la trastería por la borda quejicosa y mirar los lados del milagro.

 

8

Gente caminando dormida por un camino que se come a sí mismo. Ruidos de bestias mascando ropas y eructando hilos. Pocos de los andantes se han lavado los pies y por allí no fluye agua y lo que eran pantanos, ahora son zanjas resecas. No hay apuros en evadirse del hambre salvaje. Si los caminantes supieran escribir compondrían unos breves poemas a la desesperación absoluta.

 

9

Nubes achubascadas, telarañas de un cielo aludido por renuncia. Un foco se aumenta en la perspectiva que lo oprime. Avanza la ventura encima del pellejo del ocaso y los presagios de rapiñas en los altares se atropellan y retunden. Otras secreciones no hallan sus tapias y no logran destararse. Se han perdido de vista los traqueteos de las pringamozas en el principio de semana que se presume.

 

10

Días tras el espejo, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Máscaras para dedicarles el tiempo que se pueda. Con las mojaduras sus prestigios se sitúan en lo de menos y llegan las turbaciones a sus oídos. A los percheros van a dar los sonidos de sus vocales y las quejas pronto deslucen. Las caretas propenden hacia la farsa, ceremonia del naufragio y la ortopedia. El patetismo no se raciona, más bien se saluda con fórmulas del desparpajo.

 

11

Vástagos en medio de los ejemplos de las cañerías. Unanimidad en los ungimientos: regímenes para contrastar las postrimerías. Sólo se otorgan a quienes ménsulas traen o a quienes conciertan las balanzas en las riberas. Empero, surge la cuestión: ¿cómo improvisar huellas del jadeo bajo el ladrillo que ambula? Nada se añade por respuesta y obceca la parcialidad del conjunto.

 

12

Horóscopos y pendones ante la reaparición de los temblores de las estaciones. Se preferiría que los empalmes no se truncaran. Así los yerros se sumirían en lo yerto y de alabastro devendría la estética para recrearse. Mas por las puertas cansadas ya no transitan visitantes de las inminencias. Todo se vuelca a unimismar las turbaciones de los sueños y sus inmediatos sudarios desatados.

 

13

De lo rutinario a lo pestañoso, mientras se olvida la existencia del palomar. La contraseña en la terraza y la fiesta con la anuencia de los bogavantes. ¿Habrá incertidumbres que se adjuntan, que se reforman? ¿Y qué decir de las raíces del nardo con humos antes de variar? ¿Nuestra casa se sujeta a lo que se habla o ve de ella? ¡El sentido común es un reclamo para los papagayos de la estupefacción!

 

14

El ámbar extinguiéndose en lo que lleva sentido y sus oscilaciones se acortan sobre los cuerpos del exceso. Sin pétalos se elabora el veneno que escamoteará vidas y sonrisas. El límite del asfalto se acepta o se torna en refugio para los humores. La adustez de las calderas capta capullos y promesas de cambios. ¿Un deliquio podría espigarse y embargar al espíritu de poca altura y poco holgar?

 

15

Días tras el espejo, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Manchas fraguadas en la zona carente de fuelles: ejes de las maniobras al contado. Hacen largueros los meses para las familias que recorren los períodos del cúmulo. Luego, intrigas de colindancias y víctimas lanzadas dentro de cestas. Las mismas audiencias de mohos; las mismas quebradas lombrices. La partida entra en agonía, a pesar del ofrecimiento de camafeos y presados ronzales.

 

16

Sin descuido, los itinerarios suben o se suspenden y cada uno de sus componentes borronea esbozos para  evitar los letargos. De las cáscaras que van soltando surgen decoraciones caedizas. Ya se prueban las referencias, las cláusulas para no repetirlos. Más trayectos conducen hacia la bonanza de mejoranas y es de prever que los hitos se unten de crepúsculos y deseen errar.

 

17

Heliofobias junto a los mecanismos de los espejos. Pronto ocurren espeques por las posturas en que están las concavidades. A lo largo de las rayas del destino se manifiestan giros con impetuosidad. De las aureolas circundantes se puede esperar brazadas de ampollas. Más intensos serían los cercenamientos de chapoteos, objetos bastos del orden de los muñones.

 

18

Tientan las drupas en las ocasiones yuxtapuestas y muy luego aromatizan las causas curadas. De las manos escapan las obras henchidas, las que proceden de los agentes del pábulo. Quingos y trastornos en el teatro de las reciedumbres y unos sabores infusos que se tabulan donde no se evaporen. Empero, entre los cabellos y los dientes un vaivén se cubre de alhajas.

 

19

De las réplicas, se apacigua más de uno, aunque el difícil lunes porfíe en un tema sin asunto. La salida de los vestidos sigue a las pisadas en todo. Tras el orto, las mesas están a merced de los sórdidos: ¿conveniencia mutua? ¿Qué impide el paso de los augures? Se agravian las peanas con sus cargas de escopetas y de odres y adoquines. Entonces, los testigos sólo pisan tieso y fastidian.

 

20

Días tras el espejo, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Vías y renovados tálamos y las tristezas yéndose con las gorras. Un alboroto pegado a la elegancia y abundantes palabras con acucia y pestes. Entre dos esmaltes se prefiere la pátina o la herrumbre de mala luna. Se antojan amanecer los anzuelos y no hay nada para relevarlos. Lo único: amargos recuerdos, sin cordura en las arenas, sin sonajas de fausto. ¿Quién fallará en desemejanza?

Wilfredo Carrizales
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