“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Cuando los detalles irrumpen

lunes 30 de mayo de 2022

Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

1

Cuando los detalles irrumpen, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

PROTUBERANCIA que se piensa: brota del origen con estrías y hay radiaciones abastecidas desde antes del desarrollo que clarea y se extiende. Aumenta la ganancia para la vista y el suelo.

Las funciones emanan al salir la convexidad. Por horas caen los accesorios que no son óxidos. Se guarnece lo que se hace vientre de la puntería. Gustan los gajes si tremolan de súbito.

(Recuerdo una incandescencia sobre una superficie, no de cualquier sitio, sino en la frecuencia hollada. Evoco hojas con sus polvos retenidos por tensiones y nervaduras de la alucinación).

Un levantamiento está proveído y dan vueltas los trámites para situarse en la conveniencia del enfoque. Se incorporan vorticelas y se regulan sus parámetros y sus células asaz conceden.

A beneficio de prominencia, lo muelle tiende a rendirse, pero no se dobla. (Ahora por mi piel se escurre una cuarteadura y la comparto con el heterónimo que siempre me sigue).

 

2

Cuando los detalles irrumpen, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

GUIJARROS y cascajos en procura de la comunión de intereses. Le cogen el gusto al convivio y menudean entre los ejes que saben de guiños. Se deslizan y se advierten de las ranuras y el cerco.

Callados en la partición de espacios, no confunden los goznes donde giran sus hábitos. De grava se las arreglan y aumentan por momentos sus estaturas. Y si ruegan llega la bonanza.

Ansían redondearse para ser sinónimos de liberalidad: lo intentan de continuo y los jaleos los confunden. De sus texturas cuelgan amentos que no se ven, aunque se notan sus encajes.

A veces, corren tiempos de un cierre de radios. Empero su voluntad se torna en movimiento que guincha y tuesta. A veces, se advierten sombras de vasijas que pretenden contenerlos y llevarlos.

Esas formas de nueces salvan los senderos de lo aturdido. Avanzan, a trechos, de astas que cavilan y cantan encima de la sequedad para ponerle coto. Y luego aparecen monedas de brillos.

 

3

Cuando los detalles irrumpen, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

PIÑÓN en su redondel: habitante del estío y de la blancura. Se tiñe para no violar el pacto con la umbría y seguir acoplado a su orientación. ¿Qué le permite avanzar aun no moviéndose?

Alarga su espesura para liberar sus semillas y compartir el laberinto de sus sabores. Luego se envuelve en sus propios salientes y se acorazona para no redundar en los aromas envueltos.

(Un halcón quiere consistirle en trozos, sea cual sea el sentido que ello tenga. Mas el piñón sabe armarse y combatir y pelea con abundancia de recursos, con herramientas de insignificancia).

Suele irse adormeciendo al compás de la intimidad de las ondas. Debajo de su estructura lo cálido se vuelve euforia; lo turgente, piezas enraizadas. Y ni las brasas se le acercan.

De su carne fluye un aceite que no escasea y, al punto, se quema, a la manera de las gálbulas en erosión. ¿Podría el piñón empeñar sus roces para contribuir a los fuegos dentro de la hojarasca?

 

4

Cuando los detalles irrumpen, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

PAJAS de entre el verdor suyo y las junturas de rocas que se enaltecen. (La cuenta de pájaros serpenteó, lejos, en lo que parecían fractales). Un destino se elucubra como relleno y designio.

(¿Cómo dispensarse de esterillas si no se sorben los sudores de inmediato? Lo insustancial suele habituarse a unos tubos que se desperdician y el esquema se asume lleno).

Algo colma las mieses de la ilusión y no existe grifo que subsane los espejismos. ¿Por qué no pensar en sarrias sin que lo trillado se vuelva barcino? Los ápices estarían vigilantes y tocando fondos.

Salvar allí, donde se ceban las pajas, los dobleces de los amarres y continuar esperando a que las cenizas terminen de mojarse y sufrir. Un cierto espanto no puede prenderse, aunque lo intente.

(Por extensión de procedimientos, cuando acomete la ventolera resultamos mezclados y el tamo no nos asume en su relación. Entonces se nos obliga a rascarnos las pelusas y plantarnos sin borrarnos).

 

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Cuando los detalles irrumpen, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

TRONCOS en pleno coito, con gemidos de cortezas y aserrín en plenitud. Cópula de los tallos una vez referidos en un desliz de cruces. Unión y transferencia de savia que empega y preña.

La fortaleza no se les trunca; el trueque consigue su empeño. Ellos, ni por asomo, son tocones: su duramen gana su duplicidad mientras se sacuden y devienen en trashogueros y desembocan ahítos.

Prosiguen exceptuados del alborno, pero no trozan las ramas de su concupiscencia: no se habla de parálisis, pero sí de espasmos en procura de zocas y el ascendiente bulle y rebulle.

(Están expuestos a los truenos. (No hay que olvidar que agosto los aporta a discreción). Mas su imagen se entroniza profanando la falsa solemnidad de los testeros apiñados).

Y así los leños alargan y redondean sus placeres que no se disipan a la brevedad, sino que permanecen machihembrados, diuturnos y avocados a su caso de consecuencias de horcadura.

