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Test

lunes 23 de mayo de 2022

Textos y dibujo-collage: Wilfredo Carrizales
Test, por Wilfredo Carrizales
Dibujo-collage: Wilfredo Carrizales

1

PRUEBA originada en la mente, acompañada de su piedra de amolar y largueza de los cuchillos; golpe del gerundio y sus mañas (por allí procede, o sea, de brevedad en la fórmula), en justicia y creencia que se va palpando; olfateo tras el apuradero de las cosas, ese permiso que se otorga donde se suele vivir de oportunidad y melancolía descifrada; sustancia en el ajuste (práctica de sillas con el interés y la búsqueda), suponiendo trazas, tal vez o menos espacio para los novicios; avío intentado sobre la vajilla, mientras se viste al maniquí de un lenguaje con sangre en evidencia; catadura que perturba la tragedia, su influenza entre parálisis; probática en los agitados rebaños (nunca en siglos pasados) de procedencia de catálogos conformes a sus propios métodos de recopilación; enrarecimiento de los aires fotografiados por varones sin máquinas (también se cansan los espejos, padres de las percusiones de la luz) y se abaten las arrugas del papel; gusto que cabe en el tejado donde llovizna poco y donde un trapero se labra para recordar a los abuelos; escándalo durante las broncas sin etiqueta y acceso al facistol de coyuntura mascada.

 

2

TOQUE con atención de objetos en rebatiña o en subasta y un arma difunta (puntualidad bosquejada) y tararí, tarará, ánimas en la alborada, en busca de sus fajinas, sin la advertencia de los ruegos que median y una retreta sobre el terreno de las elucubraciones (obscenidad topológica) y señales perentorias de los badajos que doblan a los difuntos por turnos y otros sonidos nunca conocidos, por tratarse de tejidos carentes de ángulos (tema para ser codificado con amplia discreción) y los detalles de las pinceladas del artista con abscesos (oficio que implica una dificultad de pujanza) y calan las cuerdas (¿las llamadas dianas?) en asambleas paraestatales y la advertencia se subsana encima de la piel del pontonero en cierne (y eso que su metal asonante no es muy conocido) y se encuentra en situación de duelo y raya y las piezas comparando sus mapas, sus retazos de supercherías, sus sextantes de quinto impulso y demás hierbas bajo etcétera.

 

3

ENSAYO para el convencimiento de la fortuna tecleada al frente, sin semejanza con la normativa ni con la inspiración de avaricia. Se determinan las enseñas ante los juguetones de lomos oprimidos y se traspasan sus fríos a vecinos menos domados. Y hay quienes se adiestran para los bailes en carnes vivas y público del infinito. Se induce (de nuevo) a la tracción animal para solucionar los apremios del tránsito (estudios mayores lo demuestran). Se degusta la ruptura de huesos en las ollas del condumio doctrinal. Se acrisolan los codos entre castañas del descuido y se sujetan los efectos a los cruces que aguantan. Se dogmatiza sobre las costumbres por docenas, por curvas en sus ataques hasta que los golfos lleguen a puerto. Se cosquillea entre muslos impúberes, al proviso: segunda enseñanza que se verifica. Se intenta torcer los pinos inexistentes en las encrucijadas, con total pericia y con maestría de ramajes. Se sondean las tetillas para incrustarles monedas de a cuatro por vez y luego departir con los extraños que obedezcan órdenes perentorias. Se tantean los sopletes y los soplidos (los soplones quedan excluidos) y se decide la apertura de talleres para moldear barbajas, alfanjes y cigoñales. Se comportan las cualidades de las uñas dentro de las orejas, con el avieso propósito de imponerse al cerumen. En fin, haría falta un explorador de ombligos.

