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Generalidades (a secas)

lunes 9 de mayo de 2022

Textos y pintura-collage: Wilfredo Carrizales
Generalidades (a secas), por Wilfredo Carrizales
Pintura-collage: Wilfredo Carrizales

Según vamos andando

Según vamos andando gorgotean las esquinas y los ratones osan insultarnos. De modo fácil, nos atacan las pencas y nos aquietan. Nuestras piernas ya no conocen la rapidez y las raspa cualquier arista. ¿Sabremos entender lo abstruso de lo que nos acontece? Tensos, seguimos tentando un itinerario de variadas coloraturas, de distintas sensaciones, pero parece que todo está destinado a fracasar. Optamos entonces por mordiscar un pan oneroso y duro y pensar en la resolana.

 

Según vamos retrocediendo

Según vamos retrocediendo se mecen las novedades y perdemos apoyatura. Ocultamos nuestros nombres para preservarlos de la ruina reinante. Miramos de través los compendios del hambre en los basurales y se nos encogen los corazones. Zumban las maldiciones y como sea nos protegemos de su furor. Los kilómetros por recorrer se multiplican de manera misteriosa. Nos sentimos ganados para inventar una jerga que sólo entendamos mi concubina y yo: nosotros dos.

 

Ciudad inadmisible

Ella no tolera pensamientos o actitudes inusitados. ¿Exagero? De intento, recurro a consistentes argumentos que refuten las ceremonias de la estupidez. Mi conato de disidencia causa náuseas entre los circundantes. Escudriño sus rostros y sólo descubro cenizas, placebos de máscaras mortuorias. Imprevistamente el ruido de una cosa blanda al chocar contra el piso me hace bajar la vista: un gran escupitajo decora la calzada y la placidez se ha adueñado del autor del salivazo.

 

Rumbo y barrunto

Abaten las variaciones de los derroteros. Hay asomos de lo oscuro y lo incómodo. Está creciendo la punta del mes y ya pide su bálsamo para los dolores. Barrunto que la armonía quedó como un concepto embalsamado dentro de los diccionarios. Si se destuercen las aberturas, las rutas serán sólo para los toscos. Los plañideros tendrán sus plataformas para exaltar sus espectáculos y las nóminas de los fulanos se abultarán por arte de magia o brujería barata.

 

Por los influjos

Las cáscaras de las nueces ya sueltan sus antigüedades y con ellas se nutren los músicos y los facundos. Entonces salen los dispuestos a enviudar temprano y amarran bien sus sueños. (Resulta extraño que ahora no se utilice la damajuana repleta de aromáticos vinos). Saldar deudas no significa sajarlas como tampoco merodear implique mermar. De continuo, contemplamos a los expertos en arengas, mientras las mangas de sus camisas flotan en el aire rufianesco.

 

Encallan las valijas

Encallan las valijas y callan los validos. Se topan los tontos con los postes y se plagian sus audacias recíprocamente. Un manto de emulsión acude en su ayuda, al tiempo que muchas baladas les dan bríos para continuar. (Es fácil percibir en el ambiente pulgas y tórtolas y un rocín sucio de condición). Así, asedia la asfixia a los ascetas y los enfermos ponen énfasis en sus enemas. La vaselina está vedada para las várices y en el plástico no se puede plasmar el placer de los planetas.

 

A suerte o punto

Pero es que puede ser una cruz con diente de perro y allí no vale cirugía. Otra materia estaría en poder de los opositores de calcetines tejidos por encargo. La tirantez resulta una acción máxima, una cuestión sacada de la masa para el pan, por ejemplo, o del almíbar en su temperatura de embriaguez. Todas las jugadas tienen sus méritos, aunque no siempre se reconozcan. Los tantos de las barajas, en ocasiones, sirven para oficiar los dominios y determinar las basas. Se recomienda ver el merengue en su forma lineal y después acumular la sazón hasta que haya discrepancia.

 

Lo que toca

Un masajeo no es lo mismo que una caricia, a pesar de las apariencias. Toca teja quien nadie protege. La suerte de una abundante herencia suele hurgar en los bolsillos menos esperados. Lo intocable se ubica arriba y abajo y lo manido se encuentra sobre las mesas. (Todavía el ave de plumaje azulado es un gran trasteador de buenos augurios). A tientas, danzan los cegatos en los salones carentes de campanas. Corresponde a los galgos deshincharse para que los tomen en cuenta los registros. ¡Y no me toquen ese vals con fosforitos húmedos ni con fuelles heridos!