 

6

Cuando los detalles irrumpen, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

PONTÓN en sus restos, prisioneros de la memoria en repaso. Él fue hecho para que abarcara las tablas de salvación, pero pronto fue puesto de lado y comenzó a achatarse y morir.

Por debajo de él pasó un mismo río que era muchos ríos y se negaba a ser dragado. El pontón se sentía amarrado a lo viejo que se le depositaba afuera y adentro y lo despellejaba.

Desde temprano su sabor se manifestó cáustico y lo exiguo lo atrapaba con todas sus acepciones. La mejor estampa que lució no bastó para celebrar su tono de novedad y adelanto.

Pontón familiarizado con lo largo, pero no con lo ancho. Nunca consignado ante los peligros y siempre cubierto por los cauces y sus lodos. Su disminución fue inminente desde el principio.

Se echó numerosas cargas encima y nadie se lo agradeció. Creyó que del levante le vendrían sus derechos y sólo recibió torcimientos, obstinados tratos y una descomposición constante.

 

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Cuando los detalles irrumpen, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

HOJAS perforadas por los insectos con pasiones violentas. Crecían imitando láminas sin filo y eso inició su perdición. Ya transpiraban con caídas; ya no llameaban con sus síntesis.

Los fotones no lograban acrecerlas y la sensación de inutilidad no las abandonaba. Cada testigo de su declive no declaraba “¡salvadas!” y más bien se marchaba entre humos y delgadeces.

Hojas también batidas por escamas y dentelladas, a uno y otro lado de su apariencia. Se repetían, sin cesar, destellos de latón inerte y se prolongaban hasta que la vaguedad imponía su dominio.

(Nos consta que quisieron volar para salvarse, mas desde el limbo recibía vueltas con artificio. Diminutos órganos de lo fúnebre entonaban sus tristes aires anticipando sus decesos).

Sus nervaduras yacen sumidas en la ignominia y se les han hendido los verdores de enantes. ¿Qué curso tomará su destino? ¡Todo es previsible y las cubrirá la befa de las larvas y los parásitos!

 

8

Cuando los detalles irrumpen, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

RIADA en sus vestigios de elocuencia brutal: la realidad inunda mis sentidos y los torna desembocadura de brozas y cieno. Se anega la mirada infrecuente y se ablanda.

Correntía en su consistencia de pruebas que recorrieron amplias distancias. ¿Cómo recomponer la toponimia donde me involucraba con mis morteros que fraguaban diques, en tanto me achicaba?

Sitio de la aguada y de los seres no aptos para sufrirla. ¿Quién hace que acontezca de ese modo? ¿Quién es el insólito que la propaga? ¡Me cuesta regar nombres y encharcarlos de paso!

Una otra avenida me desborda y pienso en la vega y en el cortijo y en los muebles ahogados. Me alude el aluvión desde su trabazón de minerales ahora ciegos y empujados, a la postre.

Hacia arriba menos interjecciones que hacia abajo: vísceras exteriorizadas, admiradas del evento y su brusquedad. Ejarbe de aguazones en contra de las tejas, incluso; llena desprendida del plenilunio.

 

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Cuando los detalles irrumpen, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

PIEDRAS con sus relámpagos de refilón, encegueciendo, por instantes, al entendimiento. Y toman sol y se remojan para acudir a la casa invertida del verano y ser nutridas por sus fuegos o sus chispas.

Aguzan sus longevas lisuras y luego escalonarán las señales blancas y grisáceas de las espumas en cierne. Algunas de las piedras jadean y de sus ollares fluyen glifos para los festejos húmedos.

Si giran, se trituran entre ellas y tienen que retomar el orden y el equilibrio. Si se manchan, disminuyen sus tamaños y se adhieren a las misiones de los amuletos.

El aire las abrillanta y entre ellas se señalan los futuros enclaves de los hitos. Aprenden a combinarse para encenderse y dar la partida para las nuevas fases de las estaciones que estallan.

Dentro de los reflejos, recuerdan sus perdidas esquinas y más tarde arrojan de sí mismas las ánimas borneadas que nunca se omiten. Avanzan sin temores y nada hay que las quebrante.

 

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Cuando los detalles irrumpen, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

TORRE que se ha zambullido para seguir manteniendo la estación del ingenio adentro. De esta guisa, fortifica su reflejo y las reverberaciones del entorno y logra el adosamiento de los bucles del agua.

Allí, ella resiste el frío y estructura su constancia con el canto de las ranas y el crujido de las espadañas. En apariencia, está aislada, pero innumerables visores la vigilan.

Por alusión a su estatura, desea alcanzar el cielo al revés, en la profundidad del sedimento. Mas no se confunde y no pierde el control. La soberbia no constituye su castigo ni su derrumbe.

Cuando lo decida, se despega del ámbito acuoso y entonces representará al techo con punta o al faro que guía a las aves migratorias en sus vuelos hacia las regiones meridionales.

Con los solazos de los inconmensurables periodos gana torrentes de vitalidad y energía y hasta se podría permitir ser un tortor que apretara a las rabias disidentes.

Wilfredo Carrizales
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