 

4

EXPERIMENTO tientaguja, tan harto de lo natural y sin el pulso de ningún frasco. (Percibo lo que no he podido comprender y, no obstante, sondeo mi plazo). Veo el crecimiento de los cítricos en la huerta con artefactos y márgenes: mi ánimo explota y, en consecuencia, se avienen mis virtudes en terreno apenas insinuado. Cierta frialdad se aplica (¿verdad?) y agarra su lustre antes de que expire. ¡Ah, satisfacción en el castigo, desórdenes sin horizontes y un decomiso que se considera alineado tras sus cambios! Empero la breva es ocurrente y mascable y debilita el alma poco profunda (igual que un cayado soez). Eso que se arrebuja se barre para adentro con sus virutas de intimidación y sus cálices de ningún sitio. Puede que se conceda una facultad de luz o una subida de fuego: la articulación aparece y se acomete. Más que pronto se matizan las malvas (en hélice) y todas las culebras lo celebran con puntas de tórtolas y emboscados hicacos.

 

5

TENTATIVA si la alumna se dejaba manosear, sin presencia de agallas de roble ni melancolía alterada. Y es que el remedio, a tientas, se escurre por las paredes y no figura para nada la anilina. (La voluntad del delincuente se tensa en sus arterias de larvas al carbón). Estábamos (estamos) por el pecado de los refrigerios sin la asistencia inversa de los dominguillos. ¡Nuestra tentación se guisaba dentro de las zapatillas, de modo general, teñidas! Alguien cavaba sus apetencias con clavos y ludibrio y las rodajas brotaban de golpe y consignaban sus fastos. Las cerraduras devolvían sus ventajas, porque aún reposábamos en el recibo y la sangradera no había comenzado. (Las manzanas eran firmadas por diablos sin ropa). Alegábamos símbolos (de los que cuajan cuerpos), cosquillas y cercanías de extrínsecas pendencias. ¡Cuántas veces quisimos quedarnos ciegos: ya los bastones bordoneaban por todas las esquinas de la tenuidad, fuera del circuito de las lejías!

 

6

PROBATURA y la cuestión arregla su interés. (Vestía el traje de la primera excomunión y la vela (más larga que verga de asno sabanero) bastaba en su esperma precipitada). Después olfateos de bollos rallados y criadillas en su templanza y cuajadas alrededor de su esfera matutina. El problema se trazaba según la conjetura dentro de un fijo espacio y se enrarecía la abreviación. (Recuerdo: acudían las probetas con sus mercurios rectangulares, ex profeso, y los niños apodícticos honraban con sus mocos). Tristes los trastes en su traición probatoria, cuya resonancia alcanzaba los predios del purgatorio (acaso). La vida era producto de barómetros rapaces y las féminas alzaban sus faldas con audaz alivio. Las asperjaciones (asaz benditas) holgaban adelante y también detrás y terminaban con los moscardones, pero desarrollaban un estro que manaba. (Desde el púlpito, las palomas lactescentes zureaban sus jaculatorias, en medio del calor de nuestros derechos de probanza). Muy de repaso, continuaban las abluciones, resurgidas del fondo seco de los incautos, mientras que el receptáculo de los tabacos en desecho acumulaba narices de vectores vedados. Las creencias eran dosificadas con cal y cantos y los aceros (cosa rara) escondían sus cenizas tras los ofertorios. Con seguridad en contraposición, la justeza devenía en receta procelosa, lejos de la prisa de los priores, mas atemporada a la poca bulla de los prismas. (He desafiado el privilegio de mi prisión y sucede un habla con fiebre, en la práctica de su termómetro y en la necesidad de un meandro).