 

Un intento de vapor

Va por la conversión del vaho en desmayo: cosa de viejitas a quienes se les sube el útero a la cabeza. Existe en una atmósfera asaz sustancial y entre los grifos que acatan las ordenanzas. ¡Atención! Observarlos durante mucho tiempo produce envanecimiento precoz. La emanación se expulsa con las mejillas bañadas en sudor profiláctico, susceptible de marcharse al baño de los turcos. En la antigüedad había nubes en los jardines y las acompañaban espíritus de las calenturas.

 

Tan malos los pecados

Despilfarros con redundancia de nueves, por inducción del “demonio”. Paseos fortuitos sin el lastre de la lástima. Trozos no serios de carne mortal para ser atormentada, de modo hiperbólico, con extrema salacidad. Por omisión, nada; por comisión, todo. ¿Cuántas veces habrá que repetirlo? Las consecuencias nos vuelven inocentes y lo consuetudinario no contamina. ¡Pecadores y pecatrices: disfrutad a plenitud de la picardía y no temáis al relapso!

 

Leyeres los aconteceres

Líneas para ser interpretadas con la confianza de la intuición y no sirviéndose de fórmulas. Notas traducidas con signos irreparables y no periódicos. ¿Ojear de memoria? ¡Un estorbo! ¡Devorar para luego releer y volver a releer! Sorber, v. gr., las catilinarias y repasar su vasta lección.

 

Simpatizar con los símbolos

El oeste me refiere a su medida, el este, a su lejanía imaginaria. La validez de ambos asertos no me restringe en mi capacidad de ubicación geográfica. Las monedas no abrevian mis libros, sino que los expanden por el vecindario. Los kilómetros me mantienen el potasio alto y el hierro sin confusión. Ya me siento acostumbrado a la compañía de los grados distantes del ecuador. El papel me flecha si le pongo talco y me atraen sus síndromes de escrituras. Tal vez en algún momento determinado una nave claree y me conduzca al gablete del pabellón arquetípico.

 

De los jueves al canal

Puentes del día de Júpiter venciendo naturales cauces, mientras las horas marchan en la vanguardia. A ratos, siento lo argénteo del cosmos por conducto de mi vesícula biliar. Accedo a un baño en el canal que se vierte para mí y mis pupilas surcan el paisaje entre montañas. Mi piel se pliega y luego trota alrededor del frío. A mis manos llega comida que huelga con dragones leves. Se abren las llavecitas asiladas en el firmamento y llueven tatuajes de escarabajos. Sorteo chorros de agua y la jovialidad me arroja hacia su puerto.

 

¿Dimitir ya marchitándose?

¿Quién con legitimidad manda a dimitirse? No funcionan los asuntos así. No se construye un retiro de esa manera. Sin embargo, hay algunos que se lo piensan tal cual. Desde la posterioridad, abren sus bocas y juran ser campeones. El clima de mediocridad contribuye a empeorar la visión del problema. ¿Se debe afrentar a los displicentes? Un tránsito no faculta para equiparar a todos los posibles dimisionarios. A la larga, los puestos se diluyen solos y el capítulo se cierra.

 

Al frente, alguna que otra sonrisa

Me dio un beso en la frente y partió con algo de arrugas en sus labios. Luego plagué de inscripciones el templo donde ocurrió el suceso. Levemente permanecí oteando al frente y el anochecer estaba en puértolas. Un gallo vivía en la parte anterior de una pérgola y fui a visitarlo. Había de inmediato muerto y sólo pude acomodar mejor su postrero canto. Frente por frente existía una farmacia, tan pequeña como una crónica sucinta y la bella mujer que la atendía me regaló varias sonrisas. Allí mismito logré estamparle un besico y con ello gané después la entrada a su casa.

 

Me arroja la torcaz

Ya siendo yo palomo, me arroja la torcaz un cuchillo de mijo. Fue en el campo y ello retrataba mi zona y mi jaula verde y sustantiva. Si erraba el águila, la torcaz zureaba con furia y el crimen del predador no se producía. En cuanto a mí, evidenciaba una herida profunda en el costillar. Empero seguí vivo para torcerle el pescuezo al destino y evitar que tornaran de nuevo mis aullidos.

 

Donde me encontraba, volví

Un vórtice puede llegar a ser un embudo que se extiende. Por eso, volví y me di la vuelta y tomé un aspecto de ogro. El que fui ya no se tenía consigo. Me sepultaba entre frases de retablo y rehice mi altar de cenizas con incendio. Cualquier alimento se reducía a lo esencial y nunca llegaba a descomponerse. Sabía de abismos y sus procesos de abatimiento, pero no me enfrascaba en elucidar esos arcanos. Innecesaria resultó mi caída, aunque del peregrino conservé su vestidura.

 

Mordiente mortalidad

Mordiente mortalidad con adornos musicales que alumbran y no se modifican. No siempre terciaba en las disputas sobre la mortandad racial. La muerte, de súbito, moría cuadras abajo y nadie recogía sus restos. Difícil de precisar las veces que falleció en el pasado. Mas abatido por la violencia era su sino. La verdad también sucumbía, pero a golpes y su cadáver tenía asegurada la venta.

 

Echar a falta

La persona que no es usted frecuenta las variantes de los dormitorios y de las máquinas. ¿Qué pretende? ¿Carcajearse de modo impenitente? Nadie lo echará de menos si desaparece y problema resuelto. A sus espaldas fluyen corrientes de escorias con una homofonía que lleva recados a individuos de su especie. Considérese sin maquillaje a partir de este momento y sea tema inocuo.

 

Añicos no son polvos

Se prendieron fuegos y les echaron vistazos y volvieron a prenderse fuegos. La noticia se recuperó chamuscada en una calle estrecha y poco transitada. Los incendiarios no se movieron de sus sitios fraguando otras llamas más violentas. Los añicos de su acción no llegaron a convertirse en polvos, pero se reconocieron como fermentos que cuajaron y que en cualquier lugar se estacionarían después para fundir los parámetros de la existencia. ¿El aprendizaje de la candela continuaría?

 

De manera y trato de lengua

Hay quienes se aman con tratos adjetivos y hay quienes se enteran con aridez. La lengua auspicia manipuleos desde el instante de nacer. Los inocentes se culpan entre sí al modo de los beneficiarios de las digresiones. Las llamadas no condicionan a lo que se cree, sino a las emisiones inalcanzables. La sencillez se fue apartando hacia la lejanía y terminó en flete final e inexcusable.

 

En estar, consistiera

Puede que haya razón en tal enunciado. Ha podido ser un artefacto verbal, de los que abaten a los moribundos. Quizá alguien se arrepienta si llega a afirmarlo. Tampoco es para que regresen los pregones al podio. Pueda que orar directamente no erosione la conciencia. Se intenta proteger lo soportable, a pulsos, pero, al cabo, el desamparo sobreviene. Sería deseable comenzar por desviar las miradas hacia el sitio donde los monstruos sueltan sus pedos polícromos sin acentuación.

 

Que donde el júbilo

Que donde el júbilo estalle logre confusión y espanto y que sea inenarrable el dietario y que se tumben las puertas y que lo peor está en devolverse y que sorprenden los billetes de circo y que las pasiones no estaban previstas y que las chimeneas eran estructuras complicadas y que naturalmente los tiempos se convertían en cosas liadas o embutidas y que las causas contenían envolturas muy difíciles de abrir y que las piedras no arbitran la erección de torreones y que los enfermos no osan compartir sus precarias quejas y que los chicos salen a pesar de la prohibición de los trasgos y que aún hubo asesinos de puñales cortos durante los apagones y que los cabellos se erizaban sin cesar…

 

Tardes las críticas

Sé bueno y tendrás pasado. Vive encerrado en lo que te apetezca y no entiendas. Date tu dirección y brujulea. Parécete a tu propio agradecimiento. Compón la llovizna que tarde años en caer. Vende frutas mojadas en el desierto. Empieza por hundirte dentro de tus manchas. Duerme sobre lechos de papel. Responde por el café en tus recuerdos. Conoce las fronteras de tu pañuelo. Suma tictacs y tarugos. Navega por el interior de los hiatos y consigue laúdes y mástiles. Atíldate sin que lo sepas. Gusta del frío que crece a expensas de sus volúmenes. Establece las estaciones con esmero de sílabas. Gira las mangas de tus chalecos. Pisa la arena de las playas mórbidas hasta hacerlas tuyas.

Wilfredo Carrizales
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