 

7

EXAMEN para sufrir excavando un hoyo. Caigo en la meditación cutánea y me topo con mis cazos y mis cucharas. Pierdo el secreto al salirme algo mal. Entonces escarbo entre las papeletas que admiten contradicciones. (Las oraciones sí se pudren: si se encienden). Atalayo desde mi mesón y el microscopio controla el trasvase de virus y microbios. Mas a través de un coladero se socava lo que se le pide al censor. (Al hablar me desapasiono y exacerbo los escrutinios que derivarían en inquietudes). Bueno: lo práctico es bien visto por los desmenuzadores de carteles. (Por medios conectivos se incorporan los vellosos a sus entierros). La suficiencia conlleva a su paroxismo y no se envilecen los nudos sobre los cuadros irreales. (Un reconocimiento y lo exangüe se vuelve asignatura obligatoria). ¡Atención! Los registros serán a cara descubierta y con la nariz en nivel de severidad. ¿Dónde se cernería el visorio de modo que lo textual sobreviva a una encerrona sin medida?

 

8

JUICIO que a mí me tramita un desconcierto. Criterio para la serenidad ha tiempo perdida. Pleitos para contender con frases traviesas, de esparcimiento. (Las permitidas tachuelas ya no cazan mariposas, sino cucos entre migas). Un pronóstico me hace perecer allende las apariencias de los enredos de la pasión. Y un tribunal doméstico juzga mi razón de ser aplicado al colorido de los juguetes de antaño. (La perinola fue hurtada por un juglar colombiano, quien más tarde sería asesinado de un balazo por un marido burlado). La claridad de julio reservada durante la reunificación de las ventanas que se mojan amancebadas. (Sensatamente los julepes se amontonan en lugares exentos de intervenciones en manojillos). ¡Gritos que procrean el zascandil y que valgan los refrescos! Luego el trastorno ha sido devuelto de su caudal de chispas y el recurso, milenario, se traspuso a quienes se estancan en mitad de los juncares y el recado, por demás, nunca fue meduloso.

 

9

DISTINCIÓN de las raíces del anís: pasatiempo para embaírse, aunque los pájaros se suman en arreglos despistados. Lanzo mi anagrama al costal donde la harina ya no es conspicua. (Aún los huevos añoran sus pelos y el error no los deforma). Me concedo una sagacidad que no aparece en los librillos y cuando el prójimo se marcha le deseo rasgos distintivos. (Diviso mi ciudad desde la oscitancia: sus cúpulas apenas brillan a la luz de los astros resaltados y lo desigual de sus matices arremete contra la prestancia). Las edades se singularizan, indistintamente, y se conocen sus abismos de discernimiento ante los truenos de las tormentas. Por acá se pensaron las higueras y también se elucubraron anteseñas de los patios; empero las extravagancias fundaron recodos aparte. (Vuelvo la cabeza hacia mis piernas estiradas y localizo un tono de cogollo cimero y mis dedos expresan sus atributos). ¡Alguien rasgó una guitarra con duelas y postín sufrido!

 

10

CRITERIO que se atiende (¿o entiende?) para clasificar las incrustadas tijeras dentro de una pulpa pendiente de su gancho. Luego andamos de espaldas, respirando trapos, ladrando perejiles, rotando los brazos de acuerdo con los misterios de la alegoría. (Lo negro se come a lo blanco desde la perspectiva del instinto certero). La aptitud para el discernimiento se acera con mordisqueos sobre la materia gris y se ataca el ángulo de la mordacidad de zurra a zurra. (No se recibe lo estrecho con amplitud de braveza: en algún sitio del rellano se evacuan las sedas). Eran vacilantes las criznejas, aun de continuo, con los fluidos batiendo debajo, al derecho. Y los despilfarros resultaban los corrimientos de los insomnes. (¿Cómo bordear las picaduras que conllevan peores ausencias?). Brochazos y visiones y bienandanzas que aportan conexidades al pie de las figuras en angarillas, a la manera de un sistema de bolas teologales. (¿Acaso no crujen los candiles desacreditados, las alhajas de los saciados, las insolencias de los relictos?). ¡Pegar unos palos aunque escandalicen: filosofía estimativa o método en que culmina el lastre de la peste! ¡Dad cuerda a los relojes pesados!

Wilfredo Carrizales
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